La droga en las Villas: despenalizada de hecho
Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa. Se va dando así esa dinámica linda que va transformando las Villas en barrios obreros. Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de esta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a la sombra de un árbol o de un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a contar anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas las edades se reúnen a rezar las novenas y preparar las fiestas en torno a las ermitas levantadas por la fe de los vecinos.
La contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos.
Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la delincuencia, decimos claramente: el problema no es la Villa sino el narcotráfico. La mayoría de los que se enriquecen con el narcotráfico no viven en las Villas, en estos barrios donde se corta la luz, donde una ambulancia tarda en entrar, donde es común ver cloacas rebalsadas. Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa –como zona liberada- resulte funcional a esta situación.
La vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez más difícil hasta convertirse en las primeras víctimas de esta despenalización de hecho. Miles arruinados en su mente y en su espíritu se convencieron que no hay posibilidades para ellos en la sociedad.
Por otra parte profundamente ligado al tema de la droga se da el fenómeno de la delincuencia, de las peleas, y los hechos de muerte violenta (“estaba dado vuelta”). Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que hay en nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y que visualizamos como fuera de control. Cuando vemos muertes causadas por menores adictos, también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras víctimas son los mismos vecinos de la Villa.
La destrucción pasó como un ciclón por las familias, donde la mamá perdió hasta la plancha porque su hijo la vendió para comprar droga. Estas familias deambularon por distintas oficinas del Estado sin encontrar demasiadas soluciones año a año. Toda la familia queda golpeada porque su hijo está todo el día en la calle consumiendo. Asombra ver como ese niño que fue al catecismo, que jugaba muy bien en el fútbol dominguero, hoy “está perdido”. Causa un profundo dolor ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye para fumar “paco”.
La despenalización de hecho generó inseguridad social. La raíz de la inseguridad social hay que buscarla en la insolidaridad social.[1] A poco que nos pongamos a la luz de Palabra de Dios, descubrimos que como sociedad no nos hemos movilizado suficientemente ante el hecho dramático del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes débiles física y mentalmente. Con madres y padres angustiados sin trabajo o changas mal remuneradas. A los que les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos con actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva de ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero necesario. Se generan así situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga.
Como sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la llamada evangélica de acompañar a aquellos niños, adolescentes y jóvenes que en gran cantidad se encuentran en este infierno de la droga y a la vez de exhortar a la conversión a los que pisotean la dignidad de los mismos de esta inescrupulosa manera, avisándoles que Dios y la Virgen les van a pedir cuentas.
Ahora escuchamos hablar de despenalizar en el derecho el consumo de sustancias. Nos preguntamos: ¿ministros y jueces conocen la situación en nuestros barrios? ¿Han dialogado con el hombre común de la Villa? ¿Se han sentado a elaborar con ellos proyectos liberadores –la droga esclaviza- o simplemente se piensa en implementar recetas de otras latitudes?[2]
¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes el mensaje: se puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?
Algunas propuestas
Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que están en los pasillos de consumo, en esos lugares de tristeza y desesperación, recibe generalmente preguntas y pedidos de este tipo: “¿Dios a mí me ama?” “¿Me voy para arriba o para abajo?” “Padre me da la bendición de Dios”. “¿No me ayuda a salir de este lugar?, no aguanto más esta vida”…
Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros creemos que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita, ninguna vida está de sobra.
Por eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los papeles de las estadísticas, desde los fríos números. Desde esta perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir paco, es sólo uno más. ¿Qué importancia tiene esto si no afecta a los números y estadísticas que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso? Tal vez esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado, nada más.
Nosotros queremos intentar mirar la realidad desde el corazón de Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se pierda, para todos quiere una vida plena.
Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía diaria con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones en base a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias Villas venimos transitando distintos caminos de prevención, recuperación y reinserción; de acuerdo con cada realidad y con las posibilidades que contamos.
Prevención
No hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación tenemos que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención sistemático y a largo plazo.
Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus familias-. Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto real para su vida. La verdad es que se logra poco con el no a la droga sin un fuerte sí a la vida.
Muy unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y psicológica.[3] Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la “alegría de vivir”.
Nuestro país tiene una enorme deuda social. “La deuda social es también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir”[4].
El sentido de la vida se adquiere por “contagio”, los valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que puedan trasmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio.
Tenemos por otro lado que aprovechar los ámbitos que existen y que son naturalmente lugares de prevención, como por ejemplo la escuela. “La escuela es el principal mecanismo de inclusión. Quienes se van de la escuela pierden toda esperanza ya que la escuela es el lugar donde los chicos pueden elaborar un proyecto de vida y empezar a formar su identidad. En la actualidad, la deserción escolar no suele dar lugar al ingreso a un trabajo sino que lleva al joven al terreno de la exclusión social: la deserción escolar parece significar el reclutamiento, especialmente de los adolescentes, a un mundo en el que aumenta su vulnerabilidad en relación a la violencia urbana, al abuso y a la adicción a las drogas o al alcohol. Si bien la escuela puede no lograr evitar estos problemas, la misma parece constituir la última frontera en que el Estado, las familias y los adultos se hacen cargo de los jóvenes, en el que funcionan, a veces a duras penas, valores y normas vinculados a la humanidad y la ciudadanía y en el que el futuro todavía no ha muerto.” [5]
Por eso no hay que quedarse en el mero demandar cosas a la escuela en general y a los docentes en particular, sino que hay que apoyar decididamente su fundamental labor. La educación es un camino real de promoción por eso son necesarias más escuelas y mayor presupuesto para educación en los barrios más pobres de la ciudad.
Nos parece conveniente proponer la posibilidad de que se dicte una materia específica de prevención de adicciones ya desde la primaria, tal vez desde el preescolar. No nos referimos a esa prevención que explica el tipo de drogas, o como se consumen etc. Nos parece más conveniente un tipo de prevención que transmita a los chicos que tenemos vida y esta vida es sagrada y por eso tenemos que aprender a cuidarla. Hay material elaborado a partir de experiencias en zonas de alta vulnerabilidad social que se puede utilizar.[6] Si fuera necesario, la delicadeza del tema amerita un proyecto de ley en la legislatura que al aprobarse posibilite el dictado de la misma.
El abordar la tarea de la prevención de las adicciones requiere un trabajo hecho con esperanza, con la confianza audaz de que es posible crear ámbitos sanos y dichosos que ayuden a curar las heridas. “A quienes dicen ‘trastornos precoces efectos durables’ se les puede responder que los trastornos precoces provocan efectos precoces que pueden durar si el entorno social y familiar los convierte en relatos permanentes.” [7]
Mirar con esperanza esta difícil situación que vivimos en nuestros barrios nos aleja de una mirada fatalista. Por otro lado nuestra fe católica nunca dijo que algunos están predestinados a vivir bien y otros a la miseria. Nuestra fe lee esta situación como una situación de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta situación de injusticia se contrapone al proyecto de amor del Buen Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor por nuestra complicidad manifestada de tantas maneras y pidámosle la gracia de poner todo lo que esté de nuestra parte para transformar esta dolorosa realidad.
Recuperación
Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados niños, jóvenes y adultos que fuman pasta base, tengamos por seguro que llegamos tarde. La pregunta es: ¿queremos seguir llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren o quedan con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo ya. Aunque sólo salvemos a uno.
Pedagogía de la presencia[8]
El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso es a la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas, de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas que ‘estan de sobra’, que molestan, o que afean nuestros barrios. Este primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón que ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos más, seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría notablemente
Ponerse a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las pautas sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan normas, que respeten derechos para entrar en sociedad, cuando como sociedad no les hemos respetado sus derechos más elementales.
Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer paso imprescindible.
Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos.
La burocracia expulsa, pone trabas (excesivas entrevistas y requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas personas. Además muchas veces la realidad de los procesos de recuperación está marcada por los números-dinero (becas por un año, ese sería el tiempo de recuperación), dejando a un segundo plano los procesos personales.
Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona hay que discernir que camino de recuperación proponerle: atención ambulatoria en un centro de día; internación en una comunidad terapéutica, etc.
Por otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen y no tiene con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse entonces la posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.
Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos; creando ámbitos que rompan las cadenas invisibles que esclavizan a nuestros adolescentes y jóvenes.
Hoy vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte se adueñan de nuestra vida.
A veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando fuertemente en la lucha contra la droga’. Es así que por ejemplo se abre un solo centro de recuperación para toda una ciudad y se empapela la misma para dar una buena imagen. Si se da imagen de algo que no es, que en realidad se está haciendo insuficientemente, no solo se corre el riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el camino.
En relación a esto último hay una responsabilidad grande de los publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como ejemplo este verano: Por un lado la propaganda de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa.
Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les mostramos que no hay que encontrar “algo” para combatirlas sino encontrar a “alguien” con quien compartir y hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con “alguien” que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.
El mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a esos chicos que tienen su libertad muy condicionada; prueba de ello es que dinero que consiguen va a parar a aquellos que no les importa nada de sus vidas y les ponen veneno en sus manos. La justicia tiene que tenderle la mano a esas mamás que desesperadas no saben como ayudar a sus hijos.
Pensar en el después del camino de recuperación.
No alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes que no pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra y se consume libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico que favorece la recaída en el consumo. La no conveniencia de la vuelta al barrio es señalada reiteradamente por muchas familias que los aman y acompañan. Tenemos que ir tejiendo con ellos una propuesta de real reinserción social. Desde el elemental derecho a la identidad o sea que accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un lugar para vivir con dignidad.
Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están privados de su libertad han cometido delitos a causa del consumo de droga. En ese caso hay que replicar las experiencias que tratan su adicción; utilizándose así positivamente el tiempo en prisión para que al salir puedan reinsertarse en la sociedad. De alguna manera este también es un trabajo de prevención.
Por último ponemos bajo la protección y el cuidado de la Virgen de Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las familias que en nuestros barrios sufren el flagelo de la droga.
- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco de la Villa 1-11-14.
- Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.
Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009.
________________________________________
[1] Cf. Mons. Miguel Esteban Hesayne. Jesús, el Reino y la inseguridad. Homilía del 32º domingo durante el año (9/11/ 2008)
[2] Mons. Jorge Lozano: “Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero ¿se logra el propósito andando ese camino? ¿La legislación actual penaliza al consumidor? No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una "dependencia física o psíquica" de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.
Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente) y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La despenalización del adicto ya está en vigencia.” Artículo periodístico publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización del consumo de drogas para consumo personal. (29/12/ 2008)
[3] Nos parece muy iluminador el trabajo de López Rosende Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008.
[4] CEA. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad. (2010-2016) Nº 25
[5] Card. Jorge Mario Bergoglio S. J. Carta pastoral sobre la niñez y adolescencia en riesgo. (1/10/05 )
[6] Por ejemplo: Aldo Tamai- Claudia Betancour. Promoción de la Salud para niños en edad escolar. Estrategias para la prevención de adicciones y otras situaciones de riesgo en edad escolar. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 2007.
[7] Cyrulnik Boris. La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Granica. Buenos Aires, 2001. Pag. 92. Del mismo autor se puede leer obras como: “El amor que nos cura.”; “Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida.”
[8] Gomes Da Costa Antonio Carlos. Pedagogía de la presencia. Losada - UNICEF Argentina. Buenos Aires, 1995.
martes, 28 de abril de 2009
domingo, 26 de abril de 2009
La trama solidaria
El Comercio Justo está echando raíces en la Argentina. Aquí, dos experiencias ligadas con el rubro textil de un movimiento con presencia en el mundo, que apunta a que la elaboración de un producto conlleve desarrollo social y respeto por la tierra
Domingo 26 de abril de 2009. Diario La Nación de Buenos Aires
Doña Berna es la tejedora estrella de la Fundación Adobe, que recuperó técnicas ya extintas del monte santiagueño
"Comercio, sí; ayuda, no": la consigna se comenzó a escuchar en la opulenta Europa de los años 60. La esgrimían sectores estudiantiles preocupados ante la brecha que veían abrirse entre la pujanza primermundista y la pobreza de los países periféricos. Estos grupos denunciaban las condiciones desfavorables que imponían los países industrializados al momento de comerciar con las naciones pobres, en general proveedoras de materia prima. Pero también cuestionaban las prácticas asistencialistas que, implementadas también desde el mundo desarrollado, brindaban ayuda a sectores empobrecidos del Tercer Mundo sin aportarles recursos para salir del estado de carencia. Frente a unos vínculos internacionales que sólo parecían ofrecer inequidad o caridad, ellos propusieron el Comercio Justo, una alternativa que hoy, en plena crisis económica mundial, merecería mirarse con mayor atención.
"Es una tecnología social muy nueva, que aún está en construcción -confirma Paola Berdichevsky, integrante de Avina, fundación dedicada a la promoción de la economía social y solidaria en América latina-. Nace, sin duda, desde una lógica primermundista. El lema Trade no aid significó cambiar la lógica de la caridad por el reconocimiento de la dignidad de productores a "los pobres del tercer mundo". Comienza desde una transacción comercial en condiciones de respeto por las y los productores, pero es también una herramienta para generar conciencia y abrir debates".
¿En qué se basa esta modalidad comercial? En lanzar al mercado productos de suma calidad que, además, garanticen (con los debidos sellos y supervisiones internacionales) que en su elaboración se siguieron criterios ecológicos, se generó desarrollo social y se respetaron las condiciones laborales de los productores. El Comercio Justo está íntimamente ligado con la noción de "consumo responsable". Esto es, la existencia de personas dispuestas a pagar un poco más por productos elaborados en óptimas condiciones humanas y naturales. Los alimentos orgánicos y las artesanías suelen ser los bienes de intercambio más habituales. En Europa (especialmente Italia) y los Estados Unidos se cuentan por miles las tiendas dedicadas exclusivamente a su comercialización.
El Banco Mundial reconoció al Comercio Justo por su aporte a un mejor uso de los recursos naturales, el descenso de riesgos de salud por la utilización de menos sustancias químicas y el mayor empleo de mano de obra en el agro. Según la Federación Internacional de Comercio Justo (IFAT, International Federation of Alternative Trade), en 2007 las ventas correspondientes a trece países de América latina ascendieron a US$ 47.180.708. Ese mismo año, las ventas globales de alimentos certificados por FLO (Fairtrade Labelling Organization: organización otorgante del sello de calidad del Comercio Justo) aumentaron un 47% respecto de 2006.
Ni estos datos ni los conceptos en danza son demasiados conocidos en la Argentina. Sin embargo, existen a lo largo de todo el país emprendimientos vinculados con un movimiento que aspira a crecer a escala continental. A continuación, dos casos que dan cuenta de eso.
Memorias del monte
Todo empezó con una escuela de telar. En 2001 la Asociación Adobe se propuso recuperar antiguas y casi extintas técnicas textiles nacidas en el monte santiagueño. "El objetivo era que se volviera a tejer -explica Sofía Folatelli, trabajadora social que desde hace cuatro años trabaja en el proyecto-. Generar trabajo con una riqueza que las mujeres que viven en este lugar ya tenían". Que tenían, pero habían olvidado.
Cuenta la gente de Adobe que, tras siglos de olvido y menosprecio, los saberes ligados con el tejido y el hilado no sólo estaban relegados, sino que también eran enérgicamente rechazados por las hijas y nietas de las pocas mujeres que aún se decían "tejedoras". Ocurría lo mismo con el que hoy es uno de los ejes más interesantes del emprendimiento: los tintes naturales. "No querían usarlos -recuerda Claudia Mazzola, artista textil e integrante de Adobe-. Decían que las tinturas químicas eran más rápidas, de colores más fuertes. No querían ni siquiera recordar." Hasta que un día algo se destrabó y una de las alumnas de telar contó cómo su abuela teñía las telas con productos obtenidos en el monte. De a poco los recuerdos fueron surgiendo y las capacitadoras llegadas de la capital asistieron, maravilladas, a la recuperación de colores y tonalidades únicas. "Entre todo apareció la cochinilla; o grana, como la llaman ellos -continúa Mazzola-. Es un parásito que se cría en los cactus y da unos rojos, rosados y naranjas muy utilizados en el tejido santiagueño antiguo." Con la recuperación de este tintóreo surgió un proyecto paralelo al de las tejedoras: la organización de pequeños productores dedicados a la cría de cochinilla en palmas de tuna.
"La misión de Adobe es generar mayores oportunidades de vida en el campo. Por ello sumamos a la escuela de telar el proyecto de los pequeños productores, emprendimientos educativos, huertas, viveros y una reserva forestal (un predio cerrado de 18 hectáreas) que permitió la recuperación de especies vegetales y animales", enumera Folatelli.
Una reparación de la memoria y la autoestima colectiva que entre sus grandes protagonistas la tiene a doña Berna. Tejedora estrella de la escuela, a sus casi 80 años se convirtió en maestra y guía de las tejedoras más jóvenes. "Doña Claudia, a ese color lo han dejado solito", le dijo a Mazzola una vez, mientras señalaba una alfombra en la que, efectivamente, algo andaba mal. Porque para ella los colores se acompañan, están alegres o sufren en soledad.
Mientras la escuela se fortalecía, surgió la necesidad de organizar a las tejedoras. "Huarmi Sachamanta" se llamaron a sí mismas y se impusieron ritmos de trabajo y estándares de calidad con capacidad de competir en el mercado internacional. Un desafío nada fácil en una zona donde la sequía aprieta, la tierra se encrespa con el viento y en verano la temperatura puede llegar a los 50 grados. En esas condiciones, las Huarmi están produciendo piezas prolijamente tejidas, limpias, con los colores correctamente enjuagados. Muchas de esas alfombras y mantas se venden desde hace unos tres años en el exigente mercado de diseño de Milán. Otras se vendieron (y venden) en Santiago del Estero, en el puesto que las Huarmi poseen en la ruta 92. Y este año, con la apertura de la galería textil Spazio Sumampa en Buenos Aires, los espléndidos trabajos de las teleras santiagueñas tienen un espacio de comercialización en medio del vértigo porteño.
"El proyecto Sachamanta se focalizó en la producción y la venta de tejidos -asegura Folatelli-. Si capacitás durante tanto tiempo, en algún momento tenés que ayudar a generar medios para que los productos se comercialicen." En 2007 Sofía participó en una capacitación sobre Comercio Justo organizada por la Agencia Española de Cooperación Internacional en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Descubrió que lo que estaban haciendo en Santiago estaba muy emparentado con esa propuesta y, a su regreso, se propuso afinar aún más el emprendimiento. Por ejemplo, en lo referido a la composición del precio. "Fue un trabajo bastante difícil porque uno de los componentes del precio es el valor del tiempo de trabajo invertido -cuenta-. Pero ellas no tienen un horario fijo; el tejido (y el hilado aún más) está muy integrado a su vida cotidiana."
Con todo, las Huarmi tomaron como referencia el valor de los jornales de su región, hicieron números, contabilizaron materias primas y consideraron el trabajo de las hilanderas tanto como el de las tejedoras. Hoy pueden explicar la composición de sus precios a cualquier cliente. Aunque sus productos no cuentan con los sellos de las organizaciones internacionales, los criterios de producción, comercialización, respeto por el medioambiente y recuperación social los identifican con el Comercio Justo. "Porque adquirir una alfombra no es sólo eso. Es conocer lo que hay detrás: una historia, una persona, cantidad de procesos -comenta Folatelli-. Eso destaca el Comercio Justo, identificar a las personas que están detrás de cada producto, que no sea algo sin pertenencia. Con la salida del local en Buenos Aires estamos integrando los aprendizajes del último tiempo. El desafío ahora es darle continuidad y lograr que el proyecto pueda empezar a ser autosustentable."
Textiles responsables
Las remeras son de un diseño impecable, textura delicada y poseen estampas con motivos de aves y plantas. Integran la línea Levi?s Eco, una de las últimas apuestas de la marca de jeans, que concentra en este producto excelencia, criterios de producción respetuosos del medio ambiente y principios de consumo responsable. En suma, una iniciativa acorde con los parámetros del Comercio Justo.
"Me interesa mucho que un proyecto sea generador de trabajo, que permita cambiarle la realidad a la gente -se entusiasma Gabriela Soria, asesora de la Fundación Levi Strauss que, tras veinte años de trabajo en el mundo del marketing corporativo y la moda, encontró en este ámbito una síntesis entre desarrollo económico y conciencia social-. Creo que es una plataforma increíble para vender un producto maravilloso, pero que no es masivo: está destinado al nicho de quienes entienden de qué se trata esto."
Por su parte, Harold Picchi, presidente de la ONG Otro Mercado al Sur y uno de los grandes impulsores del emprendimiento que culminó en las remeras Levi´s Eco, asegura: "El Comercio Justo no está peleado con el mercado. El objetivo es desarrollar emprendimientos productivos en los que el factor humano sea sustancial".
Picchi conoció este modelo económico en 2002, durante una estada en Italia. Le pareció que la iniciativa debía traerse a la Argentina, especialmente en aquel crítico momento. En 2004 se creó la asociación civil sin fines de lucro Otro Mercado al Sur, inscripta dentro de los principios de la IFAT. Tras algunas experiencias con comunidades aborígenes y cooperativas productoras de miel en Santiago del Estero, Picchi supo que en Pigüé existía una cooperativa que trabaja en la industria textil y conoció a algunos pequeños productores de algodón (también agrupados en cooperativas) en Chaco. Fue entonces cuando decidió vincular el trabajo de la Cooperativa Agroecológica de Chaco con la planta industrial Textiles Pigüé. El objetivo era formar una cadena completa de producción (recolección, hilandería, tejeduría, tintorería, confección), algo bastante inusual en el ámbito del comercio justo. "En general, el fair trade se maneja con productos alimenticios y artesanías -explica-. Este es uno de los pocos casos que trabaja con toda la cadena productiva."
El desafío fue enorme. Entre 2004 y 2006, todos los implicados asumieron un esforzado proceso de prueba, error, aprendizaje, capacitación. Desde salvar las distancias geográficas y culturales entre los participantes de la cadena (productores rurales, operarios, técnicos, ingenieros agrónomos e industriales) hasta dejar de lado los criterios artesanales, asumir el rigor de la producción en serie y ponerse a tono con las exigencias del mercado internacional. El proyecto se presentó a Ctm Altromercato, una importadora italiana de Comercio Justo que, tras monitorear el emprendimiento, lo aprobó y financió. Así se realizó la primera producción de remeras. Luego vino el convenio con Levi´s Argentina, que redundaría en la segunda campaña. Asimismo, ya se solicitó la certificación del algodón orgánico a FLO, de modo que la cadena estaría en breve avalada por una entidad internacional.
En su primera campaña, la Cadena Textil Justa y Solidaria -así la llamaron- logró exportar 7000 prendas a los establecimientos de Comercio Justo europeos. Los productos argentinos cumplían con cada uno de los requerimientos para ingresar en esas cadenas: el algodón, cosechado sin fertilizantes ni pesticidas, había sido teñido con tinturas de bajo impacto ambiental; los implicados eran cooperativistas y productores indígenas; el precio del algodón correspondía a las condiciones impuestas por FLO. Exactamente las mismas pautas que rigen a la campaña realizada tras el convenio con Levi´s. "Si una marca así nos elige es que confía en la cooperativa -asegura Norma, una de las operarias que trabaja en el taller de confección de Textiles Pigüé-. Y eso nos hace sentir orgullosos". Junto con sus compañeras de taller, cursó un programa de capacitación financiado por la Fundación Levi Strauss. Otros integrantes de la cooperativa realizaron cursos en INTI e incluso viajaron a Italia para instruirse sobre los lineamientos del Comercio Justo y acordar transferencia de tecnología.
"Todavía nos falta" y "hay mucho por aprender" son dos de las frases más escuchadas en la planta de Pigüé. Marcos Santicchia, ingeniero industrial que trabaja en la cooperativa hace dos años y medio, comenta: "Me quedé por el desafío de mostrar que un proyecto con responsabilidad social es viable".
De momento, la constitución de la Cadena Textil Justa y Solidaria le valió a Otro Mercado al Sur el Premio a la Responsabilidad Social Empresaria 2007 otorgado por la Fundación ProTejer. Un reconocimiento a un proyecto que tiene poco de declamación y mucho de trabajo a conciencia: "No me parece que un producto deba ser un panfleto -reflexiona Picchi-. Sólo debe ser honesto y en él debe poder leerse la historia de quienes lo hicieron. Quien lo adquiera sabrá que es orgánico y que todos los que participaron en su elaboración trabajaron en forma digna. Hay transparencia; se puede decir claramente por qué cuesta lo que cuesta".
Por Diana Fernández Irusta
dfernandez@lanacion.com.ar
Para saber más: www.levi.com.ar
www.otromercado.org.ar
www.spaziosumampa.com.ar
Domingo 26 de abril de 2009. Diario La Nación de Buenos Aires
Doña Berna es la tejedora estrella de la Fundación Adobe, que recuperó técnicas ya extintas del monte santiagueño
"Comercio, sí; ayuda, no": la consigna se comenzó a escuchar en la opulenta Europa de los años 60. La esgrimían sectores estudiantiles preocupados ante la brecha que veían abrirse entre la pujanza primermundista y la pobreza de los países periféricos. Estos grupos denunciaban las condiciones desfavorables que imponían los países industrializados al momento de comerciar con las naciones pobres, en general proveedoras de materia prima. Pero también cuestionaban las prácticas asistencialistas que, implementadas también desde el mundo desarrollado, brindaban ayuda a sectores empobrecidos del Tercer Mundo sin aportarles recursos para salir del estado de carencia. Frente a unos vínculos internacionales que sólo parecían ofrecer inequidad o caridad, ellos propusieron el Comercio Justo, una alternativa que hoy, en plena crisis económica mundial, merecería mirarse con mayor atención.
"Es una tecnología social muy nueva, que aún está en construcción -confirma Paola Berdichevsky, integrante de Avina, fundación dedicada a la promoción de la economía social y solidaria en América latina-. Nace, sin duda, desde una lógica primermundista. El lema Trade no aid significó cambiar la lógica de la caridad por el reconocimiento de la dignidad de productores a "los pobres del tercer mundo". Comienza desde una transacción comercial en condiciones de respeto por las y los productores, pero es también una herramienta para generar conciencia y abrir debates".
¿En qué se basa esta modalidad comercial? En lanzar al mercado productos de suma calidad que, además, garanticen (con los debidos sellos y supervisiones internacionales) que en su elaboración se siguieron criterios ecológicos, se generó desarrollo social y se respetaron las condiciones laborales de los productores. El Comercio Justo está íntimamente ligado con la noción de "consumo responsable". Esto es, la existencia de personas dispuestas a pagar un poco más por productos elaborados en óptimas condiciones humanas y naturales. Los alimentos orgánicos y las artesanías suelen ser los bienes de intercambio más habituales. En Europa (especialmente Italia) y los Estados Unidos se cuentan por miles las tiendas dedicadas exclusivamente a su comercialización.
El Banco Mundial reconoció al Comercio Justo por su aporte a un mejor uso de los recursos naturales, el descenso de riesgos de salud por la utilización de menos sustancias químicas y el mayor empleo de mano de obra en el agro. Según la Federación Internacional de Comercio Justo (IFAT, International Federation of Alternative Trade), en 2007 las ventas correspondientes a trece países de América latina ascendieron a US$ 47.180.708. Ese mismo año, las ventas globales de alimentos certificados por FLO (Fairtrade Labelling Organization: organización otorgante del sello de calidad del Comercio Justo) aumentaron un 47% respecto de 2006.
Ni estos datos ni los conceptos en danza son demasiados conocidos en la Argentina. Sin embargo, existen a lo largo de todo el país emprendimientos vinculados con un movimiento que aspira a crecer a escala continental. A continuación, dos casos que dan cuenta de eso.
Memorias del monte
Todo empezó con una escuela de telar. En 2001 la Asociación Adobe se propuso recuperar antiguas y casi extintas técnicas textiles nacidas en el monte santiagueño. "El objetivo era que se volviera a tejer -explica Sofía Folatelli, trabajadora social que desde hace cuatro años trabaja en el proyecto-. Generar trabajo con una riqueza que las mujeres que viven en este lugar ya tenían". Que tenían, pero habían olvidado.
Cuenta la gente de Adobe que, tras siglos de olvido y menosprecio, los saberes ligados con el tejido y el hilado no sólo estaban relegados, sino que también eran enérgicamente rechazados por las hijas y nietas de las pocas mujeres que aún se decían "tejedoras". Ocurría lo mismo con el que hoy es uno de los ejes más interesantes del emprendimiento: los tintes naturales. "No querían usarlos -recuerda Claudia Mazzola, artista textil e integrante de Adobe-. Decían que las tinturas químicas eran más rápidas, de colores más fuertes. No querían ni siquiera recordar." Hasta que un día algo se destrabó y una de las alumnas de telar contó cómo su abuela teñía las telas con productos obtenidos en el monte. De a poco los recuerdos fueron surgiendo y las capacitadoras llegadas de la capital asistieron, maravilladas, a la recuperación de colores y tonalidades únicas. "Entre todo apareció la cochinilla; o grana, como la llaman ellos -continúa Mazzola-. Es un parásito que se cría en los cactus y da unos rojos, rosados y naranjas muy utilizados en el tejido santiagueño antiguo." Con la recuperación de este tintóreo surgió un proyecto paralelo al de las tejedoras: la organización de pequeños productores dedicados a la cría de cochinilla en palmas de tuna.
"La misión de Adobe es generar mayores oportunidades de vida en el campo. Por ello sumamos a la escuela de telar el proyecto de los pequeños productores, emprendimientos educativos, huertas, viveros y una reserva forestal (un predio cerrado de 18 hectáreas) que permitió la recuperación de especies vegetales y animales", enumera Folatelli.
Una reparación de la memoria y la autoestima colectiva que entre sus grandes protagonistas la tiene a doña Berna. Tejedora estrella de la escuela, a sus casi 80 años se convirtió en maestra y guía de las tejedoras más jóvenes. "Doña Claudia, a ese color lo han dejado solito", le dijo a Mazzola una vez, mientras señalaba una alfombra en la que, efectivamente, algo andaba mal. Porque para ella los colores se acompañan, están alegres o sufren en soledad.
Mientras la escuela se fortalecía, surgió la necesidad de organizar a las tejedoras. "Huarmi Sachamanta" se llamaron a sí mismas y se impusieron ritmos de trabajo y estándares de calidad con capacidad de competir en el mercado internacional. Un desafío nada fácil en una zona donde la sequía aprieta, la tierra se encrespa con el viento y en verano la temperatura puede llegar a los 50 grados. En esas condiciones, las Huarmi están produciendo piezas prolijamente tejidas, limpias, con los colores correctamente enjuagados. Muchas de esas alfombras y mantas se venden desde hace unos tres años en el exigente mercado de diseño de Milán. Otras se vendieron (y venden) en Santiago del Estero, en el puesto que las Huarmi poseen en la ruta 92. Y este año, con la apertura de la galería textil Spazio Sumampa en Buenos Aires, los espléndidos trabajos de las teleras santiagueñas tienen un espacio de comercialización en medio del vértigo porteño.
"El proyecto Sachamanta se focalizó en la producción y la venta de tejidos -asegura Folatelli-. Si capacitás durante tanto tiempo, en algún momento tenés que ayudar a generar medios para que los productos se comercialicen." En 2007 Sofía participó en una capacitación sobre Comercio Justo organizada por la Agencia Española de Cooperación Internacional en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Descubrió que lo que estaban haciendo en Santiago estaba muy emparentado con esa propuesta y, a su regreso, se propuso afinar aún más el emprendimiento. Por ejemplo, en lo referido a la composición del precio. "Fue un trabajo bastante difícil porque uno de los componentes del precio es el valor del tiempo de trabajo invertido -cuenta-. Pero ellas no tienen un horario fijo; el tejido (y el hilado aún más) está muy integrado a su vida cotidiana."
Con todo, las Huarmi tomaron como referencia el valor de los jornales de su región, hicieron números, contabilizaron materias primas y consideraron el trabajo de las hilanderas tanto como el de las tejedoras. Hoy pueden explicar la composición de sus precios a cualquier cliente. Aunque sus productos no cuentan con los sellos de las organizaciones internacionales, los criterios de producción, comercialización, respeto por el medioambiente y recuperación social los identifican con el Comercio Justo. "Porque adquirir una alfombra no es sólo eso. Es conocer lo que hay detrás: una historia, una persona, cantidad de procesos -comenta Folatelli-. Eso destaca el Comercio Justo, identificar a las personas que están detrás de cada producto, que no sea algo sin pertenencia. Con la salida del local en Buenos Aires estamos integrando los aprendizajes del último tiempo. El desafío ahora es darle continuidad y lograr que el proyecto pueda empezar a ser autosustentable."
Textiles responsables
Las remeras son de un diseño impecable, textura delicada y poseen estampas con motivos de aves y plantas. Integran la línea Levi?s Eco, una de las últimas apuestas de la marca de jeans, que concentra en este producto excelencia, criterios de producción respetuosos del medio ambiente y principios de consumo responsable. En suma, una iniciativa acorde con los parámetros del Comercio Justo.
"Me interesa mucho que un proyecto sea generador de trabajo, que permita cambiarle la realidad a la gente -se entusiasma Gabriela Soria, asesora de la Fundación Levi Strauss que, tras veinte años de trabajo en el mundo del marketing corporativo y la moda, encontró en este ámbito una síntesis entre desarrollo económico y conciencia social-. Creo que es una plataforma increíble para vender un producto maravilloso, pero que no es masivo: está destinado al nicho de quienes entienden de qué se trata esto."
Por su parte, Harold Picchi, presidente de la ONG Otro Mercado al Sur y uno de los grandes impulsores del emprendimiento que culminó en las remeras Levi´s Eco, asegura: "El Comercio Justo no está peleado con el mercado. El objetivo es desarrollar emprendimientos productivos en los que el factor humano sea sustancial".
Picchi conoció este modelo económico en 2002, durante una estada en Italia. Le pareció que la iniciativa debía traerse a la Argentina, especialmente en aquel crítico momento. En 2004 se creó la asociación civil sin fines de lucro Otro Mercado al Sur, inscripta dentro de los principios de la IFAT. Tras algunas experiencias con comunidades aborígenes y cooperativas productoras de miel en Santiago del Estero, Picchi supo que en Pigüé existía una cooperativa que trabaja en la industria textil y conoció a algunos pequeños productores de algodón (también agrupados en cooperativas) en Chaco. Fue entonces cuando decidió vincular el trabajo de la Cooperativa Agroecológica de Chaco con la planta industrial Textiles Pigüé. El objetivo era formar una cadena completa de producción (recolección, hilandería, tejeduría, tintorería, confección), algo bastante inusual en el ámbito del comercio justo. "En general, el fair trade se maneja con productos alimenticios y artesanías -explica-. Este es uno de los pocos casos que trabaja con toda la cadena productiva."
El desafío fue enorme. Entre 2004 y 2006, todos los implicados asumieron un esforzado proceso de prueba, error, aprendizaje, capacitación. Desde salvar las distancias geográficas y culturales entre los participantes de la cadena (productores rurales, operarios, técnicos, ingenieros agrónomos e industriales) hasta dejar de lado los criterios artesanales, asumir el rigor de la producción en serie y ponerse a tono con las exigencias del mercado internacional. El proyecto se presentó a Ctm Altromercato, una importadora italiana de Comercio Justo que, tras monitorear el emprendimiento, lo aprobó y financió. Así se realizó la primera producción de remeras. Luego vino el convenio con Levi´s Argentina, que redundaría en la segunda campaña. Asimismo, ya se solicitó la certificación del algodón orgánico a FLO, de modo que la cadena estaría en breve avalada por una entidad internacional.
En su primera campaña, la Cadena Textil Justa y Solidaria -así la llamaron- logró exportar 7000 prendas a los establecimientos de Comercio Justo europeos. Los productos argentinos cumplían con cada uno de los requerimientos para ingresar en esas cadenas: el algodón, cosechado sin fertilizantes ni pesticidas, había sido teñido con tinturas de bajo impacto ambiental; los implicados eran cooperativistas y productores indígenas; el precio del algodón correspondía a las condiciones impuestas por FLO. Exactamente las mismas pautas que rigen a la campaña realizada tras el convenio con Levi´s. "Si una marca así nos elige es que confía en la cooperativa -asegura Norma, una de las operarias que trabaja en el taller de confección de Textiles Pigüé-. Y eso nos hace sentir orgullosos". Junto con sus compañeras de taller, cursó un programa de capacitación financiado por la Fundación Levi Strauss. Otros integrantes de la cooperativa realizaron cursos en INTI e incluso viajaron a Italia para instruirse sobre los lineamientos del Comercio Justo y acordar transferencia de tecnología.
"Todavía nos falta" y "hay mucho por aprender" son dos de las frases más escuchadas en la planta de Pigüé. Marcos Santicchia, ingeniero industrial que trabaja en la cooperativa hace dos años y medio, comenta: "Me quedé por el desafío de mostrar que un proyecto con responsabilidad social es viable".
De momento, la constitución de la Cadena Textil Justa y Solidaria le valió a Otro Mercado al Sur el Premio a la Responsabilidad Social Empresaria 2007 otorgado por la Fundación ProTejer. Un reconocimiento a un proyecto que tiene poco de declamación y mucho de trabajo a conciencia: "No me parece que un producto deba ser un panfleto -reflexiona Picchi-. Sólo debe ser honesto y en él debe poder leerse la historia de quienes lo hicieron. Quien lo adquiera sabrá que es orgánico y que todos los que participaron en su elaboración trabajaron en forma digna. Hay transparencia; se puede decir claramente por qué cuesta lo que cuesta".
Por Diana Fernández Irusta
dfernandez@lanacion.com.ar
Para saber más: www.levi.com.ar
www.otromercado.org.ar
www.spaziosumampa.com.ar
lunes, 23 de marzo de 2009
La diversidad en la escuela
Ubicada en el barrio porteño de Coghlan, la escuela Horizontes busca la integración de alumnos con necesidades educativas especiales
Diario La Nación (Argentina). Sábado 21 de marzo de 2009
Los alumnos participan de "La ronda del mate" en donde reflexionan sobre algún tema
"Hoy voy a contar sobre una amiga que tiene problemas para caminar, pero es una de mis mejores amigas. Aprendí mucho con ella, aprendí que no sólo hay juegos para correr, sino también hay algunos que son muy divertidos, pero tranquilos; por ejemplo, jugar con los peluches." El testimonio de Vera, una alumna de sexto grado de la escuela Horizontes, refleja la naturalidad con la que ella afronta la discapacidad de su amiga, que está en silla de ruedas.
Este logro es en gran parte del colegio, que busca integrar a la cotidianidad del aula a algunos chicos con discapacidades. El objetivo es incorporar a la escuela común a alumnos que tienen necesidades educativas especiales, tales como retrasos madurativos, trastornos motores y auditivos, epilepsia y otros problemas de aprendizaje.
El caso de Vera no es el único. "En general, los chicos aceptan rápidamente que no todos tenemos las mismas habilidades. Los prejuicios y la discriminación tienden a llegar ligados a la mirada de los adultos", explicó Laura Popbla, psicopedagoga de Horizontes. Según la profesional, son los padres a quienes más les cuesta entender que una escuela integradora es una escuela pluralista que se pronuncia a favor de la diversidad y la tolerancia.
"Una vez un padre vino a plantearme que un alumno, por tener una discapacidad, no estaba a la altura de su hijo -recordó Teresa Falcón, directora del colegio-. En aquella oportunidad, mi postura fue tan determinante como hoy. En ese caso, debe sacar a su hijo de la escuela", dije.
Falcón entiende que a veces hace falta hablar con los padres para quitarles algunos "miedos lógicos", pero tiene muy en claro que aquel adulto que decida mandar a su hijo a este colegio debe no sólo entender la propuesta ideológica de la institución, sino también apoyarla. Para ella, se trata de una forma de pararse en la vida.
Los prejuicios, reconoció, son uno de los principales desafíos que la escuela debe enfrentar. "Vivimos en una sociedad que discrimina, por lo que el problema es sociológico", afirmó Falcón. Además, la directora destacó otro reto que la institución debe enfrentar: la falta de formación de los maestros para trabajar con chicos que tienen necesidades especiales.
Este obstáculo, no obstante, no siempre lo es. "Trato de hacerles entender a los docentes que, en general, tienen más recursos de los que creen. Lo que les falta es confianza en sí mismos", opinó Falcón. Y para darles a los maestros la seguridad que necesitan, la escuela realiza actividades como capacitación docente, reuniones asiduas para comentar las dificultades que puedan surgir o acompañamiento a los maestros, a cargo de un equipo de orientación.
Son prácticas que reflejan la cultura de la escuela: apoyarse unos a otros y transformar en manifiestos aquellos conflictos que se encuentran latentes. Esta filosofía puede comprobarse también en la ronda del mate, actividad que caracteriza a la institución.
¿Unos mates?
Sentados en ronda, los alumnos toman mate mientras reflexionan sobre el lugar que la televisión tiene en sus vidas. La que realizan es una práctica semanal que busca crear un espacio de diálogo y participación. El fundamento que la sostiene es la creencia de que el desarrollo de las habilidades sociales mejora el clima de la clase y favorece el avance académico.
"A veces la tele te vuelve boba porque estas horas sentada mirándola y perdés el tiempo que podrías compartir con amigos", recapacitó Agostina. En esta oportunidad, el tema propuesto se relaciona con una percepción de la maestra a cargo: los chicos pasan demasiadas horas frente a la pantalla e, inevitablemente, copian modismos y formas de trato agresivas.
"La idea de la ronda del mate surgió porque en un momento de mi vida sentí la necesidad de acortar la distancia que se produce entre la teoría que nos enseñan y la práctica", explicó Falcón. Como ella estaba a cargo de un grupo muy heterogéneo en el que surgían muchas peleas, les propuso a sus alumnos organizarse como una tribu y juntarse semanalmente para charlar de aquellos aspectos que los afectaban como grupo. Así, surgieron Los Mapuchepen y, con ellos, la ronda del fuego.
Los niños, entusiasmados con el emprendimiento, continuaron fantaseando. Bautizaron a cada uno de los miembros de la tribu y crearon la cultura de ese pueblo imaginario. Una de las características de la horda era la costumbre de tomar mate, práctica que incorporaron en las reuniones.
Muy pronto, en la escuela se empezó a hablar de este proyecto que en poco tiempo y, transformado en "la ronda del mate", se convirtió en un plan institucional. La práctica fue un verdadero hallazgo: un espacio que les permitió a los alumnos resolver situaciones conflictivas, compartir sus sentimientos, desarrollar la empatía y mejorar las relaciones interpersonales.
Favorecer el diálogo es entonces una de las formas que utiliza la escuela para lograr la integración. En definitiva, se trata de tener un objetivo claro y caminar por distintos senderos para poder alcanzarlo.
En el caso de Horizontes, el objetivo es la integración. La elección ya está hecha: ellos apuestan a la igualdad.
Por Belén Aliberti
De la Fundación LA NACION
Contactos
Escuela Horizontes : Estomba 2636, Coghlan, Capital , 4543-5591, www.colegiohorizontes.com.ar
Diario La Nación (Argentina). Sábado 21 de marzo de 2009
Los alumnos participan de "La ronda del mate" en donde reflexionan sobre algún tema
"Hoy voy a contar sobre una amiga que tiene problemas para caminar, pero es una de mis mejores amigas. Aprendí mucho con ella, aprendí que no sólo hay juegos para correr, sino también hay algunos que son muy divertidos, pero tranquilos; por ejemplo, jugar con los peluches." El testimonio de Vera, una alumna de sexto grado de la escuela Horizontes, refleja la naturalidad con la que ella afronta la discapacidad de su amiga, que está en silla de ruedas.
Este logro es en gran parte del colegio, que busca integrar a la cotidianidad del aula a algunos chicos con discapacidades. El objetivo es incorporar a la escuela común a alumnos que tienen necesidades educativas especiales, tales como retrasos madurativos, trastornos motores y auditivos, epilepsia y otros problemas de aprendizaje.
El caso de Vera no es el único. "En general, los chicos aceptan rápidamente que no todos tenemos las mismas habilidades. Los prejuicios y la discriminación tienden a llegar ligados a la mirada de los adultos", explicó Laura Popbla, psicopedagoga de Horizontes. Según la profesional, son los padres a quienes más les cuesta entender que una escuela integradora es una escuela pluralista que se pronuncia a favor de la diversidad y la tolerancia.
"Una vez un padre vino a plantearme que un alumno, por tener una discapacidad, no estaba a la altura de su hijo -recordó Teresa Falcón, directora del colegio-. En aquella oportunidad, mi postura fue tan determinante como hoy. En ese caso, debe sacar a su hijo de la escuela", dije.
Falcón entiende que a veces hace falta hablar con los padres para quitarles algunos "miedos lógicos", pero tiene muy en claro que aquel adulto que decida mandar a su hijo a este colegio debe no sólo entender la propuesta ideológica de la institución, sino también apoyarla. Para ella, se trata de una forma de pararse en la vida.
Los prejuicios, reconoció, son uno de los principales desafíos que la escuela debe enfrentar. "Vivimos en una sociedad que discrimina, por lo que el problema es sociológico", afirmó Falcón. Además, la directora destacó otro reto que la institución debe enfrentar: la falta de formación de los maestros para trabajar con chicos que tienen necesidades especiales.
Este obstáculo, no obstante, no siempre lo es. "Trato de hacerles entender a los docentes que, en general, tienen más recursos de los que creen. Lo que les falta es confianza en sí mismos", opinó Falcón. Y para darles a los maestros la seguridad que necesitan, la escuela realiza actividades como capacitación docente, reuniones asiduas para comentar las dificultades que puedan surgir o acompañamiento a los maestros, a cargo de un equipo de orientación.
Son prácticas que reflejan la cultura de la escuela: apoyarse unos a otros y transformar en manifiestos aquellos conflictos que se encuentran latentes. Esta filosofía puede comprobarse también en la ronda del mate, actividad que caracteriza a la institución.
¿Unos mates?
Sentados en ronda, los alumnos toman mate mientras reflexionan sobre el lugar que la televisión tiene en sus vidas. La que realizan es una práctica semanal que busca crear un espacio de diálogo y participación. El fundamento que la sostiene es la creencia de que el desarrollo de las habilidades sociales mejora el clima de la clase y favorece el avance académico.
"A veces la tele te vuelve boba porque estas horas sentada mirándola y perdés el tiempo que podrías compartir con amigos", recapacitó Agostina. En esta oportunidad, el tema propuesto se relaciona con una percepción de la maestra a cargo: los chicos pasan demasiadas horas frente a la pantalla e, inevitablemente, copian modismos y formas de trato agresivas.
"La idea de la ronda del mate surgió porque en un momento de mi vida sentí la necesidad de acortar la distancia que se produce entre la teoría que nos enseñan y la práctica", explicó Falcón. Como ella estaba a cargo de un grupo muy heterogéneo en el que surgían muchas peleas, les propuso a sus alumnos organizarse como una tribu y juntarse semanalmente para charlar de aquellos aspectos que los afectaban como grupo. Así, surgieron Los Mapuchepen y, con ellos, la ronda del fuego.
Los niños, entusiasmados con el emprendimiento, continuaron fantaseando. Bautizaron a cada uno de los miembros de la tribu y crearon la cultura de ese pueblo imaginario. Una de las características de la horda era la costumbre de tomar mate, práctica que incorporaron en las reuniones.
Muy pronto, en la escuela se empezó a hablar de este proyecto que en poco tiempo y, transformado en "la ronda del mate", se convirtió en un plan institucional. La práctica fue un verdadero hallazgo: un espacio que les permitió a los alumnos resolver situaciones conflictivas, compartir sus sentimientos, desarrollar la empatía y mejorar las relaciones interpersonales.
Favorecer el diálogo es entonces una de las formas que utiliza la escuela para lograr la integración. En definitiva, se trata de tener un objetivo claro y caminar por distintos senderos para poder alcanzarlo.
En el caso de Horizontes, el objetivo es la integración. La elección ya está hecha: ellos apuestan a la igualdad.
Por Belén Aliberti
De la Fundación LA NACION
Contactos
Escuela Horizontes : Estomba 2636, Coghlan, Capital , 4543-5591, www.colegiohorizontes.com.ar
Pedro Opeka sacó de la misera a 300.000 personas en Madagascar
Diario Clarín de Argentina. Lunes 23/03/09
Un cura argentino que sabe cómo vencer a la pobreza
Por: Sergio Rubín
Los cientos de chicos escarbando en un inmenso basurero de las afueras de Antananarivo, la capital de la isla africana de Madagascar, le causaron un tremendo impacto. "Acá no hay que hablar porque sería una falta de respeto hacia ellos, sino que debemos ponernos a trabajar", dijo. Veinte años después de aquella decisión, su autor, el sacerdote argentino Pedro Opeka (60), no sólo puede decir que evitó que miles de chicos revolvieran en la basura, sino que posibilitó una vida digna a más de 300 mil personas gracias a la creación de cinco complejos habitacionales, educativos y laborales donde viven hoy de modo estable 18 mil personas.
"Junto con el amor, el respeto y la oración, mi propuesta tiene tres pilares que son la educación, el trabajo y la disciplina", dice Opeka a Clarín con ocasión de una nueva visita al país. Una fórmula que no solo le dio resultado, sino que convirtió a su obra en una referencia ineludible de los organismos sociales de la ONU y la Unión Europea. Y que el año pasado le valió el premio "Solidaridad y Desarrollo" que otorga la fundación italiana San Mateo, distinción que recibió en el Vaticano de manos del propio Papa Benedicto XVI.
Nacido en San Martín, en el gran Buenos Aires, hijo de inmigrantes eslovenos, Opeka aprendió de muy chico el oficio de albañil. Antes de cumplir 17 años ya había construido su primera casa en Junín de los Andes para una familia mapuche. Sacerdote de la congregación de San Vicente de Paul, lleva 34 años misionando en Madagascar, uno de los 20 países más pobres del planeta. Y procurando en las últimas dos décadas que los pobres sean protagonistas de su desarrollo.
"Tuve que ganarme la confianza de la gente, que vieran que trabajaba a la par de ellos, que no les hacía falsas promesas y, entonces, fueron aceptando el desafío", cuenta. Además, los invitaba a rezar, a la misa del domingo, oficiada con una liturgia muy festiva que toma en cuenta la cultura del lugar. ""Hoy tenemos misas a las que asisten con emoción 5.000 personas y constituyen una cita obligada para muchos turistas", dice. Turistas que se convierten en difusores de su obra en el mundo.
Opeka -quien este jueves disertará a las 19 en la Sociedad de Distribuiores de Diarios y Revistas, Belgrano 1732, sobre cómo salir de la pobreza- se sobresalta al referirse al enorme aumento de la pobreza en el país. "Cuando me fuí, en 1968, había un 3 % de pobres y en 2002 se superó el 50%, en un país potencialmente rico", señala. Y concluye: "Hay que ir resolviendo entre todos el tema de las villas construyendo viviendas dignas, urbanizando. Si lo pudimos hacer en un basurero de Madagascar -remata-, también se puede hacer acá".
Un cura argentino que sabe cómo vencer a la pobreza
Por: Sergio Rubín
Los cientos de chicos escarbando en un inmenso basurero de las afueras de Antananarivo, la capital de la isla africana de Madagascar, le causaron un tremendo impacto. "Acá no hay que hablar porque sería una falta de respeto hacia ellos, sino que debemos ponernos a trabajar", dijo. Veinte años después de aquella decisión, su autor, el sacerdote argentino Pedro Opeka (60), no sólo puede decir que evitó que miles de chicos revolvieran en la basura, sino que posibilitó una vida digna a más de 300 mil personas gracias a la creación de cinco complejos habitacionales, educativos y laborales donde viven hoy de modo estable 18 mil personas.
"Junto con el amor, el respeto y la oración, mi propuesta tiene tres pilares que son la educación, el trabajo y la disciplina", dice Opeka a Clarín con ocasión de una nueva visita al país. Una fórmula que no solo le dio resultado, sino que convirtió a su obra en una referencia ineludible de los organismos sociales de la ONU y la Unión Europea. Y que el año pasado le valió el premio "Solidaridad y Desarrollo" que otorga la fundación italiana San Mateo, distinción que recibió en el Vaticano de manos del propio Papa Benedicto XVI.
Nacido en San Martín, en el gran Buenos Aires, hijo de inmigrantes eslovenos, Opeka aprendió de muy chico el oficio de albañil. Antes de cumplir 17 años ya había construido su primera casa en Junín de los Andes para una familia mapuche. Sacerdote de la congregación de San Vicente de Paul, lleva 34 años misionando en Madagascar, uno de los 20 países más pobres del planeta. Y procurando en las últimas dos décadas que los pobres sean protagonistas de su desarrollo.
"Tuve que ganarme la confianza de la gente, que vieran que trabajaba a la par de ellos, que no les hacía falsas promesas y, entonces, fueron aceptando el desafío", cuenta. Además, los invitaba a rezar, a la misa del domingo, oficiada con una liturgia muy festiva que toma en cuenta la cultura del lugar. ""Hoy tenemos misas a las que asisten con emoción 5.000 personas y constituyen una cita obligada para muchos turistas", dice. Turistas que se convierten en difusores de su obra en el mundo.
Opeka -quien este jueves disertará a las 19 en la Sociedad de Distribuiores de Diarios y Revistas, Belgrano 1732, sobre cómo salir de la pobreza- se sobresalta al referirse al enorme aumento de la pobreza en el país. "Cuando me fuí, en 1968, había un 3 % de pobres y en 2002 se superó el 50%, en un país potencialmente rico", señala. Y concluye: "Hay que ir resolviendo entre todos el tema de las villas construyendo viviendas dignas, urbanizando. Si lo pudimos hacer en un basurero de Madagascar -remata-, también se puede hacer acá".
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Emprendedores Sociales
lunes, 9 de marzo de 2009
Comercio Justo. Una alterrnativa al comercio convencional
Diario La Nación, lunes 9 de marzo de 2009. Columna de Opinión
La actual crisis económica y financiera internacional, de cuya profundización ni los economistas más prestigiosos se atreven a augurar el fin, ha traído al primer plano varios conceptos: comercio justo, desarrollo sustentable, responsabilidad social empresaria y cuidado del medio ambiente, que aunque son bien conocidos no habían logrado todavía ser considerados como herramientas para una posible solución de este fenómeno global.
Es de destacar que todos ellos están sostenidos por una concepción solidaria de la economía que tiene como norte una actitud crítica ante los modelos tradicionales de desarrollo que pueden producir rápidamente riqueza, pero, al mismo tiempo, crean miseria y exclusión en muchos sectores de la sociedad.
De allí que una de las condiciones básicas de esta economía solidaria sea la inclusión. Un modelo económico incluyente es aquel que considera las capacidades y potencialidades de cada individuo con equidad, como base de la construcción de relaciones justas, libres y democráticas en la integración de un desarrollo social. Es comprensible, por ello, que muchas voluntades se vuelquen en la actualidad -insistimos, como consecuencia de los desastrosos resultados a que condujeron al mundo los modelos agotados del capitalismo salvaje- a poner en práctica estas ideas para la recuperación, sobre todo, de las clases sociales más en riesgo.
Por cierto, el concepto de comercio justo existe ya desde hace bastante y nació, paradójicamente, de la situación de exclusión y explotación de numerosas comunidades en todo el mundo, como una alternativa al comercio convencional, porque al acercar el productor al consumidor evita la cadena de intermediarios.
Los expertos coinciden en que son tres las condiciones básicas que definen una transacción de comercio justo: la relación directa entre productor y consumidor, sin intermediarios o especuladores; un precio "justo", es decir, el que permite al productor y su familia vivir dignamente de su trabajo, y el establecimiento de relaciones y contratos de largo plazo basados en el respeto mutuo.
Por supuesto, una consecuencia directa de esta forma diferente de comprar-vender es la creación de consumidores mucho más responsables y solidarios, que finalmente se benefician en todo sentido, al adquirir productos nobles, de los cuales no sólo conocen el origen, sino también a quienes los hacen. Un consumidor responsable será también aquel que esté atento a saber si en el proceso de producción se han respetado las condiciones de seguridad y salud del trabajo, o del medio ambiente, si hubo equidad de género y si no hubo explotación infantil.
En América latina ha tenido un desarrollo notable en los últimos años. Rápidamente han surgido redes y articulaciones locales, nacionales y continentales, con distintos grados de avance y de impacto, y muchas han logrado establecer también relaciones fuera del continente, especialmente con Europa.
También hay un fuerte surgimiento de mercados locales latinoamericanos. Después de Ecuador y Brasil, donde se ha desarrollado más, según un estudio realizado por la organización internacional Avina, el fenómeno se está abriendo progresivamente paso en la Argentina. Incluso podría decirse que va de Norte a Sur. Por ejemplo, en Abra Pampa, provincia de Jujuy, está la ONG Warmi Sayajsunqo, que agrupa a varias comunidades indígenas y que creó un sistema de créditos único en la zona basado, fundamentalmente, en la confianza. En diez años de trabajo, se revitalizó la producción de la tierra y se fomentó la vuelta a las raíces aborígenes.
Algo parecido logró la Asociación Adobe en el monte quichua-santiagueño de Santiago del Estero, donde se recupera el trabajo, las técnicas, el diseño y los colores de las teleras, que se enseñan en una escuela de telar; otro tanto puede decirse de la fundación Silataj, la entidad sin fines de lucro cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida y promover un mayor desarrollo económico y social para los pueblos originarios del norte argentino, como los wichis, collas, chanés, pilagás y tobas. Finalmente, en el Sur, el Mercado de la Estepa, ubicado a pocos kilómetros de Bariloche, cumple una función similar con los artesanos de la zona, y en estos días su ejemplo ha sido seguido por una organización en San Antonio Oeste, Viedma.
Estos son sólo ejemplos locales de un proceso en construcción, que lentamente se extenderá a todo el mundo. El crecimiento del denominado comercio justo demuestra que es posible un mayor equilibrio en el comercio mundial; viene a resaltar la necesidad de un cambio en las reglas y prácticas del comercio convencional, y enseña cómo un negocio exitoso puede, también, dar prioridad a la gente, porque de eso se trata.
La actual crisis económica y financiera internacional, de cuya profundización ni los economistas más prestigiosos se atreven a augurar el fin, ha traído al primer plano varios conceptos: comercio justo, desarrollo sustentable, responsabilidad social empresaria y cuidado del medio ambiente, que aunque son bien conocidos no habían logrado todavía ser considerados como herramientas para una posible solución de este fenómeno global.
Es de destacar que todos ellos están sostenidos por una concepción solidaria de la economía que tiene como norte una actitud crítica ante los modelos tradicionales de desarrollo que pueden producir rápidamente riqueza, pero, al mismo tiempo, crean miseria y exclusión en muchos sectores de la sociedad.
De allí que una de las condiciones básicas de esta economía solidaria sea la inclusión. Un modelo económico incluyente es aquel que considera las capacidades y potencialidades de cada individuo con equidad, como base de la construcción de relaciones justas, libres y democráticas en la integración de un desarrollo social. Es comprensible, por ello, que muchas voluntades se vuelquen en la actualidad -insistimos, como consecuencia de los desastrosos resultados a que condujeron al mundo los modelos agotados del capitalismo salvaje- a poner en práctica estas ideas para la recuperación, sobre todo, de las clases sociales más en riesgo.
Por cierto, el concepto de comercio justo existe ya desde hace bastante y nació, paradójicamente, de la situación de exclusión y explotación de numerosas comunidades en todo el mundo, como una alternativa al comercio convencional, porque al acercar el productor al consumidor evita la cadena de intermediarios.
Los expertos coinciden en que son tres las condiciones básicas que definen una transacción de comercio justo: la relación directa entre productor y consumidor, sin intermediarios o especuladores; un precio "justo", es decir, el que permite al productor y su familia vivir dignamente de su trabajo, y el establecimiento de relaciones y contratos de largo plazo basados en el respeto mutuo.
Por supuesto, una consecuencia directa de esta forma diferente de comprar-vender es la creación de consumidores mucho más responsables y solidarios, que finalmente se benefician en todo sentido, al adquirir productos nobles, de los cuales no sólo conocen el origen, sino también a quienes los hacen. Un consumidor responsable será también aquel que esté atento a saber si en el proceso de producción se han respetado las condiciones de seguridad y salud del trabajo, o del medio ambiente, si hubo equidad de género y si no hubo explotación infantil.
En América latina ha tenido un desarrollo notable en los últimos años. Rápidamente han surgido redes y articulaciones locales, nacionales y continentales, con distintos grados de avance y de impacto, y muchas han logrado establecer también relaciones fuera del continente, especialmente con Europa.
También hay un fuerte surgimiento de mercados locales latinoamericanos. Después de Ecuador y Brasil, donde se ha desarrollado más, según un estudio realizado por la organización internacional Avina, el fenómeno se está abriendo progresivamente paso en la Argentina. Incluso podría decirse que va de Norte a Sur. Por ejemplo, en Abra Pampa, provincia de Jujuy, está la ONG Warmi Sayajsunqo, que agrupa a varias comunidades indígenas y que creó un sistema de créditos único en la zona basado, fundamentalmente, en la confianza. En diez años de trabajo, se revitalizó la producción de la tierra y se fomentó la vuelta a las raíces aborígenes.
Algo parecido logró la Asociación Adobe en el monte quichua-santiagueño de Santiago del Estero, donde se recupera el trabajo, las técnicas, el diseño y los colores de las teleras, que se enseñan en una escuela de telar; otro tanto puede decirse de la fundación Silataj, la entidad sin fines de lucro cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida y promover un mayor desarrollo económico y social para los pueblos originarios del norte argentino, como los wichis, collas, chanés, pilagás y tobas. Finalmente, en el Sur, el Mercado de la Estepa, ubicado a pocos kilómetros de Bariloche, cumple una función similar con los artesanos de la zona, y en estos días su ejemplo ha sido seguido por una organización en San Antonio Oeste, Viedma.
Estos son sólo ejemplos locales de un proceso en construcción, que lentamente se extenderá a todo el mundo. El crecimiento del denominado comercio justo demuestra que es posible un mayor equilibrio en el comercio mundial; viene a resaltar la necesidad de un cambio en las reglas y prácticas del comercio convencional, y enseña cómo un negocio exitoso puede, también, dar prioridad a la gente, porque de eso se trata.
Habitat para la Humanidad. El sueño de la casa propia
Una organización que les da techo a los más necesitados
(La Nación, lunes 9 de marzo de 2009)
Hábitat para la Humanidad asiste a 200 familias en la construcción
Los Miranda, felices con su primer hogar
Belén Quellet
Fundación LA NACION
"Me voy a mi casa", le dijo Edgardo Miranda a su empleador, después de 15 años de trabajar de casero sin haber abandonado nunca el lugar de trabajo. Por primera vez podía irse a su casa, la propia, construida con la ayuda de Hábitat para la Humanidad ( www.hpha.org.ar ). Para Edgardo, su esposa Sandra y sus hijos Iván y Guido, vivir en una casa como propietarios merecía correr el riesgo.
Su empleador lo dejó ir, pero le pidió que volviera a trabajar todos los días. Ahora, con las dos cosas básicas que dignifican la vida de un hombre -la vivienda y el trabajo- esperaron a Camila, que se sumó a la familia poco después de la mudanza.
"Teníamos dos hijos varones y queríamos tener otro hijo, pero decidimos esperar hasta tener la casa propia", explica Edgardo.
La de los Miranda es una de las casi 200 familias beneficiadas por los programas de Hábitat para la Humanidad. Fundada en 1976, por un matrimonio de Georgia, Estados Unidos, esta organización no gubernamental ha construido más de 225.000 viviendas en 92 países. En la Argentina, surgió hace seis años y ya cuenta con cuatro sedes: Luján, Santa Fe, Región Metropolitana y la de coordinación nacional, con oficina en Acasusso, partido de San Isidro.
Las familias pueden recibir ayuda para construir desde cero su vivienda o para mejorarla. "En estos seis años, hemos aprendido que HPHA es una pieza tan mínima como esencial en el proceso de gestión de una solución habitacional. Mínima, porque brinda tan solo una oportunidad, y esencial, porque pone en acción, el amor y la fe de tantos actores de la sociedad", resume Ana Cutts, directora nacional de la organización.
El proceso de construcción suma la colaboración de vecinos, otras familias beneficiarias y brigadas de voluntarios, tanto del país como del exterior, además de grupos de empleados de empresas. Edgardo Miranda forma parte de las brigadas cada vez que sus tiempos y su trabajo se lo permiten. Si él no puede ir, van su esposa o sus hijos.
Gracias al apoyo dado a los damnificados por las inundaciones en Santa Fe, en 2003, y las respuestas brindadas por la organización en el nivel internacional en desastres, como los que sobrevinieron con el tsunami del sudeste asiático, en 2004, y con el huracán Katrina, en 2005, han adquirido una importante experiencia en la ayuda en catástrofes.
Para hacer uso de estos saberes, Hábitat para la Humanidad Argentina ha puesto en marcha su plan de apoyo a las familias afectadas por el desastre de Tartagal. Los voluntarios acompañarán a las familias en su retorno a casa, con todo lo que ello implica: contención, limpieza de casa y relevamiento de la situación habitacional.
Para más información, habilitaron el e-mail: tartagal@hpha.org.ar
(La Nación, lunes 9 de marzo de 2009)
Hábitat para la Humanidad asiste a 200 familias en la construcción
Los Miranda, felices con su primer hogar
Belén Quellet
Fundación LA NACION
"Me voy a mi casa", le dijo Edgardo Miranda a su empleador, después de 15 años de trabajar de casero sin haber abandonado nunca el lugar de trabajo. Por primera vez podía irse a su casa, la propia, construida con la ayuda de Hábitat para la Humanidad ( www.hpha.org.ar ). Para Edgardo, su esposa Sandra y sus hijos Iván y Guido, vivir en una casa como propietarios merecía correr el riesgo.
Su empleador lo dejó ir, pero le pidió que volviera a trabajar todos los días. Ahora, con las dos cosas básicas que dignifican la vida de un hombre -la vivienda y el trabajo- esperaron a Camila, que se sumó a la familia poco después de la mudanza.
"Teníamos dos hijos varones y queríamos tener otro hijo, pero decidimos esperar hasta tener la casa propia", explica Edgardo.
La de los Miranda es una de las casi 200 familias beneficiadas por los programas de Hábitat para la Humanidad. Fundada en 1976, por un matrimonio de Georgia, Estados Unidos, esta organización no gubernamental ha construido más de 225.000 viviendas en 92 países. En la Argentina, surgió hace seis años y ya cuenta con cuatro sedes: Luján, Santa Fe, Región Metropolitana y la de coordinación nacional, con oficina en Acasusso, partido de San Isidro.
Las familias pueden recibir ayuda para construir desde cero su vivienda o para mejorarla. "En estos seis años, hemos aprendido que HPHA es una pieza tan mínima como esencial en el proceso de gestión de una solución habitacional. Mínima, porque brinda tan solo una oportunidad, y esencial, porque pone en acción, el amor y la fe de tantos actores de la sociedad", resume Ana Cutts, directora nacional de la organización.
El proceso de construcción suma la colaboración de vecinos, otras familias beneficiarias y brigadas de voluntarios, tanto del país como del exterior, además de grupos de empleados de empresas. Edgardo Miranda forma parte de las brigadas cada vez que sus tiempos y su trabajo se lo permiten. Si él no puede ir, van su esposa o sus hijos.
Gracias al apoyo dado a los damnificados por las inundaciones en Santa Fe, en 2003, y las respuestas brindadas por la organización en el nivel internacional en desastres, como los que sobrevinieron con el tsunami del sudeste asiático, en 2004, y con el huracán Katrina, en 2005, han adquirido una importante experiencia en la ayuda en catástrofes.
Para hacer uso de estos saberes, Hábitat para la Humanidad Argentina ha puesto en marcha su plan de apoyo a las familias afectadas por el desastre de Tartagal. Los voluntarios acompañarán a las familias en su retorno a casa, con todo lo que ello implica: contención, limpieza de casa y relevamiento de la situación habitacional.
Para más información, habilitaron el e-mail: tartagal@hpha.org.ar
martes, 3 de marzo de 2009
Energías renovables con origen en el campo.
Diario La Nación. Suplemento Campo. Sábado 3 de enero de 2009
Productores / Industrialización en origen y valor agregado
Inyección de energía propia
En Adolfo Gonzales Chaves, el agricultor Jorge Lucea transforma sus granos en biodiésel para autoconsumo y ahorra gastos en insumos; también apunta a la diversificación de cultivos, como la arveja, para ampliar el horizonte productivo
Jorge Lucea en la planta de biodiésel que produce hasta 6500 litros por día
ADOLFO GONZALES CHAVES.- Si hay algo que caracteriza a muchos productores argentinos es la capacidad para armar estrategias a partir de una necesidad concreta. Esa habilidad, intrínseca a empresarios inquietos y dispuestos a crecer, es la causa fundamental de que en los últimos años se hayan multiplicado experiencias impactantes. Desde la incorporación de nuevos cultivos, rotaciones, manejo y tecnologías para ser más eficientes en el uso de los recursos, las combinaciones de innovaciones se cuentan por decenas.
Hoy, con el petróleo como una fuente que se va a agotando y el trasfondo de los faltantes de gasoil que se han observado en recientes campañas, más productores se están planteando encarar el autoconsumo con recursos renovables como los biocombustibles sobre la base de cultivos.
Precisamente, en esa empresa está embarcado Jorge Lucea, productor de Adolfo Gonzales Chaves. Lo hace por una necesidad de contar con combustible siempre y, según dice, trabajar con un producto renovable. Allí siembra, tiene una planta de biodiésel en su campo, y utiliza todo el biocombustible para su camioneta, camiones de transporte, tractores y todas las tareas a campo, hasta la cosecha. Todo allí se mueve con biodiésel; incluso el grupo electrógeno de la planta se alimenta con él. En el fondo, le está tratando de agregar valor a lo que hace, con una especie de industrialización en origen.
Se estima que a nivel país ya hay poco más de una decena de plantas instaladas para autoconsumo, si bien se desconoce si todas están en funcionamiento. Habría, además, un número no definido en construcción.
Como recuerda la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio) en su página de Internet, el biodiésel se hace a través de un proceso químico llamado transesterificación, con el cual la glicerina es separada de las grasas o de los aceites vegetales. Continúa con un proceso de decantación con posterior destilación y purificación. "Este proceso arroja dos productos: ésteres metílicos (el nombre químico del biodiésel) y glicerina (un subproducto generalmente usado en jabones y otros productos)", dice Carbio.
El abanico de cultivos que Lucea ha utilizado para producir biodiésel es bien amplio. Girasol, colza y soja son algunos ejemplos, mientras se apresta a probar con cártamo. Esta campaña sembró 60 hectáreas. Una pequeña porción irá para biocombustible y el resto lo venderá a una empresa exportadora. El cártamo es muy resistente a la sequía, desarrolla plantas fuertes, raíces con una importante capacidad de exploración y requiere menos insumos; alrededor de un 30/40 por ciento menos de fósforo que el trigo. Aquí se lo siembra a mediados de agosto y libera el lote a mediados de enero. Lucea ha tenido experiencias de rindes en torno de los 2000 kilos por hectárea.
Con todo, hoy con la siembra de 150 a 200 hectáreas de cultivos para biocombustibles cubre con holgura sus necesidades. Según sus números, produce 1000 litros de aceite con menos de 3000 kilos de girasol, con 8000 kilos de soja o con 2300 kilos de colza. Para cártamo cree que va a requerir alrededor de 3000 kilos. En el caso de la soja, otros especialistas creen que para producir 1000 litros de aceite hay que moler al menos 9500 kilos de la oleaginosa.
A grandes rasgos, dice que en este momento su biodiésel le cuesta entre un 15 y un 20% menos que el gasoil (2,10/2,20 pesos el litro del primero versus 2,47/2,50 del segundo, según precios en la zona). Con un consumo anual de combustible de 270.000 litros, hace sus propias cuentas. "Me voy a economizar unos 40.000 litros; en plata son unos 84.000 pesos", afirmó. Cree que con cártamo la producción va a ser más ventajosa. "Va a ser más económica; quizás un 10 por ciento menos", señaló.
Al margen del atractivo de los números, Lucea prefiere mirar otro costado de su experiencia. La faceta renovable, no contaminante como los combustibles fósiles y biodegradable de este biocombustible. "Tenemos que empezar a manejar todo para que haya menos contaminación. Para mí lo importante es no contaminar; eso es fundamental", explica a este cronista.
Hacer desde la necesidad
Pero su historia con el biodiésel nació desde una necesidad. Preocupado porque hace unos años en esa región comenzó a escasear gasoil, Lucea comenzó a pensar en hacer su propio combustible. "Encargabas 10.000 litros de gasoil y te entregaban 2000", recuerda hoy.
Lo primero que hizo fue agruparse con unos productores de Tres Arroyos para la construcción de una planta en esa localidad. Pero luego se retiró de esa sociedad y decidió armar una propia. Así, en marzo de 2007 contactó a una empresa cordobesa especializada en este tipo de fábricas y en octubre ya la tenía instalada en su explotación. Aunque prefiere no comentar el monto de la inversión, acepta decir que la amortizará en tres o cuatro años.
Lucea hoy posee una planta con mayor capacidad que la que requiere: puede producir entre 6000 y 6500 litros diarios del biocombustible, pero él necesita poco menos de 1000. Con todo, forma parte de un pool de productores que están evaluando la alternativa de la exportación. En su caso, la capacidad excedente podría tener ese destino. Por sus características, se trata de una planta de tamaño mediano.
"Mientras tanto, uso el biodiésel para todos mis motores (con el biocombustible rinden un 4% menos, según explica; igual afirma que el biodiésel es entre 50 y 60 veces más lubricante)", repite. Lo utiliza puro. "Todo funciona perfecto", subraya. Permanentemente está realizando análisis y en uno de los últimos recibió la noticia de que la calidad de su producto se encuentra, según afirma, dentro de las normas europeas para este producto.
En realidad, Lucea tiene armado un circuito que hace posible la producción en el campo. Cosechados los granos, los lleva a una planta de extracción en Benito Juárez, a 50 kilómetros (el productor no tiene prensa en su explotación, pero la idea es contar con ella en algún momento). La empresa de Benito Juárez, que hace alimentos balanceados, le compra la harina y él regresa al campo con el aceite, donde posee un tanque de 40.000 litros para almacenarlo. Otro tanque de 40.000 litros sirve para guardar el biodiésel ya procesado (ver infografía).
Inquieto, Lucea también está trabajando fuerte para darles una salida a los subproductos. El jabón es una opción. "Ya hemos logrado como una crema para lavarse las manos en los talleres y la idea es que alguien lo envase", cuenta. Sería un ingreso extra que podría tener.
En origen
Pero hay más: con el glicerol ha realizado diversos trabajos para evaluar su funcionamiento como glifosato. A campo no tuvo éxito: demoró mucho el secado de las malezas; tres veces y media más que el glifosato. "Igual esto se puede mejorar", se aventura. "Pero como coadyuvante anda muy bien (usa un litro por hectárea junto al glifosato)", agregó.
Lucea es, de algún modo, un productor todoterreno que cree que hay que agregarle valor a la producción en origen. Y de ahí que se esfuerza por ampliar el negocio. "Si en vez de vender el grano de soja o girasol comercializamos el aceite, las cosas pueden ser distintas. No tenemos que quedarnos con una cosa, sino buscar hacer varias", afirmó.
A tono con las idas y venidas a las que está expuesto el campo por la política oficial, Lucea cierra con una frase elocuente. "Con el cambio de las reglas de juego, en este país uno debe estar entrenado para todo", señaló. En ese contexto, él ha logrado suplir los faltantes de gasoil con un combustible propio y, además, comenzar a explorar alternativas de negocios.
Por Fernando Bertello
Enviado especial
Productores / Industrialización en origen y valor agregado
Inyección de energía propia
En Adolfo Gonzales Chaves, el agricultor Jorge Lucea transforma sus granos en biodiésel para autoconsumo y ahorra gastos en insumos; también apunta a la diversificación de cultivos, como la arveja, para ampliar el horizonte productivo
Jorge Lucea en la planta de biodiésel que produce hasta 6500 litros por día
ADOLFO GONZALES CHAVES.- Si hay algo que caracteriza a muchos productores argentinos es la capacidad para armar estrategias a partir de una necesidad concreta. Esa habilidad, intrínseca a empresarios inquietos y dispuestos a crecer, es la causa fundamental de que en los últimos años se hayan multiplicado experiencias impactantes. Desde la incorporación de nuevos cultivos, rotaciones, manejo y tecnologías para ser más eficientes en el uso de los recursos, las combinaciones de innovaciones se cuentan por decenas.
Hoy, con el petróleo como una fuente que se va a agotando y el trasfondo de los faltantes de gasoil que se han observado en recientes campañas, más productores se están planteando encarar el autoconsumo con recursos renovables como los biocombustibles sobre la base de cultivos.
Precisamente, en esa empresa está embarcado Jorge Lucea, productor de Adolfo Gonzales Chaves. Lo hace por una necesidad de contar con combustible siempre y, según dice, trabajar con un producto renovable. Allí siembra, tiene una planta de biodiésel en su campo, y utiliza todo el biocombustible para su camioneta, camiones de transporte, tractores y todas las tareas a campo, hasta la cosecha. Todo allí se mueve con biodiésel; incluso el grupo electrógeno de la planta se alimenta con él. En el fondo, le está tratando de agregar valor a lo que hace, con una especie de industrialización en origen.
Se estima que a nivel país ya hay poco más de una decena de plantas instaladas para autoconsumo, si bien se desconoce si todas están en funcionamiento. Habría, además, un número no definido en construcción.
Como recuerda la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio) en su página de Internet, el biodiésel se hace a través de un proceso químico llamado transesterificación, con el cual la glicerina es separada de las grasas o de los aceites vegetales. Continúa con un proceso de decantación con posterior destilación y purificación. "Este proceso arroja dos productos: ésteres metílicos (el nombre químico del biodiésel) y glicerina (un subproducto generalmente usado en jabones y otros productos)", dice Carbio.
El abanico de cultivos que Lucea ha utilizado para producir biodiésel es bien amplio. Girasol, colza y soja son algunos ejemplos, mientras se apresta a probar con cártamo. Esta campaña sembró 60 hectáreas. Una pequeña porción irá para biocombustible y el resto lo venderá a una empresa exportadora. El cártamo es muy resistente a la sequía, desarrolla plantas fuertes, raíces con una importante capacidad de exploración y requiere menos insumos; alrededor de un 30/40 por ciento menos de fósforo que el trigo. Aquí se lo siembra a mediados de agosto y libera el lote a mediados de enero. Lucea ha tenido experiencias de rindes en torno de los 2000 kilos por hectárea.
Con todo, hoy con la siembra de 150 a 200 hectáreas de cultivos para biocombustibles cubre con holgura sus necesidades. Según sus números, produce 1000 litros de aceite con menos de 3000 kilos de girasol, con 8000 kilos de soja o con 2300 kilos de colza. Para cártamo cree que va a requerir alrededor de 3000 kilos. En el caso de la soja, otros especialistas creen que para producir 1000 litros de aceite hay que moler al menos 9500 kilos de la oleaginosa.
A grandes rasgos, dice que en este momento su biodiésel le cuesta entre un 15 y un 20% menos que el gasoil (2,10/2,20 pesos el litro del primero versus 2,47/2,50 del segundo, según precios en la zona). Con un consumo anual de combustible de 270.000 litros, hace sus propias cuentas. "Me voy a economizar unos 40.000 litros; en plata son unos 84.000 pesos", afirmó. Cree que con cártamo la producción va a ser más ventajosa. "Va a ser más económica; quizás un 10 por ciento menos", señaló.
Al margen del atractivo de los números, Lucea prefiere mirar otro costado de su experiencia. La faceta renovable, no contaminante como los combustibles fósiles y biodegradable de este biocombustible. "Tenemos que empezar a manejar todo para que haya menos contaminación. Para mí lo importante es no contaminar; eso es fundamental", explica a este cronista.
Hacer desde la necesidad
Pero su historia con el biodiésel nació desde una necesidad. Preocupado porque hace unos años en esa región comenzó a escasear gasoil, Lucea comenzó a pensar en hacer su propio combustible. "Encargabas 10.000 litros de gasoil y te entregaban 2000", recuerda hoy.
Lo primero que hizo fue agruparse con unos productores de Tres Arroyos para la construcción de una planta en esa localidad. Pero luego se retiró de esa sociedad y decidió armar una propia. Así, en marzo de 2007 contactó a una empresa cordobesa especializada en este tipo de fábricas y en octubre ya la tenía instalada en su explotación. Aunque prefiere no comentar el monto de la inversión, acepta decir que la amortizará en tres o cuatro años.
Lucea hoy posee una planta con mayor capacidad que la que requiere: puede producir entre 6000 y 6500 litros diarios del biocombustible, pero él necesita poco menos de 1000. Con todo, forma parte de un pool de productores que están evaluando la alternativa de la exportación. En su caso, la capacidad excedente podría tener ese destino. Por sus características, se trata de una planta de tamaño mediano.
"Mientras tanto, uso el biodiésel para todos mis motores (con el biocombustible rinden un 4% menos, según explica; igual afirma que el biodiésel es entre 50 y 60 veces más lubricante)", repite. Lo utiliza puro. "Todo funciona perfecto", subraya. Permanentemente está realizando análisis y en uno de los últimos recibió la noticia de que la calidad de su producto se encuentra, según afirma, dentro de las normas europeas para este producto.
En realidad, Lucea tiene armado un circuito que hace posible la producción en el campo. Cosechados los granos, los lleva a una planta de extracción en Benito Juárez, a 50 kilómetros (el productor no tiene prensa en su explotación, pero la idea es contar con ella en algún momento). La empresa de Benito Juárez, que hace alimentos balanceados, le compra la harina y él regresa al campo con el aceite, donde posee un tanque de 40.000 litros para almacenarlo. Otro tanque de 40.000 litros sirve para guardar el biodiésel ya procesado (ver infografía).
Inquieto, Lucea también está trabajando fuerte para darles una salida a los subproductos. El jabón es una opción. "Ya hemos logrado como una crema para lavarse las manos en los talleres y la idea es que alguien lo envase", cuenta. Sería un ingreso extra que podría tener.
En origen
Pero hay más: con el glicerol ha realizado diversos trabajos para evaluar su funcionamiento como glifosato. A campo no tuvo éxito: demoró mucho el secado de las malezas; tres veces y media más que el glifosato. "Igual esto se puede mejorar", se aventura. "Pero como coadyuvante anda muy bien (usa un litro por hectárea junto al glifosato)", agregó.
Lucea es, de algún modo, un productor todoterreno que cree que hay que agregarle valor a la producción en origen. Y de ahí que se esfuerza por ampliar el negocio. "Si en vez de vender el grano de soja o girasol comercializamos el aceite, las cosas pueden ser distintas. No tenemos que quedarnos con una cosa, sino buscar hacer varias", afirmó.
A tono con las idas y venidas a las que está expuesto el campo por la política oficial, Lucea cierra con una frase elocuente. "Con el cambio de las reglas de juego, en este país uno debe estar entrenado para todo", señaló. En ese contexto, él ha logrado suplir los faltantes de gasoil con un combustible propio y, además, comenzar a explorar alternativas de negocios.
Por Fernando Bertello
Enviado especial
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Desarrollo Sustentable
Un cura que creo un emporio gastronómico con claro perfil social
Diario La Nación. Domingo 1 de marzo de 2009. Suplemento Enfoques
Innovadores
Luis de Lezama, el cura que creó un emporio gastronómico
En los años 60 creó un restaurante en Madrid para promover el empleo y la formación profesional de jóvenes marginales. Hoy preside un grupo empresarial que tiene 21 locales, emplea a 600 personas y pone el acento en la capacitación de sus empleados
El "cura empresario", "el cura innovador" o simplemente "el cura", Luis de Lezama no es un sacerdote más en España. Preside un grupo económico a cargo de 21 restaurantes (dos de ellos en Estados Unidos), un resort de lujo y tres escuelas de gastronomía y hotelería: en total, 600 funcionarios y 17 millones de euros de facturación por año. Raro para un hombre de sotana, y mucho más cuando dice que ha levantado su negocio sobre la misma base que una misa. "La justificación de mi empresa no está en la ambición de dinero o popularidad, sino en el mensaje evangélico", asegura el sacerdote de 72 años, quien pasó unos días en Uruguay con la triple finalidad de descansar, escribir un libro y casar a Hilario, hijo de su amigo Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia aérea de los Andes.
La historia se remonta a finales de los años 60. En una España deprimida, con Francisco Franco en el ocaso de su gobierno, De Lezama era cura en Vallecas (Madrid), donde abrió un albergue para jóvenes marginales, en su mayoría "maletillas", chavales que sueñan con convertirse en toreros y quedan al cabo sin corrida y sin estudios. Como una de las máximas del sacerdote refiere a nunca pedir limosna, él y esa veintena de jóvenes vivían como recicladores. "Ibamos a la rebusca, la busca (de basura) era para los privilegiados. Y vivíamos de las chatarra, los cartones, papeles viejos". La otra máxima de Lezama se ha transformado en lema del grupo empresarial: "No dar peces, sino enseñar a pescar". O a cocinar, administrar y dar un buen servicio. Así surgió la idea atrevida de abrir un restaurante para que él y esos jóvenes pudieran producir. Un amigo consiguió el local, él pidió licencia de sacerdote y en 1974 se inauguró La Taberna del Alabardero, en Madrid, frente al Teatro Real.
Allí comienza una expansión casi milagrosa en la que un cura que no sabía de cocina y unos jóvenes que no sabían nada de nada pusieron la primera piedra de una de las cadenas más prestigiosas de España. "La Taberna era frecuentada por intelectuales, periodistas, políticos. Y muchos que venían del exilio. Uno de ellos, un tal Isidoro, resultó que era Felipe González. Allí empezó a gestarse un nuevo estilo de sociedad, de democracia y también de restaurante. De aquellos con mantel de hilo o casas de comida de hule surgió esta taberna donde se comía la cocina de la abuela."
Con esa misma impronta, el crecimiento no ha parado hasta hoy, con la última sucursal recién abierta en Seattle (EE.UU.), pese a la crisis. Pero justo en la cúspide, De Lezama abandonó el grupo empresarial que dirigió por 35 años para volver a calzarse la sotana y transformarse en párroco, aunque mantiene la presidencia de la compañía y de su fundación. En 2005 le asignaron una parroquia en el barrio madrileño de Monte Carmelo.
La tercera actividad del cura es el periodismo. Lo estudió y ejerció para financiar el albergue de "muletillas". En 1972, como periodista de la agencia EFE, viajó a Uruguay para entrevistar a 16 muchachos que habían sobrevivido 72 días los Andes. A la vez, produjo un curioso reportaje con el movimiento Tupamaro, uno de los pocos que dio la guerrilla uruguaya mientras estaba en actividad.
A Uruguay lo prefiere en verano, cuando se toma unas vacaciones. En casa de los Canessa, distendido en un sillón, habla de negocios, de la crisis, y de algo clave para él: el capital humano. Pero también de la liturgia, la fe cristiana y de cómo y por qué en Uruguay pululan las sectas. Lenguajes y ámbitos en apariencia muy distantes, pero pareciera que este cura innovador logra unir lo que el hombre ha separado.
-¿Cómo es que un sacerdote termina siendo empresario?
-Después del Concilio Vaticano II, surge en España un grupo de sacerdotes muy preocupados por lo social. En 1962 yo estaba en un pueblecito llamado Chinchón y empecé a acoger a muchachos marginales, que no sabían quiénes eran y todo eso se traslada después a Vallecas, donde abro un albergue. Pero luego cambia el cariz de todo esto cuando dijimos: "Vamos a vivir de nuestro trabajo". Y en 1974 abrimos la Taberna del Alabardero. Contratamos a un chef vasco, como yo, y nos pusimos a trabajar en un tiempo en que se fraguaba un cambio en España. Franco estaba en sus últimos momentos y por las pocas mesas de la Taberna pasaron la mayoría de los intelectuales de la época.
-¿Pero se imaginaba el crecimiento que tuvo luego?
-No nos imaginamos nada. Teníamos esa idea de transformar la Taberna en una escuela de formación humana, de valores, que hoy es tan importante en una España que se ha hundido en la cultura del pelotazo económico, de proyectos que ganaban mucho dinero de la noche a la mañana y que hoy ha estallado, dejando cuatro millones de desempleados.
-De ahí que usted haya afirmado que su empresa es una especie de extensión de su servicio como sacerdote...
-Estoy convencido de que no hubiera hecho nada de esto si no hubiera sido sacerdote. La justificación de mi empresa no está en la ambición, el deseo de ganar dinero o popularidad; está en el mensaje evangélico.
-Es una vía poco ortodoxa...
-Puede ser, pero la Iglesia en estos tiempos debe ser más activa en su misión de ir a buscar a aquellos que están lejos de la fe. Claro que es más fácil volver a la rutina. La liturgia es parte importante de la pastoral, pero no podemos quedarnos en eso. Necesitamos una pastoral de comunicación, de comunidad, y eso rompe con la rutina. He visto en muchas ciudades, en Madrid y otras, que las iglesias están cerradas durante todo el día. Las abren media hora antes de la misa y luego las cierran. Yo no conozco ningún negocio que cerrado produzca.
-¿Cuál es su concepto de empresa?
-La empresa es mucho más que el lugar donde se gana el dinero para vivir. Es una segunda familia, donde uno tiene que trabajar y tiene que haber un respeto a los valores de cada uno. Si la fregadora de la Taberna del Alabardero en Seattle, la última que ha abierto, para el tren de lavado, todo se paraliza.Este conjunto de equipo hace que si el chef realiza buena comida, el maitre ofrece un buen servicio, la señora que frega los platos lo hará con más ilusión si hay esta armonía que si estamos en esa especie de lucha social interna. Desgraciadamente, no nos hemos dado cuenta de que la lucha de clases se ha perdido. Hoy estamos en otra coyuntura y a veces, en la carencia y dificultad, aprendemos que la fregadora puede ser mi mejor compañera, que debe tener un sueldo equilibrado y que no la puedo maltratar. Esto muchas veces se ha aprendido con sangre.
-¿No ha tenido problemas con los sindicatos?
-No. Pero los sindicatos hoy deberían cambiar. Tendrían que ser los principales responsables de la educación y cultura del pueblo para la formación profesional y no dedicarse a buscar dádivas del poder, que por cierto les tapa la boca con dinero. Hoy, muchos sindicalistas tiene la boca tapada con millones. Y los sindicatos, cuando se juntan con el poder, pierden su fuerza. Lo mismo pasa con la Iglesia: cuando se liga al poder, pierde sus valores espirituales. Por eso, una Iglesia controvertida, en difícil relación con el poder, siempre será más sincera, más auténtica y más cristiana.
-¿Tiene detractores dentro de la Iglesia?
-Siempre hay gente que ve las cosas de otro modo. Me he sentido prejuzgado, que hacía esto por dinero, por popularidad, hasta para conseguir chicas (risas).
-Está escribiendo un libro cuyo título será El capital humano , ¿a qué se refiere?
-Aquí, en Punta Colorada, he avanzado bastante con ello. El capital humano es el valor del equipo que forma una empresa y su proyección. La cuenta de resultados de una empresa que no tenga en cuenta hoy el capital humano y la investigación y desarrollo, la I+D, se muere. Y se muere más rápidamente que antes.
-¿En qué gasta su empresa los 17 millones de euros que factura?
-En esto. Tenemos tres escuelas de hostelería con nivel universitario y estamos por abrir otras dos. También armamos una fundación, que es civil y no religiosa, dedicada a la formación del ser humano y que da acogida un poco a lo que he venido haciendo desde 1962. No podemos parar, cuando uno está trabajando con jóvenes no se puede venir abajo. Las cuentas de resultado no van a mejorar si uno se pone triste, serio, cabizbajo; hay que echarle mano a la imaginación.
-Para muchos, la figura del empresario se asocia a alguien sin sentido social, ¿cómo ha lidiado con esto siendo cura?
-Ya no hay más lucha de clases. Habrá empresarios buenos y malos, pero esa idea del empresario como mal social, causa de todos los problemas, cuando los países no eran cultos tenía chance para los políticos de izquierda. Pero hoy que el nivel de cultura, en España, en Uruguay y en muchas partes, ha avanzado, eso me parece una cosa del Antiguo Testamento. Los jóvenes están hartos de discursos y palabras huecas. Los contenidos son más reales, rápidos y eficaces. Hay que crear ideas. "Enseñar a pescar, no dar peces". Lo dice el Evangelio.
Miguel Bardesio
EL PAIS/GDA
Quién es
Nombre y apellido :
Luis de Lezama
Edad :
72 años
Sacerdote y periodista:
Nació en la provincia vasca de Alava, en España, en 1936. En 1962 fue ordenado sacerdote, luego estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y durante varios años dirigió programas radiales religiosos.
Empresa solidaria:
En 1974, junto con jóvenes marginales, fundó el restaurante Taberna del Alabardero, en Madrid, renunció a la función eclesiástica y creó una fundación que administra el exitoso grupo empresarial que aún preside.
Innovadores
Luis de Lezama, el cura que creó un emporio gastronómico
En los años 60 creó un restaurante en Madrid para promover el empleo y la formación profesional de jóvenes marginales. Hoy preside un grupo empresarial que tiene 21 locales, emplea a 600 personas y pone el acento en la capacitación de sus empleados
El "cura empresario", "el cura innovador" o simplemente "el cura", Luis de Lezama no es un sacerdote más en España. Preside un grupo económico a cargo de 21 restaurantes (dos de ellos en Estados Unidos), un resort de lujo y tres escuelas de gastronomía y hotelería: en total, 600 funcionarios y 17 millones de euros de facturación por año. Raro para un hombre de sotana, y mucho más cuando dice que ha levantado su negocio sobre la misma base que una misa. "La justificación de mi empresa no está en la ambición de dinero o popularidad, sino en el mensaje evangélico", asegura el sacerdote de 72 años, quien pasó unos días en Uruguay con la triple finalidad de descansar, escribir un libro y casar a Hilario, hijo de su amigo Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia aérea de los Andes.
La historia se remonta a finales de los años 60. En una España deprimida, con Francisco Franco en el ocaso de su gobierno, De Lezama era cura en Vallecas (Madrid), donde abrió un albergue para jóvenes marginales, en su mayoría "maletillas", chavales que sueñan con convertirse en toreros y quedan al cabo sin corrida y sin estudios. Como una de las máximas del sacerdote refiere a nunca pedir limosna, él y esa veintena de jóvenes vivían como recicladores. "Ibamos a la rebusca, la busca (de basura) era para los privilegiados. Y vivíamos de las chatarra, los cartones, papeles viejos". La otra máxima de Lezama se ha transformado en lema del grupo empresarial: "No dar peces, sino enseñar a pescar". O a cocinar, administrar y dar un buen servicio. Así surgió la idea atrevida de abrir un restaurante para que él y esos jóvenes pudieran producir. Un amigo consiguió el local, él pidió licencia de sacerdote y en 1974 se inauguró La Taberna del Alabardero, en Madrid, frente al Teatro Real.
Allí comienza una expansión casi milagrosa en la que un cura que no sabía de cocina y unos jóvenes que no sabían nada de nada pusieron la primera piedra de una de las cadenas más prestigiosas de España. "La Taberna era frecuentada por intelectuales, periodistas, políticos. Y muchos que venían del exilio. Uno de ellos, un tal Isidoro, resultó que era Felipe González. Allí empezó a gestarse un nuevo estilo de sociedad, de democracia y también de restaurante. De aquellos con mantel de hilo o casas de comida de hule surgió esta taberna donde se comía la cocina de la abuela."
Con esa misma impronta, el crecimiento no ha parado hasta hoy, con la última sucursal recién abierta en Seattle (EE.UU.), pese a la crisis. Pero justo en la cúspide, De Lezama abandonó el grupo empresarial que dirigió por 35 años para volver a calzarse la sotana y transformarse en párroco, aunque mantiene la presidencia de la compañía y de su fundación. En 2005 le asignaron una parroquia en el barrio madrileño de Monte Carmelo.
La tercera actividad del cura es el periodismo. Lo estudió y ejerció para financiar el albergue de "muletillas". En 1972, como periodista de la agencia EFE, viajó a Uruguay para entrevistar a 16 muchachos que habían sobrevivido 72 días los Andes. A la vez, produjo un curioso reportaje con el movimiento Tupamaro, uno de los pocos que dio la guerrilla uruguaya mientras estaba en actividad.
A Uruguay lo prefiere en verano, cuando se toma unas vacaciones. En casa de los Canessa, distendido en un sillón, habla de negocios, de la crisis, y de algo clave para él: el capital humano. Pero también de la liturgia, la fe cristiana y de cómo y por qué en Uruguay pululan las sectas. Lenguajes y ámbitos en apariencia muy distantes, pero pareciera que este cura innovador logra unir lo que el hombre ha separado.
-¿Cómo es que un sacerdote termina siendo empresario?
-Después del Concilio Vaticano II, surge en España un grupo de sacerdotes muy preocupados por lo social. En 1962 yo estaba en un pueblecito llamado Chinchón y empecé a acoger a muchachos marginales, que no sabían quiénes eran y todo eso se traslada después a Vallecas, donde abro un albergue. Pero luego cambia el cariz de todo esto cuando dijimos: "Vamos a vivir de nuestro trabajo". Y en 1974 abrimos la Taberna del Alabardero. Contratamos a un chef vasco, como yo, y nos pusimos a trabajar en un tiempo en que se fraguaba un cambio en España. Franco estaba en sus últimos momentos y por las pocas mesas de la Taberna pasaron la mayoría de los intelectuales de la época.
-¿Pero se imaginaba el crecimiento que tuvo luego?
-No nos imaginamos nada. Teníamos esa idea de transformar la Taberna en una escuela de formación humana, de valores, que hoy es tan importante en una España que se ha hundido en la cultura del pelotazo económico, de proyectos que ganaban mucho dinero de la noche a la mañana y que hoy ha estallado, dejando cuatro millones de desempleados.
-De ahí que usted haya afirmado que su empresa es una especie de extensión de su servicio como sacerdote...
-Estoy convencido de que no hubiera hecho nada de esto si no hubiera sido sacerdote. La justificación de mi empresa no está en la ambición, el deseo de ganar dinero o popularidad; está en el mensaje evangélico.
-Es una vía poco ortodoxa...
-Puede ser, pero la Iglesia en estos tiempos debe ser más activa en su misión de ir a buscar a aquellos que están lejos de la fe. Claro que es más fácil volver a la rutina. La liturgia es parte importante de la pastoral, pero no podemos quedarnos en eso. Necesitamos una pastoral de comunicación, de comunidad, y eso rompe con la rutina. He visto en muchas ciudades, en Madrid y otras, que las iglesias están cerradas durante todo el día. Las abren media hora antes de la misa y luego las cierran. Yo no conozco ningún negocio que cerrado produzca.
-¿Cuál es su concepto de empresa?
-La empresa es mucho más que el lugar donde se gana el dinero para vivir. Es una segunda familia, donde uno tiene que trabajar y tiene que haber un respeto a los valores de cada uno. Si la fregadora de la Taberna del Alabardero en Seattle, la última que ha abierto, para el tren de lavado, todo se paraliza.Este conjunto de equipo hace que si el chef realiza buena comida, el maitre ofrece un buen servicio, la señora que frega los platos lo hará con más ilusión si hay esta armonía que si estamos en esa especie de lucha social interna. Desgraciadamente, no nos hemos dado cuenta de que la lucha de clases se ha perdido. Hoy estamos en otra coyuntura y a veces, en la carencia y dificultad, aprendemos que la fregadora puede ser mi mejor compañera, que debe tener un sueldo equilibrado y que no la puedo maltratar. Esto muchas veces se ha aprendido con sangre.
-¿No ha tenido problemas con los sindicatos?
-No. Pero los sindicatos hoy deberían cambiar. Tendrían que ser los principales responsables de la educación y cultura del pueblo para la formación profesional y no dedicarse a buscar dádivas del poder, que por cierto les tapa la boca con dinero. Hoy, muchos sindicalistas tiene la boca tapada con millones. Y los sindicatos, cuando se juntan con el poder, pierden su fuerza. Lo mismo pasa con la Iglesia: cuando se liga al poder, pierde sus valores espirituales. Por eso, una Iglesia controvertida, en difícil relación con el poder, siempre será más sincera, más auténtica y más cristiana.
-¿Tiene detractores dentro de la Iglesia?
-Siempre hay gente que ve las cosas de otro modo. Me he sentido prejuzgado, que hacía esto por dinero, por popularidad, hasta para conseguir chicas (risas).
-Está escribiendo un libro cuyo título será El capital humano , ¿a qué se refiere?
-Aquí, en Punta Colorada, he avanzado bastante con ello. El capital humano es el valor del equipo que forma una empresa y su proyección. La cuenta de resultados de una empresa que no tenga en cuenta hoy el capital humano y la investigación y desarrollo, la I+D, se muere. Y se muere más rápidamente que antes.
-¿En qué gasta su empresa los 17 millones de euros que factura?
-En esto. Tenemos tres escuelas de hostelería con nivel universitario y estamos por abrir otras dos. También armamos una fundación, que es civil y no religiosa, dedicada a la formación del ser humano y que da acogida un poco a lo que he venido haciendo desde 1962. No podemos parar, cuando uno está trabajando con jóvenes no se puede venir abajo. Las cuentas de resultado no van a mejorar si uno se pone triste, serio, cabizbajo; hay que echarle mano a la imaginación.
-Para muchos, la figura del empresario se asocia a alguien sin sentido social, ¿cómo ha lidiado con esto siendo cura?
-Ya no hay más lucha de clases. Habrá empresarios buenos y malos, pero esa idea del empresario como mal social, causa de todos los problemas, cuando los países no eran cultos tenía chance para los políticos de izquierda. Pero hoy que el nivel de cultura, en España, en Uruguay y en muchas partes, ha avanzado, eso me parece una cosa del Antiguo Testamento. Los jóvenes están hartos de discursos y palabras huecas. Los contenidos son más reales, rápidos y eficaces. Hay que crear ideas. "Enseñar a pescar, no dar peces". Lo dice el Evangelio.
Miguel Bardesio
EL PAIS/GDA
Quién es
Nombre y apellido :
Luis de Lezama
Edad :
72 años
Sacerdote y periodista:
Nació en la provincia vasca de Alava, en España, en 1936. En 1962 fue ordenado sacerdote, luego estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y durante varios años dirigió programas radiales religiosos.
Empresa solidaria:
En 1974, junto con jóvenes marginales, fundó el restaurante Taberna del Alabardero, en Madrid, renunció a la función eclesiástica y creó una fundación que administra el exitoso grupo empresarial que aún preside.
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Emprendedores Sociales
jueves, 26 de febrero de 2009
Guía para construir ciudades sustentables
Entrevista a Manuel Ludueña
Guía para construir ciudades sustentables
El especialista en planificación urbana plantea que las ciudades con potencial para aplicar eficazmente criterios de sostenibilidad son las economías de escala local.
Arq. Guillermo Tella, con la colaboración de Alejandra Potocko (Diario El Cronista. Jueves 26/02/2009
La urbanización es el asentamiento humano predominante del planeta. La tecnología, la demanda de recursos y la presión creada por los actuales modos de producción y consumo han transformado la relación entre los seres humanos y el medio natural. ¿Cómo sobrellevar los efectos de las ciudades y regiones urbanas sobre el ambiente? ¿Cómo crear ciudades más sostenibles? Investigadores y activistas reclaman la necesidad de reconvertirlas para lograr un sistema socio-ecológico con resultados positivos. Abordamos estas cuestiones en charla exclusiva con Manuel Ludueña, planificador urbano comprometido con la difusión y aplicación de prácticas urbanas sostenibles.
¿Cuáles son las premisas para construir ciudades más sostenibles?
La construcción de la ciudad sostenible pasa por atender y procurar que funcione como un ciclo completo de energías y materiales. La recuperación de la ciudad construida, modificada, rehabilitada por sus habitantes es una condición imprescindible para su sostenibilidad. Pacificar el tránsito en todos los planos y distancias resulta una labor prioritaria. Es necesario por tanto una organización de la ciudad, del espacio urbano, acorde con la posibilidad de percibir la totalidad o la mayor parte posible de personas, objetos, energías e información que la conforman. En este sentido, la ciudad tiene que ser abarcable.
¿Cuál es el estado actual de estas cuestiones? ¿Cuáles son las experiencias de ciudades que iniciaron su propia transformación?
El avance hacia el desarrollo sostenible ha sido lento a pesar de los cambios en la gestión ambiental, la profundización en la comprensión de la relación entre medio ambiente y desarrollo, y a pesar de las soluciones viables encontradas a lo largo de los últimos 20 años para varios de los problemas ambientales, tales como la contaminación industrial del aire y el agua, la erosión de la tierra a escala local, la tala de mangles para la acuicultura y las emisiones de gases de los vehículos motorizados.
Para nuestras grandes metrópolis se ha sugerido y en ocasiones experimentado por medio de subsistemas en barrios-ciudad, dando cabida a cierta complejidad de lo urbano y a su diversidad, con capacidad de construir su propia centralidad e identidad colectiva, no tan grandes que la población los desconozca.
Hay experiencias de ciudades que iniciaron su propia transformación: Curitiba (Brasil), Adelaida (Australia), Zurich (Suiza) -galardonada con el título de ciudad con mayor calidad de vida en el mundo por dos ocasiones consecutivas (2006-2008)-, Vancouver (Canadá), entre otras. A medida que la conciencia de los problemas han ido creciendo, cada experiencia tuvo sus propias particularidades, aciertos y fracasos, de manera que no hay una receta y reglas para la rehabilitación ecológica de la ciudad: lo único común a todas ellas es, precisamente, el afán por una nueva acción política democrática que permita reconstruir el alma colectiva de la ciudad.
Varios ejemplos exitosos demuestran la viabilidad de desarrollar y poner en práctica políticas que vayan dirigidas a por lo menos algunos de los problemas ambientales en las ciudades, como la contaminación del aire urbano.
Por ejemplo, los sistemas integrados de transporte público desarrollados en Curitiba (Brasil) y Bogotá (Colombia) y se han convertido en un modelo para las otras grandes ciudades de la región y de Europa. Otros ejemplos incluyen la agricultura urbana y la restauración del malecón de La Habana (Ciudad Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), las reformas del derecho de aguas en Chile que han mejorado la eficiencia del agua y el tratamiento de las aguas residuales y el esquema de gestión de residuos sólidos de base comunitaria adoptado en Curitiba (Brasil). Todos se basan en una buena planificación y gestión ambiental para las ciudades.
Desde la planificación, ¿cuáles son los criterios y los instrumentos de intervención?
Ante todo, es necesario reconocer que las ciudades con potencial para aplicar eficazmente criterios de sostenibilidad son las economías de escala local, basadas en una mayor eficacia en el uso de los recursos renovables disponibles, con opciones técnicas de bajos efectos ambientales, y en densas redes de comunicación que faciliten la introducción de nuevas prácticas socio-productivas.
Para ello, el uso de instrumentos económicos y el cumplimiento efectivo de la normativa ambiental tiene que complementarse con una planificación urbanística participativa y orientada ecológicamente como base estratégica para la sostenibilidad.
Desde la planificación, en cualquier propuesta territorial hay que proponerse alcanzar una ciudad más compacta, con un urbanismo de calidad y una dotación de servicios públicos importantes, incluyendo una gran superficie de zonas verdes y corredores arbolados, con una gran potencialidad para conectarse con el campo.
A ello habrá que sumarle la necesidad de crear una serie de espacios naturales periurbanos que enmarcan el ámbito urbano y funcionan como eco-tono entre la ciudad y el territorio rural. Es lo que generalmente se denomina Anillo Verde.
Por otra parte, es necesario considerar la matriz agrícola, que incluye una importante red de ríos y arroyos sobre un extenso acuífero, bosques-isla, caminos y vías enlazando las rutas rurales y las tradicionales. La imagen se completa con una red para poderse desplazar entre los pequeños pueblos, así como la puesta en valor de la arquitectura rural. Finalmente, se deberá considerar la puesta en valor de los sistemas naturales, como bosques, pastizales y riberas de valor ecológico y paisajístico en la región de pertenencia de la ciudad.
¿Puede señalar algunas líneas de actuación que respondan a esos criterios?
Siendo el tamaño de las urbes un factor primordial en su capacidad de desarrollo sostenible, es necesario poner límites a la extensión y crecimiento espacial de la ciudad, favorecer la proximidad frente a la dispersión, dar prioridad a la rehabilitación y regeneración de la ciudad frente a la creación de nuevo suelo urbano.
Además, para reducir los impactos sobre el medio natural y urbano, se debe favorecer la movilidad peatonal, reducir las necesidades de transporte motorizado y promover el uso de transporte público frente al uso del vehículo privado. Otras líneas se dirigen a eliminar las barreras arquitectónicas para favorecer la accesibilidad a vivienda, equipamientos, servicios, etc. Y recuperar la calle y las plazas como lugares de encuentro social.
¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para crear ciudades más sostenibles?
Propiciar una participación amplia en el proceso de toma de decisiones sobre el desarrollo sostenible, es algo a lo que instó la Agenda 21, entre otros importantes desafíos. La Agenda 21 es un Programa de las Naciones Unidas para promover el desarrollo sostenible desde el punto de vista social, económico y ecológico. Detalla acciones que deben ser encaradas a nivel mundial, nacional y local para reducir los impactos humanos sobre el medio ambiente.
La enorme diversidad de los asuntos a considerar en la elaboración de políticas de desarrollo sostenible, unida a las aspiraciones de transparencia, convierten el diseño de la participación ciudadana en una tarea de grandes proporciones. Si se trata la participación de forma superficial fácilmente podría no ser más que "hablar por hablar". La tarea de diseñar un proceso de toma de decisiones moderno, transversal, transparente e informado no solo representa un desafío en cuanto a su concepción sino que también requiere un enorme incremento de las capacidades locales para la democratización de las instituciones, públicas y privadas, y la toma de decisiones.
Guía para construir ciudades sustentables
El especialista en planificación urbana plantea que las ciudades con potencial para aplicar eficazmente criterios de sostenibilidad son las economías de escala local.
Arq. Guillermo Tella, con la colaboración de Alejandra Potocko (Diario El Cronista. Jueves 26/02/2009
La urbanización es el asentamiento humano predominante del planeta. La tecnología, la demanda de recursos y la presión creada por los actuales modos de producción y consumo han transformado la relación entre los seres humanos y el medio natural. ¿Cómo sobrellevar los efectos de las ciudades y regiones urbanas sobre el ambiente? ¿Cómo crear ciudades más sostenibles? Investigadores y activistas reclaman la necesidad de reconvertirlas para lograr un sistema socio-ecológico con resultados positivos. Abordamos estas cuestiones en charla exclusiva con Manuel Ludueña, planificador urbano comprometido con la difusión y aplicación de prácticas urbanas sostenibles.
¿Cuáles son las premisas para construir ciudades más sostenibles?
La construcción de la ciudad sostenible pasa por atender y procurar que funcione como un ciclo completo de energías y materiales. La recuperación de la ciudad construida, modificada, rehabilitada por sus habitantes es una condición imprescindible para su sostenibilidad. Pacificar el tránsito en todos los planos y distancias resulta una labor prioritaria. Es necesario por tanto una organización de la ciudad, del espacio urbano, acorde con la posibilidad de percibir la totalidad o la mayor parte posible de personas, objetos, energías e información que la conforman. En este sentido, la ciudad tiene que ser abarcable.
¿Cuál es el estado actual de estas cuestiones? ¿Cuáles son las experiencias de ciudades que iniciaron su propia transformación?
El avance hacia el desarrollo sostenible ha sido lento a pesar de los cambios en la gestión ambiental, la profundización en la comprensión de la relación entre medio ambiente y desarrollo, y a pesar de las soluciones viables encontradas a lo largo de los últimos 20 años para varios de los problemas ambientales, tales como la contaminación industrial del aire y el agua, la erosión de la tierra a escala local, la tala de mangles para la acuicultura y las emisiones de gases de los vehículos motorizados.
Para nuestras grandes metrópolis se ha sugerido y en ocasiones experimentado por medio de subsistemas en barrios-ciudad, dando cabida a cierta complejidad de lo urbano y a su diversidad, con capacidad de construir su propia centralidad e identidad colectiva, no tan grandes que la población los desconozca.
Hay experiencias de ciudades que iniciaron su propia transformación: Curitiba (Brasil), Adelaida (Australia), Zurich (Suiza) -galardonada con el título de ciudad con mayor calidad de vida en el mundo por dos ocasiones consecutivas (2006-2008)-, Vancouver (Canadá), entre otras. A medida que la conciencia de los problemas han ido creciendo, cada experiencia tuvo sus propias particularidades, aciertos y fracasos, de manera que no hay una receta y reglas para la rehabilitación ecológica de la ciudad: lo único común a todas ellas es, precisamente, el afán por una nueva acción política democrática que permita reconstruir el alma colectiva de la ciudad.
Varios ejemplos exitosos demuestran la viabilidad de desarrollar y poner en práctica políticas que vayan dirigidas a por lo menos algunos de los problemas ambientales en las ciudades, como la contaminación del aire urbano.
Por ejemplo, los sistemas integrados de transporte público desarrollados en Curitiba (Brasil) y Bogotá (Colombia) y se han convertido en un modelo para las otras grandes ciudades de la región y de Europa. Otros ejemplos incluyen la agricultura urbana y la restauración del malecón de La Habana (Ciudad Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), las reformas del derecho de aguas en Chile que han mejorado la eficiencia del agua y el tratamiento de las aguas residuales y el esquema de gestión de residuos sólidos de base comunitaria adoptado en Curitiba (Brasil). Todos se basan en una buena planificación y gestión ambiental para las ciudades.
Desde la planificación, ¿cuáles son los criterios y los instrumentos de intervención?
Ante todo, es necesario reconocer que las ciudades con potencial para aplicar eficazmente criterios de sostenibilidad son las economías de escala local, basadas en una mayor eficacia en el uso de los recursos renovables disponibles, con opciones técnicas de bajos efectos ambientales, y en densas redes de comunicación que faciliten la introducción de nuevas prácticas socio-productivas.
Para ello, el uso de instrumentos económicos y el cumplimiento efectivo de la normativa ambiental tiene que complementarse con una planificación urbanística participativa y orientada ecológicamente como base estratégica para la sostenibilidad.
Desde la planificación, en cualquier propuesta territorial hay que proponerse alcanzar una ciudad más compacta, con un urbanismo de calidad y una dotación de servicios públicos importantes, incluyendo una gran superficie de zonas verdes y corredores arbolados, con una gran potencialidad para conectarse con el campo.
A ello habrá que sumarle la necesidad de crear una serie de espacios naturales periurbanos que enmarcan el ámbito urbano y funcionan como eco-tono entre la ciudad y el territorio rural. Es lo que generalmente se denomina Anillo Verde.
Por otra parte, es necesario considerar la matriz agrícola, que incluye una importante red de ríos y arroyos sobre un extenso acuífero, bosques-isla, caminos y vías enlazando las rutas rurales y las tradicionales. La imagen se completa con una red para poderse desplazar entre los pequeños pueblos, así como la puesta en valor de la arquitectura rural. Finalmente, se deberá considerar la puesta en valor de los sistemas naturales, como bosques, pastizales y riberas de valor ecológico y paisajístico en la región de pertenencia de la ciudad.
¿Puede señalar algunas líneas de actuación que respondan a esos criterios?
Siendo el tamaño de las urbes un factor primordial en su capacidad de desarrollo sostenible, es necesario poner límites a la extensión y crecimiento espacial de la ciudad, favorecer la proximidad frente a la dispersión, dar prioridad a la rehabilitación y regeneración de la ciudad frente a la creación de nuevo suelo urbano.
Además, para reducir los impactos sobre el medio natural y urbano, se debe favorecer la movilidad peatonal, reducir las necesidades de transporte motorizado y promover el uso de transporte público frente al uso del vehículo privado. Otras líneas se dirigen a eliminar las barreras arquitectónicas para favorecer la accesibilidad a vivienda, equipamientos, servicios, etc. Y recuperar la calle y las plazas como lugares de encuentro social.
¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para crear ciudades más sostenibles?
Propiciar una participación amplia en el proceso de toma de decisiones sobre el desarrollo sostenible, es algo a lo que instó la Agenda 21, entre otros importantes desafíos. La Agenda 21 es un Programa de las Naciones Unidas para promover el desarrollo sostenible desde el punto de vista social, económico y ecológico. Detalla acciones que deben ser encaradas a nivel mundial, nacional y local para reducir los impactos humanos sobre el medio ambiente.
La enorme diversidad de los asuntos a considerar en la elaboración de políticas de desarrollo sostenible, unida a las aspiraciones de transparencia, convierten el diseño de la participación ciudadana en una tarea de grandes proporciones. Si se trata la participación de forma superficial fácilmente podría no ser más que "hablar por hablar". La tarea de diseñar un proceso de toma de decisiones moderno, transversal, transparente e informado no solo representa un desafío en cuanto a su concepción sino que también requiere un enorme incremento de las capacidades locales para la democratización de las instituciones, públicas y privadas, y la toma de decisiones.
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Desarrollo Sustentable
jueves, 29 de enero de 2009
El éxito del Grameen Bank
Las lecciones de Yunus
Por Bernardo Kliksberg
Para LA NACION. 8 de noviembre de 2006 publicado en edición papel.
El destino de Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006, era, probablemente, el de otros economistas de elite egresados de buenas universidades americanas: ser un reputado académico o un muy bien pagado consultor. Sin embargo, explica que, cuando en 1974 vio morir de hambre a cientos de miles de personas en Bangladesh, su país natal, por una hambruna, reaccionó de otra manera. "Mientras la gente moría de hambre en las calles -dijo- yo enseñaba teorías económicas elegantes. Me empecé a odiar a mí mismo, a la arrogancia de pretender que tenía todas las respuestas. Nosotros los profesores éramos todos tan inteligentes, pero no sabíamos absolutamente nada acerca de la pobreza que nos rodeaba".
Salió de su universidad de elite y fue a la aldea cercana a conocer lo que sucedía con los campesinos. Una mujer con muchos hijos le mostró las sillas de bambú que producía. Trabajaba muy duramente, pero seguía en la miseria total. Le contó que para producir tenía que pedir prestado a los prestamistas y revenderles las sillas. Le cobraban 10% de interés diario. Después de pagar el préstamo y los intereses sólo le quedaban dos centavos de dólar por día de trabajo. Hizo los cálculos y llegó rápidamente a la conclusión: "Me sentía avergonzado de pertenecer a una sociedad incapaz de dar 27 dólares a 42 personas para ayudarlas a subsistir por sí mismas".
¿Por qué esta señora apelaba a los prestamistas? Porque nadie, ni la banca privada ni la pública, quería prestar a los muy pobres. No tenían garantías.
Yunus había descubierto un gigantesco "mercado cautivo" de la usura y, al mismo tiempo, la idea del microcrédito. Con muy poco se podía salvar la vida de millones.
Después de fracasar en sus gestiones ante el Gobierno y la empresa privada para que se interesaran en este tipo de préstamos, fundó, en 1976, el Grameen Bank , el Banco de la Aldea. Después de dialogar y dialogar con los pobres -algo que sus colegas economistas no habían hecho nunca-, le dio un diseño único en la historia bancaria.
El banco de los pobres
Ante todo, sería un banco de los propios pobres. Sus más de 6 millones de prestatarios tienen hoy el 92% de las acciones. Por otra parte, cero burocracia, los funcionarios del banco no debían esperar en oficinas a que llegaran los pobres. Debían ir allí donde estaban, vivir entre ellos, y captar sus necesidades. Como no había garantías, cero papeles. Todo ello reducía los costos de operación. Concibió dos ideas maestras.
La primera, privilegiar en los préstamos a las mujeres. Son más del 97% de los que reciben los prestamos. Porque mujer significa madre y significa familia, ellas sabrían aplicar muy bien el dinero. En esto tuvo que enfrentar tabúes fuertemente arraigados. A las mujeres campesinas de su país raramente se les permitía tocar dinero o trabajar fuera de la casa. Las empoderó por medio de la experiencia.
Segundo, para pedir un préstamo tenía que haber un grupo de cinco, el préstamo era individual pero el grupo se hacía responsable de que cada uno pagara. Allí movilizó la cooperación, el capital social, la responsabilidad. Todo ello funcionó perfectamente, la tasa de repago es del 98 por ciento.
El Grameen Bank ha entregado, en Bangladesh, préstamos por 5720 millones de dólares. Los préstamos son de 200 dólares promedio. A los veinte años de funcionamiento, ya había llegado a 12 millones de personas, y, actualmente con otros emprendimientos similares, está apoyando en Bangladesh a 38 millones. El Grameen tiene 2226 filiales y da apoyo a 71.371 aldeas. Más de cien países, desde Uganda y Malasia hasta el sur de Chicago, han reproducido la experiencia. En la Argentina, un grupo de pioneros encabezados por Pablo Broder y Norberto Kleinman estableció, en 2000, la organización Grameen.
Cuando se le dio el Nobel de la Paz, el comité del premio explicó que había movilizado fuerzas poderosas para enfrentar la pobreza, lo que era decisivo para lograr la paz. También señaló: "El microcrédito ha probado ser una importante fuerza liberadora en sociedades donde las mujeres tienen que enfrentar condiciones económicas y sociales represivas".
La experiencia de Yunus tiene varias lecciones para una América latina con 228 millones de pobres (41% de la población), 94 millones de ellos en pobreza extrema (19% de la población), y una pobreza persistente (las cifras totales son mayores que en 1980: 168 y 60 millones respectivamente). Estos ejemplos pueden ser puntualizados así:
1. Los economistas y las elites deben salir de la oficina, hablar, y conocer a los pobres y planear soluciones junto con ellos.
2. Deben ser sensibles, comprender la indignación que llevo a Yunus a hacer lo que hizo.
3. Yunus ha prevenido respecto de América latina (a la que conoce bastante): "Mucha gente tomó la idea de llevar el microcrédito a los pobres sólo como una forma de hacer dinero, en lugar de hacerlo para ayudarlos".
4. El papel de la mujer debe ser central.
5. La preocupación debe ser colectiva. Como muy bien definió: "La calidad de una sociedad no debe medirse por el nivel de vida de los que mucho tienen, sino por el de sus capas más pobres".
Ha habido en América latina una actividad creciente en torno del microcrédito, apoyada por diversos organismos internacionales y gobiernos como el de España, pero hay muchísimo más por hacer.
Yunus explicó con claridad sus ideas sobre el mundo actual, muy vigentes para América latina, la región más desigual de todas (una distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre que sextuplica la de España, cuadruplica la de Italia y triplica la de los Estados Unidos, el país más desigual de los desarrollados): "No podemos seguir con el absurdo de que unos tengan enormes riquezas mientras otros tienen problemas para sobrevivir. Si podemos terminar con la pobreza, por lo menos desde el punto de vista económico, tendremos una situación más vivible entre los muy ricos y los muy pobres, entre los países ricos y las naciones muy pobres. Este es el ingrediente principal para la paz".
Hay una lección adicional. Cuando se le comunicó sobre el premio, el Comité Nobel le preguntó qué mensaje quería transmitir. Señaló: "El único es que la pobreza en el mundo es una creación artificial. No es parte de la civilización humana, y podemos cambiar la situación. Lo único que debemos hacer es rediseñar nuestras instituciones y políticas, y no habrá personas que sufrirán de pobreza".
En América latina, tierra de un enorme potencial económico, es hora no sólo de elogiarlo, sino de aplicar, en profundidad, las lecciones magistrales de Yunus.
El autor es presidente del Instituto Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA).
Por Bernardo Kliksberg
Para LA NACION. 8 de noviembre de 2006 publicado en edición papel.
El destino de Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006, era, probablemente, el de otros economistas de elite egresados de buenas universidades americanas: ser un reputado académico o un muy bien pagado consultor. Sin embargo, explica que, cuando en 1974 vio morir de hambre a cientos de miles de personas en Bangladesh, su país natal, por una hambruna, reaccionó de otra manera. "Mientras la gente moría de hambre en las calles -dijo- yo enseñaba teorías económicas elegantes. Me empecé a odiar a mí mismo, a la arrogancia de pretender que tenía todas las respuestas. Nosotros los profesores éramos todos tan inteligentes, pero no sabíamos absolutamente nada acerca de la pobreza que nos rodeaba".
Salió de su universidad de elite y fue a la aldea cercana a conocer lo que sucedía con los campesinos. Una mujer con muchos hijos le mostró las sillas de bambú que producía. Trabajaba muy duramente, pero seguía en la miseria total. Le contó que para producir tenía que pedir prestado a los prestamistas y revenderles las sillas. Le cobraban 10% de interés diario. Después de pagar el préstamo y los intereses sólo le quedaban dos centavos de dólar por día de trabajo. Hizo los cálculos y llegó rápidamente a la conclusión: "Me sentía avergonzado de pertenecer a una sociedad incapaz de dar 27 dólares a 42 personas para ayudarlas a subsistir por sí mismas".
¿Por qué esta señora apelaba a los prestamistas? Porque nadie, ni la banca privada ni la pública, quería prestar a los muy pobres. No tenían garantías.
Yunus había descubierto un gigantesco "mercado cautivo" de la usura y, al mismo tiempo, la idea del microcrédito. Con muy poco se podía salvar la vida de millones.
Después de fracasar en sus gestiones ante el Gobierno y la empresa privada para que se interesaran en este tipo de préstamos, fundó, en 1976, el Grameen Bank , el Banco de la Aldea. Después de dialogar y dialogar con los pobres -algo que sus colegas economistas no habían hecho nunca-, le dio un diseño único en la historia bancaria.
El banco de los pobres
Ante todo, sería un banco de los propios pobres. Sus más de 6 millones de prestatarios tienen hoy el 92% de las acciones. Por otra parte, cero burocracia, los funcionarios del banco no debían esperar en oficinas a que llegaran los pobres. Debían ir allí donde estaban, vivir entre ellos, y captar sus necesidades. Como no había garantías, cero papeles. Todo ello reducía los costos de operación. Concibió dos ideas maestras.
La primera, privilegiar en los préstamos a las mujeres. Son más del 97% de los que reciben los prestamos. Porque mujer significa madre y significa familia, ellas sabrían aplicar muy bien el dinero. En esto tuvo que enfrentar tabúes fuertemente arraigados. A las mujeres campesinas de su país raramente se les permitía tocar dinero o trabajar fuera de la casa. Las empoderó por medio de la experiencia.
Segundo, para pedir un préstamo tenía que haber un grupo de cinco, el préstamo era individual pero el grupo se hacía responsable de que cada uno pagara. Allí movilizó la cooperación, el capital social, la responsabilidad. Todo ello funcionó perfectamente, la tasa de repago es del 98 por ciento.
El Grameen Bank ha entregado, en Bangladesh, préstamos por 5720 millones de dólares. Los préstamos son de 200 dólares promedio. A los veinte años de funcionamiento, ya había llegado a 12 millones de personas, y, actualmente con otros emprendimientos similares, está apoyando en Bangladesh a 38 millones. El Grameen tiene 2226 filiales y da apoyo a 71.371 aldeas. Más de cien países, desde Uganda y Malasia hasta el sur de Chicago, han reproducido la experiencia. En la Argentina, un grupo de pioneros encabezados por Pablo Broder y Norberto Kleinman estableció, en 2000, la organización Grameen.
Cuando se le dio el Nobel de la Paz, el comité del premio explicó que había movilizado fuerzas poderosas para enfrentar la pobreza, lo que era decisivo para lograr la paz. También señaló: "El microcrédito ha probado ser una importante fuerza liberadora en sociedades donde las mujeres tienen que enfrentar condiciones económicas y sociales represivas".
La experiencia de Yunus tiene varias lecciones para una América latina con 228 millones de pobres (41% de la población), 94 millones de ellos en pobreza extrema (19% de la población), y una pobreza persistente (las cifras totales son mayores que en 1980: 168 y 60 millones respectivamente). Estos ejemplos pueden ser puntualizados así:
1. Los economistas y las elites deben salir de la oficina, hablar, y conocer a los pobres y planear soluciones junto con ellos.
2. Deben ser sensibles, comprender la indignación que llevo a Yunus a hacer lo que hizo.
3. Yunus ha prevenido respecto de América latina (a la que conoce bastante): "Mucha gente tomó la idea de llevar el microcrédito a los pobres sólo como una forma de hacer dinero, en lugar de hacerlo para ayudarlos".
4. El papel de la mujer debe ser central.
5. La preocupación debe ser colectiva. Como muy bien definió: "La calidad de una sociedad no debe medirse por el nivel de vida de los que mucho tienen, sino por el de sus capas más pobres".
Ha habido en América latina una actividad creciente en torno del microcrédito, apoyada por diversos organismos internacionales y gobiernos como el de España, pero hay muchísimo más por hacer.
Yunus explicó con claridad sus ideas sobre el mundo actual, muy vigentes para América latina, la región más desigual de todas (una distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre que sextuplica la de España, cuadruplica la de Italia y triplica la de los Estados Unidos, el país más desigual de los desarrollados): "No podemos seguir con el absurdo de que unos tengan enormes riquezas mientras otros tienen problemas para sobrevivir. Si podemos terminar con la pobreza, por lo menos desde el punto de vista económico, tendremos una situación más vivible entre los muy ricos y los muy pobres, entre los países ricos y las naciones muy pobres. Este es el ingrediente principal para la paz".
Hay una lección adicional. Cuando se le comunicó sobre el premio, el Comité Nobel le preguntó qué mensaje quería transmitir. Señaló: "El único es que la pobreza en el mundo es una creación artificial. No es parte de la civilización humana, y podemos cambiar la situación. Lo único que debemos hacer es rediseñar nuestras instituciones y políticas, y no habrá personas que sufrirán de pobreza".
En América latina, tierra de un enorme potencial económico, es hora no sólo de elogiarlo, sino de aplicar, en profundidad, las lecciones magistrales de Yunus.
El autor es presidente del Instituto Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA).
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Economía Social
lunes, 22 de diciembre de 2008
Solidaridad sobre ruedas
Valentín Melo, de 11, recibió el premio al Voluntario del Año, otorgado por la Red Solidaria Firmat, por su enorme compromiso social y por ser un referente local
Fuente Diario La Nación (Argentina)Suplemento Comunidad. Sábado 20 de diciembre de 2008
Junto a su bicicleta y su carrito recorre las calles del barrio juntando tapitas para el hospital Garrahan
SANTA FE.- Firmat es una ciudad del departamento de General López, en Santa Fe. A 107 kilómetros de Rosario y a 58 de Venado Tuerto, está adornada por campos de maíz, silos, camiones y extensos espacios verdes.
De sus 36.500 habitantes, Valentín Melo se destaca no sólo por su sensibilidad social, sino también por su inagotable iniciativa, que lo llevó a ser un referente local de las movidas solidarias con tan sólo 11 años.
Junto a su bicicleta roja y su carrito de madera recorre las calles juntando lo que haga falta para ayudar al prójimo: comida, juguetes, tapitas de botellas, cartón o plástico. Por esta gran vocación de servicio, la Red Solidaria Firmat lo premió, la semana última, como el Voluntario del Año.
El primer carrito, que armó en 2007 - ya dando muestras de ser un gran autodidacta- lo hizo con sus manos utilizando unas ruedas que sacó de una máquina de cortar pasto. Allí apilaba los manojos de laurel que sacaba de la huerta de su abuelo y los vendía para ganar algo de plata.
"A fines de 2007 iba a vestir el carrito con motivos navideños y se me ocurrió ir casa por casa juntando comida para las Fiestas, como pan dulce, para el hogar de chicos de acá cerca. No les había dicho nada, así que fue todo sorpresa para ellos", cuenta Valentín, al recordar la primera movida solidaria que organizó. La generosidad de sus vecinos lo ayudaron a conseguir comida, ropa y también juguetes. "Siempre alguno de mis amigos me acompañaba a juntar las cosas, así que fuimos todos a entregar las cosas al hogar", agregó este niño con mirada pícara y sonrisa cómplice.
Este año, su papá, Julio, que tiene una carpintería le armó un carrito más grande y resistente último modelo . Tiene luces para que lo vean a la noche, guiños para respetar las reglas de tránsito y música. "Después de la movida de Navidad, el carrito que tenía quedó destruido, así que le armé otro nuevo", explicó.
En abril, cuando se enteró por medio de su mamá de que el hospital Garrahan estaba juntando tapitas, fue a hablar con la directora del Instituto Virgen de la Merced -del cual es alumno- para organizar una campaña en toda la escuela. "Nosotros no sabíamos nada de esta iniciativa. Valentín vino un día a contarme y le propuse que invitara al resto de los alumnos del colegio a participar. Pusimos una caja y él todos los días las recogía", contó Norma Leiva, directora del colegio.
Cerrar el círculo
A través de una maestra del colegio que colabora con la Red Solidaria Firmat se enteró de que esta organización se estaba encargando de reunir todas las tapitas de la ciudad, y eso era lo que faltaba para cerrar el círculo.
Valentín se entusiasmó con esta acción y empezó a llevar tachos de helado a todos los negocios, supermercados y verdulerías para que ellos también pudiesen sumarse. Una vez por semana hacía el recorrido y llevaba todo lo recaudado a la Red Solidaria.
"Nos sorprendió gratamente darnos cuenta de que los que más colaboraron con esta campaña fueron los chicos. Gracias a ellos pudimos juntar papel y 15.000 tapitas que fueron enviados a Buenos Aires", contó Marylin Sacnun, responsable de la Red Solidaria Firmat. Por este motivo, y porque Valentín fue el líder de esta iniciativa, es que aprovecharon el fin de curso del Instituto Virgen de la Merced para hacerle entrega de la distinción del Voluntario del Año. "Cuesta mucho pasar de la emoción a la acción y los chicos nos dieron el ejemplo en esta campaña. Este premio tiene como objetivo destacar la labor de Valentín y a su vez contagiar a otros chicos con su espíritu solidario", dijo Marylin durante la entrega.
Además, gracias a la colaboración del diario regional Pueblo , Valentín recibió una bicicleta nueva como forma de reconocimiento. "La que tiene está bastante gastada, así que nos pareció que iba a ser un buen regalo", agregó.
Valentín, sorprendido por el galradón, recibió la bicicleta con una enorme sonrisa y aclaró que no la iba a usar para el carrito. "Esta me la quedo para pasear", dijo entusiasmado este chico al que le gusta la electricidad, tiene mucha facilidad para las caricaturas y juega al rugby.
A sus actividades solidarias también se suma la de colaborar con la patrulla ambiental juntando papel y botellas. Allí también lo premiaron por su labor solidaria con lámparas de bajo consumo y bolsas de compost.
Desde la escuela destacaron la importancia que tiene la familia en este logro. "Se nota que viene de una familia que tiene los valores muy arraigados. Es simple: no se da lo que no se tiene", enfatizó Leiva.
"Mi otro hijo, que acaba de terminar la secundaria, también recibió una mención especial. Uno los cría para que sean buenas personas, así que estamos muy orgullosos", dijo María de los Angeles, su madre.
Emblema barrial
Su carrito ya es un emblema en su barrio y lo lleva a cada acontecimiento relevante. Por ejemplo, durante la época del conflicto del campo con el Gobierno fue con su familia al corte de la ruta 33, con el carrito adornado con la Bandera.
"Lo bueno de vivir en un lugar como Firmat es tener la tranquilidad de que podés dejar a tu hijo que vaya por las calles y los negocios solo. Eso no se paga con nada. Así es como te enterás de todo, lo bueno y lo malo", sostuvo Julio, oriundo de Mar del Plata.
Aunque su hermano mayor, Ulises, lo tilda de cartonero porque anda juntando cosas de la calle, Valentín se sube todos los días con una sonrisa a su bici y emprende su viaje, con la seguridad de que cuando se propone algo, lo consigue.
Por Micaela Urdinez
Enviada especial
Contactos
Red Solidaria Firmat: 03465-423320
estudiosacnun@arnet.com.ar
Instituto Virgen de la Merced : 03465-423855
silot75@hotmail.com
Fuente Diario La Nación (Argentina)Suplemento Comunidad. Sábado 20 de diciembre de 2008
Junto a su bicicleta y su carrito recorre las calles del barrio juntando tapitas para el hospital Garrahan
SANTA FE.- Firmat es una ciudad del departamento de General López, en Santa Fe. A 107 kilómetros de Rosario y a 58 de Venado Tuerto, está adornada por campos de maíz, silos, camiones y extensos espacios verdes.
De sus 36.500 habitantes, Valentín Melo se destaca no sólo por su sensibilidad social, sino también por su inagotable iniciativa, que lo llevó a ser un referente local de las movidas solidarias con tan sólo 11 años.
Junto a su bicicleta roja y su carrito de madera recorre las calles juntando lo que haga falta para ayudar al prójimo: comida, juguetes, tapitas de botellas, cartón o plástico. Por esta gran vocación de servicio, la Red Solidaria Firmat lo premió, la semana última, como el Voluntario del Año.
El primer carrito, que armó en 2007 - ya dando muestras de ser un gran autodidacta- lo hizo con sus manos utilizando unas ruedas que sacó de una máquina de cortar pasto. Allí apilaba los manojos de laurel que sacaba de la huerta de su abuelo y los vendía para ganar algo de plata.
"A fines de 2007 iba a vestir el carrito con motivos navideños y se me ocurrió ir casa por casa juntando comida para las Fiestas, como pan dulce, para el hogar de chicos de acá cerca. No les había dicho nada, así que fue todo sorpresa para ellos", cuenta Valentín, al recordar la primera movida solidaria que organizó. La generosidad de sus vecinos lo ayudaron a conseguir comida, ropa y también juguetes. "Siempre alguno de mis amigos me acompañaba a juntar las cosas, así que fuimos todos a entregar las cosas al hogar", agregó este niño con mirada pícara y sonrisa cómplice.
Este año, su papá, Julio, que tiene una carpintería le armó un carrito más grande y resistente último modelo . Tiene luces para que lo vean a la noche, guiños para respetar las reglas de tránsito y música. "Después de la movida de Navidad, el carrito que tenía quedó destruido, así que le armé otro nuevo", explicó.
En abril, cuando se enteró por medio de su mamá de que el hospital Garrahan estaba juntando tapitas, fue a hablar con la directora del Instituto Virgen de la Merced -del cual es alumno- para organizar una campaña en toda la escuela. "Nosotros no sabíamos nada de esta iniciativa. Valentín vino un día a contarme y le propuse que invitara al resto de los alumnos del colegio a participar. Pusimos una caja y él todos los días las recogía", contó Norma Leiva, directora del colegio.
Cerrar el círculo
A través de una maestra del colegio que colabora con la Red Solidaria Firmat se enteró de que esta organización se estaba encargando de reunir todas las tapitas de la ciudad, y eso era lo que faltaba para cerrar el círculo.
Valentín se entusiasmó con esta acción y empezó a llevar tachos de helado a todos los negocios, supermercados y verdulerías para que ellos también pudiesen sumarse. Una vez por semana hacía el recorrido y llevaba todo lo recaudado a la Red Solidaria.
"Nos sorprendió gratamente darnos cuenta de que los que más colaboraron con esta campaña fueron los chicos. Gracias a ellos pudimos juntar papel y 15.000 tapitas que fueron enviados a Buenos Aires", contó Marylin Sacnun, responsable de la Red Solidaria Firmat. Por este motivo, y porque Valentín fue el líder de esta iniciativa, es que aprovecharon el fin de curso del Instituto Virgen de la Merced para hacerle entrega de la distinción del Voluntario del Año. "Cuesta mucho pasar de la emoción a la acción y los chicos nos dieron el ejemplo en esta campaña. Este premio tiene como objetivo destacar la labor de Valentín y a su vez contagiar a otros chicos con su espíritu solidario", dijo Marylin durante la entrega.
Además, gracias a la colaboración del diario regional Pueblo , Valentín recibió una bicicleta nueva como forma de reconocimiento. "La que tiene está bastante gastada, así que nos pareció que iba a ser un buen regalo", agregó.
Valentín, sorprendido por el galradón, recibió la bicicleta con una enorme sonrisa y aclaró que no la iba a usar para el carrito. "Esta me la quedo para pasear", dijo entusiasmado este chico al que le gusta la electricidad, tiene mucha facilidad para las caricaturas y juega al rugby.
A sus actividades solidarias también se suma la de colaborar con la patrulla ambiental juntando papel y botellas. Allí también lo premiaron por su labor solidaria con lámparas de bajo consumo y bolsas de compost.
Desde la escuela destacaron la importancia que tiene la familia en este logro. "Se nota que viene de una familia que tiene los valores muy arraigados. Es simple: no se da lo que no se tiene", enfatizó Leiva.
"Mi otro hijo, que acaba de terminar la secundaria, también recibió una mención especial. Uno los cría para que sean buenas personas, así que estamos muy orgullosos", dijo María de los Angeles, su madre.
Emblema barrial
Su carrito ya es un emblema en su barrio y lo lleva a cada acontecimiento relevante. Por ejemplo, durante la época del conflicto del campo con el Gobierno fue con su familia al corte de la ruta 33, con el carrito adornado con la Bandera.
"Lo bueno de vivir en un lugar como Firmat es tener la tranquilidad de que podés dejar a tu hijo que vaya por las calles y los negocios solo. Eso no se paga con nada. Así es como te enterás de todo, lo bueno y lo malo", sostuvo Julio, oriundo de Mar del Plata.
Aunque su hermano mayor, Ulises, lo tilda de cartonero porque anda juntando cosas de la calle, Valentín se sube todos los días con una sonrisa a su bici y emprende su viaje, con la seguridad de que cuando se propone algo, lo consigue.
Por Micaela Urdinez
Enviada especial
Contactos
Red Solidaria Firmat: 03465-423320
estudiosacnun@arnet.com.ar
Instituto Virgen de la Merced : 03465-423855
silot75@hotmail.com
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Emprendedores Sociales
Articulando distintos actores sociales para una causa los resultados son positivos para todos
Diario La Nación (Argentina). Suplementeo Comunidad. Sábado 20 de diciembre de 2008
Roberto y Luciana viven en Alberti, Prov. de Bs. As. Una zona como tantas en el país, donde hay mucho por hacer.
Roberto tiene 30 años y un trabajo informal en la construcción donde gana $ 500 mensuales y un subsidio del Plan Jefes de $ 225, Luciana, de 29, hace las tareas de la casa y cuida de sus hijos de siete y cinco años. Ninguno de los adultos tiene secundaria terminada.
Viven en una vivienda de material con cocina, baño precario interno y dormitorio, y obviamente sin servicios tipo gas natural, cloacas, agua corriente.Todo muy sencillo.
Un día, la oportunidad llamó a sus puertas y no la dejaron pasar.
Una vecina, que trabajaba repartiendo folletos de una ONG, les acercó un volante de Microcréditos para Mejorar Viviendas. Lo pensaron y tomaron la decisión. Al poco tiempo ya estaban comenzando los trámites para obtener el crédito solidario. Para ello tuvieron que conectarse con otras familias que quisieran, como ellos, mejorar. Los créditos solidarios tienen muchas ventajas: hablan de solidaridad, de confianza, de desterrar prejuicios.
Ya van por el tercer tramo del microcrédito. Ampliaron el comedor, realizaron un baño nuevo completo, y en el espacio del baño anterior acondicionarán el segundo dormitorio para sus hijos.
Durante toda esta etapa los acompañaron las otras familias integrantes del grupo, una trabajadora social que les daba ánimo y sostén, y un voluntario arquitecto que con mucha competencia y calidez, les dibujó y explicó “la vivienda que ellos soñaban”.
Roberto y Luciana compraron los materiales en el Corralón Social Sume Materiales y utilizaron allí el bono de descuento por pago puntual del crédito. El trabajo de mano de obra lo realizaron juntos, incluyendo electricidad y plomería.
Hay otros actores sociales en este entretejido de voluntades. Son las personas que financiaron el microcrédito con sus aportes de dinero. En este caso, un grupo de jóvenes y generosos padres, que entendieron a la vivienda como una necesidad primordial para conformar una buena familia. Y salieron de sí mismos y ayudaron.
“El futuro de la humanidad se fragua en la familia” decía Juan Pablo II. Cuánta verdad! En la familia… con techo… podríamos agregar.
Luciana y Roberto respondieron a tanta buena voluntad con su esfuerzo, su responsabilidad y su compromiso. Y el círculo virtuoso cerró perfectamente. Sus hijos habrán aprendido una lección de vida que seguramente transmitirán a otras generaciones.
La tarea principal que realizaron los diversos actores de esta historia real fue la de hacer comunidad, la de darse cuenta que todos somos prójimos necesitados, que necesitamos sentirnos valorados y amados. Cada uno actuó en consecuencia, según sus posibilidades. La puesta en común de bienes se hizo realidad. Movilizaron energías, recursos y competencias. Crecieron y “desplegaron sus alas al viento”, como dice la canción de Eladia Blazquez. Qué más se puede pedir?
Vivimos en una época de incertidumbres, pero hay un potencial inmenso en nuestra sociedad, de lo que esta historia es solo una muestra. Es hora de dejar el miedo y la pereza y de asumir cada uno nuestro liderazgo como ciudadanos para operar el cambio que la Argentina necesita.
“Si, nosotros podemos”, ( “Yes, we can”) fue el slogan de campaña del recientemente elegido presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
¿Podremos nosotros pensar en una reconstrucción patriótica que logre una verdadera comunidad sin excluidos?
Por este simple pero contundente relato mi apuesta es por el sí. Entonces… “me sentiré feliz y todas las estrellas reirán dulcemente” (El Principito, Antoine de Saint Exupery)
Beatriz Vedoya de Berasategui
Fundación Sagrada Familia
www.sagradafamilia.org.ar
Roberto y Luciana viven en Alberti, Prov. de Bs. As. Una zona como tantas en el país, donde hay mucho por hacer.
Roberto tiene 30 años y un trabajo informal en la construcción donde gana $ 500 mensuales y un subsidio del Plan Jefes de $ 225, Luciana, de 29, hace las tareas de la casa y cuida de sus hijos de siete y cinco años. Ninguno de los adultos tiene secundaria terminada.
Viven en una vivienda de material con cocina, baño precario interno y dormitorio, y obviamente sin servicios tipo gas natural, cloacas, agua corriente.Todo muy sencillo.
Un día, la oportunidad llamó a sus puertas y no la dejaron pasar.
Una vecina, que trabajaba repartiendo folletos de una ONG, les acercó un volante de Microcréditos para Mejorar Viviendas. Lo pensaron y tomaron la decisión. Al poco tiempo ya estaban comenzando los trámites para obtener el crédito solidario. Para ello tuvieron que conectarse con otras familias que quisieran, como ellos, mejorar. Los créditos solidarios tienen muchas ventajas: hablan de solidaridad, de confianza, de desterrar prejuicios.
Ya van por el tercer tramo del microcrédito. Ampliaron el comedor, realizaron un baño nuevo completo, y en el espacio del baño anterior acondicionarán el segundo dormitorio para sus hijos.
Durante toda esta etapa los acompañaron las otras familias integrantes del grupo, una trabajadora social que les daba ánimo y sostén, y un voluntario arquitecto que con mucha competencia y calidez, les dibujó y explicó “la vivienda que ellos soñaban”.
Roberto y Luciana compraron los materiales en el Corralón Social Sume Materiales y utilizaron allí el bono de descuento por pago puntual del crédito. El trabajo de mano de obra lo realizaron juntos, incluyendo electricidad y plomería.
Hay otros actores sociales en este entretejido de voluntades. Son las personas que financiaron el microcrédito con sus aportes de dinero. En este caso, un grupo de jóvenes y generosos padres, que entendieron a la vivienda como una necesidad primordial para conformar una buena familia. Y salieron de sí mismos y ayudaron.
“El futuro de la humanidad se fragua en la familia” decía Juan Pablo II. Cuánta verdad! En la familia… con techo… podríamos agregar.
Luciana y Roberto respondieron a tanta buena voluntad con su esfuerzo, su responsabilidad y su compromiso. Y el círculo virtuoso cerró perfectamente. Sus hijos habrán aprendido una lección de vida que seguramente transmitirán a otras generaciones.
La tarea principal que realizaron los diversos actores de esta historia real fue la de hacer comunidad, la de darse cuenta que todos somos prójimos necesitados, que necesitamos sentirnos valorados y amados. Cada uno actuó en consecuencia, según sus posibilidades. La puesta en común de bienes se hizo realidad. Movilizaron energías, recursos y competencias. Crecieron y “desplegaron sus alas al viento”, como dice la canción de Eladia Blazquez. Qué más se puede pedir?
Vivimos en una época de incertidumbres, pero hay un potencial inmenso en nuestra sociedad, de lo que esta historia es solo una muestra. Es hora de dejar el miedo y la pereza y de asumir cada uno nuestro liderazgo como ciudadanos para operar el cambio que la Argentina necesita.
“Si, nosotros podemos”, ( “Yes, we can”) fue el slogan de campaña del recientemente elegido presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
¿Podremos nosotros pensar en una reconstrucción patriótica que logre una verdadera comunidad sin excluidos?
Por este simple pero contundente relato mi apuesta es por el sí. Entonces… “me sentiré feliz y todas las estrellas reirán dulcemente” (El Principito, Antoine de Saint Exupery)
Beatriz Vedoya de Berasategui
Fundación Sagrada Familia
www.sagradafamilia.org.ar
Proyecto de construcción de viviendas de bajo costo en Paraguay
Elsa Zaldívar: soluciones nuevas para resolver viejos problemas
Su proyecto de fabricación de viviendas de bajo costo en Paraguay, que acaba de ser distinguido como una de las cinco iniciativas internacionales del año, promete frenar tanto el déficit habitacional como el avance de la deforestación en ese país
Cuando los viejos problemas persisten, es hora de buscar soluciones nuevas". Elsa Zaldívar nunca imaginó el alcance de sus propias palabras cuando, en 1996, se propuso desarrollar un emprendimiento productivo que, al menos, le pusiera algún tipo de traba al avance de la pobreza entre los campesinos de la región paraguaya de Caaguazú.
Pero el resultado de la búsqueda de esta activista social no sólo abrió un nuevo nicho dentro del sector agrícola sino que dio origen a uno de los cinco proyectos internacionales que la Fundación Rolex acaba de distinguir con el Premio a la Iniciativa 2008: la construcción de viviendas a un costo muy accesible, utilizando desechos vegetales y plásticos como materia prima.
Del reciclado de estos materiales se obtienen unas placas resistentes con la que pueden construirse tanto muebles como casas, sin necesidad de recurrir a la madera.
Esto último es singularmente importante en un país como Paraguay, en donde la deforestación -mencionada por algunos sectores como la contracara de la bonanza sojera- dificulta aún más la búsqueda de una salida del déficit habitacional que padece ese país. Hace pocos meses, cuando asumió el actual presidente, el ex obispo Fernando Lugo, la flamante administración estimó en más de cuatrocientas mil a las familias que carecen de una vivienda digna.
Mágica lufa
Pero para contar esta historia es necesario volver a 1996 y hablar de la lufa, un vegetal de la familia del pepino que, por entonces, crecía en las casas familiares sin ningún tipo de cuidado y que, una vez seco, da origen a lo que conocemos como esponja vegetal, utilizada, por ejemplo, con fines cosméticos.
Esa fue la especie elegida por Zaldívar, por entonces integrante de la ONG Base ECTA, para cultivar junto a un grupo inicial de quince campesinas sin mayor expectativa que su posterior cosecha, manufactura y comercialización.
Hija de un ex senador y de una ceramista, esta mujer de 48 años que ejerció poco y nada su profesión de comunicadora social reconoce que el apoyo de sus padres fue fundamental en aquel entonces. "Comenzamos a cultivar lufa en una finca de mi padre, mientras mi madre colaboraba activamente en la investigación de todos sus posibles destinos comerciales", recuerda en diálogo telefónico con LA NACION.
Cuatro años más tarde, las quince productoras ya sumaban doscientos hombres y mujeres, y las mil esponjas resultantes de la cosecha inicial se habían multiplicado por setenta. La producción tenía una excelente penetración tanto en el mercado local como en el internacional y los productores campesinos ya se habían organizado en una cooperativa.
Pero una cualidad extra de la lufa impidió que la historia culminara allí, con el relato de un exitoso emprendimiento campesino. "A mí me habían dicho muchas veces que la lufa es un buen aislante del sonido y del calor. Entonces yo pensaba: ?con esto tiene que poder fabricarse un cielorraso´. El secreto era encontrar a alguien dispuesto a sumarse al desafío, y esa persona fue Pedro Padrós, un ingeniero español al que yo conocía y que se mostró interesado en experimentar", relata Zaldívar, hoy directora de Base ECTA, organización que funciona en el mismo edificio en el que vive con su marido y sus tres hijos.
Debieron transcurrir numerosos ensayos hasta que Padrós encontrara la combinación exacta de materiales para obtener una placa resistente: por un lado, los residuos de la manufactura de la esponja vegetal, más todas aquellas que, por no contar con calidad suficiente, no eran aptas para la venta; por el otro, desechos plásticos a modo de aglomerante, y por último, la estructura de la tela de yute. Todo, procesado en una máquina creada y construida por Padrós, con los fondos obtenidos con un crédito del BID.
"Inicialmente, el costo de una placa de un metro de alto por 44 centímetros de ancho era de 6 dólares. Hemos logrado reducirlo a 2,50 dólares, por ejemplo, mezclando la fibra de lufa con chala de maíz y con hojas de caranday [N. de la R.: una especie de palmera que crece de manera abundante]. Pero sigue siendo costosa para los sectores más empobrecidos. Por eso estamos en la búsqueda de un reemplazo del yute para seguir abaratando su precio. Además nos proponemos construir una máquina que permita placas más anchas", explica la mujer.
Hasta ahora hay dos "monoambientes" fabricados con estas placas. Uno se encuentra en la sede de Base ECTA y funciona como estudio. El otro es utilizado como laboratorio. Además, se construyeron algunos toldos para garage. Todos son usados por personas dispuestas a experimentar con este prometedor producto, del que todavía no se conocen todas sus propiedades.
Zaldívar lo reconoce. "En estos momentos estamos haciendo todas las experimentaciones posibles con las placas para estudiarlas a fondo. Al mismo tiempo, estamos negociando con la facultad de Arquitectura y Diseño algún tipo de certamen para dar con el modelo de casa más digno y económico. Una vez que tengamos los proyectos ganadores, construiremos los prototipos con los fondos obtenidos con el premio Rolex."
El dinero en cuestión -cien mil dólares- también se destinará al dictado de cursos y otras formas de capacitación para quienes manipulen las placas. Además, está prevista la producción de un documental cuyo objetivo será difundir esta experiencia en otros países.
"Comenzaron a contactarse conmigo personas de otras nacionalidades interesadas en replicar la experiencia. Yo estoy segura de que es algo más sencillo de lo que parece. Basta con tener algún vegetal fibroso. Pienso en el coco de Brasil: creo que su fibra podría reemplazar perfectamente a la lufa. Lo importante es que no se quiebre al secarse", dice, casi a modo de consejo.
Las proyecciones apuntan a febrero o marzo del año próximo como inicio formal de la actividad en el país vecino. La venta y capacitación para la construcción estará a cargo de una empresa compuesta por los desarrolladores del proyecto. Entre ellos, la propia Base ECTA, que reorientará los fondos que vaya obteniendo hacia otros proyectos sociales. "Paraguay es un país colmado de necesidades -se lamenta-. Tantas, que lo nuestro es sólo un complemento".
En cualquier caso, este proyecto invita al optimismo: hoy cabe pensar que es posible satisfacer una necesidad con soluciones ingeniosas, inclusivas y, sobre todo, respetuosas del medio ambiente.
Lorena Oliva
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido:
Elsa María Zaldívar Rolón
Edad:
48 años
Más de 20 años de activismo:
Es hija del ex senador Juan Carlos Zaldívar y de la ceramista Keka Rolón. Comuicadora social de profesión, está ligada a las organizaciones sociales desde hace más de dos décadas. Ingresó en 1992 a la ONG Base ECTA, de la que hoy es directora. Está casada y tiene 3 hijos
Emprendimiento producitvo:
Profundamente comprometida con la realidad de las mujeres campesinas de la región de Caaguazú, la búsqueda de un nicho productivo le hizo conocer en profundidad los benerficios de la lufa. Su proyecto de placas ecológicas ha sido premiado por la Fundación Rólex.
Fuente: Diario La Nación (Argentina). Domingo 21 de diciembre de 2008
Su proyecto de fabricación de viviendas de bajo costo en Paraguay, que acaba de ser distinguido como una de las cinco iniciativas internacionales del año, promete frenar tanto el déficit habitacional como el avance de la deforestación en ese país
Cuando los viejos problemas persisten, es hora de buscar soluciones nuevas". Elsa Zaldívar nunca imaginó el alcance de sus propias palabras cuando, en 1996, se propuso desarrollar un emprendimiento productivo que, al menos, le pusiera algún tipo de traba al avance de la pobreza entre los campesinos de la región paraguaya de Caaguazú.
Pero el resultado de la búsqueda de esta activista social no sólo abrió un nuevo nicho dentro del sector agrícola sino que dio origen a uno de los cinco proyectos internacionales que la Fundación Rolex acaba de distinguir con el Premio a la Iniciativa 2008: la construcción de viviendas a un costo muy accesible, utilizando desechos vegetales y plásticos como materia prima.
Del reciclado de estos materiales se obtienen unas placas resistentes con la que pueden construirse tanto muebles como casas, sin necesidad de recurrir a la madera.
Esto último es singularmente importante en un país como Paraguay, en donde la deforestación -mencionada por algunos sectores como la contracara de la bonanza sojera- dificulta aún más la búsqueda de una salida del déficit habitacional que padece ese país. Hace pocos meses, cuando asumió el actual presidente, el ex obispo Fernando Lugo, la flamante administración estimó en más de cuatrocientas mil a las familias que carecen de una vivienda digna.
Mágica lufa
Pero para contar esta historia es necesario volver a 1996 y hablar de la lufa, un vegetal de la familia del pepino que, por entonces, crecía en las casas familiares sin ningún tipo de cuidado y que, una vez seco, da origen a lo que conocemos como esponja vegetal, utilizada, por ejemplo, con fines cosméticos.
Esa fue la especie elegida por Zaldívar, por entonces integrante de la ONG Base ECTA, para cultivar junto a un grupo inicial de quince campesinas sin mayor expectativa que su posterior cosecha, manufactura y comercialización.
Hija de un ex senador y de una ceramista, esta mujer de 48 años que ejerció poco y nada su profesión de comunicadora social reconoce que el apoyo de sus padres fue fundamental en aquel entonces. "Comenzamos a cultivar lufa en una finca de mi padre, mientras mi madre colaboraba activamente en la investigación de todos sus posibles destinos comerciales", recuerda en diálogo telefónico con LA NACION.
Cuatro años más tarde, las quince productoras ya sumaban doscientos hombres y mujeres, y las mil esponjas resultantes de la cosecha inicial se habían multiplicado por setenta. La producción tenía una excelente penetración tanto en el mercado local como en el internacional y los productores campesinos ya se habían organizado en una cooperativa.
Pero una cualidad extra de la lufa impidió que la historia culminara allí, con el relato de un exitoso emprendimiento campesino. "A mí me habían dicho muchas veces que la lufa es un buen aislante del sonido y del calor. Entonces yo pensaba: ?con esto tiene que poder fabricarse un cielorraso´. El secreto era encontrar a alguien dispuesto a sumarse al desafío, y esa persona fue Pedro Padrós, un ingeniero español al que yo conocía y que se mostró interesado en experimentar", relata Zaldívar, hoy directora de Base ECTA, organización que funciona en el mismo edificio en el que vive con su marido y sus tres hijos.
Debieron transcurrir numerosos ensayos hasta que Padrós encontrara la combinación exacta de materiales para obtener una placa resistente: por un lado, los residuos de la manufactura de la esponja vegetal, más todas aquellas que, por no contar con calidad suficiente, no eran aptas para la venta; por el otro, desechos plásticos a modo de aglomerante, y por último, la estructura de la tela de yute. Todo, procesado en una máquina creada y construida por Padrós, con los fondos obtenidos con un crédito del BID.
"Inicialmente, el costo de una placa de un metro de alto por 44 centímetros de ancho era de 6 dólares. Hemos logrado reducirlo a 2,50 dólares, por ejemplo, mezclando la fibra de lufa con chala de maíz y con hojas de caranday [N. de la R.: una especie de palmera que crece de manera abundante]. Pero sigue siendo costosa para los sectores más empobrecidos. Por eso estamos en la búsqueda de un reemplazo del yute para seguir abaratando su precio. Además nos proponemos construir una máquina que permita placas más anchas", explica la mujer.
Hasta ahora hay dos "monoambientes" fabricados con estas placas. Uno se encuentra en la sede de Base ECTA y funciona como estudio. El otro es utilizado como laboratorio. Además, se construyeron algunos toldos para garage. Todos son usados por personas dispuestas a experimentar con este prometedor producto, del que todavía no se conocen todas sus propiedades.
Zaldívar lo reconoce. "En estos momentos estamos haciendo todas las experimentaciones posibles con las placas para estudiarlas a fondo. Al mismo tiempo, estamos negociando con la facultad de Arquitectura y Diseño algún tipo de certamen para dar con el modelo de casa más digno y económico. Una vez que tengamos los proyectos ganadores, construiremos los prototipos con los fondos obtenidos con el premio Rolex."
El dinero en cuestión -cien mil dólares- también se destinará al dictado de cursos y otras formas de capacitación para quienes manipulen las placas. Además, está prevista la producción de un documental cuyo objetivo será difundir esta experiencia en otros países.
"Comenzaron a contactarse conmigo personas de otras nacionalidades interesadas en replicar la experiencia. Yo estoy segura de que es algo más sencillo de lo que parece. Basta con tener algún vegetal fibroso. Pienso en el coco de Brasil: creo que su fibra podría reemplazar perfectamente a la lufa. Lo importante es que no se quiebre al secarse", dice, casi a modo de consejo.
Las proyecciones apuntan a febrero o marzo del año próximo como inicio formal de la actividad en el país vecino. La venta y capacitación para la construcción estará a cargo de una empresa compuesta por los desarrolladores del proyecto. Entre ellos, la propia Base ECTA, que reorientará los fondos que vaya obteniendo hacia otros proyectos sociales. "Paraguay es un país colmado de necesidades -se lamenta-. Tantas, que lo nuestro es sólo un complemento".
En cualquier caso, este proyecto invita al optimismo: hoy cabe pensar que es posible satisfacer una necesidad con soluciones ingeniosas, inclusivas y, sobre todo, respetuosas del medio ambiente.
Lorena Oliva
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido:
Elsa María Zaldívar Rolón
Edad:
48 años
Más de 20 años de activismo:
Es hija del ex senador Juan Carlos Zaldívar y de la ceramista Keka Rolón. Comuicadora social de profesión, está ligada a las organizaciones sociales desde hace más de dos décadas. Ingresó en 1992 a la ONG Base ECTA, de la que hoy es directora. Está casada y tiene 3 hijos
Emprendimiento producitvo:
Profundamente comprometida con la realidad de las mujeres campesinas de la región de Caaguazú, la búsqueda de un nicho productivo le hizo conocer en profundidad los benerficios de la lufa. Su proyecto de placas ecológicas ha sido premiado por la Fundación Rólex.
Fuente: Diario La Nación (Argentina). Domingo 21 de diciembre de 2008
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