jueves, 11 de junio de 2009

Hidroponia. Cultivos sin tierra

PRODUCTOS Y SERVICIOS EN ARMONÍA CON LA NATURALEZA
Emprendedores de las islas del Tigre: turismo más producción sustentable
En la zona del Delta, crecen los establecimientos productivos que ofrecen alojamiento y visitas guiadas. Además de trekking y clases de canotaje, en las islas se pueden tomar cursos de apicultura o hidroponia.

Diario El Cronista de Buenos Aires, Argentina. Suplemento Pymes. Jueves 11 de junio de 2009

Todo empezó con una historia de amor de adolescentes. Mónica y Arturo Villahermosa se conocieron en el Delta. Sus familias pasaban las vacaciones en casas enfrentadas y divididas por el arroyo Espera, que por entonces sólo se cruzaba en canoa. Y después de pasar toda una vida juntos, tener hijos y un negocio en el barrio de Flores, en Buenos Aires, en 2002 decidieron volver a vivir en la isla, a 30 minutos en lancha desde el puerto de Tigre. La primera idea fue crear una huerta. Y un amigo los entusiasmó con los cultivos hidropónicos. Si algo sobra en las islas es agua...

Hoy, en el vivero hidropónico Villa Mónica se ofrecen cursos y se venden productos cultivados sin tierra. “Es un sistema de cultivo poco difundido en la Argentina, pero aportaría una solución inteligente al problema de la desnutrición, por su facilidad de implementación y su alto rendimiento”, dice Arturo. En 55 hectáreas de invernáculos, se consigue una producción similar de frutas y verduras a la que se logra en 1.200 hectáreas de cultivos convencionales. ¿Cómo es esto? En un metro cuadrado de tierra se pueden sembrar nueve plantas de lechuga, que se cosechan al cabo de 75 días. En cambio, con el sistema hidropónico se pueden sembrar 30 plantas por metro cuadrado, que están aptas para comer en 60 días. Suficiente para alimentar a una familia de cuatro personas, ya que se pueden intercalar con cultivos variados: tomates, berro, espinaca, rabanitos, berenjena y rúcula.

Hay cuatro esquemas para los cultivos hidropónicos: el primero se compone de tuberías ahuecadas, similar al sistema de riego por aspersión, aunque elevado y no subterráneo. El agua con nutrientes corre en forma intermitente por los tubos en un sistema cerrado, con lo que no hay desperdicio de agua potable. En cada orificio se coloca una semilla, que irá madurando hasta hacerse planta. El segundo esquema es una variante del anterior y consiste en colocar los cilindros en forma vertical. Es el más adecuado para cultivar frutillas, con la ventaja de que quedan limpias al sacarlas de la planta. El tercer esquema consiste en cultivos en macetas con una mezcla de turba y perlita en lugar de tierra. Es un sistema ideal para vegetales que crecen en plantas, como los tomates y berenjenas. El tercer esquema se denomina “floating” y es similar a colocar agua en una pecera con un sistema de oxigenación, arriba se coloca una plancha de telgopor agujereada, donde se siembran las verduras.

Un kit para empezar los cultivos hidropónicos cuesta $ 1.200, e incluye la capacitación. Si se saca la cuenta de cuánto una familia gasta en verduras y frutas en un año, la inversión es rentable. “Muchos pequeños productores que destinaron sus terrenos a la soja están tomando cursos de hidroponia para autoabastecerse y complementar sus ingresos con la venta de frutas y verduras”, dice Antonio. Por otra parte, “cada vez más personas se vuelcan a la alimentación natural, y hay pocas cosas tan gratificantes como cultivar los propios alimentos. Con el agregado de que los cultivos hidropónicos pueden hacerse hasta en un balcón”.

La propuesta que Mónica y Arturo ofrecen en su vivero es pasar un fin de semana en las cabañas y tomar un curso básico de hidroponia. Para los turistas que sólo van por el día, la opción es tomar el té y hacer una visita guiada al vivero para conocer los conceptos básicos de este método de cultivo del futuro.

El sabor de la miel

Marta Mattone es una pionera en el desarrollo de la apicultura en el Delta. Su padre fundó el establecimiento apícola Fe y Esperanza en 1946, y fue quien le enseñó el oficio. La familia de Marta vivió varios años en el Delta y luego se trasladó a Buenos Aires para que los hijos pudieran ir a la escuela. Sin embargo, una vez que se casó, a principios de los 80, volvió a vivir en la isla y retomó el negocio familiar de criar núcleos de colmenas, que es el insumo principal con el que trabajan los apicultores. Ni siquiera había luz eléctrica, y había pocos pobladores en la región. Una década después, resurgió el turismo y Marta se hizo conocida por la venta de miel pura y la producción de cerámicas en su taller. Los turistas que se acercaban hasta su casa en la isla de Tres Bocas para comprar miel, jalea y polen, comenzaron a interesarse por la capacitación. Marta implementó entonces cursos de cerámica y de apicultura. Hoy se ofrecen desde visitas guiadas al colmenar, hasta un curso completo de apicultura de tres meses. También, en combinación con otros emprendedores, se puede hacer trekking, canotaje, cabalgatas y pasar un día de campo con almuerzo campestre y merienda incluídos. Por otra parte, junto a su marido Sergio iniciaron un emprendimiento de cabañas turísticas (www.micasaeneltigre.com.ar). Hoy cuentan con cuatro casas totalmente equipadas en las que reciben a turistas de fin de semana (tanto argentinos como del exterior), y algunos inquilinos permanentes que se mudaron a las islas buscando una forma de vida menos acelerada y en mayor contacto con la naturaleza. “Uno aquí está alejado, pero al mismo tiempo está cerca del centro”, dice Sergio, quien viaja todos los días hasta su taller en el barrio de Villa Urquiza. “A mí me lleva 20 minutos llegar en lancha hasta una guardería en San Fernando, y de ahí son 30 minutos en auto o en tren hasta mi trabajo”, asegura.

En la época en que se fundó Fe y Esperanza, y hasta 1950, las islas del Delta eran el centro de producción frutihortícola que abastecía a Buenos Aires, y esto generaba actividades conexas, como la mimbrería para elaborar canastos. Pero la época dorada del Delta terminó con las inundaciones de los 50, reflejadas con crudeza en el clásico filme “Los isleros”, de Lucas Demare, con Tita Merello. Sin apoyo gubernamental, los pobladores perdieron todo y debieron emigrar hacia “tierra firme”. De los 25.000 habitantes que había, quedan apenas 5.000 permanentes, aunque según la Agencia de Desarrollo Turístico de Tigre, 60.000 personas visitan el Delta cada fin de semana.

Turismo sustentable

La actividad turística es hoy un pilar del desarrollo económico del Delta, desplazando a otras actividades extractivas e industriales. A partir de la crisis de 2002, se produjo un boom de desarrollos inmobiliarios con barrios cerrados y countries náuticos. Pero no se trata de un fenómeno nuevo. Durante la segunda mitad del siglo XIX la zona del Delta ya era un centro de recreación turística importante gracias a la visión de Domingo Sarmiento, quien instaló en una de las islas su casa de fin de semana, que se puede visitar como museo. Sarmiento insistió en las favorables posibilidades de desarrollo de las islas y luchó por los derechos de los colonos a poseer las tierras que trabajaban. Durante su gestión, la línea de ferrocarril a San Fernando se extendió a Tigre, lo que facilitó el comercio de productos del Delta, básicamente frutas frescas y sus derivados, y favoreció el establecimiento de lugares para pasar el día.

Desde la Agencia de Desarrollo Turístico del Tigre se promueven circuitos por las islas, como el de Tres Bocas, al que se llega tras 20 minutos de navegación en lancha colectiva, y se puede recorrer a pie, visitando distintos establecimientos productivos, restaurantes y casas de té. Uno de los más antiguos es el de La Riviera, que conserva el estilo original del “Recreo” construido hace 60 años.

Los emprendedores se agruparon en la Asociación Delta Natural para resolver problemas de infraestructura, como la recolección de basura. También participan de programas de capacitación, como el que llevan a cabo junto al INTA sobre “turismo rural y establecimientos agrícolas sustentables”, y arman promociones conjuntas para los turistas. Los nuevos isleros demuestran que es posible combinar producción, turismo y naturaleza para crecer en forma sustentable.

María Gabriela Ensinck

miércoles, 10 de junio de 2009

Biocombustibles. La nueva frontera

Biocombustibles: la nueva frontera
El paso del tiempo acota cada vez más los recursos fósiles; los especialistas dicen que es hora de acelerar la generación de energías alternativas

Sábado 6 de junio de 2009 | Publicado en edición impresa del diario La Nación de Buenos Aires, Argentina

El mundo se acerca cada vez más a la última frontera de los combustibles fósiles. No habrá petróleo para siempre. ¿Ha llegado el momento, entonces, de acelerar el paso en la producción de la bioenergía, del biogás y de los biocombustibles como alternativa? Algunos países ya lo están haciendo, y la Argentina no debe perder el tren.

Alemania es líder en el desarrollo de tecnologías para las energías renovables, tanto en la sustitución de combustibles fósiles derivados del petróleo como en la reducción en la emisión de gases con efecto invernadero.

En los Estados Unidos, Barack Obama lleva adelante su "agenda verde", que en plena campaña presidencial planteaba la creación de tres millones de puestos de trabajo y el impulso de la agricultura energética.

"En estos días, el gobierno norteamericano incrementó su apuesta llevando a 15.000 millones de dólares los niveles de inversión en laboratorios e investigación, carrera que se asemeja a la de los años 60, que se hizo para llevar al hombre a la luna", dijo el ingeniero Jorge Hilbert, del Instituto de Ingeniería Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

En América del Sur, países como Perú, Chile y Brasil tienen pleno desarrollo estas tecnologías. La semana pasada, en San Pablo, se realizó la segunda cumbre del Etanol para discutir el futuro de este biocombustible.

A fines de este mes China realizará en Pekín un congreso sobre biocombustibles y etanol. "Tanto el gigante asiático como India entendieron muy bien que debían abrir sus fronteras al ingreso de tecnologías verdes. Las aprendieron y ya las ejecutan por sí solos", dijo a LA NACION Tobías Winter, supervisor de Medio Ambiente y Energías Renovables de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana en Buenos Aires.

Tanto Winter como Hilbert participaron del Foro Tecnológico Argentino-Alemán de Bioenergía, realizado el miércoles pasado en Buenos Aires y donde hablaron otros destacados especialistas.

En el país
Desde el año último en la Argentina el INTA lleva adelante el Programa Nacional de Bioenergía. "Los proyectos apuntan a distintas fuentes de biomasa (productos vegetales, residuos agropecuarios y agroindustriales, entre otros) de cuyo aprovechamiento surge la bionergía", definió Hilbert.

¿Y qué se entiende por bioenergía? "Es todo componente de origen biológico factible de ser convertible en lo que nosotros llamamos vector energético que puede ser gaseoso, líquido o sólido y excluimos de esta definición el petróleo, el gas y carbón, que tienen el mimo origen pero que pasaron millones de años para que eso quedara almacenado en las profundidad de las distintas capas del suelo."

Uno de los proyectos trabaja sobre residuos y cultivos con finalidad energética. Otro está orientado a cultivos de desarrollo estratégico como la jatrofa (una planta de la familia del risino, es un arbusto perenne, de zona tropical y subtropical) y un tercero se ocupa de lo que son los biocombustibles de segunda y tercera generación, que tienen que ver con el aprovechamiento de la celulosa.

¿Por qué vale la pena pensar en la bioenergía?, se lo consultó. "Porque es una de las alternativas energéticas de un conjunto donde están incluidas la solar y la eólica", respondió Hilbert, pero advirtió que no es la solución para el reemplazo del petróleo ni mucho menos.

En el caso particular del biodiésel, Hilbert dijo que la capacidad instalada en la Argentina ronda el millón y medio de toneladas de producción en las plantas ubicadas cerca del complejo portuario en Rosario, en donde también se levantan las aceiteras.

Pero agregó que la industria del biodiésel tiene fuertes vaivenes del mercado así que nada es de extrañar que las plantas en determinados períodos se encuentren no operativas cuando sea más rentable exportar directamente el aceite.

Los biodigestores
Como se dijo, esta actividad en el país es incipiente. Y algunos casos valen como ejemplo. Es lo que ocurre con la empresa Bio Metanos del Sur SA. Juan Pablo García Delfino, del departamento comercial, explicó cómo trabajan.

"Hace cinco años comenzamos a buscar una solución ambiental por los malos olores que emitía el criadero con un plantel de 10.000 animales, ubicado a unos cuatro kilómetros del centro de Marcos Paz, localidad ubicada a unos 50 kilómetros de la Capital Federal", señaló el empresario.

"Como acá en la Argentina no encontramos soluciones, el gerente de la empresa, Hugo García, viajó a Brasil y allí se contactó con una empresa japonesa que estaba instalando su primer biodigestor en ese país", agregó García Delfino.

Explicó que con una inversión de 150.000 dólares trajeron los nuevos equipos para el criadero.

El biodigestor es como una gran bolsa hermética de PVC en donde se depositan por un caño (también de PVC termofusionado) el estiércol, la orina de los animales y el agua de la limpieza de los galpones.

"A los 30 días, por un proceso de fermentación surge el biogás que se acumula en la parte superior de la estructura mientras que por vasos comunicantes los líquidos escurren hacia una pileta de contención y se utilizan como fertilizantes", agregó.

El biogás lo utilizan para calentar los granos de soja (se desactiva la proteína que no pueden digerir los animales) de uso propio en la alimentación de sus rodeos y de terceros, lo que le representa el ahorro del gas que compraban (18.000 pesos por mes) e ingresos extras por el servicio a otros criaderos.

Otro ejemplo
Uno de los disertantes del foro, Karl Reinhard Kolmsee, de la empresa Smart Utilities Solutions GmbH, de Alemania, contó el ejemplo de un cliente que tienen en el Perú.

Se trata de un establecimiento avícola, que no sabía qué hacer con la acumulación de guano, "que es muy agresivo para utilizarlo directamente como fertilizante".

Entonces, según Kolmsee, la empresa decidió incorporar biodigestores, con los cuales, tras el proceso de fermentación obtiene el gas que se utiliza para uso propio en los calefactores de los galpones del criadero, y para alimentar los generadores de electricidad, mientras que los líquidos se destinan como fertilizantes.

Por Roberto Seifert
LA NACION

martes, 2 de junio de 2009

Una enfermera que ayuda a salvar las vidas de miles de niños

Historias con nombre y apellido
Una mujer que alivia los infiernos
Pilar Bauzá, la enfermera que no ceja en sus cruzadas humanitarias
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Pilar Bauzá Moreno, una enfermera que ayuda a salvar las vidas de miles de niños

Axna tenía cinco meses y pesaba 800 gramos. Permanecía con los ojos cerrados y estaba fría como una muerta. Tenía diarrea crónica, malnutrición y tuberculosis, y Pilar Bauzá Moreno pensó en ese instante que no sobreviviría. La enfermera argentina había llegado a Etiopía hacía muy poco tiempo y llevaba su uniforme de terreno: pantalones verdes con bolsillos amplios, remera blanca, estetoscopio propio, pinzas, tijeras y poco más.

Junto con un grupo de Médicos sin Fronteras habían instalado un hospital de campaña en Oromía, el centro de la hambruna. El sur etíope había caído en epidemia de desnutrición por culpa del cambio climático: una cosecha se había perdido, el stock de comida se había acabado y estaban muriendo cientos de personas en un sitio donde no hay forma de generar alimentos. Las principales víctimas eran chicos menores de cinco años; en esa debilidad total un mero resfrío los mataba. Todos los días llegaban al vivac personas en carros, en burros o directamente a pie. Había 100 ingresos por jornada, y el interior del campamento era un caos: los médicos y las enfermeras no daban abasto, no sabían a quién atender primero, se sucedían gritos y corridas, y se trabajaba 20 horas seguidas y sin descanso.

Pilar venía de Buenos Aires, específicamente de Bella Vista, donde había pasado cuatro meses recuperándose de las secuelas de un secuestro en Somalia que había mantenido al mundo en vilo. Diez hombres armados tomaron por asalto el vehículo en que viajaba un equipo de Médicos sin Fronteras, se apoderaron de sus teléfonos móviles y raptaron a la joven enfermera argentina y a una médica española. Las dos mujeres vivieron una odisea que duró más de una semana, en zona de montañas, amenazadas de muerte, y al final lograron que sus captores las liberaran cerca de Bosasso. A pesar de su bajo perfil, Pilar fue tapa de varias revistas: allí se la veía con sus 25 años, rubia, esbelta, seria y guapa. Una chica porteña promedio que, sin embargo, había decidido embarcarse en peligrosas aventuras humanitarias. Uno veía sus fotos tranquilas y pensaba: "Después del susto de Somalia lo pensará dos veces". Pero no lo pensó ni una. Pilar quería volver a la guerra.

Los medios llegaron, la cubrieron de fama y la olvidaron. Y su familia y amigos conspiraron cariñosamente para que no se fuera. En Buenos Aires, Pilar comenzó a perder peso. Y los chequeos confirmaron que el estrés postraumático le había producido acalasia, una contracción nerviosa del esófago y del estómago: el anillo muscular se cierra y la comida no pasa. Adelgazó muchos kilos, y tuvieron que operarla y someterla a tratamiento para que lentamente se recuperara de esa fragilidad. Puso todo su empeño en estar perfecta de salud: sabía que un miembro del equipo de Médicos sin Fronteras no puede ser jamás una carga adicional para sus compañeros en medio de la batalla. Buscaba contención en la oficina de la avenida Callao, donde los combatientes hablan de cosas que sólo ellos entienden, en una jerga que incluye términos como plu mpy´nut, que es un sobre con alimento hipercalórico para situaciones límite, y el vocablo expats , que alude a su condición de eternos expatriados. Pilar deambula por la ciudad y no puede dejar de pensar que ante el mínimo indicio de apetito uno puede saciarse en un quiosco de una esquina. Pero existen regiones del mundo en donde no hay comida, ni quioscos, ni una maldita cosa con que llenarse la barriga. En las trincheras, Pilar no siente fatiga ni sopor, pero en Buenos Aires se siente cansada. Esa fortaleza mental que le proporciona el hecho de que todavía le falta atender a 300 chicos al borde de la muerte o la inanición se deshace en los interregnos urbanos, donde la gente se queja del calor o el tránsito. Nunca habla de aquel secuestro, porque no quiere borrar las fascinantes cosas que vivió en Somalia: ocho días no borran seis meses de adrenalina y de resultados ni el cariño insustituible de la gente. Una tonelada hipercalórica de amor fraternal. La vocación de servir, como toda pasión, puede hasta resultar un vicio. "Se te ve tan feliz que nos hace sospechar -le dicen irónicamente sus hermanos-. ¿No será que, en realidad, te vas unos meses de vacaciones a las Bahamas y que todo este asunto humanitario es una mentira?"

Antes de cada viaje, sus amigos tienden a su alrededor un sutil pero persistente boicot para que la enfermera no levante vuelo. Quieren retenerla porque temen por su vida. Cuando todo está perdido, cuando apenas faltan 48 horas para embarcar hacia el infierno, los amigos cambian de posición y comienzan a alentarla. La última vez la despidieron en Ezeiza con abrazos, bromas y lágrimas. Pilar sabía que pronto cambiaría esos rostros por las caras del sufrimiento. La esperaban lugares donde se respira el sufrimiento y donde incluso existe una fisonomía del dolor. Sitios donde la gente agradecida intenta demostrar felicidad sin conseguirlo: le sonríen los labios, pero no le sonríen los ojos. Zonas donde una mujer de 30 años parece de 60 y donde cunden guerras tribales y religiosas, acciones guerrilleras, catástrofes naturales, enfermedades olvidadas y cadáveres apilados.

Bauzá llegó a Etiopía cuando todo era celeridad y desesperación, ruedas de antibióticos, entrenamiento veloz para los locales, alimentos urgentes, revisaciones, historias clínicas y pesar. En esas carpas de Oromía donde instalaron la base de operaciones, los médicos, las enfermeras y los técnicos corrían contra el reloj mientras los chicos morían cada hora. No hay tiempo para plegarias. Y tampoco para lamentarse demasiado por la muerte de un niño, porque la vida de otros 100 está pendiente de que sigas adelante. Suponemos que Dios y la gente lo entenderán. Axna era un niñita de 800 gramos que no se movía y que tenía toda la pinta de quedarse en el camino. Su madre, exhausta y malnutrida, no podía amamantarla, y la beba carecía de las fuerzas suficientes como para tomar en cucharita. Pilar lo intentó sin éxito, y entonces le puso a la madre una sonda desde el pezón hasta un vaso de leche y le pidió que le diera de mamar con esa técnica. Acurrucada en los brazos de su madre, estimulada junto al pezón yermo, Axna instintivamente comenzó a chupar el extremo de la cánula. Con muchísima paciencia, durante días, la hija se fue fortaleciendo y la madre, estimulada por esa succión cercana, logró producir su propia leche, que al final le daba casi con normalidad. Axna, cuyo destino era la muerte, se había salvado. Tenía algo especial, inexplicable. Algo que la distinguió durante aquellos días en los que muchas otras Axna de Oromía se apagaban para siempre.

Los compañeros de Pilar armaron un patio con juegos y hamacas para que los chicos que iban despertándose del letargo pudieran jugar, bailar, hacer ejercicio, aprender a caminar y tonificar sus músculos atrofiados. En septiembre comenzó el nuevo tiempo de la cosecha y llegaron el maíz y el trigo, y descendieron las cifras de la muerte.

Fue entonces cuando Pilar Bauzá fue trasladada de urgencia a la India. Se había roto un dique en el límite con Nepal y las aguas habían arrasado kilómetros y kilómetros; casas, hombres y animales. Nunca había habido una inundación de esas proporciones. Tuvieron que poner clínicas móviles y realizar atención primaria. Iban con maletas de emergencia y llevaban kits de supervivencia, mantas, bidones, pastillas de cloro para el agua, plásticos para dormir y plumpy´ nut. Dos meses en botes o canoas, o caminando con el agua y el barro hasta la cintura para salvar a los aislados.

Luego se declaró una epidemia de cólera en Zimbabwe y Pilar viajó con sus compañeros al Apocalipsis: el VIH y el cólera se expandían rápido y destrozaban cualquier defensa. Los médicos huían hacia países más consistentes y los hospitales estaban vacíos. Los infectados dejaban sus casas para no contagiar a sus familias y se quedaban en los alrededores de los hospitales desiertos, esperando algún tipo de milagro. Los equipos de Médicos sin Frontera encontraron una clínica llena de gente, rodeada de cientos de cuerpos. Adentro sólo había dos enfermeras heroicas luchando contra la nada. No sabían quiénes estaban muertos y quiénes permanecían vivos. Los miembros del grupo humanitario se pusieron los guantes y comenzaron el macabro inventario. Llenaron de cadáveres el edificio y colocaron a los pacientes en un hospital de campaña que montaron a las corridas a pocos metros, un "campo de cólera" para aislar la enfermedad.

En la tienda donde se atendía a los niños, Pilar conoció a Cintia, una pequeña de dos años y ocho meses azotada por las siete plagas. Al revés de Axna, cuando ingresó en el campamento no estaba tan mal, aunque Cintia padecía cólera y sida, mostraba la piel lastimada y una grave infección en los ojos. Su madre, sin embargo, se desvivía por ella, y hubo un momento en el que pareció que saldría adelante. De hecho, se curó del cólera, pero el HIV era impiadoso con su organismo debilitado. Pilar se dio cuenta de que no había nada que hacer, pero aún así hizo lo imposible para que pudiera morir en su casa, con calor y dignidad. Cintia, sostenida por su madre, estaba en un rincón, y la enfermera iba y venía para apuntalarla mientras seguía su maratón de curaciones. A los tres días, Cintia murió. Y la madre sólo decía "gracias, gracias", una y otra vez. Hay cierto alivio en el desenlace cuando la agonía es larga y penosa. Y Pilar no podía darse el lujo de quebrarse aquel día. Había otros 150 pacientes en situación de riesgo. No había tiempo ni para condolerse: la muerte no espera ni entiende. No sabe de lisonjas ni agradecimientos.

Se movilizaron más tarde hacia el condado rural de Gokwe, en plena época de lluvias, cuando los ríos colapsaban y había que cruzar montañas con porteadores o a lomo de burro para encontrarse con pequeños puestos de salud vacíos, adonde iban a morir los pobladores. Muchas veces los propios rescatistas se quedaban atrapados a uno u otro lado de un río. Cuando trataron de alcanzar una clínica remota, algunos funcionarios locales intentaron disuadirlos: era camino de montaña y no se podía llegar. Llegaron después de caminar horas y horas, bajo la lluvia, como si fueran la caballería, cuando ya los 60 pacientes que se habían refugiado en un puesto se daban por muertos y la única enfermera que había en esos parajes perdidos sólo atinaba a repartirles agua y a tomarlos de las manos. La cara de sorpresa y alivio de aquella última enfermera de Zimbabwe al ver llegar a sus salvadores con sus medicinas no tenía precio.

El siguiente destino fue Nigeria, donde se había declarado una epidemia de meningitis. Cada diez años, inevitablemente, los malos vientos traen esa maldición. Pilar tenía cuatro equipos a cargo y estuvo sin pegar un ojo días y días vacunando a toda velocidad a hombres, mujeres y niños. Vacunaron a 600.000 personas en dos semanas. Y hace ocho días regresó a Buenos Aires. La veo serena y recompuesta, sentada al otro lado de la mesa, tomando sorbitos de agua mineral. No hay rasgos de pena en su cara joven. Tampoco de jactancia. Estamos en Callao y Viamonte, lejísimos de la malaria y de los cadáveres. Pero su cabeza está puesta en Etiopía. Quiere volver, porque la epidemia ha regresado al Sur, y sabe que de un momento a otro la movilizarán. Está hablando conmigo no para ser eternizada como lo que es, una especie de santa laica, sino para tratar de que las sociedades tomen conciencia de la importancia de la ayuda humanitaria. En esos sitios infernales conoció pueblos aguerridos y con avidez por conocer y superarse, como en Somalia, donde la secuestraron y estuvieron a punto de matarla de un balazo. Pero también donde los musulmanes ortodoxos dejaban los prejuicios para estrecharle la mano y donde las muchedumbres le demostraban amor puro. Ese amor colectivo e incontaminado, en la tierra de las epidemias y las contaminaciones, suple por ahora el amor de uno solo. Pilar no tiene tiempo para enamorarse, ni para detenerse en una tragedia única, ni para consolar a sus padres o a sus amigas, que la quieren retener otra vez para protegerla de todo mal. La ilusión de Axna y el fantasma de Cintia la esperan en el lado oscuro de la Tierra. Salgo a la calle con mi libreta negra llena de anotaciones y respiro el aire del Centro. No hay mucho tránsito ni hace demasiado calor. Unos chicos con uniforme escolar caminan de la mano de una mujer: van los tres riendo y hablando de una película de Disney. Se detienen en un quiosco y compran Sugus confitados. El sol brilla como nunca. Es un día maravilloso.

martes, 28 de abril de 2009

Lucha contra la droga y sus orígenes

La droga en las Villas: despenalizada de hecho

Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa. Se va dando así esa dinámica linda que va transformando las Villas en barrios obreros. Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de esta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a la sombra de un árbol o de un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a contar anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas las edades se reúnen a rezar las novenas y preparar las fiestas en torno a las ermitas levantadas por la fe de los vecinos.
La contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos.
Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la delincuencia, decimos claramente: el problema no es la Villa sino el narcotráfico. La mayoría de los que se enriquecen con el narcotráfico no viven en las Villas, en estos barrios donde se corta la luz, donde una ambulancia tarda en entrar, donde es común ver cloacas rebalsadas. Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa –como zona liberada- resulte funcional a esta situación.
La vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez más difícil hasta convertirse en las primeras víctimas de esta despenalización de hecho. Miles arruinados en su mente y en su espíritu se convencieron que no hay posibilidades para ellos en la sociedad.
Por otra parte profundamente ligado al tema de la droga se da el fenómeno de la delincuencia, de las peleas, y los hechos de muerte violenta (“estaba dado vuelta”). Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que hay en nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y que visualizamos como fuera de control. Cuando vemos muertes causadas por menores adictos, también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras víctimas son los mismos vecinos de la Villa.
La destrucción pasó como un ciclón por las familias, donde la mamá perdió hasta la plancha porque su hijo la vendió para comprar droga. Estas familias deambularon por distintas oficinas del Estado sin encontrar demasiadas soluciones año a año. Toda la familia queda golpeada porque su hijo está todo el día en la calle consumiendo. Asombra ver como ese niño que fue al catecismo, que jugaba muy bien en el fútbol dominguero, hoy “está perdido”. Causa un profundo dolor ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye para fumar “paco”.
La despenalización de hecho generó inseguridad social. La raíz de la inseguridad social hay que buscarla en la insolidaridad social.[1] A poco que nos pongamos a la luz de Palabra de Dios, descubrimos que como sociedad no nos hemos movilizado suficientemente ante el hecho dramático del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes débiles física y mentalmente. Con madres y padres angustiados sin trabajo o changas mal remuneradas. A los que les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos con actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva de ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero necesario. Se generan así situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga.
Como sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la llamada evangélica de acompañar a aquellos niños, adolescentes y jóvenes que en gran cantidad se encuentran en este infierno de la droga y a la vez de exhortar a la conversión a los que pisotean la dignidad de los mismos de esta inescrupulosa manera, avisándoles que Dios y la Virgen les van a pedir cuentas.
Ahora escuchamos hablar de despenalizar en el derecho el consumo de sustancias. Nos preguntamos: ¿ministros y jueces conocen la situación en nuestros barrios? ¿Han dialogado con el hombre común de la Villa? ¿Se han sentado a elaborar con ellos proyectos liberadores –la droga esclaviza- o simplemente se piensa en implementar recetas de otras latitudes?[2]
¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes el mensaje: se puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?

Algunas propuestas

Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que están en los pasillos de consumo, en esos lugares de tristeza y desesperación, recibe generalmente preguntas y pedidos de este tipo: “¿Dios a mí me ama?” “¿Me voy para arriba o para abajo?” “Padre me da la bendición de Dios”. “¿No me ayuda a salir de este lugar?, no aguanto más esta vida”…
Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros creemos que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita, ninguna vida está de sobra.
Por eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los papeles de las estadísticas, desde los fríos números. Desde esta perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir paco, es sólo uno más. ¿Qué importancia tiene esto si no afecta a los números y estadísticas que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso? Tal vez esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado, nada más.
Nosotros queremos intentar mirar la realidad desde el corazón de Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se pierda, para todos quiere una vida plena.
Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía diaria con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones en base a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias Villas venimos transitando distintos caminos de prevención, recuperación y reinserción; de acuerdo con cada realidad y con las posibilidades que contamos.

Prevención

No hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación tenemos que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención sistemático y a largo plazo.
Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus familias-. Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto real para su vida. La verdad es que se logra poco con el no a la droga sin un fuerte sí a la vida.
Muy unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y psicológica.[3] Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la “alegría de vivir”.
Nuestro país tiene una enorme deuda social. “La deuda social es también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir”[4].
El sentido de la vida se adquiere por “contagio”, los valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que puedan trasmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio.
Tenemos por otro lado que aprovechar los ámbitos que existen y que son naturalmente lugares de prevención, como por ejemplo la escuela. “La escuela es el principal mecanismo de inclusión. Quienes se van de la escuela pierden toda esperanza ya que la escuela es el lugar donde los chicos pueden elaborar un proyecto de vida y empezar a formar su identidad. En la actualidad, la deserción escolar no suele dar lugar al ingreso a un trabajo sino que lleva al joven al terreno de la exclusión social: la deserción escolar parece significar el reclutamiento, especialmente de los adolescentes, a un mundo en el que aumenta su vulnerabilidad en relación a la violencia urbana, al abuso y a la adicción a las drogas o al alcohol. Si bien la escuela puede no lograr evitar estos problemas, la misma parece constituir la última frontera en que el Estado, las familias y los adultos se hacen cargo de los jóvenes, en el que funcionan, a veces a duras penas, valores y normas vinculados a la humanidad y la ciudadanía y en el que el futuro todavía no ha muerto.” [5]
Por eso no hay que quedarse en el mero demandar cosas a la escuela en general y a los docentes en particular, sino que hay que apoyar decididamente su fundamental labor. La educación es un camino real de promoción por eso son necesarias más escuelas y mayor presupuesto para educación en los barrios más pobres de la ciudad.
Nos parece conveniente proponer la posibilidad de que se dicte una materia específica de prevención de adicciones ya desde la primaria, tal vez desde el preescolar. No nos referimos a esa prevención que explica el tipo de drogas, o como se consumen etc. Nos parece más conveniente un tipo de prevención que transmita a los chicos que tenemos vida y esta vida es sagrada y por eso tenemos que aprender a cuidarla. Hay material elaborado a partir de experiencias en zonas de alta vulnerabilidad social que se puede utilizar.[6] Si fuera necesario, la delicadeza del tema amerita un proyecto de ley en la legislatura que al aprobarse posibilite el dictado de la misma.
El abordar la tarea de la prevención de las adicciones requiere un trabajo hecho con esperanza, con la confianza audaz de que es posible crear ámbitos sanos y dichosos que ayuden a curar las heridas. “A quienes dicen ‘trastornos precoces efectos durables’ se les puede responder que los trastornos precoces provocan efectos precoces que pueden durar si el entorno social y familiar los convierte en relatos permanentes.” [7]
Mirar con esperanza esta difícil situación que vivimos en nuestros barrios nos aleja de una mirada fatalista. Por otro lado nuestra fe católica nunca dijo que algunos están predestinados a vivir bien y otros a la miseria. Nuestra fe lee esta situación como una situación de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta situación de injusticia se contrapone al proyecto de amor del Buen Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor por nuestra complicidad manifestada de tantas maneras y pidámosle la gracia de poner todo lo que esté de nuestra parte para transformar esta dolorosa realidad.

Recuperación

Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados niños, jóvenes y adultos que fuman pasta base, tengamos por seguro que llegamos tarde. La pregunta es: ¿queremos seguir llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren o quedan con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo ya. Aunque sólo salvemos a uno.

Pedagogía de la presencia[8]

El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso es a la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas, de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas que ‘estan de sobra’, que molestan, o que afean nuestros barrios. Este primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón que ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos más, seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría notablemente
Ponerse a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las pautas sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan normas, que respeten derechos para entrar en sociedad, cuando como sociedad no les hemos respetado sus derechos más elementales.
Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer paso imprescindible.

Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos.

La burocracia expulsa, pone trabas (excesivas entrevistas y requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas personas. Además muchas veces la realidad de los procesos de recuperación está marcada por los números-dinero (becas por un año, ese sería el tiempo de recuperación), dejando a un segundo plano los procesos personales.
Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona hay que discernir que camino de recuperación proponerle: atención ambulatoria en un centro de día; internación en una comunidad terapéutica, etc.
Por otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen y no tiene con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse entonces la posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.
Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos; creando ámbitos que rompan las cadenas invisibles que esclavizan a nuestros adolescentes y jóvenes.
Hoy vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte se adueñan de nuestra vida.
A veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando fuertemente en la lucha contra la droga’. Es así que por ejemplo se abre un solo centro de recuperación para toda una ciudad y se empapela la misma para dar una buena imagen. Si se da imagen de algo que no es, que en realidad se está haciendo insuficientemente, no solo se corre el riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el camino.
En relación a esto último hay una responsabilidad grande de los publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como ejemplo este verano: Por un lado la propaganda de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa.
Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les mostramos que no hay que encontrar “algo” para combatirlas sino encontrar a “alguien” con quien compartir y hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con “alguien” que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.
El mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a esos chicos que tienen su libertad muy condicionada; prueba de ello es que dinero que consiguen va a parar a aquellos que no les importa nada de sus vidas y les ponen veneno en sus manos. La justicia tiene que tenderle la mano a esas mamás que desesperadas no saben como ayudar a sus hijos.

Pensar en el después del camino de recuperación.

No alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes que no pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra y se consume libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico que favorece la recaída en el consumo. La no conveniencia de la vuelta al barrio es señalada reiteradamente por muchas familias que los aman y acompañan. Tenemos que ir tejiendo con ellos una propuesta de real reinserción social. Desde el elemental derecho a la identidad o sea que accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un lugar para vivir con dignidad.
Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están privados de su libertad han cometido delitos a causa del consumo de droga. En ese caso hay que replicar las experiencias que tratan su adicción; utilizándose así positivamente el tiempo en prisión para que al salir puedan reinsertarse en la sociedad. De alguna manera este también es un trabajo de prevención.

Por último ponemos bajo la protección y el cuidado de la Virgen de Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las familias que en nuestros barrios sufren el flagelo de la droga.


- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco de la Villa 1-11-14.
- Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.

Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009.


________________________________________
[1] Cf. Mons. Miguel Esteban Hesayne. Jesús, el Reino y la inseguridad. Homilía del 32º domingo durante el año (9/11/ 2008)

[2] Mons. Jorge Lozano: “Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero ¿se logra el propósito andando ese camino? ¿La legislación actual penaliza al consumidor? No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una "dependencia física o psíquica" de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.
Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente) y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La despenalización del adicto ya está en vigencia.” Artículo periodístico publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización del consumo de drogas para consumo personal. (29/12/ 2008)

[3] Nos parece muy iluminador el trabajo de López Rosende Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008.

[4] CEA. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad. (2010-2016) Nº 25

[5] Card. Jorge Mario Bergoglio S. J. Carta pastoral sobre la niñez y adolescencia en riesgo. (1/10/05 )


[6] Por ejemplo: Aldo Tamai- Claudia Betancour. Promoción de la Salud para niños en edad escolar. Estrategias para la prevención de adicciones y otras situaciones de riesgo en edad escolar. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 2007.

[7] Cyrulnik Boris. La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Granica. Buenos Aires, 2001. Pag. 92. Del mismo autor se puede leer obras como: “El amor que nos cura.”; “Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida.”

[8] Gomes Da Costa Antonio Carlos. Pedagogía de la presencia. Losada - UNICEF Argentina. Buenos Aires, 1995.

domingo, 26 de abril de 2009

La trama solidaria

El Comercio Justo está echando raíces en la Argentina. Aquí, dos experiencias ligadas con el rubro textil de un movimiento con presencia en el mundo, que apunta a que la elaboración de un producto conlleve desarrollo social y respeto por la tierra
Domingo 26 de abril de 2009. Diario La Nación de Buenos Aires

Doña Berna es la tejedora estrella de la Fundación Adobe, que recuperó técnicas ya extintas del monte santiagueño
"Comercio, sí; ayuda, no": la consigna se comenzó a escuchar en la opulenta Europa de los años 60. La esgrimían sectores estudiantiles preocupados ante la brecha que veían abrirse entre la pujanza primermundista y la pobreza de los países periféricos. Estos grupos denunciaban las condiciones desfavorables que imponían los países industrializados al momento de comerciar con las naciones pobres, en general proveedoras de materia prima. Pero también cuestionaban las prácticas asistencialistas que, implementadas también desde el mundo desarrollado, brindaban ayuda a sectores empobrecidos del Tercer Mundo sin aportarles recursos para salir del estado de carencia. Frente a unos vínculos internacionales que sólo parecían ofrecer inequidad o caridad, ellos propusieron el Comercio Justo, una alternativa que hoy, en plena crisis económica mundial, merecería mirarse con mayor atención.

"Es una tecnología social muy nueva, que aún está en construcción -confirma Paola Berdichevsky, integrante de Avina, fundación dedicada a la promoción de la economía social y solidaria en América latina-. Nace, sin duda, desde una lógica primermundista. El lema Trade no aid significó cambiar la lógica de la caridad por el reconocimiento de la dignidad de productores a "los pobres del tercer mundo". Comienza desde una transacción comercial en condiciones de respeto por las y los productores, pero es también una herramienta para generar conciencia y abrir debates".

¿En qué se basa esta modalidad comercial? En lanzar al mercado productos de suma calidad que, además, garanticen (con los debidos sellos y supervisiones internacionales) que en su elaboración se siguieron criterios ecológicos, se generó desarrollo social y se respetaron las condiciones laborales de los productores. El Comercio Justo está íntimamente ligado con la noción de "consumo responsable". Esto es, la existencia de personas dispuestas a pagar un poco más por productos elaborados en óptimas condiciones humanas y naturales. Los alimentos orgánicos y las artesanías suelen ser los bienes de intercambio más habituales. En Europa (especialmente Italia) y los Estados Unidos se cuentan por miles las tiendas dedicadas exclusivamente a su comercialización.

El Banco Mundial reconoció al Comercio Justo por su aporte a un mejor uso de los recursos naturales, el descenso de riesgos de salud por la utilización de menos sustancias químicas y el mayor empleo de mano de obra en el agro. Según la Federación Internacional de Comercio Justo (IFAT, International Federation of Alternative Trade), en 2007 las ventas correspondientes a trece países de América latina ascendieron a US$ 47.180.708. Ese mismo año, las ventas globales de alimentos certificados por FLO (Fairtrade Labelling Organization: organización otorgante del sello de calidad del Comercio Justo) aumentaron un 47% respecto de 2006.

Ni estos datos ni los conceptos en danza son demasiados conocidos en la Argentina. Sin embargo, existen a lo largo de todo el país emprendimientos vinculados con un movimiento que aspira a crecer a escala continental. A continuación, dos casos que dan cuenta de eso.

Memorias del monte
Todo empezó con una escuela de telar. En 2001 la Asociación Adobe se propuso recuperar antiguas y casi extintas técnicas textiles nacidas en el monte santiagueño. "El objetivo era que se volviera a tejer -explica Sofía Folatelli, trabajadora social que desde hace cuatro años trabaja en el proyecto-. Generar trabajo con una riqueza que las mujeres que viven en este lugar ya tenían". Que tenían, pero habían olvidado.

Cuenta la gente de Adobe que, tras siglos de olvido y menosprecio, los saberes ligados con el tejido y el hilado no sólo estaban relegados, sino que también eran enérgicamente rechazados por las hijas y nietas de las pocas mujeres que aún se decían "tejedoras". Ocurría lo mismo con el que hoy es uno de los ejes más interesantes del emprendimiento: los tintes naturales. "No querían usarlos -recuerda Claudia Mazzola, artista textil e integrante de Adobe-. Decían que las tinturas químicas eran más rápidas, de colores más fuertes. No querían ni siquiera recordar." Hasta que un día algo se destrabó y una de las alumnas de telar contó cómo su abuela teñía las telas con productos obtenidos en el monte. De a poco los recuerdos fueron surgiendo y las capacitadoras llegadas de la capital asistieron, maravilladas, a la recuperación de colores y tonalidades únicas. "Entre todo apareció la cochinilla; o grana, como la llaman ellos -continúa Mazzola-. Es un parásito que se cría en los cactus y da unos rojos, rosados y naranjas muy utilizados en el tejido santiagueño antiguo." Con la recuperación de este tintóreo surgió un proyecto paralelo al de las tejedoras: la organización de pequeños productores dedicados a la cría de cochinilla en palmas de tuna.

"La misión de Adobe es generar mayores oportunidades de vida en el campo. Por ello sumamos a la escuela de telar el proyecto de los pequeños productores, emprendimientos educativos, huertas, viveros y una reserva forestal (un predio cerrado de 18 hectáreas) que permitió la recuperación de especies vegetales y animales", enumera Folatelli.

Una reparación de la memoria y la autoestima colectiva que entre sus grandes protagonistas la tiene a doña Berna. Tejedora estrella de la escuela, a sus casi 80 años se convirtió en maestra y guía de las tejedoras más jóvenes. "Doña Claudia, a ese color lo han dejado solito", le dijo a Mazzola una vez, mientras señalaba una alfombra en la que, efectivamente, algo andaba mal. Porque para ella los colores se acompañan, están alegres o sufren en soledad.

Mientras la escuela se fortalecía, surgió la necesidad de organizar a las tejedoras. "Huarmi Sachamanta" se llamaron a sí mismas y se impusieron ritmos de trabajo y estándares de calidad con capacidad de competir en el mercado internacional. Un desafío nada fácil en una zona donde la sequía aprieta, la tierra se encrespa con el viento y en verano la temperatura puede llegar a los 50 grados. En esas condiciones, las Huarmi están produciendo piezas prolijamente tejidas, limpias, con los colores correctamente enjuagados. Muchas de esas alfombras y mantas se venden desde hace unos tres años en el exigente mercado de diseño de Milán. Otras se vendieron (y venden) en Santiago del Estero, en el puesto que las Huarmi poseen en la ruta 92. Y este año, con la apertura de la galería textil Spazio Sumampa en Buenos Aires, los espléndidos trabajos de las teleras santiagueñas tienen un espacio de comercialización en medio del vértigo porteño.

"El proyecto Sachamanta se focalizó en la producción y la venta de tejidos -asegura Folatelli-. Si capacitás durante tanto tiempo, en algún momento tenés que ayudar a generar medios para que los productos se comercialicen." En 2007 Sofía participó en una capacitación sobre Comercio Justo organizada por la Agencia Española de Cooperación Internacional en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Descubrió que lo que estaban haciendo en Santiago estaba muy emparentado con esa propuesta y, a su regreso, se propuso afinar aún más el emprendimiento. Por ejemplo, en lo referido a la composición del precio. "Fue un trabajo bastante difícil porque uno de los componentes del precio es el valor del tiempo de trabajo invertido -cuenta-. Pero ellas no tienen un horario fijo; el tejido (y el hilado aún más) está muy integrado a su vida cotidiana."

Con todo, las Huarmi tomaron como referencia el valor de los jornales de su región, hicieron números, contabilizaron materias primas y consideraron el trabajo de las hilanderas tanto como el de las tejedoras. Hoy pueden explicar la composición de sus precios a cualquier cliente. Aunque sus productos no cuentan con los sellos de las organizaciones internacionales, los criterios de producción, comercialización, respeto por el medioambiente y recuperación social los identifican con el Comercio Justo. "Porque adquirir una alfombra no es sólo eso. Es conocer lo que hay detrás: una historia, una persona, cantidad de procesos -comenta Folatelli-. Eso destaca el Comercio Justo, identificar a las personas que están detrás de cada producto, que no sea algo sin pertenencia. Con la salida del local en Buenos Aires estamos integrando los aprendizajes del último tiempo. El desafío ahora es darle continuidad y lograr que el proyecto pueda empezar a ser autosustentable."

Textiles responsables
Las remeras son de un diseño impecable, textura delicada y poseen estampas con motivos de aves y plantas. Integran la línea Levi?s Eco, una de las últimas apuestas de la marca de jeans, que concentra en este producto excelencia, criterios de producción respetuosos del medio ambiente y principios de consumo responsable. En suma, una iniciativa acorde con los parámetros del Comercio Justo.

"Me interesa mucho que un proyecto sea generador de trabajo, que permita cambiarle la realidad a la gente -se entusiasma Gabriela Soria, asesora de la Fundación Levi Strauss que, tras veinte años de trabajo en el mundo del marketing corporativo y la moda, encontró en este ámbito una síntesis entre desarrollo económico y conciencia social-. Creo que es una plataforma increíble para vender un producto maravilloso, pero que no es masivo: está destinado al nicho de quienes entienden de qué se trata esto."

Por su parte, Harold Picchi, presidente de la ONG Otro Mercado al Sur y uno de los grandes impulsores del emprendimiento que culminó en las remeras Levi´s Eco, asegura: "El Comercio Justo no está peleado con el mercado. El objetivo es desarrollar emprendimientos productivos en los que el factor humano sea sustancial".

Picchi conoció este modelo económico en 2002, durante una estada en Italia. Le pareció que la iniciativa debía traerse a la Argentina, especialmente en aquel crítico momento. En 2004 se creó la asociación civil sin fines de lucro Otro Mercado al Sur, inscripta dentro de los principios de la IFAT. Tras algunas experiencias con comunidades aborígenes y cooperativas productoras de miel en Santiago del Estero, Picchi supo que en Pigüé existía una cooperativa que trabaja en la industria textil y conoció a algunos pequeños productores de algodón (también agrupados en cooperativas) en Chaco. Fue entonces cuando decidió vincular el trabajo de la Cooperativa Agroecológica de Chaco con la planta industrial Textiles Pigüé. El objetivo era formar una cadena completa de producción (recolección, hilandería, tejeduría, tintorería, confección), algo bastante inusual en el ámbito del comercio justo. "En general, el fair trade se maneja con productos alimenticios y artesanías -explica-. Este es uno de los pocos casos que trabaja con toda la cadena productiva."

El desafío fue enorme. Entre 2004 y 2006, todos los implicados asumieron un esforzado proceso de prueba, error, aprendizaje, capacitación. Desde salvar las distancias geográficas y culturales entre los participantes de la cadena (productores rurales, operarios, técnicos, ingenieros agrónomos e industriales) hasta dejar de lado los criterios artesanales, asumir el rigor de la producción en serie y ponerse a tono con las exigencias del mercado internacional. El proyecto se presentó a Ctm Altromercato, una importadora italiana de Comercio Justo que, tras monitorear el emprendimiento, lo aprobó y financió. Así se realizó la primera producción de remeras. Luego vino el convenio con Levi´s Argentina, que redundaría en la segunda campaña. Asimismo, ya se solicitó la certificación del algodón orgánico a FLO, de modo que la cadena estaría en breve avalada por una entidad internacional.

En su primera campaña, la Cadena Textil Justa y Solidaria -así la llamaron- logró exportar 7000 prendas a los establecimientos de Comercio Justo europeos. Los productos argentinos cumplían con cada uno de los requerimientos para ingresar en esas cadenas: el algodón, cosechado sin fertilizantes ni pesticidas, había sido teñido con tinturas de bajo impacto ambiental; los implicados eran cooperativistas y productores indígenas; el precio del algodón correspondía a las condiciones impuestas por FLO. Exactamente las mismas pautas que rigen a la campaña realizada tras el convenio con Levi´s. "Si una marca así nos elige es que confía en la cooperativa -asegura Norma, una de las operarias que trabaja en el taller de confección de Textiles Pigüé-. Y eso nos hace sentir orgullosos". Junto con sus compañeras de taller, cursó un programa de capacitación financiado por la Fundación Levi Strauss. Otros integrantes de la cooperativa realizaron cursos en INTI e incluso viajaron a Italia para instruirse sobre los lineamientos del Comercio Justo y acordar transferencia de tecnología.

"Todavía nos falta" y "hay mucho por aprender" son dos de las frases más escuchadas en la planta de Pigüé. Marcos Santicchia, ingeniero industrial que trabaja en la cooperativa hace dos años y medio, comenta: "Me quedé por el desafío de mostrar que un proyecto con responsabilidad social es viable".

De momento, la constitución de la Cadena Textil Justa y Solidaria le valió a Otro Mercado al Sur el Premio a la Responsabilidad Social Empresaria 2007 otorgado por la Fundación ProTejer. Un reconocimiento a un proyecto que tiene poco de declamación y mucho de trabajo a conciencia: "No me parece que un producto deba ser un panfleto -reflexiona Picchi-. Sólo debe ser honesto y en él debe poder leerse la historia de quienes lo hicieron. Quien lo adquiera sabrá que es orgánico y que todos los que participaron en su elaboración trabajaron en forma digna. Hay transparencia; se puede decir claramente por qué cuesta lo que cuesta".

Por Diana Fernández Irusta
dfernandez@lanacion.com.ar


Para saber más: www.levi.com.ar
www.otromercado.org.ar
www.spaziosumampa.com.ar

lunes, 23 de marzo de 2009

La diversidad en la escuela

Ubicada en el barrio porteño de Coghlan, la escuela Horizontes busca la integración de alumnos con necesidades educativas especiales

Diario La Nación (Argentina). Sábado 21 de marzo de 2009

Los alumnos participan de "La ronda del mate" en donde reflexionan sobre algún tema
"Hoy voy a contar sobre una amiga que tiene problemas para caminar, pero es una de mis mejores amigas. Aprendí mucho con ella, aprendí que no sólo hay juegos para correr, sino también hay algunos que son muy divertidos, pero tranquilos; por ejemplo, jugar con los peluches." El testimonio de Vera, una alumna de sexto grado de la escuela Horizontes, refleja la naturalidad con la que ella afronta la discapacidad de su amiga, que está en silla de ruedas.

Este logro es en gran parte del colegio, que busca integrar a la cotidianidad del aula a algunos chicos con discapacidades. El objetivo es incorporar a la escuela común a alumnos que tienen necesidades educativas especiales, tales como retrasos madurativos, trastornos motores y auditivos, epilepsia y otros problemas de aprendizaje.

El caso de Vera no es el único. "En general, los chicos aceptan rápidamente que no todos tenemos las mismas habilidades. Los prejuicios y la discriminación tienden a llegar ligados a la mirada de los adultos", explicó Laura Popbla, psicopedagoga de Horizontes. Según la profesional, son los padres a quienes más les cuesta entender que una escuela integradora es una escuela pluralista que se pronuncia a favor de la diversidad y la tolerancia.

"Una vez un padre vino a plantearme que un alumno, por tener una discapacidad, no estaba a la altura de su hijo -recordó Teresa Falcón, directora del colegio-. En aquella oportunidad, mi postura fue tan determinante como hoy. En ese caso, debe sacar a su hijo de la escuela", dije.

Falcón entiende que a veces hace falta hablar con los padres para quitarles algunos "miedos lógicos", pero tiene muy en claro que aquel adulto que decida mandar a su hijo a este colegio debe no sólo entender la propuesta ideológica de la institución, sino también apoyarla. Para ella, se trata de una forma de pararse en la vida.

Los prejuicios, reconoció, son uno de los principales desafíos que la escuela debe enfrentar. "Vivimos en una sociedad que discrimina, por lo que el problema es sociológico", afirmó Falcón. Además, la directora destacó otro reto que la institución debe enfrentar: la falta de formación de los maestros para trabajar con chicos que tienen necesidades especiales.

Este obstáculo, no obstante, no siempre lo es. "Trato de hacerles entender a los docentes que, en general, tienen más recursos de los que creen. Lo que les falta es confianza en sí mismos", opinó Falcón. Y para darles a los maestros la seguridad que necesitan, la escuela realiza actividades como capacitación docente, reuniones asiduas para comentar las dificultades que puedan surgir o acompañamiento a los maestros, a cargo de un equipo de orientación.

Son prácticas que reflejan la cultura de la escuela: apoyarse unos a otros y transformar en manifiestos aquellos conflictos que se encuentran latentes. Esta filosofía puede comprobarse también en la ronda del mate, actividad que caracteriza a la institución.

¿Unos mates?
Sentados en ronda, los alumnos toman mate mientras reflexionan sobre el lugar que la televisión tiene en sus vidas. La que realizan es una práctica semanal que busca crear un espacio de diálogo y participación. El fundamento que la sostiene es la creencia de que el desarrollo de las habilidades sociales mejora el clima de la clase y favorece el avance académico.

"A veces la tele te vuelve boba porque estas horas sentada mirándola y perdés el tiempo que podrías compartir con amigos", recapacitó Agostina. En esta oportunidad, el tema propuesto se relaciona con una percepción de la maestra a cargo: los chicos pasan demasiadas horas frente a la pantalla e, inevitablemente, copian modismos y formas de trato agresivas.

"La idea de la ronda del mate surgió porque en un momento de mi vida sentí la necesidad de acortar la distancia que se produce entre la teoría que nos enseñan y la práctica", explicó Falcón. Como ella estaba a cargo de un grupo muy heterogéneo en el que surgían muchas peleas, les propuso a sus alumnos organizarse como una tribu y juntarse semanalmente para charlar de aquellos aspectos que los afectaban como grupo. Así, surgieron Los Mapuchepen y, con ellos, la ronda del fuego.

Los niños, entusiasmados con el emprendimiento, continuaron fantaseando. Bautizaron a cada uno de los miembros de la tribu y crearon la cultura de ese pueblo imaginario. Una de las características de la horda era la costumbre de tomar mate, práctica que incorporaron en las reuniones.

Muy pronto, en la escuela se empezó a hablar de este proyecto que en poco tiempo y, transformado en "la ronda del mate", se convirtió en un plan institucional. La práctica fue un verdadero hallazgo: un espacio que les permitió a los alumnos resolver situaciones conflictivas, compartir sus sentimientos, desarrollar la empatía y mejorar las relaciones interpersonales.

Favorecer el diálogo es entonces una de las formas que utiliza la escuela para lograr la integración. En definitiva, se trata de tener un objetivo claro y caminar por distintos senderos para poder alcanzarlo.

En el caso de Horizontes, el objetivo es la integración. La elección ya está hecha: ellos apuestan a la igualdad.

Por Belén Aliberti
De la Fundación LA NACION


Contactos

Escuela Horizontes : Estomba 2636, Coghlan, Capital , 4543-5591, www.colegiohorizontes.com.ar

Pedro Opeka sacó de la misera a 300.000 personas en Madagascar

Diario Clarín de Argentina. Lunes 23/03/09
Un cura argentino que sabe cómo vencer a la pobreza
Por: Sergio Rubín

Los cientos de chicos escarbando en un inmenso basurero de las afueras de Antananarivo, la capital de la isla africana de Madagascar, le causaron un tremendo impacto. "Acá no hay que hablar porque sería una falta de respeto hacia ellos, sino que debemos ponernos a trabajar", dijo. Veinte años después de aquella decisión, su autor, el sacerdote argentino Pedro Opeka (60), no sólo puede decir que evitó que miles de chicos revolvieran en la basura, sino que posibilitó una vida digna a más de 300 mil personas gracias a la creación de cinco complejos habitacionales, educativos y laborales donde viven hoy de modo estable 18 mil personas.

"Junto con el amor, el respeto y la oración, mi propuesta tiene tres pilares que son la educación, el trabajo y la disciplina", dice Opeka a Clarín con ocasión de una nueva visita al país. Una fórmula que no solo le dio resultado, sino que convirtió a su obra en una referencia ineludible de los organismos sociales de la ONU y la Unión Europea. Y que el año pasado le valió el premio "Solidaridad y Desarrollo" que otorga la fundación italiana San Mateo, distinción que recibió en el Vaticano de manos del propio Papa Benedicto XVI.

Nacido en San Martín, en el gran Buenos Aires, hijo de inmigrantes eslovenos, Opeka aprendió de muy chico el oficio de albañil. Antes de cumplir 17 años ya había construido su primera casa en Junín de los Andes para una familia mapuche. Sacerdote de la congregación de San Vicente de Paul, lleva 34 años misionando en Madagascar, uno de los 20 países más pobres del planeta. Y procurando en las últimas dos décadas que los pobres sean protagonistas de su desarrollo.

"Tuve que ganarme la confianza de la gente, que vieran que trabajaba a la par de ellos, que no les hacía falsas promesas y, entonces, fueron aceptando el desafío", cuenta. Además, los invitaba a rezar, a la misa del domingo, oficiada con una liturgia muy festiva que toma en cuenta la cultura del lugar. ""Hoy tenemos misas a las que asisten con emoción 5.000 personas y constituyen una cita obligada para muchos turistas", dice. Turistas que se convierten en difusores de su obra en el mundo.

Opeka -quien este jueves disertará a las 19 en la Sociedad de Distribuiores de Diarios y Revistas, Belgrano 1732, sobre cómo salir de la pobreza- se sobresalta al referirse al enorme aumento de la pobreza en el país. "Cuando me fuí, en 1968, había un 3 % de pobres y en 2002 se superó el 50%, en un país potencialmente rico", señala. Y concluye: "Hay que ir resolviendo entre todos el tema de las villas construyendo viviendas dignas, urbanizando. Si lo pudimos hacer en un basurero de Madagascar -remata-, también se puede hacer acá".

lunes, 9 de marzo de 2009

Comercio Justo. Una alterrnativa al comercio convencional

Diario La Nación, lunes 9 de marzo de 2009. Columna de Opinión

La actual crisis económica y financiera internacional, de cuya profundización ni los economistas más prestigiosos se atreven a augurar el fin, ha traído al primer plano varios conceptos: comercio justo, desarrollo sustentable, responsabilidad social empresaria y cuidado del medio ambiente, que aunque son bien conocidos no habían logrado todavía ser considerados como herramientas para una posible solución de este fenómeno global.

Es de destacar que todos ellos están sostenidos por una concepción solidaria de la economía que tiene como norte una actitud crítica ante los modelos tradicionales de desarrollo que pueden producir rápidamente riqueza, pero, al mismo tiempo, crean miseria y exclusión en muchos sectores de la sociedad.

De allí que una de las condiciones básicas de esta economía solidaria sea la inclusión. Un modelo económico incluyente es aquel que considera las capacidades y potencialidades de cada individuo con equidad, como base de la construcción de relaciones justas, libres y democráticas en la integración de un desarrollo social. Es comprensible, por ello, que muchas voluntades se vuelquen en la actualidad -insistimos, como consecuencia de los desastrosos resultados a que condujeron al mundo los modelos agotados del capitalismo salvaje- a poner en práctica estas ideas para la recuperación, sobre todo, de las clases sociales más en riesgo.

Por cierto, el concepto de comercio justo existe ya desde hace bastante y nació, paradójicamente, de la situación de exclusión y explotación de numerosas comunidades en todo el mundo, como una alternativa al comercio convencional, porque al acercar el productor al consumidor evita la cadena de intermediarios.

Los expertos coinciden en que son tres las condiciones básicas que definen una transacción de comercio justo: la relación directa entre productor y consumidor, sin intermediarios o especuladores; un precio "justo", es decir, el que permite al productor y su familia vivir dignamente de su trabajo, y el establecimiento de relaciones y contratos de largo plazo basados en el respeto mutuo.

Por supuesto, una consecuencia directa de esta forma diferente de comprar-vender es la creación de consumidores mucho más responsables y solidarios, que finalmente se benefician en todo sentido, al adquirir productos nobles, de los cuales no sólo conocen el origen, sino también a quienes los hacen. Un consumidor responsable será también aquel que esté atento a saber si en el proceso de producción se han respetado las condiciones de seguridad y salud del trabajo, o del medio ambiente, si hubo equidad de género y si no hubo explotación infantil.

En América latina ha tenido un desarrollo notable en los últimos años. Rápidamente han surgido redes y articulaciones locales, nacionales y continentales, con distintos grados de avance y de impacto, y muchas han logrado establecer también relaciones fuera del continente, especialmente con Europa.

También hay un fuerte surgimiento de mercados locales latinoamericanos. Después de Ecuador y Brasil, donde se ha desarrollado más, según un estudio realizado por la organización internacional Avina, el fenómeno se está abriendo progresivamente paso en la Argentina. Incluso podría decirse que va de Norte a Sur. Por ejemplo, en Abra Pampa, provincia de Jujuy, está la ONG Warmi Sayajsunqo, que agrupa a varias comunidades indígenas y que creó un sistema de créditos único en la zona basado, fundamentalmente, en la confianza. En diez años de trabajo, se revitalizó la producción de la tierra y se fomentó la vuelta a las raíces aborígenes.

Algo parecido logró la Asociación Adobe en el monte quichua-santiagueño de Santiago del Estero, donde se recupera el trabajo, las técnicas, el diseño y los colores de las teleras, que se enseñan en una escuela de telar; otro tanto puede decirse de la fundación Silataj, la entidad sin fines de lucro cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida y promover un mayor desarrollo económico y social para los pueblos originarios del norte argentino, como los wichis, collas, chanés, pilagás y tobas. Finalmente, en el Sur, el Mercado de la Estepa, ubicado a pocos kilómetros de Bariloche, cumple una función similar con los artesanos de la zona, y en estos días su ejemplo ha sido seguido por una organización en San Antonio Oeste, Viedma.

Estos son sólo ejemplos locales de un proceso en construcción, que lentamente se extenderá a todo el mundo. El crecimiento del denominado comercio justo demuestra que es posible un mayor equilibrio en el comercio mundial; viene a resaltar la necesidad de un cambio en las reglas y prácticas del comercio convencional, y enseña cómo un negocio exitoso puede, también, dar prioridad a la gente, porque de eso se trata.

Habitat para la Humanidad. El sueño de la casa propia

Una organización que les da techo a los más necesitados
(La Nación, lunes 9 de marzo de 2009)
Hábitat para la Humanidad asiste a 200 familias en la construcción

Los Miranda, felices con su primer hogar
Belén Quellet
Fundación LA NACION


"Me voy a mi casa", le dijo Edgardo Miranda a su empleador, después de 15 años de trabajar de casero sin haber abandonado nunca el lugar de trabajo. Por primera vez podía irse a su casa, la propia, construida con la ayuda de Hábitat para la Humanidad ( www.hpha.org.ar ). Para Edgardo, su esposa Sandra y sus hijos Iván y Guido, vivir en una casa como propietarios merecía correr el riesgo.

Su empleador lo dejó ir, pero le pidió que volviera a trabajar todos los días. Ahora, con las dos cosas básicas que dignifican la vida de un hombre -la vivienda y el trabajo- esperaron a Camila, que se sumó a la familia poco después de la mudanza.

"Teníamos dos hijos varones y queríamos tener otro hijo, pero decidimos esperar hasta tener la casa propia", explica Edgardo.

La de los Miranda es una de las casi 200 familias beneficiadas por los programas de Hábitat para la Humanidad. Fundada en 1976, por un matrimonio de Georgia, Estados Unidos, esta organización no gubernamental ha construido más de 225.000 viviendas en 92 países. En la Argentina, surgió hace seis años y ya cuenta con cuatro sedes: Luján, Santa Fe, Región Metropolitana y la de coordinación nacional, con oficina en Acasusso, partido de San Isidro.

Las familias pueden recibir ayuda para construir desde cero su vivienda o para mejorarla. "En estos seis años, hemos aprendido que HPHA es una pieza tan mínima como esencial en el proceso de gestión de una solución habitacional. Mínima, porque brinda tan solo una oportunidad, y esencial, porque pone en acción, el amor y la fe de tantos actores de la sociedad", resume Ana Cutts, directora nacional de la organización.

El proceso de construcción suma la colaboración de vecinos, otras familias beneficiarias y brigadas de voluntarios, tanto del país como del exterior, además de grupos de empleados de empresas. Edgardo Miranda forma parte de las brigadas cada vez que sus tiempos y su trabajo se lo permiten. Si él no puede ir, van su esposa o sus hijos.

Gracias al apoyo dado a los damnificados por las inundaciones en Santa Fe, en 2003, y las respuestas brindadas por la organización en el nivel internacional en desastres, como los que sobrevinieron con el tsunami del sudeste asiático, en 2004, y con el huracán Katrina, en 2005, han adquirido una importante experiencia en la ayuda en catástrofes.

Para hacer uso de estos saberes, Hábitat para la Humanidad Argentina ha puesto en marcha su plan de apoyo a las familias afectadas por el desastre de Tartagal. Los voluntarios acompañarán a las familias en su retorno a casa, con todo lo que ello implica: contención, limpieza de casa y relevamiento de la situación habitacional.

Para más información, habilitaron el e-mail: tartagal@hpha.org.ar

martes, 3 de marzo de 2009

Energías renovables con origen en el campo.

Diario La Nación. Suplemento Campo. Sábado 3 de enero de 2009


Productores / Industrialización en origen y valor agregado
Inyección de energía propia
En Adolfo Gonzales Chaves, el agricultor Jorge Lucea transforma sus granos en biodiésel para autoconsumo y ahorra gastos en insumos; también apunta a la diversificación de cultivos, como la arveja, para ampliar el horizonte productivo


Jorge Lucea en la planta de biodiésel que produce hasta 6500 litros por día

ADOLFO GONZALES CHAVES.- Si hay algo que caracteriza a muchos productores argentinos es la capacidad para armar estrategias a partir de una necesidad concreta. Esa habilidad, intrínseca a empresarios inquietos y dispuestos a crecer, es la causa fundamental de que en los últimos años se hayan multiplicado experiencias impactantes. Desde la incorporación de nuevos cultivos, rotaciones, manejo y tecnologías para ser más eficientes en el uso de los recursos, las combinaciones de innovaciones se cuentan por decenas.

Hoy, con el petróleo como una fuente que se va a agotando y el trasfondo de los faltantes de gasoil que se han observado en recientes campañas, más productores se están planteando encarar el autoconsumo con recursos renovables como los biocombustibles sobre la base de cultivos.

Precisamente, en esa empresa está embarcado Jorge Lucea, productor de Adolfo Gonzales Chaves. Lo hace por una necesidad de contar con combustible siempre y, según dice, trabajar con un producto renovable. Allí siembra, tiene una planta de biodiésel en su campo, y utiliza todo el biocombustible para su camioneta, camiones de transporte, tractores y todas las tareas a campo, hasta la cosecha. Todo allí se mueve con biodiésel; incluso el grupo electrógeno de la planta se alimenta con él. En el fondo, le está tratando de agregar valor a lo que hace, con una especie de industrialización en origen.

Se estima que a nivel país ya hay poco más de una decena de plantas instaladas para autoconsumo, si bien se desconoce si todas están en funcionamiento. Habría, además, un número no definido en construcción.

Como recuerda la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio) en su página de Internet, el biodiésel se hace a través de un proceso químico llamado transesterificación, con el cual la glicerina es separada de las grasas o de los aceites vegetales. Continúa con un proceso de decantación con posterior destilación y purificación. "Este proceso arroja dos productos: ésteres metílicos (el nombre químico del biodiésel) y glicerina (un subproducto generalmente usado en jabones y otros productos)", dice Carbio.

El abanico de cultivos que Lucea ha utilizado para producir biodiésel es bien amplio. Girasol, colza y soja son algunos ejemplos, mientras se apresta a probar con cártamo. Esta campaña sembró 60 hectáreas. Una pequeña porción irá para biocombustible y el resto lo venderá a una empresa exportadora. El cártamo es muy resistente a la sequía, desarrolla plantas fuertes, raíces con una importante capacidad de exploración y requiere menos insumos; alrededor de un 30/40 por ciento menos de fósforo que el trigo. Aquí se lo siembra a mediados de agosto y libera el lote a mediados de enero. Lucea ha tenido experiencias de rindes en torno de los 2000 kilos por hectárea.

Con todo, hoy con la siembra de 150 a 200 hectáreas de cultivos para biocombustibles cubre con holgura sus necesidades. Según sus números, produce 1000 litros de aceite con menos de 3000 kilos de girasol, con 8000 kilos de soja o con 2300 kilos de colza. Para cártamo cree que va a requerir alrededor de 3000 kilos. En el caso de la soja, otros especialistas creen que para producir 1000 litros de aceite hay que moler al menos 9500 kilos de la oleaginosa.

A grandes rasgos, dice que en este momento su biodiésel le cuesta entre un 15 y un 20% menos que el gasoil (2,10/2,20 pesos el litro del primero versus 2,47/2,50 del segundo, según precios en la zona). Con un consumo anual de combustible de 270.000 litros, hace sus propias cuentas. "Me voy a economizar unos 40.000 litros; en plata son unos 84.000 pesos", afirmó. Cree que con cártamo la producción va a ser más ventajosa. "Va a ser más económica; quizás un 10 por ciento menos", señaló.

Al margen del atractivo de los números, Lucea prefiere mirar otro costado de su experiencia. La faceta renovable, no contaminante como los combustibles fósiles y biodegradable de este biocombustible. "Tenemos que empezar a manejar todo para que haya menos contaminación. Para mí lo importante es no contaminar; eso es fundamental", explica a este cronista.

Hacer desde la necesidad
Pero su historia con el biodiésel nació desde una necesidad. Preocupado porque hace unos años en esa región comenzó a escasear gasoil, Lucea comenzó a pensar en hacer su propio combustible. "Encargabas 10.000 litros de gasoil y te entregaban 2000", recuerda hoy.

Lo primero que hizo fue agruparse con unos productores de Tres Arroyos para la construcción de una planta en esa localidad. Pero luego se retiró de esa sociedad y decidió armar una propia. Así, en marzo de 2007 contactó a una empresa cordobesa especializada en este tipo de fábricas y en octubre ya la tenía instalada en su explotación. Aunque prefiere no comentar el monto de la inversión, acepta decir que la amortizará en tres o cuatro años.

Lucea hoy posee una planta con mayor capacidad que la que requiere: puede producir entre 6000 y 6500 litros diarios del biocombustible, pero él necesita poco menos de 1000. Con todo, forma parte de un pool de productores que están evaluando la alternativa de la exportación. En su caso, la capacidad excedente podría tener ese destino. Por sus características, se trata de una planta de tamaño mediano.

"Mientras tanto, uso el biodiésel para todos mis motores (con el biocombustible rinden un 4% menos, según explica; igual afirma que el biodiésel es entre 50 y 60 veces más lubricante)", repite. Lo utiliza puro. "Todo funciona perfecto", subraya. Permanentemente está realizando análisis y en uno de los últimos recibió la noticia de que la calidad de su producto se encuentra, según afirma, dentro de las normas europeas para este producto.

En realidad, Lucea tiene armado un circuito que hace posible la producción en el campo. Cosechados los granos, los lleva a una planta de extracción en Benito Juárez, a 50 kilómetros (el productor no tiene prensa en su explotación, pero la idea es contar con ella en algún momento). La empresa de Benito Juárez, que hace alimentos balanceados, le compra la harina y él regresa al campo con el aceite, donde posee un tanque de 40.000 litros para almacenarlo. Otro tanque de 40.000 litros sirve para guardar el biodiésel ya procesado (ver infografía).

Inquieto, Lucea también está trabajando fuerte para darles una salida a los subproductos. El jabón es una opción. "Ya hemos logrado como una crema para lavarse las manos en los talleres y la idea es que alguien lo envase", cuenta. Sería un ingreso extra que podría tener.

En origen
Pero hay más: con el glicerol ha realizado diversos trabajos para evaluar su funcionamiento como glifosato. A campo no tuvo éxito: demoró mucho el secado de las malezas; tres veces y media más que el glifosato. "Igual esto se puede mejorar", se aventura. "Pero como coadyuvante anda muy bien (usa un litro por hectárea junto al glifosato)", agregó.

Lucea es, de algún modo, un productor todoterreno que cree que hay que agregarle valor a la producción en origen. Y de ahí que se esfuerza por ampliar el negocio. "Si en vez de vender el grano de soja o girasol comercializamos el aceite, las cosas pueden ser distintas. No tenemos que quedarnos con una cosa, sino buscar hacer varias", afirmó.

A tono con las idas y venidas a las que está expuesto el campo por la política oficial, Lucea cierra con una frase elocuente. "Con el cambio de las reglas de juego, en este país uno debe estar entrenado para todo", señaló. En ese contexto, él ha logrado suplir los faltantes de gasoil con un combustible propio y, además, comenzar a explorar alternativas de negocios.

Por Fernando Bertello
Enviado especial

Un cura que creo un emporio gastronómico con claro perfil social

Diario La Nación. Domingo 1 de marzo de 2009. Suplemento Enfoques

Innovadores
Luis de Lezama, el cura que creó un emporio gastronómico
En los años 60 creó un restaurante en Madrid para promover el empleo y la formación profesional de jóvenes marginales. Hoy preside un grupo empresarial que tiene 21 locales, emplea a 600 personas y pone el acento en la capacitación de sus empleados

El "cura empresario", "el cura innovador" o simplemente "el cura", Luis de Lezama no es un sacerdote más en España. Preside un grupo económico a cargo de 21 restaurantes (dos de ellos en Estados Unidos), un resort de lujo y tres escuelas de gastronomía y hotelería: en total, 600 funcionarios y 17 millones de euros de facturación por año. Raro para un hombre de sotana, y mucho más cuando dice que ha levantado su negocio sobre la misma base que una misa. "La justificación de mi empresa no está en la ambición de dinero o popularidad, sino en el mensaje evangélico", asegura el sacerdote de 72 años, quien pasó unos días en Uruguay con la triple finalidad de descansar, escribir un libro y casar a Hilario, hijo de su amigo Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia aérea de los Andes.

La historia se remonta a finales de los años 60. En una España deprimida, con Francisco Franco en el ocaso de su gobierno, De Lezama era cura en Vallecas (Madrid), donde abrió un albergue para jóvenes marginales, en su mayoría "maletillas", chavales que sueñan con convertirse en toreros y quedan al cabo sin corrida y sin estudios. Como una de las máximas del sacerdote refiere a nunca pedir limosna, él y esa veintena de jóvenes vivían como recicladores. "Ibamos a la rebusca, la busca (de basura) era para los privilegiados. Y vivíamos de las chatarra, los cartones, papeles viejos". La otra máxima de Lezama se ha transformado en lema del grupo empresarial: "No dar peces, sino enseñar a pescar". O a cocinar, administrar y dar un buen servicio. Así surgió la idea atrevida de abrir un restaurante para que él y esos jóvenes pudieran producir. Un amigo consiguió el local, él pidió licencia de sacerdote y en 1974 se inauguró La Taberna del Alabardero, en Madrid, frente al Teatro Real.

Allí comienza una expansión casi milagrosa en la que un cura que no sabía de cocina y unos jóvenes que no sabían nada de nada pusieron la primera piedra de una de las cadenas más prestigiosas de España. "La Taberna era frecuentada por intelectuales, periodistas, políticos. Y muchos que venían del exilio. Uno de ellos, un tal Isidoro, resultó que era Felipe González. Allí empezó a gestarse un nuevo estilo de sociedad, de democracia y también de restaurante. De aquellos con mantel de hilo o casas de comida de hule surgió esta taberna donde se comía la cocina de la abuela."

Con esa misma impronta, el crecimiento no ha parado hasta hoy, con la última sucursal recién abierta en Seattle (EE.UU.), pese a la crisis. Pero justo en la cúspide, De Lezama abandonó el grupo empresarial que dirigió por 35 años para volver a calzarse la sotana y transformarse en párroco, aunque mantiene la presidencia de la compañía y de su fundación. En 2005 le asignaron una parroquia en el barrio madrileño de Monte Carmelo.

La tercera actividad del cura es el periodismo. Lo estudió y ejerció para financiar el albergue de "muletillas". En 1972, como periodista de la agencia EFE, viajó a Uruguay para entrevistar a 16 muchachos que habían sobrevivido 72 días los Andes. A la vez, produjo un curioso reportaje con el movimiento Tupamaro, uno de los pocos que dio la guerrilla uruguaya mientras estaba en actividad.

A Uruguay lo prefiere en verano, cuando se toma unas vacaciones. En casa de los Canessa, distendido en un sillón, habla de negocios, de la crisis, y de algo clave para él: el capital humano. Pero también de la liturgia, la fe cristiana y de cómo y por qué en Uruguay pululan las sectas. Lenguajes y ámbitos en apariencia muy distantes, pero pareciera que este cura innovador logra unir lo que el hombre ha separado.

-¿Cómo es que un sacerdote termina siendo empresario?

-Después del Concilio Vaticano II, surge en España un grupo de sacerdotes muy preocupados por lo social. En 1962 yo estaba en un pueblecito llamado Chinchón y empecé a acoger a muchachos marginales, que no sabían quiénes eran y todo eso se traslada después a Vallecas, donde abro un albergue. Pero luego cambia el cariz de todo esto cuando dijimos: "Vamos a vivir de nuestro trabajo". Y en 1974 abrimos la Taberna del Alabardero. Contratamos a un chef vasco, como yo, y nos pusimos a trabajar en un tiempo en que se fraguaba un cambio en España. Franco estaba en sus últimos momentos y por las pocas mesas de la Taberna pasaron la mayoría de los intelectuales de la época.

-¿Pero se imaginaba el crecimiento que tuvo luego?

-No nos imaginamos nada. Teníamos esa idea de transformar la Taberna en una escuela de formación humana, de valores, que hoy es tan importante en una España que se ha hundido en la cultura del pelotazo económico, de proyectos que ganaban mucho dinero de la noche a la mañana y que hoy ha estallado, dejando cuatro millones de desempleados.

-De ahí que usted haya afirmado que su empresa es una especie de extensión de su servicio como sacerdote...

-Estoy convencido de que no hubiera hecho nada de esto si no hubiera sido sacerdote. La justificación de mi empresa no está en la ambición, el deseo de ganar dinero o popularidad; está en el mensaje evangélico.

-Es una vía poco ortodoxa...

-Puede ser, pero la Iglesia en estos tiempos debe ser más activa en su misión de ir a buscar a aquellos que están lejos de la fe. Claro que es más fácil volver a la rutina. La liturgia es parte importante de la pastoral, pero no podemos quedarnos en eso. Necesitamos una pastoral de comunicación, de comunidad, y eso rompe con la rutina. He visto en muchas ciudades, en Madrid y otras, que las iglesias están cerradas durante todo el día. Las abren media hora antes de la misa y luego las cierran. Yo no conozco ningún negocio que cerrado produzca.

-¿Cuál es su concepto de empresa?

-La empresa es mucho más que el lugar donde se gana el dinero para vivir. Es una segunda familia, donde uno tiene que trabajar y tiene que haber un respeto a los valores de cada uno. Si la fregadora de la Taberna del Alabardero en Seattle, la última que ha abierto, para el tren de lavado, todo se paraliza.Este conjunto de equipo hace que si el chef realiza buena comida, el maitre ofrece un buen servicio, la señora que frega los platos lo hará con más ilusión si hay esta armonía que si estamos en esa especie de lucha social interna. Desgraciadamente, no nos hemos dado cuenta de que la lucha de clases se ha perdido. Hoy estamos en otra coyuntura y a veces, en la carencia y dificultad, aprendemos que la fregadora puede ser mi mejor compañera, que debe tener un sueldo equilibrado y que no la puedo maltratar. Esto muchas veces se ha aprendido con sangre.

-¿No ha tenido problemas con los sindicatos?

-No. Pero los sindicatos hoy deberían cambiar. Tendrían que ser los principales responsables de la educación y cultura del pueblo para la formación profesional y no dedicarse a buscar dádivas del poder, que por cierto les tapa la boca con dinero. Hoy, muchos sindicalistas tiene la boca tapada con millones. Y los sindicatos, cuando se juntan con el poder, pierden su fuerza. Lo mismo pasa con la Iglesia: cuando se liga al poder, pierde sus valores espirituales. Por eso, una Iglesia controvertida, en difícil relación con el poder, siempre será más sincera, más auténtica y más cristiana.

-¿Tiene detractores dentro de la Iglesia?

-Siempre hay gente que ve las cosas de otro modo. Me he sentido prejuzgado, que hacía esto por dinero, por popularidad, hasta para conseguir chicas (risas).

-Está escribiendo un libro cuyo título será El capital humano , ¿a qué se refiere?

-Aquí, en Punta Colorada, he avanzado bastante con ello. El capital humano es el valor del equipo que forma una empresa y su proyección. La cuenta de resultados de una empresa que no tenga en cuenta hoy el capital humano y la investigación y desarrollo, la I+D, se muere. Y se muere más rápidamente que antes.

-¿En qué gasta su empresa los 17 millones de euros que factura?

-En esto. Tenemos tres escuelas de hostelería con nivel universitario y estamos por abrir otras dos. También armamos una fundación, que es civil y no religiosa, dedicada a la formación del ser humano y que da acogida un poco a lo que he venido haciendo desde 1962. No podemos parar, cuando uno está trabajando con jóvenes no se puede venir abajo. Las cuentas de resultado no van a mejorar si uno se pone triste, serio, cabizbajo; hay que echarle mano a la imaginación.

-Para muchos, la figura del empresario se asocia a alguien sin sentido social, ¿cómo ha lidiado con esto siendo cura?

-Ya no hay más lucha de clases. Habrá empresarios buenos y malos, pero esa idea del empresario como mal social, causa de todos los problemas, cuando los países no eran cultos tenía chance para los políticos de izquierda. Pero hoy que el nivel de cultura, en España, en Uruguay y en muchas partes, ha avanzado, eso me parece una cosa del Antiguo Testamento. Los jóvenes están hartos de discursos y palabras huecas. Los contenidos son más reales, rápidos y eficaces. Hay que crear ideas. "Enseñar a pescar, no dar peces". Lo dice el Evangelio.

Miguel Bardesio
EL PAIS/GDA


Quién es
Nombre y apellido :
Luis de Lezama

Edad :
72 años

Sacerdote y periodista:
Nació en la provincia vasca de Alava, en España, en 1936. En 1962 fue ordenado sacerdote, luego estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y durante varios años dirigió programas radiales religiosos.

Empresa solidaria:
En 1974, junto con jóvenes marginales, fundó el restaurante Taberna del Alabardero, en Madrid, renunció a la función eclesiástica y creó una fundación que administra el exitoso grupo empresarial que aún preside.

jueves, 26 de febrero de 2009

Guía para construir ciudades sustentables

Entrevista a Manuel Ludueña
Guía para construir ciudades sustentables
El especialista en planificación urbana plantea que las ciudades con potencial para aplicar eficazmente criterios de sostenibilidad son las economías de escala local.
Arq. Guillermo Tella, con la colaboración de Alejandra Potocko (Diario El Cronista. Jueves 26/02/2009

La urbanización es el asentamiento humano predominante del planeta. La tecnología, la demanda de recursos y la presión creada por los actuales modos de producción y consumo han transformado la relación entre los seres humanos y el medio natural. ¿Cómo sobrellevar los efectos de las ciudades y regiones urbanas sobre el ambiente? ¿Cómo crear ciudades más sostenibles? Investigadores y activistas reclaman la necesidad de reconvertirlas para lograr un sistema socio-ecológico con resultados positivos. Abordamos estas cuestiones en charla exclusiva con Manuel Ludueña, planificador urbano comprometido con la difusión y aplicación de prácticas urbanas sostenibles.

¿Cuáles son las premisas para construir ciudades más sostenibles?

La construcción de la ciudad sostenible pasa por atender y procurar que funcione como un ciclo completo de energías y materiales. La recuperación de la ciudad construida, modificada, rehabilitada por sus habitantes es una condición imprescindible para su sostenibilidad. Pacificar el tránsito en todos los planos y distancias resulta una labor prioritaria. Es necesario por tanto una organización de la ciudad, del espacio urbano, acorde con la posibilidad de percibir la totalidad o la mayor parte posible de personas, objetos, energías e información que la conforman. En este sentido, la ciudad tiene que ser abarcable.

¿Cuál es el estado actual de estas cuestiones? ¿Cuáles son las experiencias de ciudades que iniciaron su propia transformación?

El avance hacia el desarrollo sostenible ha sido lento a pesar de los cambios en la gestión ambiental, la profundización en la comprensión de la relación entre medio ambiente y desarrollo, y a pesar de las soluciones viables encontradas a lo largo de los últimos 20 años para varios de los problemas ambientales, tales como la contaminación industrial del aire y el agua, la erosión de la tierra a escala local, la tala de mangles para la acuicultura y las emisiones de gases de los vehículos motorizados.

Para nuestras grandes metrópolis se ha sugerido y en ocasiones experimentado por medio de subsistemas en barrios-ciudad, dando cabida a cierta complejidad de lo urbano y a su diversidad, con capacidad de construir su propia centralidad e identidad colectiva, no tan grandes que la población los desconozca.

Hay experiencias de ciudades que iniciaron su propia transformación: Curitiba (Brasil), Adelaida (Australia), Zurich (Suiza) -galardonada con el título de ciudad con mayor calidad de vida en el mundo por dos ocasiones consecutivas (2006-2008)-, Vancouver (Canadá), entre otras. A medida que la conciencia de los problemas han ido creciendo, cada experiencia tuvo sus propias particularidades, aciertos y fracasos, de manera que no hay una receta y reglas para la rehabilitación ecológica de la ciudad: lo único común a todas ellas es, precisamente, el afán por una nueva acción política democrática que permita reconstruir el alma colectiva de la ciudad.

Varios ejemplos exitosos demuestran la viabilidad de desarrollar y poner en práctica políticas que vayan dirigidas a por lo menos algunos de los problemas ambientales en las ciudades, como la contaminación del aire urbano.

Por ejemplo, los sistemas integrados de transporte público desarrollados en Curitiba (Brasil) y Bogotá (Colombia) y se han convertido en un modelo para las otras grandes ciudades de la región y de Europa. Otros ejemplos incluyen la agricultura urbana y la restauración del malecón de La Habana (Ciudad Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), las reformas del derecho de aguas en Chile que han mejorado la eficiencia del agua y el tratamiento de las aguas residuales y el esquema de gestión de residuos sólidos de base comunitaria adoptado en Curitiba (Brasil). Todos se basan en una buena planificación y gestión ambiental para las ciudades.

Desde la planificación, ¿cuáles son los criterios y los instrumentos de intervención?

Ante todo, es necesario reconocer que las ciudades con potencial para aplicar eficazmente criterios de sostenibilidad son las economías de escala local, basadas en una mayor eficacia en el uso de los recursos renovables disponibles, con opciones técnicas de bajos efectos ambientales, y en densas redes de comunicación que faciliten la introducción de nuevas prácticas socio-productivas.

Para ello, el uso de instrumentos económicos y el cumplimiento efectivo de la normativa ambiental tiene que complementarse con una planificación urbanística participativa y orientada ecológicamente como base estratégica para la sostenibilidad.

Desde la planificación, en cualquier propuesta territorial hay que proponerse alcanzar una ciudad más compacta, con un urbanismo de calidad y una dotación de servicios públicos importantes, incluyendo una gran superficie de zonas verdes y corredores arbolados, con una gran potencialidad para conectarse con el campo.

A ello habrá que sumarle la necesidad de crear una serie de espacios naturales periurbanos que enmarcan el ámbito urbano y funcionan como eco-tono entre la ciudad y el territorio rural. Es lo que generalmente se denomina Anillo Verde.

Por otra parte, es necesario considerar la matriz agrícola, que incluye una importante red de ríos y arroyos sobre un extenso acuífero, bosques-isla, caminos y vías enlazando las rutas rurales y las tradicionales. La imagen se completa con una red para poderse desplazar entre los pequeños pueblos, así como la puesta en valor de la arquitectura rural. Finalmente, se deberá considerar la puesta en valor de los sistemas naturales, como bosques, pastizales y riberas de valor ecológico y paisajístico en la región de pertenencia de la ciudad.

¿Puede señalar algunas líneas de actuación que respondan a esos criterios?

Siendo el tamaño de las urbes un factor primordial en su capacidad de desarrollo sostenible, es necesario poner límites a la extensión y crecimiento espacial de la ciudad, favorecer la proximidad frente a la dispersión, dar prioridad a la rehabilitación y regeneración de la ciudad frente a la creación de nuevo suelo urbano.

Además, para reducir los impactos sobre el medio natural y urbano, se debe favorecer la movilidad peatonal, reducir las necesidades de transporte motorizado y promover el uso de transporte público frente al uso del vehículo privado. Otras líneas se dirigen a eliminar las barreras arquitectónicas para favorecer la accesibilidad a vivienda, equipamientos, servicios, etc. Y recuperar la calle y las plazas como lugares de encuentro social.

¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para crear ciudades más sostenibles?

Propiciar una participación amplia en el proceso de toma de decisiones sobre el desarrollo sostenible, es algo a lo que instó la Agenda 21, entre otros importantes desafíos. La Agenda 21 es un Programa de las Naciones Unidas para promover el desarrollo sostenible desde el punto de vista social, económico y ecológico. Detalla acciones que deben ser encaradas a nivel mundial, nacional y local para reducir los impactos humanos sobre el medio ambiente.

La enorme diversidad de los asuntos a considerar en la elaboración de políticas de desarrollo sostenible, unida a las aspiraciones de transparencia, convierten el diseño de la participación ciudadana en una tarea de grandes proporciones. Si se trata la participación de forma superficial fácilmente podría no ser más que "hablar por hablar". La tarea de diseñar un proceso de toma de decisiones moderno, transversal, transparente e informado no solo representa un desafío en cuanto a su concepción sino que también requiere un enorme incremento de las capacidades locales para la democratización de las instituciones, públicas y privadas, y la toma de decisiones.