LA PLATA. Buenos Aires, Argentina- Antes de fin de mes, la municipalidad local prevé dejar inaugurada, por lo menos simbólicamente, la Casa del Bosque, un edificio tecnológicamente sustentable erigido en el seno del bosque platense con materiales reciclados y que utilizará energías alternativas para su funcionamiento.
Se trata de una iniciativa de la Agencia Ambiental de la comuna -una dependencia municipal sin precedentes en el país- que busca, a partir de recuperar una vieja construcción en desuso, brindar un modelo de edificación sustentable, que “combine el ahorro energético y el respeto ambiental con el objetivo de concientización social”, explicó el titular de la citada agencia, Sergio Federovisky.
Desde el diseño y la técnica constructiva, se busca la utilización de materiales reciclados o ambientalmente neutros, como las placas portantes hechas con desechos de cartones de Tetra Brik, que conforman el techo; maderas certificadas, o hierro laminado.
La casa, que será la sede de la Agencia Ambiental y demandará una inversión de unos 600.000 pesos -en parte financiada con un subsidio nacional-, contará con un sistema mixto de paneles fotovoltaicos y un molino eólico, como aporte a la disminución del consumo energético de red.
Mediante ventanas de doble vidrio colocadas en las cubiertas, con orientación al Sur, a fin de no tener iluminación indirecta sin reflejos interiores, se intenta disminuir al máximo el uso de iluminación artificial. También se usarán criterios de iluminación eficiente con lámparas de bajo consumo. Para echar luz al exterior habrá farolas solares fotovoltaicas.
“Vamos a ahorrar cerca del 40% de energía”, promete Federovisky, quien considera que el lugar se constituirá en “un ejemplo de construcción ambiental para la comunidad”. También, entre otras cosas, funcionará allí un museo ambiental itinerante y un centro de divulgación y educación ambiental, según adelantó el funcionario.
Un muro especial
Un muro especial se utilizará para generar energía radiante, para alimentar un amplio espacio multipropósito que domina el lugar, y será ámbito para talleres y muestras vinculadas con el cuidado del medio ambiente.
A su vez, una galería perimetral acotada por paneles con enredaderas de hojas caducas permitirá controlar el impacto calórico del sol en la fachada durante los meses de mayor temperatura. Además, habrá varias chimeneas que servirán para extraer el aire cálido en el verano, mediante el aprovechamiento de corrientes convectivas y contarán con cierres herméticos en invierno.
Los equipos de aire acondicionado y refrigeradores serán de tecnología tipo Greenfreeze, que no utiliza gases que dañan la capa de ozono ni afectan el medio ambiente. En cuanto a las instalaciones pluviales, se realizará una recolección de agua de lluvia en cisterna, para ser elevada a tanques de reserva de agua gris, que se utilizará para el sistema de depósitos de inodoros y red contraincendios.
Sólo se utilizará agua potable en la cocina, lavabo y consumo humano. Las griferías tendrán un mecanismo de regulación de caudal. Además, se adoptará un sistema de descarga cloacal por infiltración, desarrollado por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), de manera de no requerirse el volcado a la red.
Con el fin de optimizar el tratamiento, se diseñó un tapiz verde de juncos, cuya característica radicular es su alta densidad. El sistema fue dimensionado teniendo en consideración la factibilidad de concurrencia de público para eventos.
En cuanto a los artefactos, cada inodoro contará con dos depósitos, graduados uno a 12 y otro a 5 litros, a fin de utilizarse para el barrido de aguas “marrones” o “amarillas”, respectivamente, a fin de controlar el volumen de disparo de arrastre, con la consecuente economía de agua. Todos los recubrimientos superficiales serán de base al agua y se evitará el uso de otro tipo de pinturas. Tal especificación abarca a convertidores de oxido, esmaltes sintéticos, látex y revestimientos para ladrillos. Fuente: Diario La Nación, Buenos Aires 28/09
lunes, 28 de septiembre de 2009
lunes, 21 de septiembre de 2009
Trabajar para combatir el hambre
El Banco de Alimentos de Buenos Aires asiste a 480 comedores; necesita más recursos para poder continuar
Diario La Nación (Buenos Aires, Argentina) Domingo 20 de setiembre de 2009 |
Las bocas hambrientas se multiplican a un ritmo inversamente proporcional al de los recursos. Esta es la ecuación que por estos días desvela a los responsables de miles de comedores comunitarios en todo el país, que sienten el más crudo embate de la crisis económica.
"Hasta hace dos años, quienes asistían a los comedores eran principalmente niños. Las madres los acompañaban, pero no se sentaban a la mesa. Ahora, nos piden un plato de comida, lo mismo que los adolescentes, quienes, por vergüenza o para no verse estigmatizados, evitaban concurrir a los comedores.
Todo eso significó que la demanda de alimentos se multiplicara, mientras que las donaciones que abastecen a los comedores son las mismas o menores que antes de la crisis", relata con cierta impotencia Ambrosio Nougues, presidente del Banco de Alimentos de Buenos Aires, una ONG que abastece a unos 480 comedores en la Capital y en el Gran Buenos Aires.
Ver Bancos de Alimentos en un mapa más grande
En total, son más de 78.000 las personas que reciben alimento gracias a la actividad de este banco. "Sin embargo, es poco si se compara con la demanda. Hay otros 300 comedores en lista de espera, a los que concurren unas 75.000 personas, que no podemos incorporar al banco, porque si no aumentan nuestros recursos significa repartir el mismo pan en el doble de bocas", explica Alan Manoukian, director ejecutivo del banco.
Por estos días, la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, junto con la Red Argentina de Bancos de Alimentos, impulsa una campaña de toma de conciencia para que la sociedad conozca cuál es la situación real del hambre en el país y también que comprenda que el aporte individual puede ser fundamental a la hora de definir el futuro de un chico.
El Banco de Alimentos es intermediario entre quienes necesitan alimentos y quienes pueden aportarlos, ya sean empresas que aportan productos alimenticios o recursos económicos, así como ciudadanos solidarios que les hacen llegar sus donaciones monetarias para contribuir con la labor de los comedores.
También canalizan la ayuda de personas que se ofrecen como voluntarios para clasificar y organizar la mercadería que será remitida a los comedores en tiempo y forma.
Cabe destacar que el Banco de Alimento de Buenos Aires cuenta con la certificación ISO 9001, que garantiza que las donaciones lleguen efectivamente a sus destinatarios.
Los números que apunta la Red de Bancos de Alimentos resultan desgarradores, cuando se toma conciencia de la cruel realidad que tales cifras representan: hay más de 2,1 millones de personas en la Argentina que no tienen ingresos suficientes como para cubrir sus necesidades alimentarias. En dos de cada tres hogares pobres, algún familiar experimenta hambre. Y hay más: en el país, más de 260.000 niños menores de cinco años tienen algún grado de desnutrición.
Durante el año pasado, la Red distribuyó 4500 toneladas de alimentos entre 1000 organizaciones de base que contribuyen con la alimentación y el desarrollo de 150.000 personas, en su mayoría niños (estas cifras incluyen los bancos de alimentos de Buenos Aires, Jujuy, Mar del Plata, Córdoba, Goya, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Tandil, Tucumán, Valle de Uco y Virasoro, entre otras).
Con el objetivo de conocer cómo había impactado la crisis en los comedores, la Red realizó una encuesta tomando una muestra aleatoria de 210 organizaciones, entre las 1000 que reciben donaciones.
Mayor demanda
"En los últimos seis meses, el 81 por ciento de las organizaciones ha observado un incremento en la demanda de alimentos, aunque sólo el 56% señala haber podido ofrecer una respuesta", dice el informe. Por otra parte, el 98% de los comedores dijo haber percibido un incremento en el precio de los alimentos durante los últimos seis meses y el 63%, haber sufrido una disminución de sus recursos en ese período.
¿Qué ocurre entonces? El 23% de las organizaciones ha disminuido la compra de ciertos alimentos y el 14% redujo el valor nutricional de la comida proporcionada.
"El 88% aseguró que haber retirado alimentos de los bancos le permitió mejorar sus servicios alimentarios", detalló Alfredo Kasdorf, presidente de la Red. A modo de ejemplo, se citan datos de la consultora SEL, que señalan que hay 452.000 chicos menores de 14 años que están por debajo de la línea de indigencia en el Gran Buenos Aires.
"El Banco de Alimentos de Buenos Aires atiende al 10,8% de esa población. Desde su creación, en 2001, siempre la necesidad ha sido superior a la donación de alimentos", señala el informe, que arriba a una conclusión incontrastable: "Los Bancos de Alimentos tienen que crecer mucho para poder ayudar a cubrir el déficit alimentario de la población".
Quienes quieran contribuir con esa tarea pueden hacerlo comunicándose con la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, al 4724-0203 o www.bancodealimentos.org.ar .
La Argentina, en un foro de alimentación
La Agencia para la Agricultura y la Alimentación (FAO) invitó especialmente al Centro de Lucha contra el Hambre, de la Universidad de Buenos Aires, para participar de un foro de especialistas en alimentación, que reúne a treinta expertos académicos. Este centro universitario desarrolla programas de nutrición y de producción de alimentos para los sectores más postergados. El objetivo del foro es crear un ámbito abierto para debatir los desafíos más importantes en relación con la agricultura mundial durante los próximos años, en particular, duplicar la producción de alimentos y proveer a la demanda de recursos agrícolas.
Diario La Nación (Buenos Aires, Argentina) Domingo 20 de setiembre de 2009 |
Las bocas hambrientas se multiplican a un ritmo inversamente proporcional al de los recursos. Esta es la ecuación que por estos días desvela a los responsables de miles de comedores comunitarios en todo el país, que sienten el más crudo embate de la crisis económica.
"Hasta hace dos años, quienes asistían a los comedores eran principalmente niños. Las madres los acompañaban, pero no se sentaban a la mesa. Ahora, nos piden un plato de comida, lo mismo que los adolescentes, quienes, por vergüenza o para no verse estigmatizados, evitaban concurrir a los comedores.
Todo eso significó que la demanda de alimentos se multiplicara, mientras que las donaciones que abastecen a los comedores son las mismas o menores que antes de la crisis", relata con cierta impotencia Ambrosio Nougues, presidente del Banco de Alimentos de Buenos Aires, una ONG que abastece a unos 480 comedores en la Capital y en el Gran Buenos Aires.
Ver Bancos de Alimentos en un mapa más grande
En total, son más de 78.000 las personas que reciben alimento gracias a la actividad de este banco. "Sin embargo, es poco si se compara con la demanda. Hay otros 300 comedores en lista de espera, a los que concurren unas 75.000 personas, que no podemos incorporar al banco, porque si no aumentan nuestros recursos significa repartir el mismo pan en el doble de bocas", explica Alan Manoukian, director ejecutivo del banco.
Por estos días, la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, junto con la Red Argentina de Bancos de Alimentos, impulsa una campaña de toma de conciencia para que la sociedad conozca cuál es la situación real del hambre en el país y también que comprenda que el aporte individual puede ser fundamental a la hora de definir el futuro de un chico.
El Banco de Alimentos es intermediario entre quienes necesitan alimentos y quienes pueden aportarlos, ya sean empresas que aportan productos alimenticios o recursos económicos, así como ciudadanos solidarios que les hacen llegar sus donaciones monetarias para contribuir con la labor de los comedores.
También canalizan la ayuda de personas que se ofrecen como voluntarios para clasificar y organizar la mercadería que será remitida a los comedores en tiempo y forma.
Cabe destacar que el Banco de Alimento de Buenos Aires cuenta con la certificación ISO 9001, que garantiza que las donaciones lleguen efectivamente a sus destinatarios.
Los números que apunta la Red de Bancos de Alimentos resultan desgarradores, cuando se toma conciencia de la cruel realidad que tales cifras representan: hay más de 2,1 millones de personas en la Argentina que no tienen ingresos suficientes como para cubrir sus necesidades alimentarias. En dos de cada tres hogares pobres, algún familiar experimenta hambre. Y hay más: en el país, más de 260.000 niños menores de cinco años tienen algún grado de desnutrición.
Durante el año pasado, la Red distribuyó 4500 toneladas de alimentos entre 1000 organizaciones de base que contribuyen con la alimentación y el desarrollo de 150.000 personas, en su mayoría niños (estas cifras incluyen los bancos de alimentos de Buenos Aires, Jujuy, Mar del Plata, Córdoba, Goya, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Tandil, Tucumán, Valle de Uco y Virasoro, entre otras).
Con el objetivo de conocer cómo había impactado la crisis en los comedores, la Red realizó una encuesta tomando una muestra aleatoria de 210 organizaciones, entre las 1000 que reciben donaciones.
Mayor demanda
"En los últimos seis meses, el 81 por ciento de las organizaciones ha observado un incremento en la demanda de alimentos, aunque sólo el 56% señala haber podido ofrecer una respuesta", dice el informe. Por otra parte, el 98% de los comedores dijo haber percibido un incremento en el precio de los alimentos durante los últimos seis meses y el 63%, haber sufrido una disminución de sus recursos en ese período.
¿Qué ocurre entonces? El 23% de las organizaciones ha disminuido la compra de ciertos alimentos y el 14% redujo el valor nutricional de la comida proporcionada.
"El 88% aseguró que haber retirado alimentos de los bancos le permitió mejorar sus servicios alimentarios", detalló Alfredo Kasdorf, presidente de la Red. A modo de ejemplo, se citan datos de la consultora SEL, que señalan que hay 452.000 chicos menores de 14 años que están por debajo de la línea de indigencia en el Gran Buenos Aires.
"El Banco de Alimentos de Buenos Aires atiende al 10,8% de esa población. Desde su creación, en 2001, siempre la necesidad ha sido superior a la donación de alimentos", señala el informe, que arriba a una conclusión incontrastable: "Los Bancos de Alimentos tienen que crecer mucho para poder ayudar a cubrir el déficit alimentario de la población".
Quienes quieran contribuir con esa tarea pueden hacerlo comunicándose con la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, al 4724-0203 o www.bancodealimentos.org.ar .
La Argentina, en un foro de alimentación
La Agencia para la Agricultura y la Alimentación (FAO) invitó especialmente al Centro de Lucha contra el Hambre, de la Universidad de Buenos Aires, para participar de un foro de especialistas en alimentación, que reúne a treinta expertos académicos. Este centro universitario desarrolla programas de nutrición y de producción de alimentos para los sectores más postergados. El objetivo del foro es crear un ámbito abierto para debatir los desafíos más importantes en relación con la agricultura mundial durante los próximos años, en particular, duplicar la producción de alimentos y proveer a la demanda de recursos agrícolas.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Es posible construir viviendas dignas para todos
Revista del diario La Nación (Buenos Aires, Argentina. Domingo 13 de septiembre de 2009)
El problema habitacional es uno de los grandes asuntos pendientes del planeta. Ronald Terwilliger, filántropo y presidente de la ONG Hábitat para la Humanidad, es un experto en el tema. Estuvo en el país, y aseguró que es posible construir viviendas dignas para todos
Brilla el sol. Y J. Ronald Terwilliger brilla este mediodía en el asentamiento 22 de Enero, en La Matanza. Camina y sonríe. Brilla su rostro color crema, y en sus mejillas recién llegadas se dibujan manchas rojas. Los zapatos de cuero muerden la tierra opaca, ajada, las calles sin nombre. Ron Terwilliger aterrizó hace minutos en el aeropuerto de Ezeiza. Sin escalas, vino directo al barrio pobre. Y lo que ven sus ojos azules es una hilera de casas sin revoque, alambrados, cacharros, sillas viejas, gallinas, perros. Niños que juegan con palanganas de agua. Un grupo de gente con remeras azules que dicen Hábitat para la Humanidad. Hábitat es una ONG que busca desterrar del planeta las viviendas deplorables. Terwilliger es, entre otras cosas, su presidente. La organización fue fundada en 1976 por un matrimonio de jóvenes de Georgia (Estados Unidos), Millard y Linda Fuller. Antes de cumplir 30 años, los Fuller habían amasado su primer millón de dólares. Un día decidieron cambiar de vida, practicar los preceptos cristianos. Predicar por el mundo la idea de que todos deberíamos vivir en un techo decente. Así nació Hábitat, para ayudar a construir casas sencillas y dignas. Muchas de las 2500 familias de este asentamiento tienen serios problemas para lograr ese objetivo. O lo han tenido. Por eso, entre quienes reciben al señor Terwilliger hay una decena de personas del barrio. Con impecables delantales y gorros de cocinero, ofrecen a Terwilliger empanadas de carne, sopa paraguaya y chipá cocinados en el horno solar del emprendimiento local Sol de Pan.
Así comenzó la gira que trajo al país al señor Terwilliger. A 24 kilómetros de la Capital, en el conurbano profundo. El 22 de Enero es un barrio de albañiles, zapateros, mujeres que hacen ingeniería en transporte para llegar a sus trabajos de empleadas domésticas. Déficit sanitario, viviendas precarias, basura. El señor Terwilliger reluce en este escenario, no sólo por estar en el vértice opuesto de la pirámide social. Actúa con la certeza de los que creen en algo.
Mira las empanadas con ganas y dice que va a probar un poco de todo. Bebe gaseosa, habla con los cocineros del proyecto comunitario de Fundación Concordia, pregunta por el horno solar, cuánto costó. Ana Cutts, directora nacional de Hábitat, oficia de traductora. A quien le pregunte qué lo trae por acá, Terwilliger dirá con naturalidad: "Los Objetivos del Milenio". Su trabajo hoy tiene que ver con una de las metas de Naciones Unidas: "Mejorar para 2020 la vida de por lo menos 1200 millones de habitantes de barrios marginales". En ningún momento el señor Terwilliger dejará de sonreír con sus labios finitos, ni de preguntar por detalles del barrio, como, por ejemplo, si tienen agua potable (a lo que le responderán: "Algunos"). En ningún momento los presentes dejaremos de pensar qué hace este hombre acá. Cómo llegó a ser quien es.
Millonario y filántropo
Ronald Terwilliger vive un poco en Long Island y otro poco en Atlanta, tiene 67 años, una esposa en segundas nupcias llamada Fran, dos hijas, cuatro nietos, y fama de ser uno de los hombres de negocios con más peso en la construcción norteamericana. Multimillonario. Filántropo. Durante 30 años dirigió la compañía número uno de desarrollo inmobiliario multifamiliar en los Estados Unidos. Desde 2008está en el Hall de la Fama de la Asociación Nacional de Constructores de su país. En junio último, este señor que agradece el almuerzo y empieza la caminata bajo el sol fue declarado Persona del Año por el Consejo Nacional de la Vivienda de Estados Unidos.
El joven Ron se graduó con honores en la Academia Naval clase 1963, jugó al béisbol, al básquet, y sirvió cinco años en la marina. Hizo un MBA en la Escuela de Negocios de Harvard y logró la distinción académica más alta. La mayoría de los premios que llegaron después son fruto de su rol como CEO de Trammell Crow Residential (TCR), el mayor desarrollador de departamentos y condominios estadounidense. También colaboró en planes de vivienda con Shirley Franklin, alcaldesa de Atlanta, donde TCR tiene sus oficinas centrales. Entre 1999 y 2001 dirigió el Urban Land Institute (ULI), del que aún participa. Ha aportado varios millones de dólares a esta y a otras oficinas que se ocupan del tema. Desde 2000 integra el consejo directivo de Hábitat para la Humanidad Internacional. Hace un año fue elegido presidente del consejo, la posición más alta de esta ONG cristiana, no confesional, que trabaja en 100 países con 500.000voluntarios.
Familias trabajando
La familia de Rita es una de las 150 que en nuestro país mejoraron su hogar con ayuda de Hábitat. Ella fue la primera vecina que contó con un crédito en el barrio. Por eso, el señor Terwilliger y la comitiva se detienen frente a esta casa de ladrillos a la vista en una calle sin nombre, manzana 16, casa 4. Se acercan varios perros ladrando. "Hi, doggies", dice el magnate de la construcción. Alguien susurra que le dan miedo los perros.
En su casa, Rita le cuenta que llegó al barrio hace tres años; vivía en un galpón de dos por dos. Su hijito tenía un problema de salud y se quedó a vivir acá para que pudieran tratarlo en el hospital Garrahan. "Con el crédito de Hábitat terminamos el techo, y pusimos las ventanas y las puertas."
-¿Quién hizo el trabajo?, pregunta Terwilliger.
-La familia, mi marido. Está trabajando en una marroquinería en Lugano -responde ella.
-¿Usted se dedica a la panadería? -pregunta él.
Rita asiente. Colabora con la ecopanadería comunitaria que coordina la Fundación Concordia, otra organización que trabaja en el barrio, en red con Caritas y Hábitat. Sus dos hijos merodean. En el centro del comedor hay un mapa de la Argentina y un almanaque con la figura de San Cayetano. Al salir, Terwilliger pregunta a los voluntarios.
-¿El terreno es de ellos?
-Sí. Tienen un papel.
El líder de la construcción piensa que "la tenencia segura, esa libertad que damos por sentada, el derecho a vivir sin miedo a ser expulsado de tu casa el día de mañana, es necesaria para aliviar la miseria de 1600 millones de personas que viven en viviendas deficientes en el mundo".
Mientras caminamos hacia otras casas, los voluntarios y los directivos locales rodean al presidente. Está Torre Nelson, vicepresidente de Hábitat en América latina y Caribe; Bryan Miller, que se ocupa de las campañas para conseguir fondos; Ariel Sosa, Adriana Pérsico, Diego Reynoso, María Magno y Johan Torroledo, de Hábitat Argentina; Leonor y Carlos Castro, de la Fundación Concordia. Diego explica que los créditos de este programa, Mejoras Progresivas, son de hasta 4000 pesos, y para devolver en tres años. No se cobra interés, sino una cuota escalonada. Cuanto más rápido se devuelve, menos se paga. Los fondos salen de la oficina nacional. Algunos vecinos tienen en trámite subsidios del Plan Federal de Vivienda, pero la cosa demora. De fondo suenan la cumbia y el chamamé.
En cada hogar, Terwilliger saluda, recorre, mira, escucha, pregunta. El de Blanca y Humberto es un ambiente que funciona como taller y dormitorio. De un lado, la cama doble; en un rincón, la heladera, y en el breve espacio restante, las máquinas de coser.
-Teníamos letrina. Nuestra mejora es el baño, dice Humberto, con todo el orgullo parado en el único centímetro de suelo libre.
Terwilliger le pregunta de qué viven.
-Trabajos de costura -explica Humberto, además colaborador de Sol de Pan.
Cosen pantalones de campo. Se venden en La Salada a 60 pesos cada uno, y reciben 4 pesos por unidad.
-¿Cuántos hacen en una hora?, quiere saber el presidente de Hábitat.
-Como mucho, tres pantalones entre dos personas.
La recorrida termina en casa de Viviana, que se ha quitado el atuendo de cocinera. Terwilliger observa los dos dormitorios.
-La mejora son los techos y el revoque de paredes. Tengo cinco hijos. Mi marido es chofer de una empresa de camiones. Yo trabajo en casas de familia ?dice ella y ofrece jugo.
Terwilliger se sienta, conversa. Siempre estuvo convencido de algo: "Comida, ropa y techo son un derecho de todos los ciudadanos. En algunos países creen que este derecho es responsabilidad del gobierno. No conozco un gobierno con semejante compromiso con el tema ni con tantos recursos para hacerlo".
-¿Hacia dónde va la crisis habitacional en el mundo?
-Está cada vez peor. Cada vez más gente tiene problemas para acceder a una vivienda. Desde 2008, más de la mitad de la población humana vive en zonas urbanas. En mi vida tuve oportunidad de ver el rol crucial que juega una vivienda digna en la vida de las personas, especialmente en la de los más pobres. Hay que dar esa oportunidad para acceder a una casa, pequeña pero con servicios básicos. Lo importante es esa primera chance. Si a una persona pobre le das la oportunidad, el esfuerzo lo hace. La prueba es que todas las familias pagan la cuota y están devolviendo los créditos. No es que no puedan.
-¿Cuál sería el primer paso para encontrar una solución?
-Lo primero es reconocer que hay un problema. No podemos esperar que el gobierno ni determinado sector pongan todo el capital. Los que fuimos afortunados tenemos la responsabilidad de ayudar.
-¿Usted vino a pedirles a los empresarios argentinos que colaboren con esta causa?
-Sí, hay que probar, hay que pedir. Lo importante es plantear esta experiencia, ver que otra persona lo hace puede funcionar como un ejemplo de confianza. He donado 15 millones de dólares a esta causa.
-¿Por dónde pasa la solución?
-Mi creencia es que las organizaciones de la sociedad civil y las corporaciones pueden ayudar. Todos pueden aportar al problema, pero está claro que sin la colaboración del gobierno no se puede.
-¿Por qué elige militar desde una ONG?
-Porque las organizaciones necesitan voluntarios como yo. El gobierno tiene la plata, pero nosotros tenemos la experiencia y el éxito en el sector. La credibilidad pasa por ahí.
-¿Qué saca de estas recorridas?
-Aprendo mucho; por ejemplo, que Hábitat debe ser flexible. Las culturas son muy diversas; hay que ser muy innovador para saber cómo ayudar a una familia. Cada ser humano debe tener la oportunidad de mejorar.
-¿Por qué hace esto?
-Porque quiero influir sobre el tema. En los últimos años hice planes para ayudar a subir a los que no tuvieron tanta suerte como yo. Hay un versículo bíblico que lo dice claro: "A aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará. Al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá".
Por María Eugenia Ludueña
Más datos: www.hpha.org.ar
Hábitat en la Argentina
Hábitat para la Humanidad Internacional es una organización cristiana, ecuménica, que desde 1976 trabaja en más de cien países con la idea de que todos tenemos derecho a una vivienda digna. Lleva construidas 300.000 casas y ha provisto de un hogar digno a más de 900.000 personas.
"Hay que hacer mucho más que casas: hay que buscar hacer comunidad", explican los voluntarios locales. Desde 2002, la organización tiene su oficina Hábitat para la Humanidad Argentina. Desarrolla proyectos en las provincias de Buenos Aires y de Santa Fe, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Funciona con donaciones y voluntarios. Cobra a las familias que ayuda las cuotas de una hipoteca. Este pago pasa a engrosar un fondo rotativo con el que se construyen más casas. Realiza sus proyectos con recursos propios del programa nacional y busca el apoyo de empresas, donantes, fundaciones y gobiernos que le permita lograr la concreción de 750 soluciones habitacionales hasta 2012.
Para hacerlo desarrolla diferentes proyectos.
Alquileres tutelados: un programa que genera lazos entre los propietarios de viviendas en desuso y familias que viven en hoteles. Hábitat se ofrece como garantía financiera y otorga microcréditos para que las familias que viven en pensiones puedan acceder a un alquiler formal.
Reciclando hogares: existen 87.000 familias en la ciudad de Buenos Aires y 100.000 propiedades deshabitadas. Hábitat ha diseñado un proyecto para que esas propiedades pueden reciclarse y recuperarse en valor. Ya lo hizo con un edificio emblemático en el barrio de La Boca.
Mejoras progresivas: Hábitat buscó alianzas con organizaciones que trabajan en barrios precarios. Así, se conectó con la Fundación Concordia y con Caritas en el Asentamiento 22 de Enero. Y se acercó al barrio a través de talleres comunitarios de vivienda y desarrollo sustentable.
Esfuerzos compartidos: también realiza trabajo de cooperación con los planes de vivienda encarados desde el Estado.
Muestra en La Boca
Hábitat para la Humanidad Argentina (HPHA) realiza una muestra en un conventillo en desuso de La Boca; el objetivo es concientizar a los visitantes sobre el problema habitacional de la Ciudad de Buenos Aires y animarlos a que se sumen a ser parte de la solución. HPHA adquirió el conventillo con el fin de transformarlo en un edificio sencillo, seguro y económico para ofrecer los departamentos a familias de bajos recursos mediante alquileres.
Más datos: eventos@hpha.org.ar
El problema habitacional es uno de los grandes asuntos pendientes del planeta. Ronald Terwilliger, filántropo y presidente de la ONG Hábitat para la Humanidad, es un experto en el tema. Estuvo en el país, y aseguró que es posible construir viviendas dignas para todos
Brilla el sol. Y J. Ronald Terwilliger brilla este mediodía en el asentamiento 22 de Enero, en La Matanza. Camina y sonríe. Brilla su rostro color crema, y en sus mejillas recién llegadas se dibujan manchas rojas. Los zapatos de cuero muerden la tierra opaca, ajada, las calles sin nombre. Ron Terwilliger aterrizó hace minutos en el aeropuerto de Ezeiza. Sin escalas, vino directo al barrio pobre. Y lo que ven sus ojos azules es una hilera de casas sin revoque, alambrados, cacharros, sillas viejas, gallinas, perros. Niños que juegan con palanganas de agua. Un grupo de gente con remeras azules que dicen Hábitat para la Humanidad. Hábitat es una ONG que busca desterrar del planeta las viviendas deplorables. Terwilliger es, entre otras cosas, su presidente. La organización fue fundada en 1976 por un matrimonio de jóvenes de Georgia (Estados Unidos), Millard y Linda Fuller. Antes de cumplir 30 años, los Fuller habían amasado su primer millón de dólares. Un día decidieron cambiar de vida, practicar los preceptos cristianos. Predicar por el mundo la idea de que todos deberíamos vivir en un techo decente. Así nació Hábitat, para ayudar a construir casas sencillas y dignas. Muchas de las 2500 familias de este asentamiento tienen serios problemas para lograr ese objetivo. O lo han tenido. Por eso, entre quienes reciben al señor Terwilliger hay una decena de personas del barrio. Con impecables delantales y gorros de cocinero, ofrecen a Terwilliger empanadas de carne, sopa paraguaya y chipá cocinados en el horno solar del emprendimiento local Sol de Pan.
Así comenzó la gira que trajo al país al señor Terwilliger. A 24 kilómetros de la Capital, en el conurbano profundo. El 22 de Enero es un barrio de albañiles, zapateros, mujeres que hacen ingeniería en transporte para llegar a sus trabajos de empleadas domésticas. Déficit sanitario, viviendas precarias, basura. El señor Terwilliger reluce en este escenario, no sólo por estar en el vértice opuesto de la pirámide social. Actúa con la certeza de los que creen en algo.
Mira las empanadas con ganas y dice que va a probar un poco de todo. Bebe gaseosa, habla con los cocineros del proyecto comunitario de Fundación Concordia, pregunta por el horno solar, cuánto costó. Ana Cutts, directora nacional de Hábitat, oficia de traductora. A quien le pregunte qué lo trae por acá, Terwilliger dirá con naturalidad: "Los Objetivos del Milenio". Su trabajo hoy tiene que ver con una de las metas de Naciones Unidas: "Mejorar para 2020 la vida de por lo menos 1200 millones de habitantes de barrios marginales". En ningún momento el señor Terwilliger dejará de sonreír con sus labios finitos, ni de preguntar por detalles del barrio, como, por ejemplo, si tienen agua potable (a lo que le responderán: "Algunos"). En ningún momento los presentes dejaremos de pensar qué hace este hombre acá. Cómo llegó a ser quien es.
Millonario y filántropo
Ronald Terwilliger vive un poco en Long Island y otro poco en Atlanta, tiene 67 años, una esposa en segundas nupcias llamada Fran, dos hijas, cuatro nietos, y fama de ser uno de los hombres de negocios con más peso en la construcción norteamericana. Multimillonario. Filántropo. Durante 30 años dirigió la compañía número uno de desarrollo inmobiliario multifamiliar en los Estados Unidos. Desde 2008está en el Hall de la Fama de la Asociación Nacional de Constructores de su país. En junio último, este señor que agradece el almuerzo y empieza la caminata bajo el sol fue declarado Persona del Año por el Consejo Nacional de la Vivienda de Estados Unidos.
El joven Ron se graduó con honores en la Academia Naval clase 1963, jugó al béisbol, al básquet, y sirvió cinco años en la marina. Hizo un MBA en la Escuela de Negocios de Harvard y logró la distinción académica más alta. La mayoría de los premios que llegaron después son fruto de su rol como CEO de Trammell Crow Residential (TCR), el mayor desarrollador de departamentos y condominios estadounidense. También colaboró en planes de vivienda con Shirley Franklin, alcaldesa de Atlanta, donde TCR tiene sus oficinas centrales. Entre 1999 y 2001 dirigió el Urban Land Institute (ULI), del que aún participa. Ha aportado varios millones de dólares a esta y a otras oficinas que se ocupan del tema. Desde 2000 integra el consejo directivo de Hábitat para la Humanidad Internacional. Hace un año fue elegido presidente del consejo, la posición más alta de esta ONG cristiana, no confesional, que trabaja en 100 países con 500.000voluntarios.
Familias trabajando
La familia de Rita es una de las 150 que en nuestro país mejoraron su hogar con ayuda de Hábitat. Ella fue la primera vecina que contó con un crédito en el barrio. Por eso, el señor Terwilliger y la comitiva se detienen frente a esta casa de ladrillos a la vista en una calle sin nombre, manzana 16, casa 4. Se acercan varios perros ladrando. "Hi, doggies", dice el magnate de la construcción. Alguien susurra que le dan miedo los perros.
En su casa, Rita le cuenta que llegó al barrio hace tres años; vivía en un galpón de dos por dos. Su hijito tenía un problema de salud y se quedó a vivir acá para que pudieran tratarlo en el hospital Garrahan. "Con el crédito de Hábitat terminamos el techo, y pusimos las ventanas y las puertas."
-¿Quién hizo el trabajo?, pregunta Terwilliger.
-La familia, mi marido. Está trabajando en una marroquinería en Lugano -responde ella.
-¿Usted se dedica a la panadería? -pregunta él.
Rita asiente. Colabora con la ecopanadería comunitaria que coordina la Fundación Concordia, otra organización que trabaja en el barrio, en red con Caritas y Hábitat. Sus dos hijos merodean. En el centro del comedor hay un mapa de la Argentina y un almanaque con la figura de San Cayetano. Al salir, Terwilliger pregunta a los voluntarios.
-¿El terreno es de ellos?
-Sí. Tienen un papel.
El líder de la construcción piensa que "la tenencia segura, esa libertad que damos por sentada, el derecho a vivir sin miedo a ser expulsado de tu casa el día de mañana, es necesaria para aliviar la miseria de 1600 millones de personas que viven en viviendas deficientes en el mundo".
Mientras caminamos hacia otras casas, los voluntarios y los directivos locales rodean al presidente. Está Torre Nelson, vicepresidente de Hábitat en América latina y Caribe; Bryan Miller, que se ocupa de las campañas para conseguir fondos; Ariel Sosa, Adriana Pérsico, Diego Reynoso, María Magno y Johan Torroledo, de Hábitat Argentina; Leonor y Carlos Castro, de la Fundación Concordia. Diego explica que los créditos de este programa, Mejoras Progresivas, son de hasta 4000 pesos, y para devolver en tres años. No se cobra interés, sino una cuota escalonada. Cuanto más rápido se devuelve, menos se paga. Los fondos salen de la oficina nacional. Algunos vecinos tienen en trámite subsidios del Plan Federal de Vivienda, pero la cosa demora. De fondo suenan la cumbia y el chamamé.
En cada hogar, Terwilliger saluda, recorre, mira, escucha, pregunta. El de Blanca y Humberto es un ambiente que funciona como taller y dormitorio. De un lado, la cama doble; en un rincón, la heladera, y en el breve espacio restante, las máquinas de coser.
-Teníamos letrina. Nuestra mejora es el baño, dice Humberto, con todo el orgullo parado en el único centímetro de suelo libre.
Terwilliger le pregunta de qué viven.
-Trabajos de costura -explica Humberto, además colaborador de Sol de Pan.
Cosen pantalones de campo. Se venden en La Salada a 60 pesos cada uno, y reciben 4 pesos por unidad.
-¿Cuántos hacen en una hora?, quiere saber el presidente de Hábitat.
-Como mucho, tres pantalones entre dos personas.
La recorrida termina en casa de Viviana, que se ha quitado el atuendo de cocinera. Terwilliger observa los dos dormitorios.
-La mejora son los techos y el revoque de paredes. Tengo cinco hijos. Mi marido es chofer de una empresa de camiones. Yo trabajo en casas de familia ?dice ella y ofrece jugo.
Terwilliger se sienta, conversa. Siempre estuvo convencido de algo: "Comida, ropa y techo son un derecho de todos los ciudadanos. En algunos países creen que este derecho es responsabilidad del gobierno. No conozco un gobierno con semejante compromiso con el tema ni con tantos recursos para hacerlo".
-¿Hacia dónde va la crisis habitacional en el mundo?
-Está cada vez peor. Cada vez más gente tiene problemas para acceder a una vivienda. Desde 2008, más de la mitad de la población humana vive en zonas urbanas. En mi vida tuve oportunidad de ver el rol crucial que juega una vivienda digna en la vida de las personas, especialmente en la de los más pobres. Hay que dar esa oportunidad para acceder a una casa, pequeña pero con servicios básicos. Lo importante es esa primera chance. Si a una persona pobre le das la oportunidad, el esfuerzo lo hace. La prueba es que todas las familias pagan la cuota y están devolviendo los créditos. No es que no puedan.
-¿Cuál sería el primer paso para encontrar una solución?
-Lo primero es reconocer que hay un problema. No podemos esperar que el gobierno ni determinado sector pongan todo el capital. Los que fuimos afortunados tenemos la responsabilidad de ayudar.
-¿Usted vino a pedirles a los empresarios argentinos que colaboren con esta causa?
-Sí, hay que probar, hay que pedir. Lo importante es plantear esta experiencia, ver que otra persona lo hace puede funcionar como un ejemplo de confianza. He donado 15 millones de dólares a esta causa.
-¿Por dónde pasa la solución?
-Mi creencia es que las organizaciones de la sociedad civil y las corporaciones pueden ayudar. Todos pueden aportar al problema, pero está claro que sin la colaboración del gobierno no se puede.
-¿Por qué elige militar desde una ONG?
-Porque las organizaciones necesitan voluntarios como yo. El gobierno tiene la plata, pero nosotros tenemos la experiencia y el éxito en el sector. La credibilidad pasa por ahí.
-¿Qué saca de estas recorridas?
-Aprendo mucho; por ejemplo, que Hábitat debe ser flexible. Las culturas son muy diversas; hay que ser muy innovador para saber cómo ayudar a una familia. Cada ser humano debe tener la oportunidad de mejorar.
-¿Por qué hace esto?
-Porque quiero influir sobre el tema. En los últimos años hice planes para ayudar a subir a los que no tuvieron tanta suerte como yo. Hay un versículo bíblico que lo dice claro: "A aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará. Al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá".
Por María Eugenia Ludueña
Más datos: www.hpha.org.ar
Hábitat en la Argentina
Hábitat para la Humanidad Internacional es una organización cristiana, ecuménica, que desde 1976 trabaja en más de cien países con la idea de que todos tenemos derecho a una vivienda digna. Lleva construidas 300.000 casas y ha provisto de un hogar digno a más de 900.000 personas.
"Hay que hacer mucho más que casas: hay que buscar hacer comunidad", explican los voluntarios locales. Desde 2002, la organización tiene su oficina Hábitat para la Humanidad Argentina. Desarrolla proyectos en las provincias de Buenos Aires y de Santa Fe, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Funciona con donaciones y voluntarios. Cobra a las familias que ayuda las cuotas de una hipoteca. Este pago pasa a engrosar un fondo rotativo con el que se construyen más casas. Realiza sus proyectos con recursos propios del programa nacional y busca el apoyo de empresas, donantes, fundaciones y gobiernos que le permita lograr la concreción de 750 soluciones habitacionales hasta 2012.
Para hacerlo desarrolla diferentes proyectos.
Alquileres tutelados: un programa que genera lazos entre los propietarios de viviendas en desuso y familias que viven en hoteles. Hábitat se ofrece como garantía financiera y otorga microcréditos para que las familias que viven en pensiones puedan acceder a un alquiler formal.
Reciclando hogares: existen 87.000 familias en la ciudad de Buenos Aires y 100.000 propiedades deshabitadas. Hábitat ha diseñado un proyecto para que esas propiedades pueden reciclarse y recuperarse en valor. Ya lo hizo con un edificio emblemático en el barrio de La Boca.
Mejoras progresivas: Hábitat buscó alianzas con organizaciones que trabajan en barrios precarios. Así, se conectó con la Fundación Concordia y con Caritas en el Asentamiento 22 de Enero. Y se acercó al barrio a través de talleres comunitarios de vivienda y desarrollo sustentable.
Esfuerzos compartidos: también realiza trabajo de cooperación con los planes de vivienda encarados desde el Estado.
Muestra en La Boca
Hábitat para la Humanidad Argentina (HPHA) realiza una muestra en un conventillo en desuso de La Boca; el objetivo es concientizar a los visitantes sobre el problema habitacional de la Ciudad de Buenos Aires y animarlos a que se sumen a ser parte de la solución. HPHA adquirió el conventillo con el fin de transformarlo en un edificio sencillo, seguro y económico para ofrecer los departamentos a familias de bajos recursos mediante alquileres.
Más datos: eventos@hpha.org.ar
Ir a la escuela incluye computadora
Utopía tecnológica / Es el primer país del mundo en lograr que todos los chicos tengan acceso a Internet
En Uruguay, un plan del gobierno entrega una laptop a cada alumno y a cada maestro del nivel primario
Diario La Nación (Buenos Aires, Argentina) Domingo 13 de septiembre de 2009
MONTEVIDEO.- Pensar un país donde todos los alumnos de las escuelas primarias tengan su propia computadora portátil con conexión a Internet inalámbrica tiene sabor a utopía. Sin embargo, Uruguay se convertirá dentro de dos semanas en el primer país del mundo en lograrlo.
De los 2360 colegios primarios estatales en todo el territorio, sólo resta que reciban su computadora los alumnos de 33 escuelas de Montevideo. Así, el plan Ceibal, que lanzó el gobierno de Tabaré Vázquez hace tres años, está por cumplir la ambiciosa meta de que cada chico y cada maestro de primaria del país tengan su laptop con banda ancha.
A media hora del centro histórico de Montevideo está la escuela 95, en la localidad de La Boyada, dentro de un asentamiento conocido como "la isla", porque allí no hay club ni supermercado ni cíber, y sólo pasa un colectivo. La directora de la escuela, Flora Fernández, enfatiza la descripción de la zona para señalar la importancia de que cada alumno tenga su computadora con Internet inalámbrica, en un contexto social en el que "la única referencia de la familia y de los chicos es la escuela".
En el aula de 6° grado está Alister Gaitur, que cuenta con entusiasmo que bajaron fotos del cuadro Guernica "para conocerlo más en la clase que dio la maestra sobre Picasso". Su compañero Michael Moreira relata que su padre, que arregla televisores, le pide prestada la "XO" (nombre que recibe la máquina) para buscar precios de repuestos en Internet. Como cada chico es dueño de la laptop que le regaló el gobierno, hay muchas familias que por primera vez tienen una computadora en su hogar.
"Esto es revolucionario, más en un país donde la brecha digital era tan grande", dice la joven maestra Alicia López, de la escuela 95, y agrega: "Es sin duda una herramienta fundamental para los que elegimos transformar parte de la realidad desde la educación".
El origen de la idea
En diciembre de 2006, el presidente Tabaré Vázquez lanzó el plan, un año después de haber escuchado la propuesta que el norteamericano Nicholas Negroponte presentó en el Foro Económico Mundial de Davos de producir computadoras portátiles de bajo costo -un desarrollo del MIT- para disminuir la brecha digital en los países menos desarrollados. Vázquez dijo que para 2009 habría una computadora por niño para "equiparar tecnológicamente" a todos los chicos. Se decidió comenzar desde el interior del país hacia la capital.
El costo total del plan Ceibal es de unos US$ 120 millones en tres años. En tanto, el presupuesto del año pasado destinado a la educación básica fue de unos 840 millones de dólares. El costo promedio de cada laptop es de 188 dólares (con impuestos asciende a US$ 230).
Pero el plan excede la órbita del sistema educativo e involucra a organismos como el Laboratorio Tecnológico de Uruguay (LATU) y la agencia estatal de telecomunicaciones (Antel). "Nos propusimos resolver todos los problemas para poder llevar adelante este plan. Sólo 5000 chicos a fin de año no tendrán conexión a Internet por dificultades que se resolverán", dijo Miguel Brechner, presidente del LATU.
Ya se entregaron 369.000 computadoras, que incluyen aquellas para niños ciegos, con discapacidades motrices, sordos y con escasa visión. Y hay 18.000 para maestros.
Una herramienta más
En el pueblo 25 de Agosto, a casi dos horas del centro de Montevideo, la maestra Mariela Pérez no podía trabajar con diarios porque no llegaban. Pero desde marzo del año pasado, los alumnos de la escuela 47 tienen acceso a un universo de periódicos inimaginable poco tiempo antes, debido al acceso a Internet.
En la misma escuela, en una clase de 5° grado, grupos de alumnos estaban frente a sus computadoras y tomando nota en sus cuadernos. Apenas se oía un murmullo. Tenían abierta una página de Wikipedia en la que aparecía una imagen del general San Martín, porque en estos días están investigando sobre la independencia en los países de América latina.
Las computadoras pesan 2,5 kg, trabajan sobre la plataforma Linux, tienen programas que fueron especialmente diseñados y un filtro de navegación. Con ella también pueden tomar fotografías, filmar videos y tienen un diseño que les permite adoptar la forma de un libro.
Desde este año se ofrece el plan Ceibal a las 328 escuelas privadas, pero, en este caso, las instituciones deben pagar las máquinas, con distintos descuentos según la matrícula del colegio.
También desde este año se está reforzando la capacitación docente, por lo cual en cada colegio habrá un maestro de apoyo hasta fin de año y "maestras dinamizadoras" que organizan grupos de formación estables. "La realidad nos llevó a la conclusión de que el plan, si no está liderado por los docentes, fracasa", indicó Edith Moraes, directora general de educación primaria.
Muchos maestros están entusiasmados, pero sienten que deberían haber tenido más capacitación previa. Es común oírlos decir que hay cosas que descubren primero los alumnos que ellos y que aún les falta un trayecto por recorrer para poder aprovechar todo el potencial educativo que tiene la computadora.
Lo que sí ya está claro es que cada alumno uruguayo tiene las mismas oportunidades para ser una persona alfabetizada digitalmente. Un paso hacia la equidad.
En la Argentina, una versión reducida
En 2005, durante la gestión del ex ministro de Educación Daniel Filmus, el gobierno argentino anunció la intención de formar parte de la iniciativa de Negroponte para llegar con computadoras a un millón de alumnos. El proyecto no se concretó y, en cambio, se optó por un programa que desde abril próximo distribuirá una computadora a cada alumno y a docentes de las escuelas secundarias técnicas (231.000 estudiantes y 25.000 profesores). Aún no concluyó la licitación para la compra de las computadoras, y se espera que el costo de cada máquina ronde los 200 dólares. La inversión total será de unos US$ 84 millones.
En Uruguay, un plan del gobierno entrega una laptop a cada alumno y a cada maestro del nivel primario
Diario La Nación (Buenos Aires, Argentina) Domingo 13 de septiembre de 2009
MONTEVIDEO.- Pensar un país donde todos los alumnos de las escuelas primarias tengan su propia computadora portátil con conexión a Internet inalámbrica tiene sabor a utopía. Sin embargo, Uruguay se convertirá dentro de dos semanas en el primer país del mundo en lograrlo.
De los 2360 colegios primarios estatales en todo el territorio, sólo resta que reciban su computadora los alumnos de 33 escuelas de Montevideo. Así, el plan Ceibal, que lanzó el gobierno de Tabaré Vázquez hace tres años, está por cumplir la ambiciosa meta de que cada chico y cada maestro de primaria del país tengan su laptop con banda ancha.
A media hora del centro histórico de Montevideo está la escuela 95, en la localidad de La Boyada, dentro de un asentamiento conocido como "la isla", porque allí no hay club ni supermercado ni cíber, y sólo pasa un colectivo. La directora de la escuela, Flora Fernández, enfatiza la descripción de la zona para señalar la importancia de que cada alumno tenga su computadora con Internet inalámbrica, en un contexto social en el que "la única referencia de la familia y de los chicos es la escuela".
En el aula de 6° grado está Alister Gaitur, que cuenta con entusiasmo que bajaron fotos del cuadro Guernica "para conocerlo más en la clase que dio la maestra sobre Picasso". Su compañero Michael Moreira relata que su padre, que arregla televisores, le pide prestada la "XO" (nombre que recibe la máquina) para buscar precios de repuestos en Internet. Como cada chico es dueño de la laptop que le regaló el gobierno, hay muchas familias que por primera vez tienen una computadora en su hogar.
"Esto es revolucionario, más en un país donde la brecha digital era tan grande", dice la joven maestra Alicia López, de la escuela 95, y agrega: "Es sin duda una herramienta fundamental para los que elegimos transformar parte de la realidad desde la educación".
El origen de la idea
En diciembre de 2006, el presidente Tabaré Vázquez lanzó el plan, un año después de haber escuchado la propuesta que el norteamericano Nicholas Negroponte presentó en el Foro Económico Mundial de Davos de producir computadoras portátiles de bajo costo -un desarrollo del MIT- para disminuir la brecha digital en los países menos desarrollados. Vázquez dijo que para 2009 habría una computadora por niño para "equiparar tecnológicamente" a todos los chicos. Se decidió comenzar desde el interior del país hacia la capital.
El costo total del plan Ceibal es de unos US$ 120 millones en tres años. En tanto, el presupuesto del año pasado destinado a la educación básica fue de unos 840 millones de dólares. El costo promedio de cada laptop es de 188 dólares (con impuestos asciende a US$ 230).
Pero el plan excede la órbita del sistema educativo e involucra a organismos como el Laboratorio Tecnológico de Uruguay (LATU) y la agencia estatal de telecomunicaciones (Antel). "Nos propusimos resolver todos los problemas para poder llevar adelante este plan. Sólo 5000 chicos a fin de año no tendrán conexión a Internet por dificultades que se resolverán", dijo Miguel Brechner, presidente del LATU.
Ya se entregaron 369.000 computadoras, que incluyen aquellas para niños ciegos, con discapacidades motrices, sordos y con escasa visión. Y hay 18.000 para maestros.
Una herramienta más
En el pueblo 25 de Agosto, a casi dos horas del centro de Montevideo, la maestra Mariela Pérez no podía trabajar con diarios porque no llegaban. Pero desde marzo del año pasado, los alumnos de la escuela 47 tienen acceso a un universo de periódicos inimaginable poco tiempo antes, debido al acceso a Internet.
En la misma escuela, en una clase de 5° grado, grupos de alumnos estaban frente a sus computadoras y tomando nota en sus cuadernos. Apenas se oía un murmullo. Tenían abierta una página de Wikipedia en la que aparecía una imagen del general San Martín, porque en estos días están investigando sobre la independencia en los países de América latina.
Las computadoras pesan 2,5 kg, trabajan sobre la plataforma Linux, tienen programas que fueron especialmente diseñados y un filtro de navegación. Con ella también pueden tomar fotografías, filmar videos y tienen un diseño que les permite adoptar la forma de un libro.
Desde este año se ofrece el plan Ceibal a las 328 escuelas privadas, pero, en este caso, las instituciones deben pagar las máquinas, con distintos descuentos según la matrícula del colegio.
También desde este año se está reforzando la capacitación docente, por lo cual en cada colegio habrá un maestro de apoyo hasta fin de año y "maestras dinamizadoras" que organizan grupos de formación estables. "La realidad nos llevó a la conclusión de que el plan, si no está liderado por los docentes, fracasa", indicó Edith Moraes, directora general de educación primaria.
Muchos maestros están entusiasmados, pero sienten que deberían haber tenido más capacitación previa. Es común oírlos decir que hay cosas que descubren primero los alumnos que ellos y que aún les falta un trayecto por recorrer para poder aprovechar todo el potencial educativo que tiene la computadora.
Lo que sí ya está claro es que cada alumno uruguayo tiene las mismas oportunidades para ser una persona alfabetizada digitalmente. Un paso hacia la equidad.
En la Argentina, una versión reducida
En 2005, durante la gestión del ex ministro de Educación Daniel Filmus, el gobierno argentino anunció la intención de formar parte de la iniciativa de Negroponte para llegar con computadoras a un millón de alumnos. El proyecto no se concretó y, en cambio, se optó por un programa que desde abril próximo distribuirá una computadora a cada alumno y a docentes de las escuelas secundarias técnicas (231.000 estudiantes y 25.000 profesores). Aún no concluyó la licitación para la compra de las computadoras, y se espera que el costo de cada máquina ronde los 200 dólares. La inversión total será de unos US$ 84 millones.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Escuelas solidarias
Publicado 20 de agosto de 2009 por la SIP (Servicio de Información Pública) del Gobierno de Chubut, Argentina
noticias.chubut.gov.ar
Alumnos de Lago Villa Futalaufquen obtuvieron el Premio Presidencial “Escuelas Solidarias 2009″
El establecimiento escolar cordillerano fue seleccionado entre instituciones de todo el país por la gestión del primer vivero de especies nativas de la zona
La escuela nº 25 “Delia Medici de Chayep”, de Lago Villa Futalaufquen, fue seleccionada entre establecimientos educativos de todo el país como ganadora del Premio Presidencial “Escuelas Solidarias 2009”, designación efectuada por el Ministerio de Educación de la Nación por el desarrollo de experiencias educativas comunitarias y de compromiso ciudadano.
El premio de relevancia nacional que la escuela de la cordillera chubutense obtuvo en el marco de la sexta edición de esta iniciativa es producto de la presentación de un proyecto solidario denominado “Establecimiento y gestión del primer vivero de especies nativas de la zona, colaborando con Parques Nacionales para la reforestación y preservación de la flora local”.
Los jóvenes alumnos ganadores del Premio Presidencial “Escuelas Solidarias” recibirán este viernes la distinción en el marco de la realización del XII Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario, evento que se reunirá a jóvenes estudiantes de todo el país en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en la Capital Federal.
LA EXPERIENCIA CHUBUTENSE
El proyecto presentado por la escuela nº 25 de Villa Futalaufquen, que le permitió obtener el Premio Presidencial 2009, surge a raíz de un incendio efectuado detrás del establecimiento escolar, afectando un total de 15 hectáreas de bosque nativo.
Producto de los acontecimientos, 52 alumnos de la escuela (desde nivel inicial hasta 3º grado) iniciaron un trabajo de recolección de semillas para luego poder reforestar el lugar en conjunto con Parques Nacionales.
El objetivo planteado es la reforestación de sectores dañados por incendios y por el hombre, la posibilidad de venta de plantines a precios promocionales para así evitar el furtivismo y la capacitación a los chicos en emprendimientos productivos de especies nativas. Las especies con las cuales trabajan son entre otras, radal, ñire, arrayán, maitenes, pehuenes y alerces.
En el proyecto trabajan los 52 alumnos de la escuela en conjunto con el maestro de Huerta, Boris Saez, y la asistente infantil de la escuela Edubina Baeza, con el apoyo de la directora del establecimiento, Sandra Ortiz.
MENCIONES DE HONOR PARA OTRAS ESCUELAS DE LA PROVINCIA
En el marco de la iniciativa, otras dos instituciones educativas de la provincia, ambas de gestión estatal, recibieron menciones de Honor por el desarrollo de proyectos solidarios en sus comunidades.
Se trata del Colegio Universitario Patagónico de Comodoro Rivadavia, seleccionado como finalista por la realización de pasantías solidarias al servicio de escuelas y organizaciones comunitarias: apoyo escolar, actividades de mediación y recreativas, y otras iniciativas gestionadas por los estudiantes.
Y la escuela de nivel inicial n° 420 de El Maitén distinguida por el desarrollo de cría y siembra de alevinos en colaboración con las familias y la Dirección de Pesca local para preservar el patrimonio ictícola.
ESCUELAS SOLIDARIAS
El Premio Presidencial “Escuelas Solidarias”, destinado a escuelas e instituciones de Educación Superior de gestión estatal o privada de todo el país, propicia el trabajo en conjunto entre alumnos, docentes y organizaciones de la sociedad civil y tiene como objeto reconocer a las escuelas que mejor integren el aprendizaje académico de los estudiantes con el servicio solidario a la comunidad; y fortalecer y difundir una cultura participativa y solidaria.
La Presidencia de la Nación convoca anualmente a las instituciones educativas que estén desarrollando experiencias educativas solidarias. El certamen lleva recopilados, desde su inicio, 21.536 proyectos de estas características.
noticias.chubut.gov.ar
Alumnos de Lago Villa Futalaufquen obtuvieron el Premio Presidencial “Escuelas Solidarias 2009″
El establecimiento escolar cordillerano fue seleccionado entre instituciones de todo el país por la gestión del primer vivero de especies nativas de la zona
La escuela nº 25 “Delia Medici de Chayep”, de Lago Villa Futalaufquen, fue seleccionada entre establecimientos educativos de todo el país como ganadora del Premio Presidencial “Escuelas Solidarias 2009”, designación efectuada por el Ministerio de Educación de la Nación por el desarrollo de experiencias educativas comunitarias y de compromiso ciudadano.
El premio de relevancia nacional que la escuela de la cordillera chubutense obtuvo en el marco de la sexta edición de esta iniciativa es producto de la presentación de un proyecto solidario denominado “Establecimiento y gestión del primer vivero de especies nativas de la zona, colaborando con Parques Nacionales para la reforestación y preservación de la flora local”.
Los jóvenes alumnos ganadores del Premio Presidencial “Escuelas Solidarias” recibirán este viernes la distinción en el marco de la realización del XII Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario, evento que se reunirá a jóvenes estudiantes de todo el país en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en la Capital Federal.
LA EXPERIENCIA CHUBUTENSE
El proyecto presentado por la escuela nº 25 de Villa Futalaufquen, que le permitió obtener el Premio Presidencial 2009, surge a raíz de un incendio efectuado detrás del establecimiento escolar, afectando un total de 15 hectáreas de bosque nativo.
Producto de los acontecimientos, 52 alumnos de la escuela (desde nivel inicial hasta 3º grado) iniciaron un trabajo de recolección de semillas para luego poder reforestar el lugar en conjunto con Parques Nacionales.
El objetivo planteado es la reforestación de sectores dañados por incendios y por el hombre, la posibilidad de venta de plantines a precios promocionales para así evitar el furtivismo y la capacitación a los chicos en emprendimientos productivos de especies nativas. Las especies con las cuales trabajan son entre otras, radal, ñire, arrayán, maitenes, pehuenes y alerces.
En el proyecto trabajan los 52 alumnos de la escuela en conjunto con el maestro de Huerta, Boris Saez, y la asistente infantil de la escuela Edubina Baeza, con el apoyo de la directora del establecimiento, Sandra Ortiz.
MENCIONES DE HONOR PARA OTRAS ESCUELAS DE LA PROVINCIA
En el marco de la iniciativa, otras dos instituciones educativas de la provincia, ambas de gestión estatal, recibieron menciones de Honor por el desarrollo de proyectos solidarios en sus comunidades.
Se trata del Colegio Universitario Patagónico de Comodoro Rivadavia, seleccionado como finalista por la realización de pasantías solidarias al servicio de escuelas y organizaciones comunitarias: apoyo escolar, actividades de mediación y recreativas, y otras iniciativas gestionadas por los estudiantes.
Y la escuela de nivel inicial n° 420 de El Maitén distinguida por el desarrollo de cría y siembra de alevinos en colaboración con las familias y la Dirección de Pesca local para preservar el patrimonio ictícola.
ESCUELAS SOLIDARIAS
El Premio Presidencial “Escuelas Solidarias”, destinado a escuelas e instituciones de Educación Superior de gestión estatal o privada de todo el país, propicia el trabajo en conjunto entre alumnos, docentes y organizaciones de la sociedad civil y tiene como objeto reconocer a las escuelas que mejor integren el aprendizaje académico de los estudiantes con el servicio solidario a la comunidad; y fortalecer y difundir una cultura participativa y solidaria.
La Presidencia de la Nación convoca anualmente a las instituciones educativas que estén desarrollando experiencias educativas solidarias. El certamen lleva recopilados, desde su inicio, 21.536 proyectos de estas características.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Cómo un acuerdo entre Estado, empresas y ONGs mejora el acceso a la educación
Diario La Nación (Buenos Aires, Argentina). Sábado 5 de septiembre de 2009
Escuelas del bicentenario / Una idea que beneficia a 5000 alumnos
Un pueblo contra el fracaso escolar
Una alianza del Estado local, empresas y ONG capacita maestros y equipa escuelas en Gobernador Virasoro
GOBERNADOR VIRASORO, Corrientes.- En esta ciudad del noroeste correntino, donde el 70% de la población tiene menos de 30 años y, de ese total, el 30%, menos de 9, la comunidad asumió como propio un programa de la Unesco y la Universidad de San Andrés y puso a todas sus escuelas primarias a trabajar para combatir el fracaso escolar.
"Por fin, vamos a tener esa equidad educativa de la que tanto se habla", dijo con espontánea alegría la maestra Mercedes Ramírez de López, mientras despedía a los 51 alumnos de la escuela rural Nº 225 del paraje Cailar Cué, que regresan a sus casas en un carro tirado por un tractor.
Allí, las clases dependen del transporte y del tiempo. El paraje está a 80 kilómetros de Gobernador Virasoro y, si en la estancia cercana que provee el tractor no hay combustible disponible o utilizan el vehículo para tareas forestales, los chicos se quedan sin ir al colegio. Lo mismo pasa si la lluvia se ensaña con los caminos.
Las fragilidades y las necesidades más diversas saltan a la vista en todo el sistema escolar de esta ciudad, a 90 kilómetros de Posadas. Las últimas estadísticas son bravas: el 15,4% de los alumnos repite el grado en la primaria y el 21,2% fracasa en primer grado. Eso llevó a formar una alianza inédita entre las autoridades locales y provinciales, empresas privadas y organizaciones civiles para mejorar el rumbo de la educación.
Así, los 5000 alumnos de las 16 escuelas estatales (ocho urbanas y ocho rurales), juntos a sus 200 docentes, son beneficiados por el programa Escuelas del Bicentenario, que la Universidad de San Andrés y el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE-Unesco) desarrollan desde hace un año en esta zona, mediante un plan de capacitación integral a maestros y directores, en lengua, matemática y ciencias, al que suman la provisión de 17.000 libros para los chicos y las bibliotecas de aula, computadoras y otras herramientas.
"La idea no es vender un enlatado", dijo la socióloga Romina Campopiano, directora ejecutiva de Escuelas del Bicentenario, al explicar a LA NACION en el terreno las características del plan, que se aplica en 87 escuelas de las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Chaco, Santa Cruz y Tucumán, donde en muchos casos el índice de alumnos que repiten bajó más de un 40 por ciento. A diferencia del resto del país, Gobernador Virasoro es el primer distrito en el que la experiencia llega a todas las escuelas del lugar, con el propósito de acercar los caminos de la calidad y la equidad, que en educación siempre se bifurcan.
Ver Gobernador Virasoro, un pueblo contra el fracaso escolar en un mapa más grande
Con lluvia, sin clases
"Nosotros estamos en el casco urbano, pero la mayoría de los chicos están en la periferia. Los días de lluvia los padres no los mandan", comentó Graciela Navajas, directora de la Escuela Nº 86, donde una lámina con consejos de higiene alimentaria recibe cada día a 720 alumnos. Muchos no terminarán allí porque sus padres son trabajadores golondrina y sus estudios dependen de las cosechas y del calendario forestal.
Los 33 docentes de primero a sexto grado se suman a las capacitaciones en horas de servicio de Bicentenario, como todos llaman al proyecto, que sienten como propio. "La escuela hace un gran esfuerzo para acomodar los horarios y evitar que los chicos pierdan tiempo de clase", explicó Damián Zagdanski, responsable del equipo de gestión en Virasoro. Los maestros y directores debieron redoblar los esfuerzos, al achicarse el calendario por las tres semanas del receso de invierno, prolongado por la gripe A, y los 28 días de paros docentes en algunas escuelas.
"Si sos responsable y querés resultados, hay que renovar las estrategias", dijo María del Carmen Screpnik, maestra de quinto grado que, con elementos cotidianos (bolsas, cintas, yerba), construyó con sus alumnos la maqueta de un aparato digestivo. A la hora de enseñar ciencias, la consigna es comprobar hipótesis en clase y llegar al libro luego de las primeras deducciones personales. En primera fila, Jessica Almeida mostraba orgullosa su cuaderno.
La magia de los libros
El programa edita los textos para que lleguen a las aulas y en todo el país ya distribuyó más de 120.000 libros. "No los queremos en un armario; queremos que los chicos se los apropien, los usen y los marquen", dijo Campopiano. De ello puede dar fe el maestro Luis María Salinas, que comparte los cuentos con sus alumnos de primer grado en la Escuela Nº 851 del paraje San Justo, a tres kilómetros del centro.
El mobiliario está gastado y viejo, pero el entusiasmo y las ganas se renovaron con las actividades propuestas. "Muchos maestros decían que leer cuentos en el aula era perder el tiempo. Ahora hay días fijos de lectura; se trabaja con la biblioteca; hay una agenda y un recorrido de textos en el cuaderno, para que los padres sepan qué leen sus hijos", explicó la docente Ana María Franco, capacitadora de lengua.
"Antes pensábamos que leíamos sólo cuando teníamos lengua. Hoy nos damos cuenta que leemos e interpretamos textos en las clases de ciencias naturales", admitió la maestra Mercedes, de la escuela rural N° 225, delante de sus alumnos.
Mercedes acompaña desde el año pasado a su esposo Esteban López, de 61 años y director de la escuela rural desde hace 11, en un predio que hasta el año pasado no tenía luz eléctrica. Se colocaron paneles de energía solar y los chicos saben que la energía es un elemento vital que hay que cuidar. "Cuando hace frío y el sol se tapa varios días, no hay luz", sintetizó uno de los alumnos.
En todo el país
En conjunto . Escuelas del Bicentenario es un programa de la Universidad de San Andrés y del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE-Unesco), que promueve acciones de gobiernos y empresas privadas para mejorar la calidad de las escuelas primarias.
Población . En Gobernador Virasoro llega a todas las escuelas urbanas y rurales, con 5000 alumnos primarios y 20.000 docentes.
Aportes . Allí el programa es sostenido por las fundaciones Victoria Jean Navajas y Mundo Sano, y las empresas Bosques del Plata, el Banco Galicia y Telecom. Tiene el apoyo de la Fundación La Nacion.
Otras localidades . La experiencia se aplica también en 87 escuelas distribuidas en Campana, Pilar, Ensenada y Carlos Casares (provincia de Buenos Aires), Barranqueras (Chaco), Caleta Olivia y Las Heras (Santa Cruz), la capital de Corrientes y varias localidades de Tucumán.
Mejor prevenir que compensar
"Cuando hay muchos chicos que repiten de grado la solución no es aprobar a todos. Lo que intentamos es prevenir", explicó Romina Campopiano, directora ejecutiva de Escuelas del Bicentenario. "No tenemos que actuar cuando los chicos ya repitieron, sino antes. Trabajamos con los docentes para anticiparnos y no tener que tomar después medidas compensatorias", señaló. Asociado a la figura del andamio, el diseño de Escuelas del Bicentenario ?cuya directora general es Silvina Gvirtz? está pensado para acompañar durante cuatro años a los directores y docentes para que después puedan seguir marchando solos.
Escuelas del bicentenario / Una idea que beneficia a 5000 alumnos
Un pueblo contra el fracaso escolar
Una alianza del Estado local, empresas y ONG capacita maestros y equipa escuelas en Gobernador Virasoro
GOBERNADOR VIRASORO, Corrientes.- En esta ciudad del noroeste correntino, donde el 70% de la población tiene menos de 30 años y, de ese total, el 30%, menos de 9, la comunidad asumió como propio un programa de la Unesco y la Universidad de San Andrés y puso a todas sus escuelas primarias a trabajar para combatir el fracaso escolar.
"Por fin, vamos a tener esa equidad educativa de la que tanto se habla", dijo con espontánea alegría la maestra Mercedes Ramírez de López, mientras despedía a los 51 alumnos de la escuela rural Nº 225 del paraje Cailar Cué, que regresan a sus casas en un carro tirado por un tractor.
Allí, las clases dependen del transporte y del tiempo. El paraje está a 80 kilómetros de Gobernador Virasoro y, si en la estancia cercana que provee el tractor no hay combustible disponible o utilizan el vehículo para tareas forestales, los chicos se quedan sin ir al colegio. Lo mismo pasa si la lluvia se ensaña con los caminos.
Las fragilidades y las necesidades más diversas saltan a la vista en todo el sistema escolar de esta ciudad, a 90 kilómetros de Posadas. Las últimas estadísticas son bravas: el 15,4% de los alumnos repite el grado en la primaria y el 21,2% fracasa en primer grado. Eso llevó a formar una alianza inédita entre las autoridades locales y provinciales, empresas privadas y organizaciones civiles para mejorar el rumbo de la educación.
Así, los 5000 alumnos de las 16 escuelas estatales (ocho urbanas y ocho rurales), juntos a sus 200 docentes, son beneficiados por el programa Escuelas del Bicentenario, que la Universidad de San Andrés y el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE-Unesco) desarrollan desde hace un año en esta zona, mediante un plan de capacitación integral a maestros y directores, en lengua, matemática y ciencias, al que suman la provisión de 17.000 libros para los chicos y las bibliotecas de aula, computadoras y otras herramientas.
"La idea no es vender un enlatado", dijo la socióloga Romina Campopiano, directora ejecutiva de Escuelas del Bicentenario, al explicar a LA NACION en el terreno las características del plan, que se aplica en 87 escuelas de las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Chaco, Santa Cruz y Tucumán, donde en muchos casos el índice de alumnos que repiten bajó más de un 40 por ciento. A diferencia del resto del país, Gobernador Virasoro es el primer distrito en el que la experiencia llega a todas las escuelas del lugar, con el propósito de acercar los caminos de la calidad y la equidad, que en educación siempre se bifurcan.
Ver Gobernador Virasoro, un pueblo contra el fracaso escolar en un mapa más grande
Con lluvia, sin clases
"Nosotros estamos en el casco urbano, pero la mayoría de los chicos están en la periferia. Los días de lluvia los padres no los mandan", comentó Graciela Navajas, directora de la Escuela Nº 86, donde una lámina con consejos de higiene alimentaria recibe cada día a 720 alumnos. Muchos no terminarán allí porque sus padres son trabajadores golondrina y sus estudios dependen de las cosechas y del calendario forestal.
Los 33 docentes de primero a sexto grado se suman a las capacitaciones en horas de servicio de Bicentenario, como todos llaman al proyecto, que sienten como propio. "La escuela hace un gran esfuerzo para acomodar los horarios y evitar que los chicos pierdan tiempo de clase", explicó Damián Zagdanski, responsable del equipo de gestión en Virasoro. Los maestros y directores debieron redoblar los esfuerzos, al achicarse el calendario por las tres semanas del receso de invierno, prolongado por la gripe A, y los 28 días de paros docentes en algunas escuelas.
"Si sos responsable y querés resultados, hay que renovar las estrategias", dijo María del Carmen Screpnik, maestra de quinto grado que, con elementos cotidianos (bolsas, cintas, yerba), construyó con sus alumnos la maqueta de un aparato digestivo. A la hora de enseñar ciencias, la consigna es comprobar hipótesis en clase y llegar al libro luego de las primeras deducciones personales. En primera fila, Jessica Almeida mostraba orgullosa su cuaderno.
La magia de los libros
El programa edita los textos para que lleguen a las aulas y en todo el país ya distribuyó más de 120.000 libros. "No los queremos en un armario; queremos que los chicos se los apropien, los usen y los marquen", dijo Campopiano. De ello puede dar fe el maestro Luis María Salinas, que comparte los cuentos con sus alumnos de primer grado en la Escuela Nº 851 del paraje San Justo, a tres kilómetros del centro.
El mobiliario está gastado y viejo, pero el entusiasmo y las ganas se renovaron con las actividades propuestas. "Muchos maestros decían que leer cuentos en el aula era perder el tiempo. Ahora hay días fijos de lectura; se trabaja con la biblioteca; hay una agenda y un recorrido de textos en el cuaderno, para que los padres sepan qué leen sus hijos", explicó la docente Ana María Franco, capacitadora de lengua.
"Antes pensábamos que leíamos sólo cuando teníamos lengua. Hoy nos damos cuenta que leemos e interpretamos textos en las clases de ciencias naturales", admitió la maestra Mercedes, de la escuela rural N° 225, delante de sus alumnos.
Mercedes acompaña desde el año pasado a su esposo Esteban López, de 61 años y director de la escuela rural desde hace 11, en un predio que hasta el año pasado no tenía luz eléctrica. Se colocaron paneles de energía solar y los chicos saben que la energía es un elemento vital que hay que cuidar. "Cuando hace frío y el sol se tapa varios días, no hay luz", sintetizó uno de los alumnos.
En todo el país
En conjunto . Escuelas del Bicentenario es un programa de la Universidad de San Andrés y del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE-Unesco), que promueve acciones de gobiernos y empresas privadas para mejorar la calidad de las escuelas primarias.
Población . En Gobernador Virasoro llega a todas las escuelas urbanas y rurales, con 5000 alumnos primarios y 20.000 docentes.
Aportes . Allí el programa es sostenido por las fundaciones Victoria Jean Navajas y Mundo Sano, y las empresas Bosques del Plata, el Banco Galicia y Telecom. Tiene el apoyo de la Fundación La Nacion.
Otras localidades . La experiencia se aplica también en 87 escuelas distribuidas en Campana, Pilar, Ensenada y Carlos Casares (provincia de Buenos Aires), Barranqueras (Chaco), Caleta Olivia y Las Heras (Santa Cruz), la capital de Corrientes y varias localidades de Tucumán.
Mejor prevenir que compensar
"Cuando hay muchos chicos que repiten de grado la solución no es aprobar a todos. Lo que intentamos es prevenir", explicó Romina Campopiano, directora ejecutiva de Escuelas del Bicentenario. "No tenemos que actuar cuando los chicos ya repitieron, sino antes. Trabajamos con los docentes para anticiparnos y no tener que tomar después medidas compensatorias", señaló. Asociado a la figura del andamio, el diseño de Escuelas del Bicentenario ?cuya directora general es Silvina Gvirtz? está pensado para acompañar durante cuatro años a los directores y docentes para que después puedan seguir marchando solos.
lunes, 31 de agosto de 2009
Voluntarios de Un Techo para mi País
Diario La Nación de Buenos Aires, Argentina. Lunes 31 de Agosto de 2009
Historias solidarias / Iniciativa de la ONG Un Techo para Mi País
Un centenar de jóvenes pintó casas en un barrio humilde del conurbano
Voluntarios levantaron 54 viviendas en Ezeiza; ayer fueron a darles color, y más esperanza a sus ocupantes
Jóvenes voluntarios dedicaron el domingo a ayudar a quienes más lo necesitan
El piso de los Verdum era de barro; el techo de los Bentancor se volaba con el viento, y los cinco hijos de Ana dormían hacinados en una casilla de chapa.
Así vivían tres familias del barrio Tres Américas, de la localidad de Carlos Spegazzini, en Ezeiza, antes de que llegara la ONG Un Techo para Mi País y construyera viviendas de emergencia, de madera. Las casas, 54 en total, fueron levantadas en octubre de 2008 y mayo de este año. Ayer, un centenar de jóvenes regresaron a Tres Américas para pintarlas. Lo hicieron acompañados de 120 voluntarios que trabajan en la cementera Loma Negra.
Pintar las casas es la última etapa del proceso de construcción de la vivienda de emergencia que realiza la ONG.
La misión de la entidad es que los jóvenes trabajen junto a familias en situación de extrema pobreza para mejorar su calidad de vida a través de la construcción de viviendas.
En definitiva, Un Techo para Mi País busca combatir la pobreza extrema en América latina y que los estudiantes universitarios y los jóvenes profesionales se comprometan con la realidad social de cada país.
La entidad nació en Chile en 1997, pero en 2003 la idea cruzó las fronteras y llegó a Córdoba. Luego, el proyecto desembarcó en el Gran Buenos Aires. Hoy, Un Techo para Mi País trabaja en 14 países.
En la Argentina, alrededor 6000 voluntarios ya construyeron más de 900 casas, 600 de las cuales se encuentran en el conurbano. Además, casi 300 jóvenes de la ONG acuden todos los fines de semana a distintas partes del conurbano para realizar tareas solidarias.
Tres Américas es un barrio humilde, de 4000 habitantes, ubicado cerca de la ruta 205. Según los pobladores del asentamiento, la mayoría de la gente llegó hace poco desde distintos partidos del Gran Buenos Aires y se ubicó como pudo.
"Los que vinieron hace unos meses agarraron un pedazo de tierra, pusieron tres chapas y así viven -dijo Beatriz, de 20 años, habitante del asentamiento-. Acá hay gente que realmente necesita ayuda: gente a la que le llueve dentro de la casa y que tiene seis criaturas amontonadas en una piecita. Por eso, los chicos de Un Techo para Mi País fueron muy bien recibidos."
Felipe Verdum, de 35 años, vivía con sus 8 hijos y su mujer en una casa minúscula de madera y con el piso de barro. "Cada vez que llovía, era un barrial porque entraba mucha agua por el techo. Parecía un chiquero, y los chicos eran los que más sufrían", dijo.
En mayo, los Verdum estrenaron su nueva casa. "Pero ahora parece más nueva todavía", agregó Felipe, mientras sus hijos ayudaban a los jóvenes solidarios a pintar la vivienda.
Si bien ya se construyeron 54 casas en Tres Américas, los voluntarios de la entidad aseguraron que en los próximos meses comenzará otra etapa de construcción. "Para eso dependemos de las donaciones. Voluntarios sobran; lo que faltan son recursos", aseguró Julián Simonelli, director de construcción y logística de la ONG.
Un techo para todos
Los voluntarios consultados por LA NACION se mostraron emocionados por el cierre de esta primera etapa de construcción.
"La satisfacción llega en el momento en que la familia te dice «Gracias». Y no sólo te agradece por construir y pintar la casa, sino que para ellos esto es un incentivo para seguir creciendo y sentirse con ganas de salir adelante", contó Pablo Avalos, de 24 años, coordinador de la ONG para el barrio Tres Américas.
"Una vez que termina la etapa de pintar, la gente se siente muy agradecida. Muchos lloran y se entusiasman con agrandarla, con ponerla linda. La casa es el primer paso; luego seguimos trabajando", agregó Dalia Lewitan, una voluntaria de 23 años .
Es que, además de la construcción de la casa, la entidad realiza, en una segunda etapa, la implementación de planes de habilitación social.
"Aquí, los protagonistas son los habitantes de los asentamientos. Ellos se reúnen en una mesa de trabajo y discuten qué es lo que hay que mejorar en el barrio y nosotros solamente los asesoramos", explicó Simonelli.
Con la nueva casa, la organización quiere motivar a las familias a mejorar la calidad de vida, para que en un futuro puedan acceder a una vivienda definitiva. Es que la casa de emergencia que construye la entidad mide 18 metros cuadrados y representa una solución provisional para el problema concreto.
"La vivienda es sólo el comienzo. Nosotros denunciamos un problema concreto, que es la pobreza en América latina. Denunciamos la injusticia social y queremos que las cosas cambien", dijo Avalos.
Historias solidarias / Iniciativa de la ONG Un Techo para Mi País
Un centenar de jóvenes pintó casas en un barrio humilde del conurbano
Voluntarios levantaron 54 viviendas en Ezeiza; ayer fueron a darles color, y más esperanza a sus ocupantes
Jóvenes voluntarios dedicaron el domingo a ayudar a quienes más lo necesitan
El piso de los Verdum era de barro; el techo de los Bentancor se volaba con el viento, y los cinco hijos de Ana dormían hacinados en una casilla de chapa.
Así vivían tres familias del barrio Tres Américas, de la localidad de Carlos Spegazzini, en Ezeiza, antes de que llegara la ONG Un Techo para Mi País y construyera viviendas de emergencia, de madera. Las casas, 54 en total, fueron levantadas en octubre de 2008 y mayo de este año. Ayer, un centenar de jóvenes regresaron a Tres Américas para pintarlas. Lo hicieron acompañados de 120 voluntarios que trabajan en la cementera Loma Negra.
Pintar las casas es la última etapa del proceso de construcción de la vivienda de emergencia que realiza la ONG.
La misión de la entidad es que los jóvenes trabajen junto a familias en situación de extrema pobreza para mejorar su calidad de vida a través de la construcción de viviendas.
En definitiva, Un Techo para Mi País busca combatir la pobreza extrema en América latina y que los estudiantes universitarios y los jóvenes profesionales se comprometan con la realidad social de cada país.
La entidad nació en Chile en 1997, pero en 2003 la idea cruzó las fronteras y llegó a Córdoba. Luego, el proyecto desembarcó en el Gran Buenos Aires. Hoy, Un Techo para Mi País trabaja en 14 países.
En la Argentina, alrededor 6000 voluntarios ya construyeron más de 900 casas, 600 de las cuales se encuentran en el conurbano. Además, casi 300 jóvenes de la ONG acuden todos los fines de semana a distintas partes del conurbano para realizar tareas solidarias.
Tres Américas es un barrio humilde, de 4000 habitantes, ubicado cerca de la ruta 205. Según los pobladores del asentamiento, la mayoría de la gente llegó hace poco desde distintos partidos del Gran Buenos Aires y se ubicó como pudo.
"Los que vinieron hace unos meses agarraron un pedazo de tierra, pusieron tres chapas y así viven -dijo Beatriz, de 20 años, habitante del asentamiento-. Acá hay gente que realmente necesita ayuda: gente a la que le llueve dentro de la casa y que tiene seis criaturas amontonadas en una piecita. Por eso, los chicos de Un Techo para Mi País fueron muy bien recibidos."
Felipe Verdum, de 35 años, vivía con sus 8 hijos y su mujer en una casa minúscula de madera y con el piso de barro. "Cada vez que llovía, era un barrial porque entraba mucha agua por el techo. Parecía un chiquero, y los chicos eran los que más sufrían", dijo.
En mayo, los Verdum estrenaron su nueva casa. "Pero ahora parece más nueva todavía", agregó Felipe, mientras sus hijos ayudaban a los jóvenes solidarios a pintar la vivienda.
Si bien ya se construyeron 54 casas en Tres Américas, los voluntarios de la entidad aseguraron que en los próximos meses comenzará otra etapa de construcción. "Para eso dependemos de las donaciones. Voluntarios sobran; lo que faltan son recursos", aseguró Julián Simonelli, director de construcción y logística de la ONG.
Un techo para todos
Los voluntarios consultados por LA NACION se mostraron emocionados por el cierre de esta primera etapa de construcción.
"La satisfacción llega en el momento en que la familia te dice «Gracias». Y no sólo te agradece por construir y pintar la casa, sino que para ellos esto es un incentivo para seguir creciendo y sentirse con ganas de salir adelante", contó Pablo Avalos, de 24 años, coordinador de la ONG para el barrio Tres Américas.
"Una vez que termina la etapa de pintar, la gente se siente muy agradecida. Muchos lloran y se entusiasman con agrandarla, con ponerla linda. La casa es el primer paso; luego seguimos trabajando", agregó Dalia Lewitan, una voluntaria de 23 años .
Es que, además de la construcción de la casa, la entidad realiza, en una segunda etapa, la implementación de planes de habilitación social.
"Aquí, los protagonistas son los habitantes de los asentamientos. Ellos se reúnen en una mesa de trabajo y discuten qué es lo que hay que mejorar en el barrio y nosotros solamente los asesoramos", explicó Simonelli.
Con la nueva casa, la organización quiere motivar a las familias a mejorar la calidad de vida, para que en un futuro puedan acceder a una vivienda definitiva. Es que la casa de emergencia que construye la entidad mide 18 metros cuadrados y representa una solución provisional para el problema concreto.
"La vivienda es sólo el comienzo. Nosotros denunciamos un problema concreto, que es la pobreza en América latina. Denunciamos la injusticia social y queremos que las cosas cambien", dijo Avalos.
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Emprendedores Sociales
viernes, 21 de agosto de 2009
San Luis construye casas "productivas"
Una doble solución al flagelo de la falta de vivienda y la posibilidad del autoempleo.
Fuente: diario El Cronista (Buenos Aires, Argentina). Viernes 20 de agosto de 2009
Autor: MARIANO GORODISCH
Luego de una tensa reunión entre el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, y una decena de intendentes, el Estado puntano ratificó su intención de apurar la reactivación y finalización de 177 viviendas productivas en 25 localidades del interior provincial.
Los intendentes planteaban la necesidad de contar con más dinero en función de mayores costos en la construcción y también aseguraban que los servicios anexos a las casas no estaban contemplados en el contrato inicial. Sin embargo desde el Gobierno reiteraron que la obligación de los municipios era conseguir el terreno y ejecutar las viviendas con la infraestructura necesaria, es decir luz, agua y cloacas. “En total son 448 viviendas productivas: son casas de 55 metros que incluyen además un salón comercial de unos 40 metros para que allí funcione el taller donde la persona trabaje, de modo de no tener que trasladarse hacia otro lugar para hacer sus tareas. Por otra parte, el objetivo con esto es que se generen polos de producción, ya que habrá desde talleres metalúrgicos y de artesanías hasta una fábrica de pastas o de dulces” ejemplificó a El Cronista Carlos Deluigi, jefe de programas de Construcción de Viviendas de San Luis. La condición para acceder a estas viviendas, que tienen un costo de $ 85.455, es tener la maquinaria necesaria y ejercer el oficio desde al menos cinco años.
Fuente: diario El Cronista (Buenos Aires, Argentina). Viernes 20 de agosto de 2009
Autor: MARIANO GORODISCH
Luego de una tensa reunión entre el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, y una decena de intendentes, el Estado puntano ratificó su intención de apurar la reactivación y finalización de 177 viviendas productivas en 25 localidades del interior provincial.
Los intendentes planteaban la necesidad de contar con más dinero en función de mayores costos en la construcción y también aseguraban que los servicios anexos a las casas no estaban contemplados en el contrato inicial. Sin embargo desde el Gobierno reiteraron que la obligación de los municipios era conseguir el terreno y ejecutar las viviendas con la infraestructura necesaria, es decir luz, agua y cloacas. “En total son 448 viviendas productivas: son casas de 55 metros que incluyen además un salón comercial de unos 40 metros para que allí funcione el taller donde la persona trabaje, de modo de no tener que trasladarse hacia otro lugar para hacer sus tareas. Por otra parte, el objetivo con esto es que se generen polos de producción, ya que habrá desde talleres metalúrgicos y de artesanías hasta una fábrica de pastas o de dulces” ejemplificó a El Cronista Carlos Deluigi, jefe de programas de Construcción de Viviendas de San Luis. La condición para acceder a estas viviendas, que tienen un costo de $ 85.455, es tener la maquinaria necesaria y ejercer el oficio desde al menos cinco años.
lunes, 6 de julio de 2009
A la espera de una familia
Son cada vez más familias que se forman mediante la adopción de chicos de más de 3 años o grupos numerosos de hermanos. Sin embargo, son muchos los chicos que esperan en instituciones y son más los padres que todavía no se animan a esta posibilidad.
Sábado 20 de junio de 2009. Diario La Nación de Buenos Aires
Ninguna historia es igual a otra, pero todas conmueven por la sensibilidad, el arrojo frente a lo desconocido y la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas. Por eso y a pesar de sus diferencias, todas comparten un tronco común que las tiñe del mismo sentido: un profundo deseo de formar una familia y un fascinante camino recorrido para conseguirla.
En los padres, porque no encontraron en la biología la manera de tener hijos. En los hijos, porque las circunstancias los llevaron a necesitar otra familia que los acogiera. Dos expectativas de felicidad que se unen en la adopción, venciendo montañas de prejuicios e inseguridades. Sin embargo, en estos casos, el desafío es mayor, porque el ensamble familiar se da con niños de más de 3 años o grupos de hermanos, que cargan sus propias historias y fantasmas.
Cuando los años de tratamientos de fertilización fallidos obligan a imaginar otras opciones para poder canalizar todo el amor de padres, la adopción se asoma, tímida y sigilosa, como una posibilidad. En ese momento, es fundamental el apoyo de las ONG especializadas en el tema, que pueden erradicar todas las dudas y miedos lógicos de los padres, y acompañarlos durante el proceso. "La mayoría de los adoptantes quieren reproducir con ese menor las etapas vitales de un padre biológico, y por eso prefieren adoptar bebes de menos de un año. Desde que nacen y tienen pocos meses hasta cambiarles un pañal y darles una mamadera. Existe cierto temor infundado a que a determinada edad los chicos ya tengan patrones de conducta o problemas de salud irreversibles", explica Pablo Padula, defensor civil y comercial N° 4 de Posadas.
Hoy sobran personas dispuestas a acoger a niños de menos de un año, que tienen que esperar un promedio de 3 años para hacerlo, y faltan padres con intención de adoptar a chicos en edades más avanzadas, grupos de hermanos o con problemas de salud, que los jueces entregan en cuestión de meses, para evitar que sigan pasando sus infancias en hogares o institutos.
Si se le suma que no todos los menores que necesitan una protección especial están en condiciones de ser adoptados, el número se achica. Para que alcancen esa condición, tiene que existir una decisión judicial que dictamine la necesidad de buscarles otra familia. Esto sucede cuando la familia de origen no puede asumir la crianza, o por causas graves como maltrato, abuso o negligencia en el cuidado. "Es probable que la Justicia se demore más de lo necesario a la hora de decretar la adoptabilidad de los niños, sobre todo considerando que cada día en la vida de un niño puede cambiarlo para siempre. Pero garantizar el cumplimiento del estándar del interés superior del niño no es tarea fácil: hay que investigar no sólo en la historia de vida, sino también asegurarse de que mantenerlo en el entorno familiar es inviable y, sobre todo, encontrar el mejor hogar posible para ese niño en particular", dice Liliana Bertolotti, jueza de familia de Posadas, para responder a las quejas sobre los largos plazos en los procesos de adopción.
Video: a la espera de una familia
Vida nueva
A Julio y Jacqueline fue su psicólogo de pareja el que les aconsejó acercarse a Prohijar después de varios intentos fracasados de embarazo. Empezaron a participar de las actividades y reuniones de la entidad y después de varios meses se anotaron para adoptar a dos hermanos de hasta 7 años, cuando en un primer momento sólo querían un bebe de hasta 2 años. "Cuando nos llamaron para contarnos el caso de un grupo de hermanos, de 7, 8 y 9 años, yo pensé que era ideal, porque ya teníamos tres perros, uno para cada uno", cuenta Julio, con una sencillez que refleja la forma práctica en que se toma la vida.
Para compensar, Jacqueline tenía los miedos lógicos de cualquier mujer a la hora de ser madre, pero además la asustaba un poco la idea de adoptar a chicos de estas edades, porque tenía 33 años y se sentía muy joven. "El día en que nos hablaron de estos chicos justo dio testimonio en la fundación un padre que había adoptado a cuatro y lo contó con tanta alegría que me dio esperanzas. Yo estaba preparada para una tragedia, entonces todo lo que vino después fue mucho más fácil", confiesa Jacqueline.
El recuerdo de cómo llegaron a ser familia viene acompañado de lágrimas, silencios y mucha alegría: la llamada para ver si estaban dispuestos a vincularse con estos chicos; el día en que los conocieron en la fundación y a las pocas horas ya jugaban en la plaza, y esas primeras sensaciones de sentir propias a esas personitas antes desconocidas. "En cuanto los vi me puse a llorar y a reír porque el más grande se parecía muchísimo a Julio, y hoy se parece más todavía porque le copió algunos gestos", dice esta madre, psicóloga de profesión.
Siguieron 45 días de varias salidas para empezar a conocerse, hasta que el 13 de diciembre de 2007 ya estaban viviendo juntos en su casa de Colegiales. "Maxi, el día en que nos conoció, le pidió un bolso al director del hogar y lo tenía preparado debajo de la cama, listo para irse", dice Julio, para enfatizar la tremenda necesidad de todos los chicos que viven en hogares de tener su familia.
En ese momento, Jacqueline trabajaba en tres lugares y pidió nueve meses de licencia. Además, tuvieron que vaciar todos los placares y modificar el lavadero, pero sobre todas las cosas tuvieron que modificar su estructura diaria. "Nos costó organizarlos porque ellos tenían otro estilo de vida. Aprendieron a ser ordenados, a respetar el horario de la cena, a no comer con el televisor prendido, a no masticar con la boca abierta. Pero lo primero que tuvieron que aprender fue a dejarse querer y a cambiar su imagen sobre los padres", dice Julio con sabiduría.
Los hijos de Julio y Jacqueline hoy tienen 12, 10 y 9 años; se están nivelando en el colegio; han formado un nutrido grupo de amigos, y tienen una familia que los adora.
"Parece imposible, pero no lo es. A mí me completó como persona el ser mamá. El mito más fuerte que hay que vencer es que la biología hace a la maternidad, cuando lo que la determina es el ejercicio del rol. Yo tengo el beneficio y el orgullo de que mis hijos nos eligieron como padres, y eso no es común", concluye Jacqueline.
No existen cifras oficiales sobre la cantidad de chicos que esperan una familia, y eso no permite tener una dimensión acabada de esta problemática. Sin embargo, según un relevamiento realizado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, la Secretaría de Derechos Humanos y Unicef, en 2006, cerca de 20.000 chicos y adolescentes de hasta 21 años residen en 757 establecimientos, y el 84,8% permanece allí privado de su libertad por causas no penales, sin la posibilidad de vivir en familia. A su vez, algunas ONG estiman que en la provincia de Buenos Aires son cerca de 12.000 los chicos que siguen esperando, y en la ciudad de Buenos Aires, alrededor de 3000.
Del otro lado, se encuentran los 500 postulantes que por año se inscriben en el Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, que funciona en la ciudad de Buenos Aires. Las guardas otorgadas por juzgados porteños no superan las 100 por año; por lo tanto, hay tres veces más inscripciones que guardas. Cuando se analizan las condiciones establecidas por los 1403 inscriptos para adoptar, nadie está anotado para recibir a cinco hermanos, una sola persona para adoptar a cuatro, 19 para tres y 551 para dos hermanos.
En el Registro Unico de Adoptantes, de alcance nacional, pero al que sólo 10 provincias han adherido voluntariamente, existen 1851 legajos admitidos, de 388 aspirantes monoparentales femeninos, 15 aspirantes monoparentales masculinos y 1448 matrimonios. Esto habla de un total de 3299 personas si se contabilizan por separado los esposos y esposas. De éstos, 886 aceptan hermanos; 377, niños con problemas físicos, y 177, niños con VIH negativizado.
"En la adopción de chicos más grandes, es muy importante el tiempo dedicado a la previnculación, porque es el primer paso respecto del consentimiento. Nosotros buscamos padres para los niños y no niños para los padres. Por medio de charlas que damos durante todo el año, vamos acompañando a los padres en la espera, a la vez que los formamos", explica Adriana Abeles, de Campos del Psicoanálisis.
Una nueva tendencia que los especialistas señalan es el aumento del número de mujeres y hombres solos que se acercan para adoptar a chicos más grandes. "Esta es una realidad cada vez más frecuente. En nuestra fundación, cerca del 25% de las personas que atendemos adoptaron a chicos más grandes o están en proceso. En general, tienen más de 40 años y son monoparentales, porque empezaron a pensar en la paternidad de grandes", cuenta Graciela Livsky, de la Fundación Adoptare.
"Existe la fantasía de que si uno adopta un niño chico todo va a parecerse a lo que sería un hijo propio. Y esto no es así, porque hay una memoria genética. Con los niños grandes, la gran ventaja es que ellos participan del proceso", sostiene María Adela Mondelli, de Fundación Adoptar.
Todos coinciden en que para poder adoptar a grupos de hermanos y a chicos más grandes hay que tener muchas ganas, espacio físico, recursos económicos acordes, un gran acompañamiento de una ONG, y el apoyo de todo el entorno. Como el niño también carga con sus tiempos y condiciones, se requiere de una disponibilidad afectiva muy grande de los adoptantes.
"Se necesitan para estos chicos familias con mayor fortaleza, flexibilidad y disponibilidad para pedir ayuda cuando lo necesitan", agrega Sandra Juárez, de Prohijar.
Padres por casualidad
No hace falta creer en la predestinación para empatizar con la historia de Raúl y Marta Orsi, que se transformaron en padres casi por casualidad. Todo empezó en diciembre de 1988, el día en que aceptaron el ofrecimiento del hogar La Casa de la Niña, ubicado en su misma cuadra, en Santa Fe capital, para recibir a María de los Angeles, de 7 años, en las Fiestas, porque el hogar cerraba sus puertas esas dos semanas.
"Nosotros llevábamos 5 años de casados y ni siquiera teníamos intenciones de adoptar en ese momento", dice Raúl. En ese entonces tenía 29 años, y su mujer, 28, y ya empezaban a sentir la presión social de no tener hijos.
Bastaron solo dos semanas para que María de los Angeles tenía problemas de aprendizaje, casi no les hablaba y le costaba socializar. "Era morochita, y el primer fin de semana nos dio vergüenza ir con ella a misa y fuimos solos. En la semana, lo hablamos y nos sentimos muy incómodos. Nos decíamos muy cristianos, pero cuando llegaba el momento de compartir con otras personas, nos había ganado el prejuicio", confiesa Raúl.
que esta nena, que al principio se mostraba fría y retraída, se integrara en sus vidas. "Estábamos viendo una película con la nena. Se sentó en mi falda y apoyó su mejilla sobre la mía. Fue una cosa mágica, como si una varita me tocara el corazón", relata Raúl emocionado.
Vivieron la Navidad más linda de sus vidas y eso los convenció para ir al hogar a preguntar por la situación de María de los Angeles y enseguida empezaron los trámites de adopción.
Los primeros tiempos fueron duros por el desconocimiento, y porque no tuvieron un grupo u ONG que los guiara. Sin embargo, volcaron todo el amor contenido en su nueva hija. "Nosotros nos preguntamos cómo habría sido de bebe, y lo tomamos con naturalidad. De chica le leíamos libros sobre la adopción. Lo que nos iba preguntando, lo íbamos manejando. Si uno lo habla con naturalidad, deja de ser algo fantasioso o para ocultar", dice Raúl.
Dentro de su nueva familia, María de los Angeles pudo superar sus problemas de aprendizaje. "Hizo toda la primaria, la secundaria y luego se recibió de técnica agrónoma", dice Marta orgullosa.
Hoy, con 28 años, y madre de dos pequeños, María de los Angeles sigue disfrutando de los programas con sus padres. "Con los nietos fue que nos dimos el gusto de cambiar pañales y jugar a la pelota", dice Marta, quien ahora vive junto a su familia en Esperanza, Santa Fe, y a sólo 8 cuadras de su hija. Se emociona cuando habla del vínculo profundo y sólido que pudo establecer con su hija. "Yo a veces escucho a otras madres que se quejan porque sus hijos no les prestan atención, y en mi caso María de los Angeles es super compañera", dice.
Problemas
Los chicos que son adoptados de grandes vienen de largas situaciones de vulnerabilidad y con demasiadas carencias. Por eso, cuando encuentran una nueva familia que además de amor los llena de confort material, muchas veces tardan en adaptarse. En general, necesitan un tiempo para aprender a valorar las cosas y a compartirlas, porque nunca tuvieron nada propio.
También son frecuentes los problemas de aprendizaje y las complicaciones en el cumplimiento de normas y pautas familiares. "Recibimos consultas sobre chicos con voracidad en la alimentación o que guardan comida, chicos grandes que se orinan encima o no se quieren bañar. También en las familias hay normas con respecto a la intimidad y la sexualidad que los chicos desconocen y que tienen que aprender", explica Beatriz Gelman, de Adoptare.
Gabriela y José Cvitovic, de San Antonio de Areco, vivieron con sus 4 hijos adoptivos algunas de esas complicaciones con la mayor naturalidad del mundo. Miedo a la hora de bañarse, camas mojadas por las noches, falta de demostraciones afectivas y berrinches. "Pero en el andar fuimos aprendiendo y creciendo juntos. Ellos a tener nuevos papás y nosotros a tener nuevos hijos", dice José, productor agropecuario de la zona, desde el sofá del living de su casa, mientras dos de sus hijas hacen monigotadas a su alrededor.
En diciembre de 2006, ya habiendo presentado las carpetas necesarias con el asesoramiento de Prohijar, los llamaron para ver si se animaban a recibir a 4 hermanos, cuando ellos se habían anotado para adoptar hasta a dos hermanitos. "Por algo será que esto nos llega ahora", pensaron y aceptaron la aventura de integrar a tres hermanos 8, 9, 12 y 13 años, tres mujeres y un varón. "Nuestra casa tenía un living, una cocina y dos dormitorios. Vivimos 8 meses todos juntos en el mismo espacio y sobrevivimos. La gente nos donaba ropa, peluches y muebles. Después estuvimos 6 meses en obra para refaccionar y ampliar la casa", dice Gabriela, con la satisfacción de haber superado la prueba.
Tienen un extenso jardín que los chicos disfrutan cada vez que pueden junto a sus amigos o primos. En la casa no tienen televisión, porque los padres decidieron priorizar la vida al aire libre. Durante la entrevista, los chicos traen mate y masitas a la mesa, buscan llamar la atención de sus padres y se distraen jugando con la computadora.
"Al principio yo tenía miedo. No sabía si me iban a dar vuelta la casa, si me iban a hacer un piquete o si se iban a querer ir. Para nosotros, los conocimos en su mejor edad, porque fue con la que llegaron a nuestras vidas. Yo creo que como padre no te perdés de nada porque todo es tan intenso que ni te enterás", cuenta José.
Todo fue nuevo, pero, sin embrago, ellos sienten que están juntos desde siempre, a tal punto que no se acuerdan de cuando estaban solos. José y Gabriela aseguran que no es tan simple como esperaban pero tampoco tan complicado como parecía. Apelando al sentido común y a los límites, consiguieron armar la familia que siempre quisieron tener. "Yo creo que el hecho de que sean hermanos ayuda a la adaptación, porque tienen sus propios códigos y lenguaje", dice José, convencido.
Poner a prueba
Durante el primer tiempo de convivencia, los chicos suelen poner a prueba a los padres para asegurarse de que no los van a abandonar, y es allí donde se les aconseja brindarles la contención necesaria para que entiendan que se ha formado una familia para toda la vida. "A mis hijos les costó confiar en que era para siempre. Al principio, cuando nos íbamos al cine teníamos que decirles que volvíamos, porque ellos necesitan esa seguridad", dice Soledad Ricci, quien junto a su marido Luis, adoptaron a 3 hermanos de 2, 3 y 5 años.
Todos formaron una nueva familia en Bella Vista, en la casa en donde Soledad vivió durante su infancia, acompañados por tres perros, un gato, dos coballos, y un amplio jardín con árboles y una pileta.
Los chicos reciben a La Nación con el uniforme del colegio, con un cartel de bienvenida en la puerta y nos hacen una recorrida por su nuevo hogar.
"Después de muchos años de tratamientos, empezamos a pensar en la adopción y nos acercamos a Anidar. A principios de diciembre de 2004 armamos 25 carpetas y las mandamos a cada uno de los registros provinciales de adopción. El 21 de ese mismo mes, nos llamaron de un juzgado porque había tres hermanos en espera. Los chicos vivían en un hogar y el juez quería que pasaran esas fiestas con una familia. En tres días, ya los teníamos en casa", cuenta Luis.
Su entorno los ayudó mucho y la familia fue fundamental en ese sentido. Soledad se tomó 3 meses de licencia en su trabajo y después modificó y acortó sus horarios para poder estar más tiempo en casa con sus hijos.
"Tenemos los problemas que puede llegar a tener cualquier familia. Ellos de a poquito van adaptándose, buscando su lugar en el mundo. Es algo que se tiene que trabajar y mucho. Para ellos todo es nuevo, es un mundo nuevo para descubrir cada día", dice Soledad.
Para Luis lo más complicado fue perder la independencia que habían disfrutado durante sus 13 años de casados, porque los chicos lo empezaron a demandar en forma constante. "Es verdad que acarrean historias, pero todo es superable. Lo que pasa es que hay que ponerle garra y tiempo. Son chicos que necesitan atención permanente. Es impresionante como ellos te van devolviendo lo que vos les vas dando", dice.
Por lo general, como han tenido que superar situaciones complejas, estos grupos de hermanos desarrollan un vínculo de supervivencia, y se cuidan mutuamente. "Ellos aprendieron de grandes a jugar, a hacerse amigos y a ser hijos. De a poco se fueron mimetizando con nosotros. Es impresionante como copian los gestos y las frases", dice Soledad, que tiene grabados a fuego esos días en que se escondía debajo de la escalera, para que sus hijos no la encontraran y le gritaran mamá por primera vez.
"Son dos carencias que se unen. Tanto ellos como nosotros nos necesitábamos y se formó una familia", concluye Luis.
Todo indica que este tipo de adopción implica enormes desafíos, pero ninguno parecería imposible de superar con las herramientas necesarias y la voluntad suficientes.
Por Micaela Urdinez
De la Fundación LA NACION
Contactos
Prohijar: www.prohijar.org.ar
Anidar: www.anidar.org.ar
Campos del Psicoanálisis: www.psicoanalisis.org.ar
Fundación Adoptar: www.adoptar.org.ar
Fundación Adoptare: 4865-4924
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ATREVANSE!!!
Nuestra historia de adopción comenzó en 2005. Dadas nuestras edades y nuestras historias personales, aspirábamos a adoptar una niña de segunda infancia, o dos, si fueran hermanitas, o un niño y una niña, pero la condición era que el sexo femenino estuviera presente.
Así es que recurrimos a la ONG Anidar y con su asesoramiento conocimos historias de adopción diversas, fáciles algunas y más complicadas otras. Por estas últimas deseábamos que el Juzgado que nos tocara en suerte nos llamara por la edad menor posible dentro del rango elegido inicialmente, esto es de 5 a 9 años.
Sorpresivamente, tres meses después de presentar la carpeta recibimos la llamada de una jueza de una provincia del interior, que nos proponía la guarda de un niño de 10 años, cosa que se alejaba apenas del rango de edades elegidas y nos acercaba a aquel prejuicio de que cuanto más grande, más difícil. Más conmocionante fue aún saber que se trataba de un varón, ya que veníamos alimentando la idea de una niña. No dudamos en aceptar. No podíamos decir que no, no se trataba de elegir la antigüedad de una casa o el modelo de un auto, sino de un niño que nos esperaba, un niño que sería nuestro hijo.
Así, el 4 de marzo lo conocimos. Nos enteramos también de que ya había cumplido los 11 años, pero nos enamoramos de él y nos olvidamos por completo de nuestras expectativas con respecto al sexo.
En pocos meses de convivencia tuvimos que aprender lo que es fácil y lo que es difícil de esta integración de su historia a nuestras vidas. Pero sobre todo aprendimos lo difícil que fue para él abandonar su lugar natal, sus amigos del hogar, subir a un micro con dos extraños y encontrarse de pronto viviendo en una ciudad loca como Buenos Aires.
Hubo días tormentosos, de rebeldías, de mal humor, que si bien son características generales de todos los chicos, en este caso tuvimos que tener siempre presente su particularidad, producto de su historia, del amor que le faltó y del maltrato que recibió.
Fue necesario tiempo para que él nos aceptara como padres; tiempo para que comprobara que no lo íbamos a abandonar, tiempo para que dejara de usar palabras que aprendió y que pertenecen a un pasado que no eligió.
Aprendimos como padres que la adopción es un proceso que no nos atañe sólo a nosotros. También él nos tuvo que adoptar como mamá y papá, y en ese proceso nos fuimos transformando, adoptándonos. Aprendimos que él necesitaba pertenecer a una familia, saber que tenía el lugar que nunca tuvo.
Hoy, a más de tres años de compartir nuestras historias, porque ya tiene 14 años, podemos asegurar que viviríamos una y mil veces aquellos primeros días, en los que todo fue maravilloso -incluyendo los sinsabores-, como es maravilloso verlo crecer amándonos y amarlo cada día sintiendo que fue nuestro hijo desde siempre.
Hace más de un año nos pidió un hermano y eligió a un amigo del hogar donde vivió.
Nos atrevimos nuevamente, decidimos compartir su deseo y emprendimos una vez más el camino. Su nuevo hermano tiene tres años más que él, 17, y está con nosotros desde hace nueve meses. Es otra su historia, es otra su particularidad, otra experiencia por integrar a nuestras vidas. Estamos aprendiendo a ser otra vez padres, partiendo de lo nuevo y lo aprendido con nuestro primer hijo.
La relación entre lo nuevo y lo aprendido es compleja, donde lo nuevo adquiere una dimensión preponderante, ya que una vez más se trata de hacer confluir historias de vida diferentes, que en este caso es una larga historia de 17 años, con aspectos generales que hacen que un adolescente comience a incorporar nuevos códigos y que una familia empiece a aceptar otros que hacen a la condición etaria: música, costumbres, salidas nocturnas, límites, nuevos amigos. Nuestros hijos no son bebes, pero son niños al fin y nos esperaban como padres.
Hay cientos que esperan por ustedes como ellos lo hicieron por nosotros. ¡Atrévanse!
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Un proceso valioso y gratificante
Múltiples factores han incidido para que -cada vez con mayor frecuencia- personas solas o matrimonios, deseosos de ejercer el rol parental, decidan adoptar niños mayorcitos.
Es cierto que en estos casos el proceso de adopción tiene ciertas peculiaridades. No se trata de un bebe al que se lo puede trasladar en brazos, pero sólo es un proceso distinto, no menos valioso o gratificante.
El niño viene con una historia previa, que aunque a veces dura, es parte de su vida, y como tal, los adultos -sus futuros padres- deberán aceptar. Por otra parte, estos niños tienen más discernimiento que uno chiquito. Y también ellos deben aprender a conocer y aceptar a esos padres. Se trata de una elección mutua, de la progresiva creación de lazos de recíproco afecto y confianza, que se irán afianzando en el tiempo.
Desde instituciones oficiales y ONG reconocidas, se brinda orientación y acompañamiento para que el proceso de vinculación tenga respaldo profesional y guarde el ritmo de gradualidad adecuado al caso.
Alojado en hogares o institutos, un niño podrá -en el mejor de los casos- recibir cuidados y enseñanza, pero sin resolver la carencia de aquello que es esencial para su desarrollo sano y armónico: la pertenencia a un seno familiar.
En algunos casos, será adecuado recurrir a otras figuras como un padrinazgo, una tutela o un acogimiento. En otros, el dictamen judicial de adoptabilidad abrirá la posibilidad de búsqueda de una familia adoptiva.
El testimonio de adultos que han asumido el desafío de recibir a un niño mayorcito y los logros que él puede obtener, resultan el mejor estímulo para quienes aspiran a ejercer esta paternidad particularmente valiosa y fecunda.
Los autores son abogado y mediador de familia, y asistente social especializada en adopción, respectivamente
Sábado 20 de junio de 2009. Diario La Nación de Buenos Aires
Ninguna historia es igual a otra, pero todas conmueven por la sensibilidad, el arrojo frente a lo desconocido y la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas. Por eso y a pesar de sus diferencias, todas comparten un tronco común que las tiñe del mismo sentido: un profundo deseo de formar una familia y un fascinante camino recorrido para conseguirla.
En los padres, porque no encontraron en la biología la manera de tener hijos. En los hijos, porque las circunstancias los llevaron a necesitar otra familia que los acogiera. Dos expectativas de felicidad que se unen en la adopción, venciendo montañas de prejuicios e inseguridades. Sin embargo, en estos casos, el desafío es mayor, porque el ensamble familiar se da con niños de más de 3 años o grupos de hermanos, que cargan sus propias historias y fantasmas.
Cuando los años de tratamientos de fertilización fallidos obligan a imaginar otras opciones para poder canalizar todo el amor de padres, la adopción se asoma, tímida y sigilosa, como una posibilidad. En ese momento, es fundamental el apoyo de las ONG especializadas en el tema, que pueden erradicar todas las dudas y miedos lógicos de los padres, y acompañarlos durante el proceso. "La mayoría de los adoptantes quieren reproducir con ese menor las etapas vitales de un padre biológico, y por eso prefieren adoptar bebes de menos de un año. Desde que nacen y tienen pocos meses hasta cambiarles un pañal y darles una mamadera. Existe cierto temor infundado a que a determinada edad los chicos ya tengan patrones de conducta o problemas de salud irreversibles", explica Pablo Padula, defensor civil y comercial N° 4 de Posadas.
Hoy sobran personas dispuestas a acoger a niños de menos de un año, que tienen que esperar un promedio de 3 años para hacerlo, y faltan padres con intención de adoptar a chicos en edades más avanzadas, grupos de hermanos o con problemas de salud, que los jueces entregan en cuestión de meses, para evitar que sigan pasando sus infancias en hogares o institutos.
Si se le suma que no todos los menores que necesitan una protección especial están en condiciones de ser adoptados, el número se achica. Para que alcancen esa condición, tiene que existir una decisión judicial que dictamine la necesidad de buscarles otra familia. Esto sucede cuando la familia de origen no puede asumir la crianza, o por causas graves como maltrato, abuso o negligencia en el cuidado. "Es probable que la Justicia se demore más de lo necesario a la hora de decretar la adoptabilidad de los niños, sobre todo considerando que cada día en la vida de un niño puede cambiarlo para siempre. Pero garantizar el cumplimiento del estándar del interés superior del niño no es tarea fácil: hay que investigar no sólo en la historia de vida, sino también asegurarse de que mantenerlo en el entorno familiar es inviable y, sobre todo, encontrar el mejor hogar posible para ese niño en particular", dice Liliana Bertolotti, jueza de familia de Posadas, para responder a las quejas sobre los largos plazos en los procesos de adopción.
Video: a la espera de una familia
Vida nueva
A Julio y Jacqueline fue su psicólogo de pareja el que les aconsejó acercarse a Prohijar después de varios intentos fracasados de embarazo. Empezaron a participar de las actividades y reuniones de la entidad y después de varios meses se anotaron para adoptar a dos hermanos de hasta 7 años, cuando en un primer momento sólo querían un bebe de hasta 2 años. "Cuando nos llamaron para contarnos el caso de un grupo de hermanos, de 7, 8 y 9 años, yo pensé que era ideal, porque ya teníamos tres perros, uno para cada uno", cuenta Julio, con una sencillez que refleja la forma práctica en que se toma la vida.
Para compensar, Jacqueline tenía los miedos lógicos de cualquier mujer a la hora de ser madre, pero además la asustaba un poco la idea de adoptar a chicos de estas edades, porque tenía 33 años y se sentía muy joven. "El día en que nos hablaron de estos chicos justo dio testimonio en la fundación un padre que había adoptado a cuatro y lo contó con tanta alegría que me dio esperanzas. Yo estaba preparada para una tragedia, entonces todo lo que vino después fue mucho más fácil", confiesa Jacqueline.
El recuerdo de cómo llegaron a ser familia viene acompañado de lágrimas, silencios y mucha alegría: la llamada para ver si estaban dispuestos a vincularse con estos chicos; el día en que los conocieron en la fundación y a las pocas horas ya jugaban en la plaza, y esas primeras sensaciones de sentir propias a esas personitas antes desconocidas. "En cuanto los vi me puse a llorar y a reír porque el más grande se parecía muchísimo a Julio, y hoy se parece más todavía porque le copió algunos gestos", dice esta madre, psicóloga de profesión.
Siguieron 45 días de varias salidas para empezar a conocerse, hasta que el 13 de diciembre de 2007 ya estaban viviendo juntos en su casa de Colegiales. "Maxi, el día en que nos conoció, le pidió un bolso al director del hogar y lo tenía preparado debajo de la cama, listo para irse", dice Julio, para enfatizar la tremenda necesidad de todos los chicos que viven en hogares de tener su familia.
En ese momento, Jacqueline trabajaba en tres lugares y pidió nueve meses de licencia. Además, tuvieron que vaciar todos los placares y modificar el lavadero, pero sobre todas las cosas tuvieron que modificar su estructura diaria. "Nos costó organizarlos porque ellos tenían otro estilo de vida. Aprendieron a ser ordenados, a respetar el horario de la cena, a no comer con el televisor prendido, a no masticar con la boca abierta. Pero lo primero que tuvieron que aprender fue a dejarse querer y a cambiar su imagen sobre los padres", dice Julio con sabiduría.
Los hijos de Julio y Jacqueline hoy tienen 12, 10 y 9 años; se están nivelando en el colegio; han formado un nutrido grupo de amigos, y tienen una familia que los adora.
"Parece imposible, pero no lo es. A mí me completó como persona el ser mamá. El mito más fuerte que hay que vencer es que la biología hace a la maternidad, cuando lo que la determina es el ejercicio del rol. Yo tengo el beneficio y el orgullo de que mis hijos nos eligieron como padres, y eso no es común", concluye Jacqueline.
No existen cifras oficiales sobre la cantidad de chicos que esperan una familia, y eso no permite tener una dimensión acabada de esta problemática. Sin embargo, según un relevamiento realizado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, la Secretaría de Derechos Humanos y Unicef, en 2006, cerca de 20.000 chicos y adolescentes de hasta 21 años residen en 757 establecimientos, y el 84,8% permanece allí privado de su libertad por causas no penales, sin la posibilidad de vivir en familia. A su vez, algunas ONG estiman que en la provincia de Buenos Aires son cerca de 12.000 los chicos que siguen esperando, y en la ciudad de Buenos Aires, alrededor de 3000.
Del otro lado, se encuentran los 500 postulantes que por año se inscriben en el Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, que funciona en la ciudad de Buenos Aires. Las guardas otorgadas por juzgados porteños no superan las 100 por año; por lo tanto, hay tres veces más inscripciones que guardas. Cuando se analizan las condiciones establecidas por los 1403 inscriptos para adoptar, nadie está anotado para recibir a cinco hermanos, una sola persona para adoptar a cuatro, 19 para tres y 551 para dos hermanos.
En el Registro Unico de Adoptantes, de alcance nacional, pero al que sólo 10 provincias han adherido voluntariamente, existen 1851 legajos admitidos, de 388 aspirantes monoparentales femeninos, 15 aspirantes monoparentales masculinos y 1448 matrimonios. Esto habla de un total de 3299 personas si se contabilizan por separado los esposos y esposas. De éstos, 886 aceptan hermanos; 377, niños con problemas físicos, y 177, niños con VIH negativizado.
"En la adopción de chicos más grandes, es muy importante el tiempo dedicado a la previnculación, porque es el primer paso respecto del consentimiento. Nosotros buscamos padres para los niños y no niños para los padres. Por medio de charlas que damos durante todo el año, vamos acompañando a los padres en la espera, a la vez que los formamos", explica Adriana Abeles, de Campos del Psicoanálisis.
Una nueva tendencia que los especialistas señalan es el aumento del número de mujeres y hombres solos que se acercan para adoptar a chicos más grandes. "Esta es una realidad cada vez más frecuente. En nuestra fundación, cerca del 25% de las personas que atendemos adoptaron a chicos más grandes o están en proceso. En general, tienen más de 40 años y son monoparentales, porque empezaron a pensar en la paternidad de grandes", cuenta Graciela Livsky, de la Fundación Adoptare.
"Existe la fantasía de que si uno adopta un niño chico todo va a parecerse a lo que sería un hijo propio. Y esto no es así, porque hay una memoria genética. Con los niños grandes, la gran ventaja es que ellos participan del proceso", sostiene María Adela Mondelli, de Fundación Adoptar.
Todos coinciden en que para poder adoptar a grupos de hermanos y a chicos más grandes hay que tener muchas ganas, espacio físico, recursos económicos acordes, un gran acompañamiento de una ONG, y el apoyo de todo el entorno. Como el niño también carga con sus tiempos y condiciones, se requiere de una disponibilidad afectiva muy grande de los adoptantes.
"Se necesitan para estos chicos familias con mayor fortaleza, flexibilidad y disponibilidad para pedir ayuda cuando lo necesitan", agrega Sandra Juárez, de Prohijar.
Padres por casualidad
No hace falta creer en la predestinación para empatizar con la historia de Raúl y Marta Orsi, que se transformaron en padres casi por casualidad. Todo empezó en diciembre de 1988, el día en que aceptaron el ofrecimiento del hogar La Casa de la Niña, ubicado en su misma cuadra, en Santa Fe capital, para recibir a María de los Angeles, de 7 años, en las Fiestas, porque el hogar cerraba sus puertas esas dos semanas.
"Nosotros llevábamos 5 años de casados y ni siquiera teníamos intenciones de adoptar en ese momento", dice Raúl. En ese entonces tenía 29 años, y su mujer, 28, y ya empezaban a sentir la presión social de no tener hijos.
Bastaron solo dos semanas para que María de los Angeles tenía problemas de aprendizaje, casi no les hablaba y le costaba socializar. "Era morochita, y el primer fin de semana nos dio vergüenza ir con ella a misa y fuimos solos. En la semana, lo hablamos y nos sentimos muy incómodos. Nos decíamos muy cristianos, pero cuando llegaba el momento de compartir con otras personas, nos había ganado el prejuicio", confiesa Raúl.
que esta nena, que al principio se mostraba fría y retraída, se integrara en sus vidas. "Estábamos viendo una película con la nena. Se sentó en mi falda y apoyó su mejilla sobre la mía. Fue una cosa mágica, como si una varita me tocara el corazón", relata Raúl emocionado.
Vivieron la Navidad más linda de sus vidas y eso los convenció para ir al hogar a preguntar por la situación de María de los Angeles y enseguida empezaron los trámites de adopción.
Los primeros tiempos fueron duros por el desconocimiento, y porque no tuvieron un grupo u ONG que los guiara. Sin embargo, volcaron todo el amor contenido en su nueva hija. "Nosotros nos preguntamos cómo habría sido de bebe, y lo tomamos con naturalidad. De chica le leíamos libros sobre la adopción. Lo que nos iba preguntando, lo íbamos manejando. Si uno lo habla con naturalidad, deja de ser algo fantasioso o para ocultar", dice Raúl.
Dentro de su nueva familia, María de los Angeles pudo superar sus problemas de aprendizaje. "Hizo toda la primaria, la secundaria y luego se recibió de técnica agrónoma", dice Marta orgullosa.
Hoy, con 28 años, y madre de dos pequeños, María de los Angeles sigue disfrutando de los programas con sus padres. "Con los nietos fue que nos dimos el gusto de cambiar pañales y jugar a la pelota", dice Marta, quien ahora vive junto a su familia en Esperanza, Santa Fe, y a sólo 8 cuadras de su hija. Se emociona cuando habla del vínculo profundo y sólido que pudo establecer con su hija. "Yo a veces escucho a otras madres que se quejan porque sus hijos no les prestan atención, y en mi caso María de los Angeles es super compañera", dice.
Problemas
Los chicos que son adoptados de grandes vienen de largas situaciones de vulnerabilidad y con demasiadas carencias. Por eso, cuando encuentran una nueva familia que además de amor los llena de confort material, muchas veces tardan en adaptarse. En general, necesitan un tiempo para aprender a valorar las cosas y a compartirlas, porque nunca tuvieron nada propio.
También son frecuentes los problemas de aprendizaje y las complicaciones en el cumplimiento de normas y pautas familiares. "Recibimos consultas sobre chicos con voracidad en la alimentación o que guardan comida, chicos grandes que se orinan encima o no se quieren bañar. También en las familias hay normas con respecto a la intimidad y la sexualidad que los chicos desconocen y que tienen que aprender", explica Beatriz Gelman, de Adoptare.
Gabriela y José Cvitovic, de San Antonio de Areco, vivieron con sus 4 hijos adoptivos algunas de esas complicaciones con la mayor naturalidad del mundo. Miedo a la hora de bañarse, camas mojadas por las noches, falta de demostraciones afectivas y berrinches. "Pero en el andar fuimos aprendiendo y creciendo juntos. Ellos a tener nuevos papás y nosotros a tener nuevos hijos", dice José, productor agropecuario de la zona, desde el sofá del living de su casa, mientras dos de sus hijas hacen monigotadas a su alrededor.
En diciembre de 2006, ya habiendo presentado las carpetas necesarias con el asesoramiento de Prohijar, los llamaron para ver si se animaban a recibir a 4 hermanos, cuando ellos se habían anotado para adoptar hasta a dos hermanitos. "Por algo será que esto nos llega ahora", pensaron y aceptaron la aventura de integrar a tres hermanos 8, 9, 12 y 13 años, tres mujeres y un varón. "Nuestra casa tenía un living, una cocina y dos dormitorios. Vivimos 8 meses todos juntos en el mismo espacio y sobrevivimos. La gente nos donaba ropa, peluches y muebles. Después estuvimos 6 meses en obra para refaccionar y ampliar la casa", dice Gabriela, con la satisfacción de haber superado la prueba.
Tienen un extenso jardín que los chicos disfrutan cada vez que pueden junto a sus amigos o primos. En la casa no tienen televisión, porque los padres decidieron priorizar la vida al aire libre. Durante la entrevista, los chicos traen mate y masitas a la mesa, buscan llamar la atención de sus padres y se distraen jugando con la computadora.
"Al principio yo tenía miedo. No sabía si me iban a dar vuelta la casa, si me iban a hacer un piquete o si se iban a querer ir. Para nosotros, los conocimos en su mejor edad, porque fue con la que llegaron a nuestras vidas. Yo creo que como padre no te perdés de nada porque todo es tan intenso que ni te enterás", cuenta José.
Todo fue nuevo, pero, sin embrago, ellos sienten que están juntos desde siempre, a tal punto que no se acuerdan de cuando estaban solos. José y Gabriela aseguran que no es tan simple como esperaban pero tampoco tan complicado como parecía. Apelando al sentido común y a los límites, consiguieron armar la familia que siempre quisieron tener. "Yo creo que el hecho de que sean hermanos ayuda a la adaptación, porque tienen sus propios códigos y lenguaje", dice José, convencido.
Poner a prueba
Durante el primer tiempo de convivencia, los chicos suelen poner a prueba a los padres para asegurarse de que no los van a abandonar, y es allí donde se les aconseja brindarles la contención necesaria para que entiendan que se ha formado una familia para toda la vida. "A mis hijos les costó confiar en que era para siempre. Al principio, cuando nos íbamos al cine teníamos que decirles que volvíamos, porque ellos necesitan esa seguridad", dice Soledad Ricci, quien junto a su marido Luis, adoptaron a 3 hermanos de 2, 3 y 5 años.
Todos formaron una nueva familia en Bella Vista, en la casa en donde Soledad vivió durante su infancia, acompañados por tres perros, un gato, dos coballos, y un amplio jardín con árboles y una pileta.
Los chicos reciben a La Nación con el uniforme del colegio, con un cartel de bienvenida en la puerta y nos hacen una recorrida por su nuevo hogar.
"Después de muchos años de tratamientos, empezamos a pensar en la adopción y nos acercamos a Anidar. A principios de diciembre de 2004 armamos 25 carpetas y las mandamos a cada uno de los registros provinciales de adopción. El 21 de ese mismo mes, nos llamaron de un juzgado porque había tres hermanos en espera. Los chicos vivían en un hogar y el juez quería que pasaran esas fiestas con una familia. En tres días, ya los teníamos en casa", cuenta Luis.
Su entorno los ayudó mucho y la familia fue fundamental en ese sentido. Soledad se tomó 3 meses de licencia en su trabajo y después modificó y acortó sus horarios para poder estar más tiempo en casa con sus hijos.
"Tenemos los problemas que puede llegar a tener cualquier familia. Ellos de a poquito van adaptándose, buscando su lugar en el mundo. Es algo que se tiene que trabajar y mucho. Para ellos todo es nuevo, es un mundo nuevo para descubrir cada día", dice Soledad.
Para Luis lo más complicado fue perder la independencia que habían disfrutado durante sus 13 años de casados, porque los chicos lo empezaron a demandar en forma constante. "Es verdad que acarrean historias, pero todo es superable. Lo que pasa es que hay que ponerle garra y tiempo. Son chicos que necesitan atención permanente. Es impresionante como ellos te van devolviendo lo que vos les vas dando", dice.
Por lo general, como han tenido que superar situaciones complejas, estos grupos de hermanos desarrollan un vínculo de supervivencia, y se cuidan mutuamente. "Ellos aprendieron de grandes a jugar, a hacerse amigos y a ser hijos. De a poco se fueron mimetizando con nosotros. Es impresionante como copian los gestos y las frases", dice Soledad, que tiene grabados a fuego esos días en que se escondía debajo de la escalera, para que sus hijos no la encontraran y le gritaran mamá por primera vez.
"Son dos carencias que se unen. Tanto ellos como nosotros nos necesitábamos y se formó una familia", concluye Luis.
Todo indica que este tipo de adopción implica enormes desafíos, pero ninguno parecería imposible de superar con las herramientas necesarias y la voluntad suficientes.
Por Micaela Urdinez
De la Fundación LA NACION
Contactos
Prohijar: www.prohijar.org.ar
Anidar: www.anidar.org.ar
Campos del Psicoanálisis: www.psicoanalisis.org.ar
Fundación Adoptar: www.adoptar.org.ar
Fundación Adoptare: 4865-4924
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ATREVANSE!!!
Nuestra historia de adopción comenzó en 2005. Dadas nuestras edades y nuestras historias personales, aspirábamos a adoptar una niña de segunda infancia, o dos, si fueran hermanitas, o un niño y una niña, pero la condición era que el sexo femenino estuviera presente.
Así es que recurrimos a la ONG Anidar y con su asesoramiento conocimos historias de adopción diversas, fáciles algunas y más complicadas otras. Por estas últimas deseábamos que el Juzgado que nos tocara en suerte nos llamara por la edad menor posible dentro del rango elegido inicialmente, esto es de 5 a 9 años.
Sorpresivamente, tres meses después de presentar la carpeta recibimos la llamada de una jueza de una provincia del interior, que nos proponía la guarda de un niño de 10 años, cosa que se alejaba apenas del rango de edades elegidas y nos acercaba a aquel prejuicio de que cuanto más grande, más difícil. Más conmocionante fue aún saber que se trataba de un varón, ya que veníamos alimentando la idea de una niña. No dudamos en aceptar. No podíamos decir que no, no se trataba de elegir la antigüedad de una casa o el modelo de un auto, sino de un niño que nos esperaba, un niño que sería nuestro hijo.
Así, el 4 de marzo lo conocimos. Nos enteramos también de que ya había cumplido los 11 años, pero nos enamoramos de él y nos olvidamos por completo de nuestras expectativas con respecto al sexo.
En pocos meses de convivencia tuvimos que aprender lo que es fácil y lo que es difícil de esta integración de su historia a nuestras vidas. Pero sobre todo aprendimos lo difícil que fue para él abandonar su lugar natal, sus amigos del hogar, subir a un micro con dos extraños y encontrarse de pronto viviendo en una ciudad loca como Buenos Aires.
Hubo días tormentosos, de rebeldías, de mal humor, que si bien son características generales de todos los chicos, en este caso tuvimos que tener siempre presente su particularidad, producto de su historia, del amor que le faltó y del maltrato que recibió.
Fue necesario tiempo para que él nos aceptara como padres; tiempo para que comprobara que no lo íbamos a abandonar, tiempo para que dejara de usar palabras que aprendió y que pertenecen a un pasado que no eligió.
Aprendimos como padres que la adopción es un proceso que no nos atañe sólo a nosotros. También él nos tuvo que adoptar como mamá y papá, y en ese proceso nos fuimos transformando, adoptándonos. Aprendimos que él necesitaba pertenecer a una familia, saber que tenía el lugar que nunca tuvo.
Hoy, a más de tres años de compartir nuestras historias, porque ya tiene 14 años, podemos asegurar que viviríamos una y mil veces aquellos primeros días, en los que todo fue maravilloso -incluyendo los sinsabores-, como es maravilloso verlo crecer amándonos y amarlo cada día sintiendo que fue nuestro hijo desde siempre.
Hace más de un año nos pidió un hermano y eligió a un amigo del hogar donde vivió.
Nos atrevimos nuevamente, decidimos compartir su deseo y emprendimos una vez más el camino. Su nuevo hermano tiene tres años más que él, 17, y está con nosotros desde hace nueve meses. Es otra su historia, es otra su particularidad, otra experiencia por integrar a nuestras vidas. Estamos aprendiendo a ser otra vez padres, partiendo de lo nuevo y lo aprendido con nuestro primer hijo.
La relación entre lo nuevo y lo aprendido es compleja, donde lo nuevo adquiere una dimensión preponderante, ya que una vez más se trata de hacer confluir historias de vida diferentes, que en este caso es una larga historia de 17 años, con aspectos generales que hacen que un adolescente comience a incorporar nuevos códigos y que una familia empiece a aceptar otros que hacen a la condición etaria: música, costumbres, salidas nocturnas, límites, nuevos amigos. Nuestros hijos no son bebes, pero son niños al fin y nos esperaban como padres.
Hay cientos que esperan por ustedes como ellos lo hicieron por nosotros. ¡Atrévanse!
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Un proceso valioso y gratificante
Múltiples factores han incidido para que -cada vez con mayor frecuencia- personas solas o matrimonios, deseosos de ejercer el rol parental, decidan adoptar niños mayorcitos.
Es cierto que en estos casos el proceso de adopción tiene ciertas peculiaridades. No se trata de un bebe al que se lo puede trasladar en brazos, pero sólo es un proceso distinto, no menos valioso o gratificante.
El niño viene con una historia previa, que aunque a veces dura, es parte de su vida, y como tal, los adultos -sus futuros padres- deberán aceptar. Por otra parte, estos niños tienen más discernimiento que uno chiquito. Y también ellos deben aprender a conocer y aceptar a esos padres. Se trata de una elección mutua, de la progresiva creación de lazos de recíproco afecto y confianza, que se irán afianzando en el tiempo.
Desde instituciones oficiales y ONG reconocidas, se brinda orientación y acompañamiento para que el proceso de vinculación tenga respaldo profesional y guarde el ritmo de gradualidad adecuado al caso.
Alojado en hogares o institutos, un niño podrá -en el mejor de los casos- recibir cuidados y enseñanza, pero sin resolver la carencia de aquello que es esencial para su desarrollo sano y armónico: la pertenencia a un seno familiar.
En algunos casos, será adecuado recurrir a otras figuras como un padrinazgo, una tutela o un acogimiento. En otros, el dictamen judicial de adoptabilidad abrirá la posibilidad de búsqueda de una familia adoptiva.
El testimonio de adultos que han asumido el desafío de recibir a un niño mayorcito y los logros que él puede obtener, resultan el mejor estímulo para quienes aspiran a ejercer esta paternidad particularmente valiosa y fecunda.
Los autores son abogado y mediador de familia, y asistente social especializada en adopción, respectivamente
viernes, 3 de julio de 2009
Un hombre solo contra la mafia y la miseria
Historias con nombre y apellido
por Jorge Fernández Díaz, diario La Nación de Buenos Aires. Sábado 27 de Junio de 2009
El primer aviso mafioso llegó un viernes. Ocho hombres prolijos, bien vestidos y armados para una guerra tomaron por asalto el taller de la escuela gráfica de los chicos pobres, los amenazaron de muerte y se llevaron unos pocos pesos.
El segundo aviso fue dado casi tres meses después: encapuchados secuestraron a un adolescente de la Obra Juan XXIII, lo pasearon en un auto bordó y le advirtieron que quemarían tres edificios de la Fundación Pelota de Trapo.
Sesenta días más tarde enviaron el tercer aviso. Levantaron de la calle a un educador, lo metieron en una Ford EcoSport y le dijeron: "Alejate de esa campaña de mierda contra el hambre; éste es el último aviso". Lo golpearon fuertemente, le apuntaron con una pistola y lo dejaron a quince cuadras de la estación Gerli.
La tercera fue la vencida, y entonces Alberto Morlachetti, creador de esa fundación famosa, coordinador del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo e impulsor de la campaña nacional "El hambre es un crimen", se convenció de que la mafia no se detendría y que todos estaban en peligro de muerte.
No se equivocaba. Desde ese momento ocurrirían todavía cinco ataques más. Interceptaron a una docente en Temperley. Luego raptaron, golpearon y le realizaron perversas heridas leves con un cúter en brazos y piernas a otra educadora de ese movimiento humanitario. A los diez días se la llevaron de nuevo en José C. Paz, la narcotizaron y la dejaron tendida boca arriba en una plaza frente al cementerio de Chacarita. Lo mismo hicieron con otro maestro de un hogar para niños, que apareció tirado en plaza Constitución, y también con un voluntario que dejaron libre en el hipermercado Coto de Lanús después de un viaje de miedo y aprietes.
La razón de tanto ensañamiento es, aunque resulte increíble, una campaña pacífica pero multitudinaria que se lleva a cabo en todas las provincias y que tiene un fin noble: difundir la demencial hambruna por la que pasan millones de argentinos. La noticia llegó hace unos meses hasta el diario El País de Madrid, que comenzaba el artículo con esta estadística: "Ocho niños menores de cinco años mueren por desnutrición al día en la Argentina, uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo".
El protagonista de esta movida no gubernamental y de esta campaña amenazada es un hombre singular que empezó como canillita, estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires, dedicó su vida a los chicos pobres porque él mismo lo fue, y está sentado ahora frente a mí, en una casa de Avellaneda, adonde va Serrat de vez en cuando a tomarse unos mates y donde el Viejo -así le dicen todos con cariño- fuma indolentemente un cigarrillo tras otro.
Bordea los 66 años, tiene cáncer de próstata y arde en deseos de terminar el tratamiento y estar mejor para volver a vivir en la sede de la Fundación porque extraña terriblemente a los niños. Le señalo el cigarrillo y Alberto se ríe: "Fumé toda la vida, esto no tiene nada que ver con la próstata". Así que no me jodas, pudo haber agregado, pero se guarda el pensamiento por cortesía de recién conocido.
Vengo a contar su historia, y el Viejo lo sabe. Pocas veces accede a notas. No le gusta la exposición y me pide que no abunde demasiado en su enfermedad porque hay buenos pronósticos y porque no quiere aparecer vulnerable ante sus "hijos". Se lo ve bien, lúcido y afable. Los secuestros del año pasado se detuvieron misteriosamente, pero todavía siguen enviando de vez en cuando mensajes intimidatorios a sus celulares. ¿Quiénes son? ¿Quiénes pretenden desarticular una idea que busca concientizar sobre el gran drama argentino? ¿Existe una especie de nueva Triple A en la provincia de Buenos Aires? No hay respuestas, y entonces yo le pido que me cuente algo. Me cuenta una vida.
Morlachetti nació en el campo, pero su patria es Avellaneda. Vivía en un conventillo, en el tiempo del empedrado y el tranvía, cuando esa zona todavía estaba cruzada por la ética del trabajo. Alberto andaba todo el tiempo en la calle. "Hay delitos que para los pobres nunca prescriben -me dice recordando correrías que no quiere precisar-. La pobreza es dura, una cicatriz abierta."
Todavía existía el gallego del café de la esquina que lo escondía de la policía o le daba algo para comer. Igualmente recuerda esa sensación inolvidable: tener hambre, padecer ese dolor de estómago vuelto amargura y desesperanza. Alberto se salvó de lo peor porque sus padres lo mandaron al colegio y porque en el puesto de diarios se hizo adicto a la lectura. Pero muchos de sus compañeros se quedaron en el camino: "La pobreza no es una elección -me explica como si hiciera falta en esta sociedad frívola-. La pobreza es una imposición: te pone una pistola en la cabeza".
Alberto tiene una pena inmensa por esos pibes que no pudieron salir del laberinto. "A mis amigos les saquearon las palabras", me dice. La lucidez del lector, la posibilidad de amueblar la vida con libros, lo rescataron a él de un destino trágico. En su adolescencia, leía de todo: diarios, revistas, libros; Camus, Marx, el Nuevo Testamento. Y se quedaba en los potreros del crepúsculo pensando que era posible construir un paraíso en la tierra.
De forma natural, comenzó a organizar partidos de fútbol y después campeonatos, y a dirigir a equipos con chicos de la calle. Todavía era muy pobre cuando se anotó en la UBA y estudió sociología. Trabajaba y estudiaba y era un exotismo en el barrio. Alberto era sesentista. Los años 60 eran los años de los sueños. Pero su madre era católica. Le dejó un legado preciso: "Cuando algún día la vida te trate duramente, tomá la mano de un pobre".
Gracias al fútbol Alberto arrancó con su plan. Creó primero los "sábados de chocolate": partido y chocolatada con facturas, que garroneaba en panaderías del barrio. No lo hacía como una cuestión política ni por simple caridad. Lo hacía con amor legítimo por esos chicos, que provenían de villas, de orfandades, de la nada oscura. Lentamente, comenzaron a plegarse clubes, sociedades de fomento, vecinos.
El Viejo era joven, pero sabía perfectamente que debía construir un territorio. Lo hizo. Con rifas, con donaciones, con trabajos y rebusques, logró comprar dos lotes y levantar la Casa del Niño de Avellaneda. Desde ese dificultoso comienzo hasta ahora han pasado cerca de treinta años. Hoy tienen una imprenta, una panadería, dos hogares, una granja, bibliotecas, consultorios y sobre todo una organización nacional donde comparten alegrías y fuerzas con otros trescientos emprendimientos solidarios de todo el país, como la Red El Encuentro, de José C. Paz, o el Hogar Juan XXIII, de Avellaneda.
Cuando en los inicios Alberto Morlachetti abrió la sede de la Fundación y se mudó a ella con chicos de la calle, todo el mundo le decía que estaba loco. ¿Cómo era posible que alguien con tanta capacidad intelectual, que era docente universitario y había leído a Marcuse y seguido de cerca los textos de la Escuela de Francfort perdiera el tiempo en esos menesteres y se pusiera a tiro de esos chicos difíciles? Más allá de las convicciones, estaba la íntima necesidad de compartir su vida con aquellos niños de modales distintos y problemáticas duras pero que sabían querer mejor que nadie.
Los primeros fueron recogidos de cuevas indignas ubicadas detrás de la Facultad de Derecho. Alberto les dio cobijo, instrucción, horizonte y certidumbre. En 1977, comenzó el aluvión de los chicos callejeros, y Pelota de Trapo dio refugio a muchos de ellos. Alberto era el "padre" de todos y, al principio, tragaba saliva, en medio de sus contradicciones. Esos niños bravos tenían costumbres salvajes y lenguaje áspero. "Yo tuve que aprender de ellos -me dice-. Tuve que aprender para enseñarles."
Se enfrentó a la droga, que antes era la cocaína y el Poxiram y hoy es el paco, y a la prepotencia de la policía y sobre todo al prejuicio social. Morlachetti presenció, a lo largo de estas décadas cómo se dinamitaban en la Argentina los puentes de comunicación entre los grandes y los chicos de todas las clases sociales, y también cómo la sociedad iba colocando al niño en el lugar de victimario y enemigo público.
"Cuando un chico comete un error no es hora de estigmatizarlo y castigarlo con rigor sino de abrazarlo fuerte -explica-. A veces algunos de esos actos desesperados (no me refiero por supuesto a los homicidios ni a violencias graves) son incluso un buen signo. Un gesto de vida. Esas conductas violentas, transgresoras, antisociales, son una esperanza, como dice Winnicot, un notable de la psiquiatría. Mirá, los pibes librados a su suerte, los chicos abandonados, son un tema muy complejo. Si construir un vínculo no es algo espontáneo ni con el recién nacido, cuando toda la historia está por escribirse, ¿cómo se va a gestar un vínculo con el chico de la calle cuando en su historia nada pasó por seducirlo para la vida sino todo lo contrario? Suelto de madre es necesario domiciliarlo en un vínculo amoroso. No hay pedagogía sin ternura."
No puedo sino pensar en las noticias violentas que tienen a los menores como protagonistas absolutos. Pero también percibo, como en un ramalazo de luz, dos cosas: este hombre no es meramente un teórico, y como el padre Pepe de la Villa 21 y tantos otros soldados laicos o religiosos, políticos o apolíticos, de derecha o de izquierda, como tantos héroes en la trinchera de la miseria y el hambre, Alberto Morlachetti sabe de lo que habla aunque intente sacar el agua de un bote agujereado con la ayuda de un pocillo. Está solo en medio del mar. El Estado no lo acompaña más que con algunas becas y subsidios menores. El Estado no está ni para la foto. Sigue adelante con los médicos de la Fundación Garrahan, con donaciones y sobre todo con la buena voluntad de la gente.
Las grandes tesorerías de la política de cualquier signo faltan a la cita. Tal vez con esas tesorerías se podría practicar con eficiencia y masividad la política de la paciencia y la ternura, y no la ley de la reja y el gatillo. Pero más allá de discursos progresistas, hoy no hay plata para eso. Se ve que la plata rinde más en otro lado.
Muchos de aquellos niños rebeldes que al Viejo le daban dolores de cabeza hoy son señores con oficios y cargos bien rentados en empresas. Le traen ahora a sus nietos y le cuentan sus progresos. Son hombres hechos y derechos con la cultura del trabajo totalmente incorporada. Alberto recuerda cuando tenía que retarlos, cuando los esperaba despierto toda la noche hasta que volvían, cuando afrontaba con preocupación y a veces con humor sus diabluras.
"Una vez vienen a contarme que en una excursión uno de mis chicos, Ernesto, había robado manzanas de un puesto -recuerda con una sonrisa lluviosa-. Lo agarré al pibe y le dije: ¿cómo se te ocurre hacer eso? Momento, Alberto -me contestó-. No es así. Yo vi las manzanas rojas y sentí que me llamaban. "Ernesto, lleváme. Ernesto, lleváme", me decían las manzanas. Yo no las robé, sólo accedí a lo que me pedían." Ernesto hoy es fotógrafo y sigue cantando tangos, y tiene una buena familia. Era, en aquellos viejos tiempos, un residuo de la sociedad.
No piensa el Viejo que no haya que castigar el delito. Todo lo contrario: sostiene que se debe ser duro. Pero introduce una salvedad: "Los delitos grandes no los hacen los chicos". Le asombra el poco conocimiento que tienen los funcionarios sobre la problemática de la minoridad carenciada. Le dan vergüenza ajena. Y lo asusta que, comparados a los primeros chicos que él sacó del pozo, los pibes de esta década están más empobrecidos. Ahora el paco directamente los discapacita. "La droga, más allá del lucro, es funcional al sistema de dominación", dice enojado.
De pronto irrumpe en esa casa el hijo de una colaboradora cercana. Es un niño pequeño y Alberto deja la entrevista y la frente arrugada para abrazarlo y jugar con él con una felicidad impúdica. Es tan feliz ese hombre viejo con ese niño sonriente que quedo descolocado, como el involuntario voyeur de una intimidad sublime. Me doy cuenta en un gesto cuánto amor hizo falta para levantar todo esto. Y que ese amor no es impostado y racional, sino un torrente natural que le viene de muy adentro al canillita que se volvió campeón.
Luego nos recomienda que visitemos la panadería que levantaron en una esquina pelada. Quisiera venir con nosotros, pero el tratamiento lo tiene cansado. Los chicos de Alberto están, a esa hora, en la trastienda con el repostero. Preparan manjares. Los miro y me pregunto quién podría querer dañarlos. ¿Quiénes secuestraron, golpearon y amenazaron a esas personas buenas? ¿Quiénes envían todavía amenazas de muerte a celulares? ¿Existen incipientes escuadrones de la muerte en la provincia de Buenos Aires? ¿A quién beneficia callar la verdad?
El hambre es un crimen. Qué duda cabe. Una panadera de 17 años se sube a un banquito y anota, en un pizarrón donde hay una receta de pionono, esta frase: "Aquí no sólo se amasa el pan. Cobran sentido nuestros sueños. Echan a andar nuestros proyectos. Amasamos el país que amamos".
Deja el lápiz. Está prolija y orgullosa. Alguna vez esta chica tuvo la mirada opaca y fría. Pero ahora me mira con ojos brillantes. Asiento con la cabeza y salgo a la intemperie. Pienso en el Viejo.
Tiene que recuperarse rápido, Viejo, hay mucho trabajo. No me falle.
Cae la tarde sobre Avellaneda.
El personaje
ALBERTO MORLACHETTI
Creador de la Fundacion Pelota de Trapo
Quién es : tiene 66 años, es ex canillita, sociólogo de la UBA, creador de esa fundación e impulsor de la campaña nacional El hambre es un crimen.
Su obra : fundó hogares, cooperativas, jardines maternales, consultorios para carenciados, escuelas de oficio, granjas y redes sociales.
Distinciones : fue premiado y reconocido por Alemania, Suecia, Estados Unidos, el Instituto Bet-El, la Organización Mundial de la Salud, las Naciones Unidas y muchas instituciones argentinas y latinoamericanas. La Comunidad de Madrid le dio el Premio Infancia.
Fundación : para comunicarse hay que enviar e-mails a www.pelotadetrapo.org.ar
por Jorge Fernández Díaz, diario La Nación de Buenos Aires. Sábado 27 de Junio de 2009
El primer aviso mafioso llegó un viernes. Ocho hombres prolijos, bien vestidos y armados para una guerra tomaron por asalto el taller de la escuela gráfica de los chicos pobres, los amenazaron de muerte y se llevaron unos pocos pesos.
El segundo aviso fue dado casi tres meses después: encapuchados secuestraron a un adolescente de la Obra Juan XXIII, lo pasearon en un auto bordó y le advirtieron que quemarían tres edificios de la Fundación Pelota de Trapo.
Sesenta días más tarde enviaron el tercer aviso. Levantaron de la calle a un educador, lo metieron en una Ford EcoSport y le dijeron: "Alejate de esa campaña de mierda contra el hambre; éste es el último aviso". Lo golpearon fuertemente, le apuntaron con una pistola y lo dejaron a quince cuadras de la estación Gerli.
La tercera fue la vencida, y entonces Alberto Morlachetti, creador de esa fundación famosa, coordinador del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo e impulsor de la campaña nacional "El hambre es un crimen", se convenció de que la mafia no se detendría y que todos estaban en peligro de muerte.
No se equivocaba. Desde ese momento ocurrirían todavía cinco ataques más. Interceptaron a una docente en Temperley. Luego raptaron, golpearon y le realizaron perversas heridas leves con un cúter en brazos y piernas a otra educadora de ese movimiento humanitario. A los diez días se la llevaron de nuevo en José C. Paz, la narcotizaron y la dejaron tendida boca arriba en una plaza frente al cementerio de Chacarita. Lo mismo hicieron con otro maestro de un hogar para niños, que apareció tirado en plaza Constitución, y también con un voluntario que dejaron libre en el hipermercado Coto de Lanús después de un viaje de miedo y aprietes.
La razón de tanto ensañamiento es, aunque resulte increíble, una campaña pacífica pero multitudinaria que se lleva a cabo en todas las provincias y que tiene un fin noble: difundir la demencial hambruna por la que pasan millones de argentinos. La noticia llegó hace unos meses hasta el diario El País de Madrid, que comenzaba el artículo con esta estadística: "Ocho niños menores de cinco años mueren por desnutrición al día en la Argentina, uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo".
El protagonista de esta movida no gubernamental y de esta campaña amenazada es un hombre singular que empezó como canillita, estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires, dedicó su vida a los chicos pobres porque él mismo lo fue, y está sentado ahora frente a mí, en una casa de Avellaneda, adonde va Serrat de vez en cuando a tomarse unos mates y donde el Viejo -así le dicen todos con cariño- fuma indolentemente un cigarrillo tras otro.
Bordea los 66 años, tiene cáncer de próstata y arde en deseos de terminar el tratamiento y estar mejor para volver a vivir en la sede de la Fundación porque extraña terriblemente a los niños. Le señalo el cigarrillo y Alberto se ríe: "Fumé toda la vida, esto no tiene nada que ver con la próstata". Así que no me jodas, pudo haber agregado, pero se guarda el pensamiento por cortesía de recién conocido.
Vengo a contar su historia, y el Viejo lo sabe. Pocas veces accede a notas. No le gusta la exposición y me pide que no abunde demasiado en su enfermedad porque hay buenos pronósticos y porque no quiere aparecer vulnerable ante sus "hijos". Se lo ve bien, lúcido y afable. Los secuestros del año pasado se detuvieron misteriosamente, pero todavía siguen enviando de vez en cuando mensajes intimidatorios a sus celulares. ¿Quiénes son? ¿Quiénes pretenden desarticular una idea que busca concientizar sobre el gran drama argentino? ¿Existe una especie de nueva Triple A en la provincia de Buenos Aires? No hay respuestas, y entonces yo le pido que me cuente algo. Me cuenta una vida.
Morlachetti nació en el campo, pero su patria es Avellaneda. Vivía en un conventillo, en el tiempo del empedrado y el tranvía, cuando esa zona todavía estaba cruzada por la ética del trabajo. Alberto andaba todo el tiempo en la calle. "Hay delitos que para los pobres nunca prescriben -me dice recordando correrías que no quiere precisar-. La pobreza es dura, una cicatriz abierta."
Todavía existía el gallego del café de la esquina que lo escondía de la policía o le daba algo para comer. Igualmente recuerda esa sensación inolvidable: tener hambre, padecer ese dolor de estómago vuelto amargura y desesperanza. Alberto se salvó de lo peor porque sus padres lo mandaron al colegio y porque en el puesto de diarios se hizo adicto a la lectura. Pero muchos de sus compañeros se quedaron en el camino: "La pobreza no es una elección -me explica como si hiciera falta en esta sociedad frívola-. La pobreza es una imposición: te pone una pistola en la cabeza".
Alberto tiene una pena inmensa por esos pibes que no pudieron salir del laberinto. "A mis amigos les saquearon las palabras", me dice. La lucidez del lector, la posibilidad de amueblar la vida con libros, lo rescataron a él de un destino trágico. En su adolescencia, leía de todo: diarios, revistas, libros; Camus, Marx, el Nuevo Testamento. Y se quedaba en los potreros del crepúsculo pensando que era posible construir un paraíso en la tierra.
De forma natural, comenzó a organizar partidos de fútbol y después campeonatos, y a dirigir a equipos con chicos de la calle. Todavía era muy pobre cuando se anotó en la UBA y estudió sociología. Trabajaba y estudiaba y era un exotismo en el barrio. Alberto era sesentista. Los años 60 eran los años de los sueños. Pero su madre era católica. Le dejó un legado preciso: "Cuando algún día la vida te trate duramente, tomá la mano de un pobre".
Gracias al fútbol Alberto arrancó con su plan. Creó primero los "sábados de chocolate": partido y chocolatada con facturas, que garroneaba en panaderías del barrio. No lo hacía como una cuestión política ni por simple caridad. Lo hacía con amor legítimo por esos chicos, que provenían de villas, de orfandades, de la nada oscura. Lentamente, comenzaron a plegarse clubes, sociedades de fomento, vecinos.
El Viejo era joven, pero sabía perfectamente que debía construir un territorio. Lo hizo. Con rifas, con donaciones, con trabajos y rebusques, logró comprar dos lotes y levantar la Casa del Niño de Avellaneda. Desde ese dificultoso comienzo hasta ahora han pasado cerca de treinta años. Hoy tienen una imprenta, una panadería, dos hogares, una granja, bibliotecas, consultorios y sobre todo una organización nacional donde comparten alegrías y fuerzas con otros trescientos emprendimientos solidarios de todo el país, como la Red El Encuentro, de José C. Paz, o el Hogar Juan XXIII, de Avellaneda.
Cuando en los inicios Alberto Morlachetti abrió la sede de la Fundación y se mudó a ella con chicos de la calle, todo el mundo le decía que estaba loco. ¿Cómo era posible que alguien con tanta capacidad intelectual, que era docente universitario y había leído a Marcuse y seguido de cerca los textos de la Escuela de Francfort perdiera el tiempo en esos menesteres y se pusiera a tiro de esos chicos difíciles? Más allá de las convicciones, estaba la íntima necesidad de compartir su vida con aquellos niños de modales distintos y problemáticas duras pero que sabían querer mejor que nadie.
Los primeros fueron recogidos de cuevas indignas ubicadas detrás de la Facultad de Derecho. Alberto les dio cobijo, instrucción, horizonte y certidumbre. En 1977, comenzó el aluvión de los chicos callejeros, y Pelota de Trapo dio refugio a muchos de ellos. Alberto era el "padre" de todos y, al principio, tragaba saliva, en medio de sus contradicciones. Esos niños bravos tenían costumbres salvajes y lenguaje áspero. "Yo tuve que aprender de ellos -me dice-. Tuve que aprender para enseñarles."
Se enfrentó a la droga, que antes era la cocaína y el Poxiram y hoy es el paco, y a la prepotencia de la policía y sobre todo al prejuicio social. Morlachetti presenció, a lo largo de estas décadas cómo se dinamitaban en la Argentina los puentes de comunicación entre los grandes y los chicos de todas las clases sociales, y también cómo la sociedad iba colocando al niño en el lugar de victimario y enemigo público.
"Cuando un chico comete un error no es hora de estigmatizarlo y castigarlo con rigor sino de abrazarlo fuerte -explica-. A veces algunos de esos actos desesperados (no me refiero por supuesto a los homicidios ni a violencias graves) son incluso un buen signo. Un gesto de vida. Esas conductas violentas, transgresoras, antisociales, son una esperanza, como dice Winnicot, un notable de la psiquiatría. Mirá, los pibes librados a su suerte, los chicos abandonados, son un tema muy complejo. Si construir un vínculo no es algo espontáneo ni con el recién nacido, cuando toda la historia está por escribirse, ¿cómo se va a gestar un vínculo con el chico de la calle cuando en su historia nada pasó por seducirlo para la vida sino todo lo contrario? Suelto de madre es necesario domiciliarlo en un vínculo amoroso. No hay pedagogía sin ternura."
No puedo sino pensar en las noticias violentas que tienen a los menores como protagonistas absolutos. Pero también percibo, como en un ramalazo de luz, dos cosas: este hombre no es meramente un teórico, y como el padre Pepe de la Villa 21 y tantos otros soldados laicos o religiosos, políticos o apolíticos, de derecha o de izquierda, como tantos héroes en la trinchera de la miseria y el hambre, Alberto Morlachetti sabe de lo que habla aunque intente sacar el agua de un bote agujereado con la ayuda de un pocillo. Está solo en medio del mar. El Estado no lo acompaña más que con algunas becas y subsidios menores. El Estado no está ni para la foto. Sigue adelante con los médicos de la Fundación Garrahan, con donaciones y sobre todo con la buena voluntad de la gente.
Las grandes tesorerías de la política de cualquier signo faltan a la cita. Tal vez con esas tesorerías se podría practicar con eficiencia y masividad la política de la paciencia y la ternura, y no la ley de la reja y el gatillo. Pero más allá de discursos progresistas, hoy no hay plata para eso. Se ve que la plata rinde más en otro lado.
Muchos de aquellos niños rebeldes que al Viejo le daban dolores de cabeza hoy son señores con oficios y cargos bien rentados en empresas. Le traen ahora a sus nietos y le cuentan sus progresos. Son hombres hechos y derechos con la cultura del trabajo totalmente incorporada. Alberto recuerda cuando tenía que retarlos, cuando los esperaba despierto toda la noche hasta que volvían, cuando afrontaba con preocupación y a veces con humor sus diabluras.
"Una vez vienen a contarme que en una excursión uno de mis chicos, Ernesto, había robado manzanas de un puesto -recuerda con una sonrisa lluviosa-. Lo agarré al pibe y le dije: ¿cómo se te ocurre hacer eso? Momento, Alberto -me contestó-. No es así. Yo vi las manzanas rojas y sentí que me llamaban. "Ernesto, lleváme. Ernesto, lleváme", me decían las manzanas. Yo no las robé, sólo accedí a lo que me pedían." Ernesto hoy es fotógrafo y sigue cantando tangos, y tiene una buena familia. Era, en aquellos viejos tiempos, un residuo de la sociedad.
No piensa el Viejo que no haya que castigar el delito. Todo lo contrario: sostiene que se debe ser duro. Pero introduce una salvedad: "Los delitos grandes no los hacen los chicos". Le asombra el poco conocimiento que tienen los funcionarios sobre la problemática de la minoridad carenciada. Le dan vergüenza ajena. Y lo asusta que, comparados a los primeros chicos que él sacó del pozo, los pibes de esta década están más empobrecidos. Ahora el paco directamente los discapacita. "La droga, más allá del lucro, es funcional al sistema de dominación", dice enojado.
De pronto irrumpe en esa casa el hijo de una colaboradora cercana. Es un niño pequeño y Alberto deja la entrevista y la frente arrugada para abrazarlo y jugar con él con una felicidad impúdica. Es tan feliz ese hombre viejo con ese niño sonriente que quedo descolocado, como el involuntario voyeur de una intimidad sublime. Me doy cuenta en un gesto cuánto amor hizo falta para levantar todo esto. Y que ese amor no es impostado y racional, sino un torrente natural que le viene de muy adentro al canillita que se volvió campeón.
Luego nos recomienda que visitemos la panadería que levantaron en una esquina pelada. Quisiera venir con nosotros, pero el tratamiento lo tiene cansado. Los chicos de Alberto están, a esa hora, en la trastienda con el repostero. Preparan manjares. Los miro y me pregunto quién podría querer dañarlos. ¿Quiénes secuestraron, golpearon y amenazaron a esas personas buenas? ¿Quiénes envían todavía amenazas de muerte a celulares? ¿Existen incipientes escuadrones de la muerte en la provincia de Buenos Aires? ¿A quién beneficia callar la verdad?
El hambre es un crimen. Qué duda cabe. Una panadera de 17 años se sube a un banquito y anota, en un pizarrón donde hay una receta de pionono, esta frase: "Aquí no sólo se amasa el pan. Cobran sentido nuestros sueños. Echan a andar nuestros proyectos. Amasamos el país que amamos".
Deja el lápiz. Está prolija y orgullosa. Alguna vez esta chica tuvo la mirada opaca y fría. Pero ahora me mira con ojos brillantes. Asiento con la cabeza y salgo a la intemperie. Pienso en el Viejo.
Tiene que recuperarse rápido, Viejo, hay mucho trabajo. No me falle.
Cae la tarde sobre Avellaneda.
El personaje
ALBERTO MORLACHETTI
Creador de la Fundacion Pelota de Trapo
Quién es : tiene 66 años, es ex canillita, sociólogo de la UBA, creador de esa fundación e impulsor de la campaña nacional El hambre es un crimen.
Su obra : fundó hogares, cooperativas, jardines maternales, consultorios para carenciados, escuelas de oficio, granjas y redes sociales.
Distinciones : fue premiado y reconocido por Alemania, Suecia, Estados Unidos, el Instituto Bet-El, la Organización Mundial de la Salud, las Naciones Unidas y muchas instituciones argentinas y latinoamericanas. La Comunidad de Madrid le dio el Premio Infancia.
Fundación : para comunicarse hay que enviar e-mails a www.pelotadetrapo.org.ar
jueves, 11 de junio de 2009
Hidroponia. Cultivos sin tierra
PRODUCTOS Y SERVICIOS EN ARMONÍA CON LA NATURALEZA
Emprendedores de las islas del Tigre: turismo más producción sustentable
En la zona del Delta, crecen los establecimientos productivos que ofrecen alojamiento y visitas guiadas. Además de trekking y clases de canotaje, en las islas se pueden tomar cursos de apicultura o hidroponia.
Diario El Cronista de Buenos Aires, Argentina. Suplemento Pymes. Jueves 11 de junio de 2009
Todo empezó con una historia de amor de adolescentes. Mónica y Arturo Villahermosa se conocieron en el Delta. Sus familias pasaban las vacaciones en casas enfrentadas y divididas por el arroyo Espera, que por entonces sólo se cruzaba en canoa. Y después de pasar toda una vida juntos, tener hijos y un negocio en el barrio de Flores, en Buenos Aires, en 2002 decidieron volver a vivir en la isla, a 30 minutos en lancha desde el puerto de Tigre. La primera idea fue crear una huerta. Y un amigo los entusiasmó con los cultivos hidropónicos. Si algo sobra en las islas es agua...
Hoy, en el vivero hidropónico Villa Mónica se ofrecen cursos y se venden productos cultivados sin tierra. “Es un sistema de cultivo poco difundido en la Argentina, pero aportaría una solución inteligente al problema de la desnutrición, por su facilidad de implementación y su alto rendimiento”, dice Arturo. En 55 hectáreas de invernáculos, se consigue una producción similar de frutas y verduras a la que se logra en 1.200 hectáreas de cultivos convencionales. ¿Cómo es esto? En un metro cuadrado de tierra se pueden sembrar nueve plantas de lechuga, que se cosechan al cabo de 75 días. En cambio, con el sistema hidropónico se pueden sembrar 30 plantas por metro cuadrado, que están aptas para comer en 60 días. Suficiente para alimentar a una familia de cuatro personas, ya que se pueden intercalar con cultivos variados: tomates, berro, espinaca, rabanitos, berenjena y rúcula.
Hay cuatro esquemas para los cultivos hidropónicos: el primero se compone de tuberías ahuecadas, similar al sistema de riego por aspersión, aunque elevado y no subterráneo. El agua con nutrientes corre en forma intermitente por los tubos en un sistema cerrado, con lo que no hay desperdicio de agua potable. En cada orificio se coloca una semilla, que irá madurando hasta hacerse planta. El segundo esquema es una variante del anterior y consiste en colocar los cilindros en forma vertical. Es el más adecuado para cultivar frutillas, con la ventaja de que quedan limpias al sacarlas de la planta. El tercer esquema consiste en cultivos en macetas con una mezcla de turba y perlita en lugar de tierra. Es un sistema ideal para vegetales que crecen en plantas, como los tomates y berenjenas. El tercer esquema se denomina “floating” y es similar a colocar agua en una pecera con un sistema de oxigenación, arriba se coloca una plancha de telgopor agujereada, donde se siembran las verduras.
Un kit para empezar los cultivos hidropónicos cuesta $ 1.200, e incluye la capacitación. Si se saca la cuenta de cuánto una familia gasta en verduras y frutas en un año, la inversión es rentable. “Muchos pequeños productores que destinaron sus terrenos a la soja están tomando cursos de hidroponia para autoabastecerse y complementar sus ingresos con la venta de frutas y verduras”, dice Antonio. Por otra parte, “cada vez más personas se vuelcan a la alimentación natural, y hay pocas cosas tan gratificantes como cultivar los propios alimentos. Con el agregado de que los cultivos hidropónicos pueden hacerse hasta en un balcón”.
La propuesta que Mónica y Arturo ofrecen en su vivero es pasar un fin de semana en las cabañas y tomar un curso básico de hidroponia. Para los turistas que sólo van por el día, la opción es tomar el té y hacer una visita guiada al vivero para conocer los conceptos básicos de este método de cultivo del futuro.
El sabor de la miel
Marta Mattone es una pionera en el desarrollo de la apicultura en el Delta. Su padre fundó el establecimiento apícola Fe y Esperanza en 1946, y fue quien le enseñó el oficio. La familia de Marta vivió varios años en el Delta y luego se trasladó a Buenos Aires para que los hijos pudieran ir a la escuela. Sin embargo, una vez que se casó, a principios de los 80, volvió a vivir en la isla y retomó el negocio familiar de criar núcleos de colmenas, que es el insumo principal con el que trabajan los apicultores. Ni siquiera había luz eléctrica, y había pocos pobladores en la región. Una década después, resurgió el turismo y Marta se hizo conocida por la venta de miel pura y la producción de cerámicas en su taller. Los turistas que se acercaban hasta su casa en la isla de Tres Bocas para comprar miel, jalea y polen, comenzaron a interesarse por la capacitación. Marta implementó entonces cursos de cerámica y de apicultura. Hoy se ofrecen desde visitas guiadas al colmenar, hasta un curso completo de apicultura de tres meses. También, en combinación con otros emprendedores, se puede hacer trekking, canotaje, cabalgatas y pasar un día de campo con almuerzo campestre y merienda incluídos. Por otra parte, junto a su marido Sergio iniciaron un emprendimiento de cabañas turísticas (www.micasaeneltigre.com.ar). Hoy cuentan con cuatro casas totalmente equipadas en las que reciben a turistas de fin de semana (tanto argentinos como del exterior), y algunos inquilinos permanentes que se mudaron a las islas buscando una forma de vida menos acelerada y en mayor contacto con la naturaleza. “Uno aquí está alejado, pero al mismo tiempo está cerca del centro”, dice Sergio, quien viaja todos los días hasta su taller en el barrio de Villa Urquiza. “A mí me lleva 20 minutos llegar en lancha hasta una guardería en San Fernando, y de ahí son 30 minutos en auto o en tren hasta mi trabajo”, asegura.
En la época en que se fundó Fe y Esperanza, y hasta 1950, las islas del Delta eran el centro de producción frutihortícola que abastecía a Buenos Aires, y esto generaba actividades conexas, como la mimbrería para elaborar canastos. Pero la época dorada del Delta terminó con las inundaciones de los 50, reflejadas con crudeza en el clásico filme “Los isleros”, de Lucas Demare, con Tita Merello. Sin apoyo gubernamental, los pobladores perdieron todo y debieron emigrar hacia “tierra firme”. De los 25.000 habitantes que había, quedan apenas 5.000 permanentes, aunque según la Agencia de Desarrollo Turístico de Tigre, 60.000 personas visitan el Delta cada fin de semana.
Turismo sustentable
La actividad turística es hoy un pilar del desarrollo económico del Delta, desplazando a otras actividades extractivas e industriales. A partir de la crisis de 2002, se produjo un boom de desarrollos inmobiliarios con barrios cerrados y countries náuticos. Pero no se trata de un fenómeno nuevo. Durante la segunda mitad del siglo XIX la zona del Delta ya era un centro de recreación turística importante gracias a la visión de Domingo Sarmiento, quien instaló en una de las islas su casa de fin de semana, que se puede visitar como museo. Sarmiento insistió en las favorables posibilidades de desarrollo de las islas y luchó por los derechos de los colonos a poseer las tierras que trabajaban. Durante su gestión, la línea de ferrocarril a San Fernando se extendió a Tigre, lo que facilitó el comercio de productos del Delta, básicamente frutas frescas y sus derivados, y favoreció el establecimiento de lugares para pasar el día.
Desde la Agencia de Desarrollo Turístico del Tigre se promueven circuitos por las islas, como el de Tres Bocas, al que se llega tras 20 minutos de navegación en lancha colectiva, y se puede recorrer a pie, visitando distintos establecimientos productivos, restaurantes y casas de té. Uno de los más antiguos es el de La Riviera, que conserva el estilo original del “Recreo” construido hace 60 años.
Los emprendedores se agruparon en la Asociación Delta Natural para resolver problemas de infraestructura, como la recolección de basura. También participan de programas de capacitación, como el que llevan a cabo junto al INTA sobre “turismo rural y establecimientos agrícolas sustentables”, y arman promociones conjuntas para los turistas. Los nuevos isleros demuestran que es posible combinar producción, turismo y naturaleza para crecer en forma sustentable.
María Gabriela Ensinck
Emprendedores de las islas del Tigre: turismo más producción sustentable
En la zona del Delta, crecen los establecimientos productivos que ofrecen alojamiento y visitas guiadas. Además de trekking y clases de canotaje, en las islas se pueden tomar cursos de apicultura o hidroponia.
Diario El Cronista de Buenos Aires, Argentina. Suplemento Pymes. Jueves 11 de junio de 2009
Todo empezó con una historia de amor de adolescentes. Mónica y Arturo Villahermosa se conocieron en el Delta. Sus familias pasaban las vacaciones en casas enfrentadas y divididas por el arroyo Espera, que por entonces sólo se cruzaba en canoa. Y después de pasar toda una vida juntos, tener hijos y un negocio en el barrio de Flores, en Buenos Aires, en 2002 decidieron volver a vivir en la isla, a 30 minutos en lancha desde el puerto de Tigre. La primera idea fue crear una huerta. Y un amigo los entusiasmó con los cultivos hidropónicos. Si algo sobra en las islas es agua...
Hoy, en el vivero hidropónico Villa Mónica se ofrecen cursos y se venden productos cultivados sin tierra. “Es un sistema de cultivo poco difundido en la Argentina, pero aportaría una solución inteligente al problema de la desnutrición, por su facilidad de implementación y su alto rendimiento”, dice Arturo. En 55 hectáreas de invernáculos, se consigue una producción similar de frutas y verduras a la que se logra en 1.200 hectáreas de cultivos convencionales. ¿Cómo es esto? En un metro cuadrado de tierra se pueden sembrar nueve plantas de lechuga, que se cosechan al cabo de 75 días. En cambio, con el sistema hidropónico se pueden sembrar 30 plantas por metro cuadrado, que están aptas para comer en 60 días. Suficiente para alimentar a una familia de cuatro personas, ya que se pueden intercalar con cultivos variados: tomates, berro, espinaca, rabanitos, berenjena y rúcula.
Hay cuatro esquemas para los cultivos hidropónicos: el primero se compone de tuberías ahuecadas, similar al sistema de riego por aspersión, aunque elevado y no subterráneo. El agua con nutrientes corre en forma intermitente por los tubos en un sistema cerrado, con lo que no hay desperdicio de agua potable. En cada orificio se coloca una semilla, que irá madurando hasta hacerse planta. El segundo esquema es una variante del anterior y consiste en colocar los cilindros en forma vertical. Es el más adecuado para cultivar frutillas, con la ventaja de que quedan limpias al sacarlas de la planta. El tercer esquema consiste en cultivos en macetas con una mezcla de turba y perlita en lugar de tierra. Es un sistema ideal para vegetales que crecen en plantas, como los tomates y berenjenas. El tercer esquema se denomina “floating” y es similar a colocar agua en una pecera con un sistema de oxigenación, arriba se coloca una plancha de telgopor agujereada, donde se siembran las verduras.
Un kit para empezar los cultivos hidropónicos cuesta $ 1.200, e incluye la capacitación. Si se saca la cuenta de cuánto una familia gasta en verduras y frutas en un año, la inversión es rentable. “Muchos pequeños productores que destinaron sus terrenos a la soja están tomando cursos de hidroponia para autoabastecerse y complementar sus ingresos con la venta de frutas y verduras”, dice Antonio. Por otra parte, “cada vez más personas se vuelcan a la alimentación natural, y hay pocas cosas tan gratificantes como cultivar los propios alimentos. Con el agregado de que los cultivos hidropónicos pueden hacerse hasta en un balcón”.
La propuesta que Mónica y Arturo ofrecen en su vivero es pasar un fin de semana en las cabañas y tomar un curso básico de hidroponia. Para los turistas que sólo van por el día, la opción es tomar el té y hacer una visita guiada al vivero para conocer los conceptos básicos de este método de cultivo del futuro.
El sabor de la miel
Marta Mattone es una pionera en el desarrollo de la apicultura en el Delta. Su padre fundó el establecimiento apícola Fe y Esperanza en 1946, y fue quien le enseñó el oficio. La familia de Marta vivió varios años en el Delta y luego se trasladó a Buenos Aires para que los hijos pudieran ir a la escuela. Sin embargo, una vez que se casó, a principios de los 80, volvió a vivir en la isla y retomó el negocio familiar de criar núcleos de colmenas, que es el insumo principal con el que trabajan los apicultores. Ni siquiera había luz eléctrica, y había pocos pobladores en la región. Una década después, resurgió el turismo y Marta se hizo conocida por la venta de miel pura y la producción de cerámicas en su taller. Los turistas que se acercaban hasta su casa en la isla de Tres Bocas para comprar miel, jalea y polen, comenzaron a interesarse por la capacitación. Marta implementó entonces cursos de cerámica y de apicultura. Hoy se ofrecen desde visitas guiadas al colmenar, hasta un curso completo de apicultura de tres meses. También, en combinación con otros emprendedores, se puede hacer trekking, canotaje, cabalgatas y pasar un día de campo con almuerzo campestre y merienda incluídos. Por otra parte, junto a su marido Sergio iniciaron un emprendimiento de cabañas turísticas (www.micasaeneltigre.com.ar). Hoy cuentan con cuatro casas totalmente equipadas en las que reciben a turistas de fin de semana (tanto argentinos como del exterior), y algunos inquilinos permanentes que se mudaron a las islas buscando una forma de vida menos acelerada y en mayor contacto con la naturaleza. “Uno aquí está alejado, pero al mismo tiempo está cerca del centro”, dice Sergio, quien viaja todos los días hasta su taller en el barrio de Villa Urquiza. “A mí me lleva 20 minutos llegar en lancha hasta una guardería en San Fernando, y de ahí son 30 minutos en auto o en tren hasta mi trabajo”, asegura.
En la época en que se fundó Fe y Esperanza, y hasta 1950, las islas del Delta eran el centro de producción frutihortícola que abastecía a Buenos Aires, y esto generaba actividades conexas, como la mimbrería para elaborar canastos. Pero la época dorada del Delta terminó con las inundaciones de los 50, reflejadas con crudeza en el clásico filme “Los isleros”, de Lucas Demare, con Tita Merello. Sin apoyo gubernamental, los pobladores perdieron todo y debieron emigrar hacia “tierra firme”. De los 25.000 habitantes que había, quedan apenas 5.000 permanentes, aunque según la Agencia de Desarrollo Turístico de Tigre, 60.000 personas visitan el Delta cada fin de semana.
Turismo sustentable
La actividad turística es hoy un pilar del desarrollo económico del Delta, desplazando a otras actividades extractivas e industriales. A partir de la crisis de 2002, se produjo un boom de desarrollos inmobiliarios con barrios cerrados y countries náuticos. Pero no se trata de un fenómeno nuevo. Durante la segunda mitad del siglo XIX la zona del Delta ya era un centro de recreación turística importante gracias a la visión de Domingo Sarmiento, quien instaló en una de las islas su casa de fin de semana, que se puede visitar como museo. Sarmiento insistió en las favorables posibilidades de desarrollo de las islas y luchó por los derechos de los colonos a poseer las tierras que trabajaban. Durante su gestión, la línea de ferrocarril a San Fernando se extendió a Tigre, lo que facilitó el comercio de productos del Delta, básicamente frutas frescas y sus derivados, y favoreció el establecimiento de lugares para pasar el día.
Desde la Agencia de Desarrollo Turístico del Tigre se promueven circuitos por las islas, como el de Tres Bocas, al que se llega tras 20 minutos de navegación en lancha colectiva, y se puede recorrer a pie, visitando distintos establecimientos productivos, restaurantes y casas de té. Uno de los más antiguos es el de La Riviera, que conserva el estilo original del “Recreo” construido hace 60 años.
Los emprendedores se agruparon en la Asociación Delta Natural para resolver problemas de infraestructura, como la recolección de basura. También participan de programas de capacitación, como el que llevan a cabo junto al INTA sobre “turismo rural y establecimientos agrícolas sustentables”, y arman promociones conjuntas para los turistas. Los nuevos isleros demuestran que es posible combinar producción, turismo y naturaleza para crecer en forma sustentable.
María Gabriela Ensinck
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Desarrollo Sustentable
miércoles, 10 de junio de 2009
Biocombustibles. La nueva frontera
Biocombustibles: la nueva frontera
El paso del tiempo acota cada vez más los recursos fósiles; los especialistas dicen que es hora de acelerar la generación de energías alternativas
Sábado 6 de junio de 2009 | Publicado en edición impresa del diario La Nación de Buenos Aires, Argentina
El mundo se acerca cada vez más a la última frontera de los combustibles fósiles. No habrá petróleo para siempre. ¿Ha llegado el momento, entonces, de acelerar el paso en la producción de la bioenergía, del biogás y de los biocombustibles como alternativa? Algunos países ya lo están haciendo, y la Argentina no debe perder el tren.
Alemania es líder en el desarrollo de tecnologías para las energías renovables, tanto en la sustitución de combustibles fósiles derivados del petróleo como en la reducción en la emisión de gases con efecto invernadero.
En los Estados Unidos, Barack Obama lleva adelante su "agenda verde", que en plena campaña presidencial planteaba la creación de tres millones de puestos de trabajo y el impulso de la agricultura energética.
"En estos días, el gobierno norteamericano incrementó su apuesta llevando a 15.000 millones de dólares los niveles de inversión en laboratorios e investigación, carrera que se asemeja a la de los años 60, que se hizo para llevar al hombre a la luna", dijo el ingeniero Jorge Hilbert, del Instituto de Ingeniería Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
En América del Sur, países como Perú, Chile y Brasil tienen pleno desarrollo estas tecnologías. La semana pasada, en San Pablo, se realizó la segunda cumbre del Etanol para discutir el futuro de este biocombustible.
A fines de este mes China realizará en Pekín un congreso sobre biocombustibles y etanol. "Tanto el gigante asiático como India entendieron muy bien que debían abrir sus fronteras al ingreso de tecnologías verdes. Las aprendieron y ya las ejecutan por sí solos", dijo a LA NACION Tobías Winter, supervisor de Medio Ambiente y Energías Renovables de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana en Buenos Aires.
Tanto Winter como Hilbert participaron del Foro Tecnológico Argentino-Alemán de Bioenergía, realizado el miércoles pasado en Buenos Aires y donde hablaron otros destacados especialistas.
En el país
Desde el año último en la Argentina el INTA lleva adelante el Programa Nacional de Bioenergía. "Los proyectos apuntan a distintas fuentes de biomasa (productos vegetales, residuos agropecuarios y agroindustriales, entre otros) de cuyo aprovechamiento surge la bionergía", definió Hilbert.
¿Y qué se entiende por bioenergía? "Es todo componente de origen biológico factible de ser convertible en lo que nosotros llamamos vector energético que puede ser gaseoso, líquido o sólido y excluimos de esta definición el petróleo, el gas y carbón, que tienen el mimo origen pero que pasaron millones de años para que eso quedara almacenado en las profundidad de las distintas capas del suelo."
Uno de los proyectos trabaja sobre residuos y cultivos con finalidad energética. Otro está orientado a cultivos de desarrollo estratégico como la jatrofa (una planta de la familia del risino, es un arbusto perenne, de zona tropical y subtropical) y un tercero se ocupa de lo que son los biocombustibles de segunda y tercera generación, que tienen que ver con el aprovechamiento de la celulosa.
¿Por qué vale la pena pensar en la bioenergía?, se lo consultó. "Porque es una de las alternativas energéticas de un conjunto donde están incluidas la solar y la eólica", respondió Hilbert, pero advirtió que no es la solución para el reemplazo del petróleo ni mucho menos.
En el caso particular del biodiésel, Hilbert dijo que la capacidad instalada en la Argentina ronda el millón y medio de toneladas de producción en las plantas ubicadas cerca del complejo portuario en Rosario, en donde también se levantan las aceiteras.
Pero agregó que la industria del biodiésel tiene fuertes vaivenes del mercado así que nada es de extrañar que las plantas en determinados períodos se encuentren no operativas cuando sea más rentable exportar directamente el aceite.
Los biodigestores
Como se dijo, esta actividad en el país es incipiente. Y algunos casos valen como ejemplo. Es lo que ocurre con la empresa Bio Metanos del Sur SA. Juan Pablo García Delfino, del departamento comercial, explicó cómo trabajan.
"Hace cinco años comenzamos a buscar una solución ambiental por los malos olores que emitía el criadero con un plantel de 10.000 animales, ubicado a unos cuatro kilómetros del centro de Marcos Paz, localidad ubicada a unos 50 kilómetros de la Capital Federal", señaló el empresario.
"Como acá en la Argentina no encontramos soluciones, el gerente de la empresa, Hugo García, viajó a Brasil y allí se contactó con una empresa japonesa que estaba instalando su primer biodigestor en ese país", agregó García Delfino.
Explicó que con una inversión de 150.000 dólares trajeron los nuevos equipos para el criadero.
El biodigestor es como una gran bolsa hermética de PVC en donde se depositan por un caño (también de PVC termofusionado) el estiércol, la orina de los animales y el agua de la limpieza de los galpones.
"A los 30 días, por un proceso de fermentación surge el biogás que se acumula en la parte superior de la estructura mientras que por vasos comunicantes los líquidos escurren hacia una pileta de contención y se utilizan como fertilizantes", agregó.
El biogás lo utilizan para calentar los granos de soja (se desactiva la proteína que no pueden digerir los animales) de uso propio en la alimentación de sus rodeos y de terceros, lo que le representa el ahorro del gas que compraban (18.000 pesos por mes) e ingresos extras por el servicio a otros criaderos.
Otro ejemplo
Uno de los disertantes del foro, Karl Reinhard Kolmsee, de la empresa Smart Utilities Solutions GmbH, de Alemania, contó el ejemplo de un cliente que tienen en el Perú.
Se trata de un establecimiento avícola, que no sabía qué hacer con la acumulación de guano, "que es muy agresivo para utilizarlo directamente como fertilizante".
Entonces, según Kolmsee, la empresa decidió incorporar biodigestores, con los cuales, tras el proceso de fermentación obtiene el gas que se utiliza para uso propio en los calefactores de los galpones del criadero, y para alimentar los generadores de electricidad, mientras que los líquidos se destinan como fertilizantes.
Por Roberto Seifert
LA NACION
El paso del tiempo acota cada vez más los recursos fósiles; los especialistas dicen que es hora de acelerar la generación de energías alternativas
Sábado 6 de junio de 2009 | Publicado en edición impresa del diario La Nación de Buenos Aires, Argentina
El mundo se acerca cada vez más a la última frontera de los combustibles fósiles. No habrá petróleo para siempre. ¿Ha llegado el momento, entonces, de acelerar el paso en la producción de la bioenergía, del biogás y de los biocombustibles como alternativa? Algunos países ya lo están haciendo, y la Argentina no debe perder el tren.
Alemania es líder en el desarrollo de tecnologías para las energías renovables, tanto en la sustitución de combustibles fósiles derivados del petróleo como en la reducción en la emisión de gases con efecto invernadero.
En los Estados Unidos, Barack Obama lleva adelante su "agenda verde", que en plena campaña presidencial planteaba la creación de tres millones de puestos de trabajo y el impulso de la agricultura energética.
"En estos días, el gobierno norteamericano incrementó su apuesta llevando a 15.000 millones de dólares los niveles de inversión en laboratorios e investigación, carrera que se asemeja a la de los años 60, que se hizo para llevar al hombre a la luna", dijo el ingeniero Jorge Hilbert, del Instituto de Ingeniería Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
En América del Sur, países como Perú, Chile y Brasil tienen pleno desarrollo estas tecnologías. La semana pasada, en San Pablo, se realizó la segunda cumbre del Etanol para discutir el futuro de este biocombustible.
A fines de este mes China realizará en Pekín un congreso sobre biocombustibles y etanol. "Tanto el gigante asiático como India entendieron muy bien que debían abrir sus fronteras al ingreso de tecnologías verdes. Las aprendieron y ya las ejecutan por sí solos", dijo a LA NACION Tobías Winter, supervisor de Medio Ambiente y Energías Renovables de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana en Buenos Aires.
Tanto Winter como Hilbert participaron del Foro Tecnológico Argentino-Alemán de Bioenergía, realizado el miércoles pasado en Buenos Aires y donde hablaron otros destacados especialistas.
En el país
Desde el año último en la Argentina el INTA lleva adelante el Programa Nacional de Bioenergía. "Los proyectos apuntan a distintas fuentes de biomasa (productos vegetales, residuos agropecuarios y agroindustriales, entre otros) de cuyo aprovechamiento surge la bionergía", definió Hilbert.
¿Y qué se entiende por bioenergía? "Es todo componente de origen biológico factible de ser convertible en lo que nosotros llamamos vector energético que puede ser gaseoso, líquido o sólido y excluimos de esta definición el petróleo, el gas y carbón, que tienen el mimo origen pero que pasaron millones de años para que eso quedara almacenado en las profundidad de las distintas capas del suelo."
Uno de los proyectos trabaja sobre residuos y cultivos con finalidad energética. Otro está orientado a cultivos de desarrollo estratégico como la jatrofa (una planta de la familia del risino, es un arbusto perenne, de zona tropical y subtropical) y un tercero se ocupa de lo que son los biocombustibles de segunda y tercera generación, que tienen que ver con el aprovechamiento de la celulosa.
¿Por qué vale la pena pensar en la bioenergía?, se lo consultó. "Porque es una de las alternativas energéticas de un conjunto donde están incluidas la solar y la eólica", respondió Hilbert, pero advirtió que no es la solución para el reemplazo del petróleo ni mucho menos.
En el caso particular del biodiésel, Hilbert dijo que la capacidad instalada en la Argentina ronda el millón y medio de toneladas de producción en las plantas ubicadas cerca del complejo portuario en Rosario, en donde también se levantan las aceiteras.
Pero agregó que la industria del biodiésel tiene fuertes vaivenes del mercado así que nada es de extrañar que las plantas en determinados períodos se encuentren no operativas cuando sea más rentable exportar directamente el aceite.
Los biodigestores
Como se dijo, esta actividad en el país es incipiente. Y algunos casos valen como ejemplo. Es lo que ocurre con la empresa Bio Metanos del Sur SA. Juan Pablo García Delfino, del departamento comercial, explicó cómo trabajan.
"Hace cinco años comenzamos a buscar una solución ambiental por los malos olores que emitía el criadero con un plantel de 10.000 animales, ubicado a unos cuatro kilómetros del centro de Marcos Paz, localidad ubicada a unos 50 kilómetros de la Capital Federal", señaló el empresario.
"Como acá en la Argentina no encontramos soluciones, el gerente de la empresa, Hugo García, viajó a Brasil y allí se contactó con una empresa japonesa que estaba instalando su primer biodigestor en ese país", agregó García Delfino.
Explicó que con una inversión de 150.000 dólares trajeron los nuevos equipos para el criadero.
El biodigestor es como una gran bolsa hermética de PVC en donde se depositan por un caño (también de PVC termofusionado) el estiércol, la orina de los animales y el agua de la limpieza de los galpones.
"A los 30 días, por un proceso de fermentación surge el biogás que se acumula en la parte superior de la estructura mientras que por vasos comunicantes los líquidos escurren hacia una pileta de contención y se utilizan como fertilizantes", agregó.
El biogás lo utilizan para calentar los granos de soja (se desactiva la proteína que no pueden digerir los animales) de uso propio en la alimentación de sus rodeos y de terceros, lo que le representa el ahorro del gas que compraban (18.000 pesos por mes) e ingresos extras por el servicio a otros criaderos.
Otro ejemplo
Uno de los disertantes del foro, Karl Reinhard Kolmsee, de la empresa Smart Utilities Solutions GmbH, de Alemania, contó el ejemplo de un cliente que tienen en el Perú.
Se trata de un establecimiento avícola, que no sabía qué hacer con la acumulación de guano, "que es muy agresivo para utilizarlo directamente como fertilizante".
Entonces, según Kolmsee, la empresa decidió incorporar biodigestores, con los cuales, tras el proceso de fermentación obtiene el gas que se utiliza para uso propio en los calefactores de los galpones del criadero, y para alimentar los generadores de electricidad, mientras que los líquidos se destinan como fertilizantes.
Por Roberto Seifert
LA NACION
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